COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA

DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS

CLASE XXXVIII

 

 

 

 

 

 

MONOGRAFIA

 

 

 

CONTROL Y LIMITACION DE ARMAMENTOS EN LOS PAISES DEL SISTEMA INTERAMERICANO: ¿ ES UN PASO POSTERIOR A LAS MEDIDAS DE FOMENTO DE LA SEGURIDAD Y LA CONFIANZA ?

 

 

 

 

 

AUTOR

GUILLERMO DEL CASTILLO PANTOJA

TENIENTE CORONEL

EJERCITO DE CHILE

 

 

 

FORT LESLEY J. McNAIR, WASHINGTON D.C.

MAYO DE 1999


 

INTRODUCCION

 

 

 

A.      Alcance y propósitos

 

Analizar la evolución de las medidas de fomento de seguridad y la confianza en los países del Sistema Interamericano. Tendencias existentes. Objetivos que se enuncian. Antecedentes de limitación y control de armamentos en la región y discusiones que se llevan adelante en la OEA sobre la cuestión. Proposiciones de mecanismos y pasos para avanzar sobre el tema.

 

B.      Método empleado

 

El tema asignado corresponde a un área de investigación que se relaciona con las expresiones política y militar del poder, ya que aún cuando el responsable final de todas las acciones que llevan a cabo los Estados es quien ejerce el Poder Ejecutivo, los recursos humanos y materiales que éste emplea para dichos fines son los establecidos en el diseño y acción de su Política Exterior y de Defensa.

 

Por lo tanto, para el desarrollo del trabajo impuesto, inicialmente, se definió como “Hipótesis de investigación” la siguiente (coincidente con el título del trabajo): “CONTROL Y LIMITACION DE ARMAMENTOS EN LOS PAISES DEL SISTEMA INTERAMERICANO: ¿ ES UN PASO POSTERIOR A LAS MEDIDAS DE FOMENTO DE LA SEGURIDAD Y LA CONFIANZA ?, lo cual permitió dar curso al trabajo a través de un método de investigación histórico que comprendió la elaboración de fichas, reunión de materiales, entrevistas y otras actividades de búsqueda de información, que se estimó de interés.

 

 

 


 

PARTE PRIMERA “ANTECEDENTES”

 

CAPITULO I “MARCO TEORICO DE REFERENCIA”

 

A.      EL SISTEMA INTERAMERICANO

 

Cuando Cristóbal Colón descubrió América en el año 1492, se creía que en estas lejanas tierras sólo habitaban pacíficos aborígenes, de los cuales no se tenían mayores antecedentes. Sin embargo, con el paso del tiempo y la llegada de los primeros colonizadores se fueron descubriendo sus riquezas en recursos naturales y humanos, lo que logró incentivar los intereses de aquellos grandes capitales de la época, iniciando de esta forma una intensa relación cultural, económica y comercial, en especial con el continente europeo, donde se encontraban las principales fortunas.

 

Esta etapa de colonización dio paso posteriormente a la de independencia de aquellos pueblos que fueron descubriendo y capitalizando aquellas características que les daban la capacidad de formar naciones, aprovechando los factores de poder integradores como los eran la propiedad de la tierra, el idioma, las costumbres, la raza y los ideales comunes.

 

De esta forma iniciaron su vida independiente diversas naciones, muchas de las cuales heredaron de sus colonizadores litigios, originados principalmente en erradas, defectuosas e irregulares delimitaciones fronterizas, lo que trajo como consecuencia rivalidades, conflictos y guerras.

 

Así, el continente americano inició, como tal, un largo y duro proceso de relaciones internacionales, tanto en el ámbito interno como extra-continental.

 

En América conviven actualmente unos 800.000.000 de habitantes en una superficie aproximada de 32.000.000 de km2, constituyendo el continente con mayor superficie del mundo y segundo en población, aspecto en el que sólo es superado por Asia.

 

La idea de crear una asociación de estados en el Continente se asocia con la convocatoria que hiciera el Libertador Simón Bolívar en el año 1826, en lo que se llamó el Congreso Anfictiónico de Panamá y donde se discutieron y delinearon las principales cuestiones que preocupaban entonces a los americanos, destacando dentro de ellas, la igualdad jurídica de los estados, la defensa colectiva, el mantenimiento de la paz, la preservación de las independencias logradas, la abolición de la esclavitud y la lucha contra toda forma de colonialismo.

 

Las materias señaladas quedaron establecidas en el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua, que se suscribiera en esa oportunidad.

 

Posteriormente, el año 1890, en la ciudad de Washington D.C., Estados Unidos, y con motivo de la Primera Conferencia Internacional Americana, se creó la Unión Internacional de Repúblicas Americanas, en la cual se fijaron los siguientes objetivos:

 

· La prevención de conflictos intra-continentales, mediante el recurso de arbitraje y otros medios de arreglo pacífico de las controversias internacionales.

· La promoción e intensificación de las relaciones comerciales entre los distintos países del continente[1].

 

Se da inicio entonces, a una serie de conferencias que se llevaron a cabo en forma sucesiva y cada cinco años, donde se suscribieron diversos tratados, acuerdos y convenciones, referidos, principalmente, a materias comerciales, jurídicas y políticas en general. En el año 1919, la Unión Internacional de Repúblicas Americanas pasa a denominarse Unión Panamericana, hito que, se estima, diera origen formal a lo que hoy conocemos como la Organización de Estados Americanos (OEA).

 

Cuando el Continente se veía amenazado de violencia y confrontación entre los pueblos, terminada la Segunda Guerra Mundial, y en forma casi simultánea con la transformación de la Liga de las Naciones en la Organización de Naciones Unidas (ONU), se lleva a cabo en el mes de abril de 1948, en Bogotá, Colombia, la Novena Conferencia Interamericana, oportunidad que se aprovecha para que los representantes de 21 naciones americanas firmaran, el día 30 del mismo mes y año, la Carta de la Organización de Estados Americanos y la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, como expresión de la voluntad común de sus pueblos por el respeto mutuo, la promoción y defensa de la democracia, asistencia recíproca en caso de agresión, convivencia pacífica y acción cooperativa de las naciones americanas.

 

La Carta de la OEA entró en vigor en el mes de diciembre del año 1951 y posteriormente fue reformada por el protocolo de Buenos Aires del año 1967, que entró en vigor en febrero de 1970 y por el protocolo de Cartagena de Indias, suscrito en 1985, que entró en vigor en el año 1988. Luego, en el año 1992, se suscribió el Protocolo de Washington,  que entrará en vigor cuando sea ratificado. También mediante el Protocolo de Managua de 1993 que rige desde el 29 de enero de 1996, se le introdujeron modificaciones.

 

En la actualidad la OEA cuenta con 35 Estados Miembros y un grupo de 44 Estados que, junto a la Unión Europea, se les ha otorgado el status de Observadores Permanentes. A lo anterior se debe agregar, que sólo Cuba, pese a ser Estado Miembro de la organización, se encuentra suspendido de participar en el sistema Interamericano, desde el año 1962.

 

1.        ESTADOS MIEMBROS[2]

 

El Capítulo III y específicamente el Artículo 4 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos, establece que "Son miembros de la Organización todos los Estados Americanos que ratifiquen la presente Carta". Este procedimiento no ha sido modificado desde que la Carta de la OEA fuera aprobada en la Novena Conferencia Internacional de Estados Americanos (Bogotá, Colombia, 20 de marzo - 2 de mayo de 1948). Veintiún Estados Americanos participaron en esa Conferencia: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba (Por resolución de la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, 1962, el actual Gobierno de Cuba está excluido de participar en la OEA), Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Posteriormente, otros 14 Estados Americanos se incorporaron a la Organización, al firmar y ratificar la Carta: Barbados y Trinidad y Tobago (1967), Jamaica (1969), Grenada (1975), Suriname (1977), Dominica y Santa Lucía (1979), Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas (1981), Bahamas (1982), San Kitts y Nevis (1984), Canadá (1990), y Belice y Guyana (1991), con lo que el número de Estados Miembros alcanza a 35. A la fecha, todos los Estados Americanos han ratificado la Carta y son miembros de la Organización.

 

2.        OBSERVADORES PERMANENTES[3]

 

En su Primer Período Ordinario de Sesiones celebrado en abril de 1971, la Asamblea General de la OEA, reconociendo el interés de algunos estados que no eran miembros de la Organización en seguir sus actividades y concurrir a sus reuniones, decidió establecer la condición de Observador Permanente. Esta condición es exclusiva a la OEA y permite a los estados no miembros informarse acerca de las actividades de la OEA y proveer cooperación para sus programas de desarrollo.

 

De acuerdo con los respectivos Reglamentos, los Observadores Permanentes pueden concurrir a las reuniones públicas de la Asamblea General y del Consejo Permanente y de sus comisiones principales y, cuando son invitados por los respectivos presidentes, a las sesiones privadas. Asimismo, pueden hacer uso de la palabra siempre que el presidente correspondiente así lo decida.

 

CANADA y GUYANA fueron Observadores Permanentes desde el 2 de febrero de 1972 hasta el 8 de enero de 1990 y el 8 de enero de 1991, respectivamente, cuando ingresaron como Estados Miembros de la Organización.

 

BELICE fue Observador Permanente desde el 13 de noviembre de 1989 hasta el 8 de enero de 1991 cuando ingresó como Estado Miembro de la Organización.

 

 

 

OBSERVADORES PERMANENTES (1998): 45

Alemania

Angola

Arabia Saudita

Argelia

Austria

Bélgica

Bosnia Herzegovina

Bulgaria

Chipre

Rep. de Corea

Croacia

Egipto

España

Finlandia

Francia

Ghana

Grecia

Guinea Ecuatorial

Hungría

India

Israel

Italia

Japón

Kazakstán

Letonia

Líbano

Marruecos

Países bajos

Pakistán

Polonia

Portugal

Reino Unido

Rep. Checa

Rumania

Fed. de Rusia

Santa Sede

Sri Lanka

Suecia

Suiza

Tailandia

Túnez

Turquía

Ucrania

Unión Europea

Yemen

 

Variadas son las actividades que realiza la OEA, como elemento coordinador y aglutinador del sistema Interamericano, sin embargo, es digno de mencionar el proceso que se está llevando a cabo últimamente en torno a las denominadas Cumbres de las Américas de Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno, que se han realizado en Miami, en 1994 y en Santiago de Chile en 1998.

 

A través de la participación en estas Cumbres, el sistema se ha visto más activo y participativo en el más alto nivel de las decisiones políticas, permitiendo, entre otras materias, la conformación de agendas de interés común, de compromisos colectivos, de consensos sobre materias como la defensa y afianzamiento de la democracia y los derechos humanos, la lucha contra la pobreza, la integración económica y la preservación del medio ambiente, la lucha contra el narcotráfico, el crimen y el fortalecimiento de medidas de fomento a la confianza y seguridad.

 

Este sistema Interamericano ha ido adaptándose a través del tiempo a las diversas circunstancias históricas y político-estratégicas en que se ha desenvuelto el mundo contemporáneo, partiendo del ya mencionado “panamericanismo”, cuyos fines eran principalmente los de promover las relaciones comerciales y desarrollar algunas materias relacionadas con el derecho internacional, como el respeto a la soberanía y a la solución pacífica de las controversias, para encontrarse hoy día en la adaptación a nuevos desafíos, tal como lo expresara su Secretario General Don César Gaviria, en su Nueva visión de la OEA, donde señala que “ La OEA debe buscar que, aprovechando su capacidad de convocatoria y la representatividad política que tiene, pueda contribuir a definir las prioridades del hemisferio, a preparar programas consistentes  con ellas, a promover la consecución de fondos provenientes de fuentes externas al Sistema Interamericano, a realizar un seguimiento adecuado de las actividades y realimentar a los donantes y receptores respecto de puntos a mejorar”[4]

En el mismo documento, Gaviria señala que “La seguridad hemisférica y la preservación de la paz en el continente son temas que han adquirido especial prioridad para la comunidad de naciones de las Américas. En los últimos años han ocurrido transformaciones fundamentales en el contexto internacional y regional que facilitan una mayor cooperación y promueven un fortalecimiento significativo de la acción colectiva a favor de la paz y de la seguridad en el hemisferio. Ese nuevo panorama exige una redefinición del sistema Interamericano de cooperación militar, al igual que una reorientación del alcance y de la misión de las instituciones militares hemisféricas. En ese sentido son de destacar las labores y los significativos aportes realizados por la Comisión de Seguridad Hemisférica.”[5]

 

B.          SISTEMAS DE SEGURIDAD INTERNACIONAL

 

No cabe duda que en la actualidad los Estados buscan el desarrollo económico que les permita dar a sus pueblos el bienestar y paz que ansían como bien común general, pero para ello, también es cierto que necesitan proveerse de determinados grados de seguridad para permitir el logro de las metas señaladas. En este aspecto y reconociendo la necesidad imprescindible de desarrollarse en marcos de seguridad, los países buscan relacionarse internacionalmente haciendo uso de diversas políticas y estrategias que conjugan estos dos aspectos fundamentales. Así es como se legitiman las Fuerzas Armadas, Instituciones que se da la sociedad para, precisamente, asegurar y proteger su bien común general. Sin embargo, en un mundo cada vez más interrelacionado y abierto por los intereses geopolíticos y económicos de cada uno, los países se agrupan en alianzas bilaterales, multilaterales o de bloques, haciendo de esta forma valer sus propios intereses, que le aseguren una supervivencia como tales, fortaleciendo o atenuando sus debilidades y aprovechando la sinergia que le proporciona la integración con otros estados, superando así sus actuales niveles de desarrollo.

 

De esta manera los estados o grupos de estados organizan sus sistemas de seguridad, es decir aquel conjunto de medidas, acuerdos, acciones, planes y medios que se conjugan para el logro de objetivos comunes, en previsión y prevención de eventuales conflictos, con la finalidad de limitarlos, superarlos o evitarlos, para posteriormente, recuperar, imponer, asegurar o mantener la paz, que le permita alcanzar las metas, que se han fijado como tales.

 

Así, por lo tanto tenemos que el objetivo de dichos sistemas de seguridad será siempre la mantención del orden y la paz[6], evitando todo tipo de alteraciones a la normalidad en que se desarrollan los estados. Sin embargo, será importante tener presente que la paz no se obtiene o impone por sí sola y para ello vale recordar la vigencia del conflicto, desde que el hombre existe, hasta nuestros tiempos y nadie podría, en su sano e imparcial juicio, predecir su extinción a futuro. Es más, ello justifica las medidas que adoptan los estados para otorgarse ciertos grados de seguridad que les permita una sobrevivencia como tales. Al respecto, Juan Cano Hevia, en su obra “De la Guerra y la Paz” expresa: “ El sistema contribuye a la paz, pero no la asegura. Es sólo uno de sus múltiples factores. Esto porque no hay sistema que garantice la buena voluntad entre los hombres”[7]

 

De esta forma y para el logro de estos objetivos, los estados se desenvuelven en el sistema internacional a través de integraciones en alianzas, pactos, tratados, acuerdos o convenciones, que les permiten dar mayor fuerza a sus posiciones e intereses y enfrentar unidos las amenazas[8] que se suceden en el devenir histórico de sus pueblos. En este entorno se ha ido desarrollando lo que conocemos como el derecho internacional, que sin tener las herramientas para imponer por sí solo una determinada resolución o medida a los estados, regula y entrega el soporte jurídico que necesitan las relaciones internacionales o interestatales. Ellas se complementan con diversas acciones o medidas de acción, como los son las medidas de confianza mutua (MMCM), los tratados o acuerdos de control,  regulación, reducción o limitación de armamentos, los arbitrajes, las mediaciones o aquellas destinadas a la imposición, mantenimiento, verificación u observación de la paz, que permiten enfrentar un conflicto para establecerla o construirla.

 

A través de la evolución de las relaciones internacionales del mundo contemporáneo, y teniendo en cuenta la situación político estratégica que ha comprendido los diversos escenarios bélicos, se ha ido dando forma a diferentes sistemas de seguridad, sin embargo, para el objeto del presente trabajo y considerando la forma en que se relacionan y se han relacionado los estados,  es posible identificar los siguientes sistemas de seguridad internacional:

 

·      Equilibrio de poder

·      Seguridad colectiva

·      Seguridad cooperativa

 

1.        EQUILIBRIO DE PODER

 

Para entender este sistema, es necesario tener presente que para evitar una situación de conflicto entre estados o grupos de estados, la amenaza a la paz entre ellos se debe alejar, por el sólo hecho de poseer sus elementos de poder balanceados de tal manera que por sí solos se refleje una condición de igualdad, no en números sino en términos de la capacidad o potencialidad que posean, para poder imponer una voluntad a la contraparte, mediante el uso de sus recursos económicos, políticos, bélicos o diplomáticos. De ahí la importancia que se otorga en este sistema de seguridad a quienes tienen la responsabilidad política y moral de dirigir la diplomacia o velar por la aplicación del derecho internacional.

 

Este tipo de sistema se da especialmente cuando existen dos potencias en abierta competencia internacional, en las cuales, aún cuando no se lo propongan, tienen en común aspectos como los siguientes:[9]

 

a.       Un equilibrio de poder relativo entre las unidades políticas principales.

b.      Una frontera que permita la expansión de esas unidades políticas principales y en las que sus choques ocasionales sean menos peligrosos que en el ámbito de la política internacional.

c.       Relativa estabilidad tecnológica, especialmente en la esfera de la tecnología militar.

d.      Posibilidad de una concepción común de la legitimidad internacional.

 

Un ejemplo del sistema descrito se puede encontrar en lo que conocemos como el bipolarismo, que es aquél en que dos potencias dominantes, que tienen objetivos claramente contrapuestos mantienen una situación de statu quo producto de sus situaciones de poder balanceadas, es decir que no pueden emplearse contra la otra parte, por no poseer una superioridad suficiente y categórica que le permita la obtención de sus objetivos políticos, económicos, diplomáticos o militares,  con el respaldo de una fuerza militar superior. Para fortalecer sus posiciones cada potencia trata de establecer redes de alianzas y apoyos en los estados no involucrados.

 

De modo diferente, si analizamos este sistema desde el punto de vista de la multipolaridad, es decir, aquella situación  en que el poder está distribuido en una mayor cantidad de estados o grupos de estados, alineados según las propias conveniencias e intereses, encontramos que, para mantener el equilibrio de poder se deben usar diversos mecanismos de presión política o diplomática, con el objeto de producir los equilibrios necesarios que alejen la posibilidad de conflictos y aseguren la paz.

 

Para ello, en algunos casos, las potencias dominantes emplean sus medios militares, con el objeto de impedir alianzas por parte de aquellos estados que pretenden modificar el statu quo de equilibrio, imponiendo, en los casos extremos, mediante el uso de la fuerza, la paz quebrantada.

 

Ahora bien, la estabilidad de este sistema es bastante relativa, atendiendo al sinnúmero de intereses que tienen los estados y la contraposición que se produce entre éstos, adquiriendo una connotación mayor el asunto económico. Obviamente, en el sistema bipolar es más nítida esta inestabilidad, por cuanto en cualquier momento la balanza de poder puede volcarse, ya sea por los avances científico tecnológicos, que otorgan una mayor potencialidad, o simplemente por el cambio de actitud política de algunos importantes aliados de una potencia.

 

2.        SEGURIDAD COLECTIVA

 

Este concepto de seguridad internacional obedece a la necesidad de los estados de adaptarse a los progresos de la sociedad, especialmente a las tendencias interrelacionadas de la economía, la ciencia y la tecnología y otras áreas de las relaciones internacionales, donde se advierte que la mejor forma de hacer frente a las amenazas o para potenciar sus posiciones, es unirse a través de organizaciones internacionales o alianzas que representen, respalden y defiendan sus propios intereses, es decir, los estados dejan en manos de una organización de seguridad determinada para que sea ella la que se encargue de asegurar a dichos estados de todo tipo de amenaza. A esta organización se le entregan voluntariamente determinadas atribuciones y delegaciones para que pueda actuar en nombre del conjunto de estados que la respalda. Así por ejemplo, ellos pueden establecer que cualquier agresión a un estado asociado a la organización podrá ser considerado como efectuada contra todos.

 

En este sentido, se dio vida a la Sociedad de las Naciones (1919), al término de la Primera Guerra Mundial y posteriormente a la Organización de Naciones Unidas (1945) y a la Organización de Estados Americanos (1948). En cada una de ellas, considerando las amenazas que se advertían en el mundo en cada una de las épocas de su creación, se estableció que los estados se unían para el mantenimiento de la paz y otorgarse el grado de seguridad necesario que les permitiera desarrollarse en paz y armonía.

 

En el ámbito americano y siguiendo el concepto descrito, el 2 de septiembre de 1947, durante la Conferencia Interamericana para el mantenimiento de la paz y la seguridad del continente, en Río de Janeiro, Brasil, 19 países americanos firman el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), al que más tarde se sumarían 3 países (entre 1949 y 1967). En dicho Tratado se establece que “Las Altas Partes Contratantes convienen en que un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque, en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas”.[10]

 

De igual manera, la Carta de la OEA, establece que “Toda agresión de un Estado contra la integridad o la inviolabilidad del territorio o contra la soberanía o la independencia política de un Estado americano, será considerada como un acto de agresión contra los demás Estados americanos”[11], y a continuación señala “Si la inviolabilidad o la integridad del territorio o la soberanía o la independencia política de cualquier Estado americano fueren afectadas por un ataque armado, o por un conflicto extracontinental o por un hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América, los Estados americanos en desarrollo de los principios de la solidaridad continental o de la legítima defensa colectiva, aplicarán las medidas y procedimientos establecidos en los tratados especiales, existentes en la materia”.[12]

 

Así entonces, a través de estos acuerdos, los estados americanos adoptaron en la pasada década del cuarenta un sistema de seguridad colectivo, lo que les permitía enfrentar unidos la principal amenaza que por esos años enfrentaba el mundo occidental: la expansión de la U.R.S.S. y la ideología comunista.

 

También es posible señalar que, pese a que en esos años se manifestaba, por parte de las principales potencias del mundo, un sistema de seguridad de equilibrio de poder, con un bipolarismo claramente definido, los países americanos, que no participaban activamente en este enfrentamiento político mayor, se unen y buscan un mecanismo que les pudiera proporcionar la seguridad necesaria para permitirles a la vez continuar con sus procesos de desarrollo, alejando la principal amenaza existente para su sobrevivencia como estados soberanos, dando paso a una nuevo sistema de seguridad, que se ha denominado como “colectivo”.

 

Del punto de vista político, al analizar la eficacia de dicho sistema podemos expresar que su adopción presentó ante los ojos del mundo un continente unido a una causa, con un gran aliado como lo es Estados Unidos, y con las intenciones de brindarse apoyo y protección en caso de verse afectados por alguna acción que les afectara su soberanía.

 

En el aspecto militar, la presencia de los Estados Unidos en ambos acuerdos, le otorgó una preeminencia sobre los demás Estados, pero junto a ello, le agregó el apoyo del aparato militar más importante del mundo occidental, para asegurar y respaldar sus posiciones en el concierto internacional.

 

3.        SEGURIDAD COOPERATIVA

 

Agotados, en parte, los sistemas de equilibrio de poder y de seguridad colectiva, por las situaciones históricas del mundo de post-Guerra Fría, los Estados se ven en la necesidad de buscar nuevas formas de relación para alcanzar y mantener la ansiada paz mundial, otorgándose una adecuada seguridad y defensa a sus soberanías e intereses.

 

Esta búsqueda ha permitido encontrar como un nuevo sistema, el de la seguridad cooperativa. Este sistema recoge las tendencias mundiales de relación política, económica y diplomática, toda vez que los intereses de los estados han alcanzado espacios más alejados de sus fronteras, creando zonas de interés para sus propios desarrollos, producto de la eficiencia de sus propios procesos y de la interrelación propia entre el trabajador, la fuente laboral y la explotación de recursos naturales, minerales y otros que les otorgan la riqueza económica a las naciones y sus connacionales. Así se han ido creando lo que se conoce en el mundo de los negocios como las Internacionales o las Multinacionales, ya que estas empresas reúnen en un equipo a capitales económicos y humanos de diferentes nacionalidades tras el fin de generar riqueza. Pues bien, esta misma situación es conveniente para los Estados, porque ven en ellos la forma de captar una mayor capital para las arcas fiscales de las naciones.

 

Sin embargo, como es natural, los Estados deben asegurar sus intereses y sus soberanías y para ello buscan la forma de alejar todo tipo de amenaza de conflictos que pudieren alterar la paz y normalidad en que se desenvuelven.

 

La cooperación en términos de seguridad se manifiesta a través de la voluntad de los Estados para eliminar las desconfianzas y limitar o reducir, de común acuerdo sus capacidades militares. Pero, estos aspectos chocan con las vulnerabilidades que pudieran aparecer al abandonar o debilitar una de las tareas primordiales de un Jefe de Gobierno, cual es el de asegurar la soberanía y desarrollo del Estado en paz y armonía, tras la búsqueda del bien común general de la sociedad. Y este bien común general, fin último de toda organización societal, es el que aparece como amenazado, si no se toman las consideraciones que, para cada caso, debieran existir al adoptar medidas de limitación o reducción de armamentos.

 

En el ámbito de este sistema de seguridad es posible encontrar los siguientes conceptos que analizaremos a continuación:

 

a.     El desarme

b.     El control de armas

c.     La Reducción de armas

d.     La Limitación de armas

e.     La Regulación de armas

f.     Los sistemas de verificación


CAPITULO II “CONCEPTOS Y DEFINICIONES PREVIAS”

 

A.            EL DESARME

 

Hemos establecido en el capítulo anterior que todos los esfuerzos que realizan los Estados en el campo de las relaciones internacionales están destinados a la búsqueda del bien común general de la sociedad que representan, con la finalidad que ésta pueda desarrollarse en paz y armonía. Sin embargo, también hemos podido ver que estos mismos Estados se dan diversas formas de organización para la búsqueda de los fines descritos y permitir de ese modo alcanzarlos en algún grado de seguridad, alejando cualquier tipo de amenazas o alteraciones a su normalidad institucional y soberanía legítima.

 

También hemos planteado que, para tales fines, los Estados organizan sus Fuerzas Armadas, constituidas por profesionales que dedican sus vidas al servicio de la patria, para su defensa[13] y protección; es decir, éstas constituyen el respaldo de la fuerza que, legítima y legalmente, se da una sociedad para asegurar su sobrevivencia.

 

Del mismo modo y también con fines de seguridad, adoptan sistemas, que les permiten individual o colectivamente hacer frente a las amenazas que pudieran alterar el desarrollo normal de sus vidas como Estados soberanos. Esta integración la vemos manifestada en su participación activa a través de organismos internacionales, como la O.N.U. y la O.E.A., o mediante los compromisos internacionales que fija el derecho internacional, tales como los pactos, tratados, acuerdos o convenios de carácter bilateral o multilateral.

 

En la discusión de estos temas de seguridad es que aparece el concepto del “Desarme”, el que pudiendo tener muchas acepciones, como la “Kantiana” que plantea “que la existencia de los ejércitos permanentes debiera desaparecer totalmente con el tiempo[14], o la de Coulumbis y Wolfe que señalan: “el desarme puede significar, desde el retiro de todas las instalaciones militares, hasta la prohibición absoluta, reducción, disminución, enajenación o abolición de ciertas armas en pro de una humanización de la guerra o la instrumentalización de acuerdos especiales destinados a evitar un eventual conflicto, o al menos, alejarlo en el tiempo[15].

 

Lo que es cierto, es la amplitud del concepto y lo utópico de su materialización, ya que si consideramos que desde la creación del hombre, éste ha vivido en una incesante lucha por su sobrevivencia, buscando satisfacer sus necesidades más vitales, a través del tiempo, y en sociedades más organizadas, se ha podido advertir  la existencia de conflictos y guerras tribales, interestatales, internacionales o mundiales, en cuyas raíces se ha encontrado la contraposición de intereses y ambiciones y la dificultad para entenderse en un clima de paz y normalidad. Por lo tanto y para prevenirse de toda amenaza el hombre, desde que es hombre, creó las armas, objetos destinados a su defensa individual y del grupo, tribu o familia dependiente. Con la misma intención las sociedades organizadas en Estados y apoyados por los avances científico-tecnológicos, entregan a sus Fuerzas Armadas estos instrumentos para que sean empleados en su defensa y protección, cuando sea amenazada su soberanía o institucionalidad.

 

Por lo tanto, mientras exista la amenaza  del uso de la fuerza militar en un conflicto o en una guerra, que afecte  la vida de los Estados, será muy difícil pensar en un desarme, de la forma que lo aprecia Kant o los Profesores Coulumbis y Wolfe. Para que el desarme sea efectivo debieran en primer lugar desaparecer todo tipo de armas y equipos militares y en segundo lugar y quizás el más importante y más difícil de lograr, el hombre debiera convertirse en un ser esencialmente bueno y perfecto, perfección que, en una sociedad cristiana, está reservada sólo a Dios.

 

B.    EL CONTROL DE ARMAS

 

A diferencia de lo que hemos descrito como el desarme, el control de armas pareciera tener una mayor precisión, ya que éste busca, a través de mecanismos como la limitación, la reducción o la regulación de armamentos, la no incrementación de los aparatos militares que poseen los Estados para su seguridad y defensa, permitiendo de esta manera contribuir al equilibrio de fuerzas y medios que alejen la amenaza de un conflicto o de una guerra y permitan el destino de los recursos económicos hacia necesidades sociales de mayor urgencia para la sociedad en desarrollo.

 

Es por esta razón que la idea del control de armas encuentra en los Estados modernos una mayor aceptación, ya que no desconocen la posibilidad de un eventual conflicto, y por lo tanto deben proveerse de una fuerza militar eficiente para la defensa de sus intereses y soberanía, cuya magnitud debe ser acorde a la realidad geoestratégica que poseen, como también reconocen la necesidad de destinar una mayor cantidad de recursos económicos al progreso socioeconómico de la sociedad que representan. Esta situación debiera estar plasmada en las políticas de defensa que cada Estado elabore, políticas que tengan respaldo ciudadano, sean públicas, transparentes y consecuentes con la intención de mantener sólo las armas necesarias para la defensa y protección de sus soberanías e institucionalidades.

 

Por su parte y según el autor soviético Genrik Trofimenko, el control de armas no es infalible, ya que un gobierno determinado tiene a comparar la cantidad y calidad de las armas que dispone, con el armamento de que podrá disponer su potencial adversario en el futuro, para lo cual cada gobierno define su posición al respecto. Por lo tanto, cada una de las partes involucradas tiende a justificar sus adquisiciones de armas para conformar un equilibrio de potenciales, mientras se acusa al otro de querer quebrantarlo, toda vez que éste despliega el mismo tipo de armamento[16].

 

Por lo tanto, para que estas medidas de control tengan éxito en el sistema internacional, se debe buscar el compromiso de los Estados para su cumplimiento, y para ello existen y se desarrollan diversos Tratados, Pactos, Acuerdos, Convenciones y Conversaciones bilaterales o multilaterales, que permiten generar la coordinación o elaboración de políticas públicas destinadas a la fiscalización de la producción, almacenamiento, uso y comercialización de armas, como también para contar con una plataforma legal que les permita lograr los fines del control de armamentos.

 

Un papel importante en el desarrollo de las medidas de control de armamentos lo otorga la credibilidad de los procedimientos y de la información que se proporciona al sistema, como también la generación de confianza mutua entre los Estados y los sistemas de verificación que se implementan, al cual nos referiremos más adelante.