COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA

DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS

CURSO XXXVIII

 

 

 

MONOGRAFIA

 

LA POBREZA EN LATINOAMÉRICA: FACTOR DE VIOLENCIA Y DE INESTABILIDAD SOCIAL. SU PROYECCIÓN PARA FINES DEL SIGLO COMO AMENAZA PARA LA SEGURIDAD DEL CONTINENTE AMERICANO.”

 

 

 

 

 

 

 

 

CNEL. (EJ.) FRANCISCO JOSÉ PACHECO SILVA.

VENEZUELA

 

 

 

 

 

 

 

WASHINGTON, DC. , MAYO DE 1999.


INTRODUCCION.

 

 

La pobreza representa un grave problema social que tiene implicaciones éticas, económicas y políticas consideradas como de primer orden. Sectores muy amplios de la población en nuestro Continente están afectados actualmente por una marcada situación de desempleo, de abandono, de hambre, de desnutrición y de marginalidad. Esta condición atenta contra los derechos humanos y coloca, al gran número de personas afectadas, en situación de constante desasosiego social por lo que la estabilidad democrática en muchos países Latinoamericanos se ve seriamente comprometida, ya que es difícil el pensar que ella pueda afianzarse en tanto grandes sectores son excluidos de la economía y de la sociedad.

La pobreza existente en Latinoamérica, es un reflejo de la gran desigualdad que atenta contra el crecimiento económico, que dificulta los procesos de integración e impide que se den las condiciones deseadas para afrontar las exigencias del desarrollo y garantizar la seguridad del continente.

¿Cuál es la situación de la pobreza en la basta región del Continente Americano y del Mar Caribe, en momentos en que nos acercamos a finales del Siglo XX y enfrentamos un proceso de integración económica regional que busca concertar mecanismos a futuro para una completa unificación?, ¿Cómo se proyecta hacia el venidero milenio el problema generado por la escasez de que padecen todo ese gran número de seres humanos afectados por la condición de miseria?, ¿Representa este problema social una amenaza para la seguridad del continente?.

Estas interrogantes, han orientado el esfuerzo para la realización de esta Monografía, trabajo de investigación, meramente documental, en el cual he abordado el tema, describiendo aspectos que he considerado necesarios para su comprensión, a la luz de la información existente en estudios pormenorizados del tema y datos aportados por Informes realizados en Organismos e Instituciones especializados. 

En un Primer Capítulo se ha realizado un esbozo sobre la Historia de la pobreza y se han relacionado términos que permiten comprender los elementos básicos que infieren en la identificación de las categorías y clasificaciones, hasta ahora empleadas, para aclarar los conceptos sobre la pobreza y la marginalidad.

 

El enfoque de la situación actual de la pobreza en Latinoamérica constituye el segundo tema a abordar. Buscamos en el responder a las siguientes interrogantes: ¿Cómo ha evolucionado? ¿De que manera se ha ido expandiendo?, ¿Cuales son sus características, causas y consecuencias?. ¿Qué sectores de la población han sido más afectados?.

La inestabilidad social que genera la pobreza impulsa a la adopción del delito como un medio para obtener riqueza, no importa para muchos si su aceptación posee, o no, legalidad. Esta realidad ocupa el Tercer Capítulo de este trabajo, donde se explican los efectos del crecimiento descontrolado de la población, de las grandes concentraciones urbanas, de los efectos desmedidos producidos por las penurias a que conlleva la miseria y la marginalidad.

En un Cuarto Capítulo se describe el efecto de la pobreza sobre esa extensa región en la que hemos agrupado, bajo el nombre de “América Latina” o  “Latinoamérica”, a los países que conforman el Continente Americano y la región del Caribe. ¿Cómo se vislumbra el futuro en esta región? ¿Existen o no alternativas para la reducción futura o erradicación definitiva de la pobreza? ¿Qué hacer para enfrentarla y reducir sus efectos?.

En las conclusiones se enfocan los aspectos considerados como mas importantes para clarificar la magnitud del problema, sin olvidar que por su misma naturaleza, la pobreza y la marginalidad constituyen una macro dificultad, con especie de autonomía viral, que ataca de manera diferente a los países del continente y que podría tener fácil cura pero que de manera general tiene pronóstico reservado y características de peste maligna que se disgrega en nuestras sociedades rompiendo los sueños de verla erradicada por completo ya que las cifras indican, muy a pesar de las ligeras mejoras obtenidas, que la tendencia de la pobreza podría continuar siendo ascendente.


CAPITULO I.

LA POBREZA. GENERALIDADES Y CONCEPTOS.

 

 

Historia de la Pobreza:

 

Como lo refleja la Biblia, en muchos de sus paisajes, la pobreza es parte de la historia misma de la humanidad, siempre se le ha considerado como una situación normal en la vida del hombre. Los escritos de la antigüedad reflejan como la escasez de alimentos y el hambre eran algo crónico y común.

 

Durante la edad media aparecen las primeras manifestaciones de pobreza. Precarias viviendas sirvieron de morada al hombre y su familia. Estas, con una sola habitación en unos casos, y con un máximo de dos en otros, se constituyeron en casas que fueron el producto de construcciones rústicas y ordinarias, carentes de los servicios básicos, donde el desconocimiento de las más elementales normas de higiene agravaba las condiciones precarias de vida en las que habitaban miles de personas. Otro de los fenómenos habituales para la época era el hambre, las costumbres medievales permitían apreciar una notoria contraposición entre opíparos banquetes, de los que disfrutaban las personas que integraban las clases sociales más nobles y la inanición en que se debatían otras menos afortunadas.

 

Durante el siglo XIII y las siguientes tres centúrias el hambre continuó. “Entre 1201 y 1600 el ritmo de su crecimiento y propagación se mantuvo constante: Siete épocas de hambre y diez años de escasez de alimentos a lo largo de cada siglo”.[1]

 

El hambre y la escasez han acompañado por siglos la evolución de la vida del hombre, múltiples capítulos de la historia de la humanidad así lo reflejan, largos períodos de hambre generaron muerte y miseria. Esas largas jornadas de hambruna fueron manifestaciones intensas de la pobreza.

 

 

 

La pobreza se ha mantenido durante siglos como un enquistado mal difícil de exterminar. En 1798, el clérigo ingles Thomas R. Malthus[2] dejó saber, mediante un ensayo publicado, sus conclusiones acerca de la constante tendencia observada en la población a crecer por encima de la producción y la capacidad de abastecimiento de alimentos. Esta anomalía, sin un control adecuado absolutamente necesario, siempre arrastraría a la masa humana al hambre, a la enfermedad y a la guerra. La pobreza era para él, en sus consideraciones, un algo inevitable para la mayoría de los seres humanos.

 

Para mediados del Siglo XVIII, durante la llamada “Revolución Industrial”, se produjeron cambios y la producción comenzó a registrar un aumento progresivo. Pero este fenómeno también involucraba el incremento de la población, el cual para inicios del siglo XIX ya mediaba en un 50%. Disminuyó el índice de mortalidad y aumentó la producción de alimentos, surgiendo además otros recursos que ayudaban a abastecer a un gran número de personas.[3]

 

El Siglo XIX fue el siglo de la explosión demográfica, en ese período la humanidad creció más de lo que lo había hecho en millones de años. Pero, de la misma manera como esto sucedió, continuaron produciéndose nuevos acontecimientos que generaron hambre en la India, Irlanda, China y la URSS, por mencionar algunas de las regiones del mundo más importantes que fueron afectadas. Curiosamente, estas grandes crisis, no afectaron mayormente los países del mundo occidental.

 

Actualmente, el hambre y la escasez todavía prevalecen con sus amargas y terribles consecuencias, sin que este problema se haya logrado reducir significativamente o eliminar en nuestro continente.

 

      Para América Latina la pobreza ha sido siempre un flagelo en constante evolución, que toma fuerzas y abarca, con sus tentáculos, un elevado porcentaje de la población. A la pobreza, como mal de la sociedad, debe cortársele el paso, combatirla, reducirla progresivamente hasta erradicarla. Es por ello que en nuestros Países, a través de nuestros gobiernos y nuestras sociedades, debemos hacernos eco de la advertencia que hace muchos años lanzó el Sr. James Grant, Director General de la UNICEF, quien señalaba que en pobreza “lo peor todavía esta por venir” y por ello debemos prepararnos para producir las transformaciones necesarias, tomando las previsiones para actuar antes de que sea demasiado tarde.

 

 

Concepciones con Respecto a la Pobreza:

 

Hablar sobre el concepto del vocablo “pobreza” constituye un aspecto necesario y determinante para aclarar el contenido de un trabajo como este. Esta palabra ha sido poco conceptuada en los miles de libros y artículos que se han publicado hasta el presente, por considerar muchos autores que se conoce con exactitud de lo que se está hablando.

 

El concepto de pobreza es muy genérico e impreciso. La historia conceptúa al "Rico” y al “Pobre” como si fueran dos naciones, cuando en realidad no se puede determinar con precisión cuando se está dentro de una categoría o donde está el punto medio entre ambas condiciones, siempre habrá una porción, un tercio, un quinto o un décimo de la población que tendrá el mas bajo nivel de ingresos o de capital, por lo cual el término “pobreza” se torna cada vez mas subjetivo y complicado de precisar.

 

Algunos autores e investigadores, desde hace mas de medio siglo, han coincidido en establecer que la pobreza es un mal social, una condición que estratifica al ser humano que vive dentro de una sociedad. La catalogan como un sustantivo que identifica una degeneración social, mientras que otros la expresan en conocimiento de lo complejo y extenso de lo que encierra el concepto en sí.

 

Entre las opiniones, mayormente manejadas, capaces de conceptuar de manera diferente a la pobreza tenemos:

 

·     “La pobreza es intrínseca de la misma naturaleza humana, cuando no nos sentimos satisfechos, cuando vemos que otros viven mejor que nosotros.” [4]

 

 

 

·     “Se entiende por pobreza la condición social que agrupa a aquellos que actualmente no pueden tener un nivel de vida decente, aquellos cuyas necesidades básicas superan la capacidad de sus medios para satisfacerlas”[5].

 

·     “La pobreza es la incapacidad de satisfacer las necesidades mínimas”[6]. 

 

En los dos últimos conceptos se deben destacar la presencia de los vocablos “necesidades” y “decente” por considerarlos como elementos claves para relacionar la idea de lo que se quiere conceptuar, aunque debe quedar claro que cada uno de nosotros puede tener su propia concepción de lo que es un nivel “decente” y cada familia la idea de lo que son sus “necesidades”. Cuando se habla de “necesidad” o de “necesidades” me refiero a aquellas aspiraciones básicas a las que todo hombre desea acceder para adquirir una condición de vida adecuada, apropiada al medio social en el cual se desenvuelve. A estas urgencias básicas se les denomina alimento, vestido, educación, salud y otras tantas semejantes que le permiten al ser humano darse a sí mismo y a su grupo familiar la capacidad de vivir y desarrollarse con holgura dentro de su medio social, ambiente en el cual quiere y debe ser un ente participativo en el proceso de producción de la riqueza y disfrute de sus beneficios.

 

Cuando me refiero al término “decente” o al vocablo “decencia” estoy aludiendo una condición derivada del logro efectivo y satisfactorio de las necesidades primarias lo cual facilita, al hombre y su familia, el disfrute de las comodidades requeridas para vivir con desahogo, para desenvolverse en un ambiente sano, de adecuado roce social, sin discriminación de condición alguna, situaciones de bienestar que le permiten actuar con honradez en la consecución de sus medios de subsistencia. Para que esto pueda lograrse deben combinarse las acciones gubernamentales con las propias particulares inherentes a cada individuo o grupo social.

 

El término pobreza connota hambre, pero esto no es lo único en que realmente se debe pensar cuando en América Latina se habla de ella, la pobreza conlleva a considerar otros elementos. Sería un error referirnos a la pobreza simplemente como la carencia de uno o varios bienes considerados necesarios o convenientes para alcanzar el “mínimo de bienestar”. Hay que considerarla como algo más complejo, hay que verla como una condición en la que parte de una población, o grupos de quienes la conforman, se encuentran marginados o excluidos de los procesos que permiten generar riqueza o disfrutar de ella, no tan solo en el sentido monetario sino en un espectro mucho más amplio. De allí que es lógico pensar que las personas, según el país y las circunstancias que afecten a quienes conformen este estrato de la sociedad, tienen sus propios criterios acerca de cómo conceptuar la pobreza y sus elementos constitutivos.

 

      La pobreza involucra privaciones, discriminación y hasta podría decirse que abandono gubernamental, estas condiciones están determinadas por históricas relaciones jerárquicas, autoritarias o paternalista de estructuras clasistas carentes de democratización, las cuales se dieron, y continúan sucediéndose, como causa efecto de la dinámica establecida en la relación de un pueblo con su gobierno. Esto hace tangible la necesidad de combatir la pobreza desde la óptica de lucha por la plena vigencia de los derechos humanos y la conquista de una autentica ciudadanía, promesa mas que realidad, para una gran cantidad de latinoamericanos, por lo que muchos estudiosos de la pobreza la han precisado como “la falta o insuficiencia de derechos ciudadanos, con ausencia de plena ciudadanía”[7].

 

Como resultado del análisis de muchos debates sobre “Ciudadanía, democracia y desarrollo”, podemos percibir que la pobreza se puede  entender como el producto de muchos factores causales e interactivos, producto de estructuras históricas, de la vida de los Estados, que han propiciado la exclusión de grandes sectores de la población de lo que podría llamarse los beneficios del desarrollo, no porque estos se rezaguen dentro de la dinámica del proceso de crecimiento económico existente dentro de una sociedad, sino porque en sí, estos grupos, han sido producto de las deficiencias del sistema.

 

En los países de Latinoamérica, la pobreza y la pobreza extrema, sin importar los criterios que priven para buscar una definición de cada una en particular, no constituyen fenómenos coyunturales ni son condiciones que marcan un reducido grupo social. Por el contrario, los dos vocablos, determinan fenómenos ampliamente extendidos que se han arraigado y profundizado a lo largo de la historia de cada uno de los países latinoamericanos durante las últimas décadas. Ambos representan agrupaciones sociales que definen una calidad de vida, el uno y el otro son una consecuencia de las características que ha presentado el crecimiento económico y el neoliberalismo promovido por los gobiernos de turno y los organismos financieros internacionales.

 

Sustentados en los aspectos analizados anteriormente podemos conceptuar la pobreza como un grave problema social que engloba e identifica una gran parte de la población, o grupos de quienes la conforman, los cuales son afectados por muchas causales y factores interactivos de naturaleza diferente para cada País del Continente pero que, de manera global, afectan la condición de bienestar del ser humano que vive dentro de una sociedad sin poder satisfacer sus necesidades básicas siendo excluidos, como producto de la ineficiencia existente en los sistemas gubernamentales, de los llamados beneficios del desarrollo.

 

 

La Marginalidad. Orígenes.

 

La palabra “Marginalidad”, mayormente utilizada en América Latina a partir de los años cincuenta ha logrado alcanzar una condición impactante por el contexto de su significado.

 

Esta palabra, de acuerdo con estudios de profesionales y expertos en la materia, se nutre de dos vertientes teóricas relacionadas entre sí. Por un lado la “Teoría del Hombre Marginal”, o de “La Personalidad Marginal”, y por el otro la teoría de la “Situación Social Marginal”. 

 

      La primera de ellas, “La Teoría del Hombre Marginal o de la Personalidad Marginal”, fue introducida en la sociología norteamericana por Robert Park y Everett Stonequist, quienes analizaron al hombre marginal como un sujeto, al que su suerte, le ha llevado a vivir en dos sociedades, en dos culturas, no solo diferentes sino antagónicas. Se trata de individuos en situación de conflicto cultural, que participan de una sociedad, sintiendo al mismo tiempo atracción por otra a la cual considera dominante. Es una condición psicológica del hombre, que le permite sumirse en criterios de conducta y métodos de vida que considera acordes con su verdadera situación.    

 

Al hablar de individuos con personalidad marginal, nos referimos al hombre que vive dentro de un ambiente social inferior al que le sirve de hábitat al común de la sociedad que le rodea, colectividad por la cual se siente atraído pero que a la vez rechaza por sentirse incapaz de poderla alcanzar motivado a su carencia de espíritu de superación y su falta de preparación para enfrentar los retos que involucra el alcanzar esas mejoras deseadas. 

 

Este “Complejo de Marginalidad” caracteriza un amplio sector de la sociedad latinoamericana, la cual ha perdido valores útiles para la eficiencia productiva y la organización social. Quienes  conforman este estrato de la sociedad se distinguen por estar sumidos en la resignación, la impotencia, el abandono personal y el fatalismo . En resumen son seres humanos que poseen una ausencia total de espíritu de superación aunque, en el fondo de sus corazones y pensamientos, se sientan atraídos por la idea de formar parte de un nivel de vida que realmente es mayormente confortable y agradable.

 

Psicólogos, antropólogos y sociólogos definen esta ausencia de espíritu de motivación al logro como un complejo de inferioridad que hace al hombre evadir situaciones difíciles, que le hacen abandonar metas y objetivos importantes en su vida, para aceptar con conformidad lo poco que tiene sin procurar proyectarse hacia un futuro mejor.

 

Las causas atribuidas a esta concepción simplista de la vida son la tradición histórica de dominio, propia de las culturas negras e indígenas avasalladas en la antigüedad por el señorío europeo, la carencia de intensidad para promover acciones tendientes a superar sus necesidades, la carencia de empuje, la pérdida de la dignidad, de  educación, de auto estima y del honor.

 

Esta suma de valores perdidos lleva al hombre marginal a constituirse en un ser dependiente del Estado, que desea y acepta con facilidad el paternalismo, que ve al Estado todopoderoso como su única salvación, haciéndose proclive al populismo y la demagogia.

 

La segunda vertiente, la que corresponde a “La Situación Social Marginal, deriva de condiciones que producen cambios en la vida del hombre. Esta teoría es explicable por la suma del contenido de diferentes concepciones:

 

 

·     La concepción ecológica:

Abarca la designación genérica de “marginales”, la cual se aplica a las aglomeraciones urbanas que se incrementan y toman asiento firme en localidades ubicadas al límite de lo que es considerado como núcleo urbano. Estas congregaciones de población son el producto de rápidos crecimientos demográficos y de la instalación de viviendas improvisadas sobre terrenos ocupados ilegalmente.

 

·     La concepción social:

Se refiere a las condiciones deplorables de vida y de trabajo que son detectadas en los barrios marginales citados con anterioridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO II

Situación Actual de la Pobreza en los Países de América Latina.

 

 

Pobreza y Población:

 

Desde los mismos inicios del siglo XVIII,  como se pudo conocer en el contenido que hizo referencia a la historia de la pobreza, los estudios realizados sobre este flagelo social se han relacionado con la explosión demográfica. Malthus, quien hizo este descubrimiento, fue el primero en dejar constancia de esta conexión.

 

Malthus, en su primer ensayo sobre la población en el año 1798,  señaló[8] la relación entre la población, la tierra existente y la cantidad de cosechas que se podían lograr por cada hectárea de terreno ocupada. Concluyó que los alimentos son necesarios para la subsistencia del hombre, del mismo modo como la atracción de los sexos es inevitable, lo cual ha hecho a estos factores permanecer invariables a lo largo de toda la historia de la humanidad.

 

Cinco años más tarde, en 1803, y luego de múltiples críticas por sus conclusiones anteriores, Malthus editó su segundo libro[9], en el cual reforzaba su tesis y afirmaba que para todo exceso existía el control y que por tal motivo el crecimiento de la población era sensible de ser frenado con acciones racionales, de lo contrario este fenómeno conduciría en el transcurrir del tiempo, hacia el vicio o la miseria.

 

El estar a merced de fuerzas que no se pueden controlar conlleva irremediablemente a consecuencias catastróficas para el hombre en particular y para la sociedad en que vive. En este caso, el no poder controlar una población que crece desmesuradamente, sin los recursos adecuados y sin las condiciones de territorio y medios que satisfagan sus necesidades básicas, conlleva con seguridad a la unión de una población numerosa y a la conformación de una sociedad en la que la pobreza y la marginalidad serán factores inevitables de su propia destrucción.

 

Para muchos, las aseveraciones de Malthus son altamente realistas, mientras que para otros no son mas que vaguedad y testimonios falsos, pero vemos que fue Malthus el primero en establecer claramente que toda población, humana y/o animal, tiene el instinto de aumentar en progresión geométrica o en índice exponencial, si no existen los controles necesarios. Esto obedece a que las poblaciones tienden a incrementarse en términos de índices anuales y este crecimiento porcentual se duplica en períodos de tiempo directamente proporcionales y bien definidos, afectando la capacidad de obtener recursos para su propia subsistencia.

 

La disminución de recursos, la carencia de alimentos, vestido, medios de educación, de protección de la salud y otras facilidades que favorezcan la vida del hombre, conducen inexorablemente a la pobreza y a la marginalidad.

 

 

Evolución y Desarrollo. Escalada de la Pobreza.

 

En América latina, durante la primera mitad de este siglo, la pobreza fue principalmente un problema social de naturaleza rural. En casi todos los países latinoamericanos la población incluida dentro de esta clasificación, víctimas de carencias de todo tipo, superaba en número muy superior a la urbana y se encontraba arraigada a viejas estructuras de tenencia de la tierra, de explotación económica y de opresión política. Se podía apreciar en este estrato de la sociedad un nivel de vida muy bajo, así como un elevado índice de mortalidad y desnutrición, lo cual era atribuido a la existencia y práctica de formas arcaicas de organización social y económica. Esto promovió la práctica de políticas de integración y modernización para buscar remediar la situación pero el problema en sí era mucho más complejo.

 

Estudios realizados sobre el particular por organizaciones como el Comité Internacional de Desarrollo Agrícola (CIDA) demostraron que durante los años sesenta la condición de pobreza estaba vinculaba a formas injustas de distribución de la tierra, no solo por la falta de capital, de créditos, de tecnología moderna, de mercados o carencia de espíritu empresarial, sino por la existencia de situaciones tales como el minifundio, el peonaje, el latifundismo, la existencia de población activa sin acceso a la tenencia de la tierra. A esto se podía sumar que la posesión de tierras se resumía en sistemas de dominación política existentes, de naturaleza no democrática, los cuales se materializaban al nivel regional o local y eran de carácter caciquil, autoritario, u oligárquico.

 

A raíz de la Revolución cubana de 1959 fueron promovidas, por el gobierno de los Estados Unidos, algunas tímidas reformas agrarias con las que se pretendía cerrar el paso a la revolución marxista continental, virtual amenaza para la región, las cuales fueron resumidas y materializadas en políticas dentro de lo que se llamó la “Alianza para el Progreso”. En numerosos países se iniciaron movimientos campesinos que reclamaban la propiedad y tenencia de la tierra, la libertad de organización y el derecho a salarios justos. El agro latino estaba en efervescencia y las oligarquías latifundistas, propias de débiles clases medias y gobiernos populistas peligraban. Los  pobres  del  campo se constituyeron entonces en las nuevas clases peligrosas, a las que había que suprimir, liquidar o bien atender, en sus exigencias, para evitar males mayores.

 

A partir de los años sesenta se produjo en América Latina toda una serie de cambios en el contexto político, los grupos dominantes se organizaron de forma nacional e internacional en busca de contener la marea popular conformada por los movimientos campesinos, por los grupos de izquierda y algunos que otros intelectuales que reclamaban, con argumentos de naturaleza económica, política y social, la urgente necesidad de reformas agrarias con bases bien estructuradas. Se instalaron una serie de regímenes militares, más o menos brutales, que generaron un período de extensa violación de los derechos humanos, de conflictos subversivos o de baja intensidad los que, lejos de beneficiar, hicieron más patética la situación de pobreza y desamparo en que se encontraban millones de campesinos latinoamericanos.

 

Otros cambios estructurales más profundos se hicieron presentes al mismo tiempo, parte de la economía agrícola se modernizo en Latinoamérica logrando una integración mucho mayor a los circuitos globales de agroindustrialización. Los pequeños agricultores comenzaron a resultar carentes de importancia para la lógica de obtención de capitales. Los peones, los parceleros, los pequeños poseedores de tierras y los jornaleros iniciaron su transformación en asalariados de las nuevas empresas multinacionales que comenzaban a llegar al continente.

 

 

 

Los antiguos campesinos y sus hijos, en menos de una generación, comenzaron a declinar, convirtiéndose en parte del naciente proletariado industrial. La pobreza rural comenzaba a modificarse, no a desaparecer, pasaba de una clase productiva a otra con menores posibilidades, debido a que su siempre creciente y vigorosa mano de obra ya no se consideraba necesaria para las emergentes agroempresas innovadoras en tecnología que la suplantaban por las máquinas.

 

Esto dio pié a lo que tenía por fuerza que ocurrir, comenzó la inmigración del hombre del campo hacia las ciudades, abandonando las tierras a ritmos cada vez más acelerados. Los años sesenta se constituyeron en una década marcada por el éxodo rural masivo y la concentración de estas poblaciones en las ciudades y centros metropolitanos, los cuales hoy día son enormes megalópolis. Durante las décadas de los setenta y ochenta las tasas de urbanización y metropolización de las principales ciudades latinoamericanas rebasaron en más de dos dígitos las tasa de crecimiento demográfico, los cuales comenzaron a ascender.

 

En la región latinoamericana, a principios de los años ochenta, cuatro de cada diez habitantes se hallaban por debajo de la línea de la pobreza, esto quiere decir que este fenómeno social, afectaba aproximadamente un 38% de la población.

 

Luego de la famosa “década perdida” de los ochenta, en la cual se desmoronaron todas las tasas de crecimiento económico y se produjo la caída del producto nacional en casi todos los países de la región, surgió la década de los noventa, cuyo año inicial se caracterizó por el comienzo de las políticas neoliberales, de las reformas en busca del achicamiento del Estado, la apertura de los mercados, el desvanecimiento del proteccionismo, la privatización de los bienes colectivos y los drásticos y arbitrarios recortes a las instituciones de protección, previsión y desarrollo social. El resultado de estas medidas fue una creciente desigualdad en las sociedades latinoamericanas, además del aumento desproporcionado de los índices de pobreza.

 

En Septiembre de 1990 se realizó en Quito Ecuador, “La Conferencia Regional sobre la Pobreza”, promovida por los Países latinoamericanos, en la cual se estimó cerca de un 62 % de la población en condición de pobreza. Esta cifra representaba alrededor de unos 270 millones de habitantes.

 

Debido a este aumento de la pobreza, en Latinoamérica se propagó la necesidad de buscar fórmulas que permitieran mejorar, o al menos igualar, la calidad de vida dentro del ámbito de la región. Se continuaron las reformas estructurales del Estado y sus instituciones para lograr la eficiencia que contribuyera a la reducción progresiva de la brecha entre los pobres y los ricos.

 

A principio de 1999, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNDU), hizo público su “Informe Anual sobre el Estado de la Pobreza” correspondiente a 1998, documento en el cual demostró que existía un alto grado de desigualdad en América Latina, a pesar del ligero crecimiento económico que se había logrado en la región durante los años 96 al 98, período durante el cual se estimó una disminución de la pobreza del 41 al 36 %, con lo que se recuperó el nivel existente en 1980, es decir un 38%.

 

En el referido informe se resaltó que el número de pobres en Nicaragua, Argentina y Perú había aumentado considerablemente mientras que sólo algunos países, entre ellos Chile y Costa Rica, consiguieron una reducción sustancial de la pobreza. Según el PNUD la recuperación económica de buena parte de los países del Continente ha estado fuertemente ligada a la aplicación de planes liberales, pero al mismo tiempo considera que esto ha generado inestabilidad en las economías.

 

Esto permite afirmar que la pobreza avanzó arrolladoramente sobre América Latina durante los años 80, afectando uno de cada dos habitantes de la región. La pobreza se agudizó en el Continente, incluso a principios del año 1990 constituyéndose en un problema que no experimentaba ningún retroceso. Gracias a las reformas que se iniciaron a partir de Septiembre del 90 se ha reducido progresivamente hasta lograr volver a los niveles que se tenían para 1980 pero el esfuerzo aún no ha sido suficiente y la calidad de vida se ha degradado, el sector de “pobres extremos,”[10]  o “pobres indigentes,” se ha instituido como una categoría que representa aproximadamente la mitad de todos los pobres.

 

 

Este crecimiento incontrolable de la pobreza ha dado paso a conclusiones que se han formulado los observadores del problema, quienes en su mayoría han coincidido en que la pobreza en América Latina presenta un cuadro de extrema gravedad.

 

De acuerdo con los números de la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre el desarrollo social (CLCDS), entre el año de 1980 y el de 1990 el total de pobres aumentó en 60.000.000, alcanzando a 196.000.000 el número de latinos con ingresos inferiores a 60 dólares mensuales, lo cual nos dice que más del 70% de la población total no podía cubrir con esos ingresos sus necesidades primarias. La pobreza extrema, calculada para todos aquellos con ingresos inferiores a 30 dólares mensuales también aumento en el mismo período y afectó a unos 74.000.000 de personas.

 

De conformidad con cifras del Banco Mundial de Desarrollo, se estima que aproximadamente una de cada tres personas (1 de cada 3), viven en la actualidad sumidos en la pobreza, cifra que permite pensar aproximadamente en 160 millones de personas, cuyo promedio de ingresos no es mayor de dos (02) Dólares diarios. Estas cifras son el producto de estudios realizados por la referida institución y dados a la luz en el mes de Noviembre de 1998, de aquí su actualidad y realismo muy a pesar de que también se deja saber, en los correspondientes informes, acerca de las ligeras mejoras que se experimentaron durante los años 1996, 1997 y 1998, las cuales no impiden que el nivel de pobreza en América siga siendo un problema con carácter persistente en la región.

 

 

Características Generales y Particulares de la Pobreza en América Latina:

 

En un artículo del investigador Peter Townsed,[11] se puede leer: “Quien es pobre se muere antes. Mis investigaciones prueban que la pobreza mata. No se trata de un comentario político o social, sino de un hecho científico”. Esta aseveración se puede corroborar y aplicar en la América Latina, donde más de 1.500.000 muertes se atribuyeron a la pobreza, en primer lugar a niños y mujeres, quienes por ser más débiles sucumben más fácilmente al hambre y la adversidad. Unos 2.000 perecen diariamente. Millones de mujeres, son hoy cabeza de hogar y según cifras del "Population Crisis Committee" de Washington se encuentran en “situación de pobreza, impotencia y hambre”, trabajan largas horas, durmiendo y comiendo menos.

 

En casi toda América Latina se han perdido progresivamente las defensas gubernamentales contra la pobreza. Se han venido proliferando los problemas soc