COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS
CURSO XXXVIII
MONOGRAFÍA
Papel de los medios de comunicación social en los sistemas democráticos
Cnel. RODRIGUEZ Infante, Jose VENEZUELA
INTRODUCCION
Cuando
seleccionamos como tema de investigación El Papel de los Medios de Comunicación
Social en los Sistemas Democráticos, lo
hicimos con el único interés de aumentar nuestros conocimientos en un área que
consideramos caracterizará, por mucho
tiempo, la era que nos ha correspondido vivir. Al aventurarnos en un terreno
propio de politólogos, sociólogos y comunicadores sociales, no pretendemos otra
cosa que entender mejor la interrelación de la sociedad en el mundo en que
vivimos. En ningún caso, nos creemos
expertos de un tema tan complejo. Por el contrario, profesamos un profundo
respeto por los profesionales de las ciencias sociales que estudian el
comportamiento del hombre y la sociedad en general.
Durante las últimas cinco décadas, la
mayor parte de los países del continente experimentaron importantes transformaciones en sus
estructuras de gobierno. De ser Estados con regímenes totalitarios, de
libertades restringidas, de violaciones continuas a los derechos humanos y de
sociedades cerradas, volcadas hacia su interior, han pasado a ser en su
mayoría, países con sistemas democráticos más o menos bien consolidados,
abiertos a la comunidad internacional, donde los derechos del hombre y las
libertades individuales cobran, cada día, más importancia.
La democracia siempre se ha
asociado a la libertad, a la conquista
de los derechos ciudadanos, a la tolerancia cultural y a la posibilidad de
alcanzar una dinámica económica que
conduzca al desarrollo. En este sentido, los medios de comunicación social
juegan un papel estelar, pues constituyen una especie de catalizador del
proceso democrático, manteniendo una estrecha relación con el ámbito político, económico
y sociocultural de nuestros países.
Influyendo además, en el proceso de
socialización política y de formación de la opinión pública. En efecto los
medios de comunicación afectan, notablemente, los patrones de comportamiento de
los diferentes grupos sociales.
Nuestro trabajo de investigación se orientó a determinar el papel que
juegan los medios de comunicación social en los sistemas democráticos y su efecto
sobre esta forma de gobierno. Para el abordaje del problema, se utilizó
un modelo descriptivo, valorativo; ceñido a lo establecido en la directiva 3.7
y el manual 2.6 del Colegio Interamericano de Defensa. La explotación de fuentes documentales
constituyó, fundamentalmente, nuestro principal insumo.
A los efectos de nuestro análisis, consideramos tres capítulos y
unas conclusiones. En la primera parte, hacemos un estudio rápido del proceso
de la comunicación y como esta forma
parte de la sociedad misma, permitiendo la interacción de todos sus elementos.
Otro de los aspectos estudiados en este capitulo es el alcance de los medios de
comunicación social, para lo cual lo enfocamos desde los puntos de vista
territorial, social y temático. El estudio de la opinión pública como fenómeno
social. Las definiciones de público y masas dos caras diferentes de una misma
moneda. La propaganda y la publicidad, como estas influyen en el comportamiento
social del individuo. Y para concluir el capitulo, estudiamos dos elementos
esenciales de la comunicación social, por una parte, la información y su valor
objetivo y por otra, la opinión con su capacidad de influir en el público.
Nuestro segundo capitulo se orienta al
estudio de la libertad de expresión como derecho fundamental de la humanidad y
como este representa en si mismo, la principal herramienta del hombre para
hacer valer el resto de sus derechos. La libertad de expresión como fundamento
de la democracia y esencia del sistema, la libertad de opinión y de pensamiento
en el proceso electoral y como instrumento que permite evaluar la acción del
gobierno. La libertad de prensa y su
papel en las sociedades democráticas. Como punto final del segundo capítulo, la
veracidad de la información visualizada como un valor ético de la democracia,
el derecho a informar no es más importante que el derecho a recibir la verdad
como información, conflictos de interés
entre los gobiernos y las élites que manejan los medios de comunicación.
En el tercer capítulo, nos abocamos al estudio del efecto de los medios
propiamente dicho, su relación con la sociedad y como estos se han constituidos
en mediadores entre el pueblo y el Estado. El papel de los medios en los procesos electorales y su efecto sobre la
población. Su impacto en la generación de opinión pública y sus posibles
connotaciones. Los medios como reguladores del sistema democrático, su papel de
“perro guardián” y arquitectos de la agenda pública. El control de los medios
en las sociedades democráticas, su autorregulación, legislación o control por la sociedad civil. Por último,
la determinación de los medios como IV poder, la legitimación de este como tal
o más bien el uso de los medios como instrumento de poder.
Concluimos nuestra investigación con una introspección y algunas consideraciones sobre la relevancia de los medios de comunicación en los sistemas
democráticos y como también, pueden ser utilizados por regímenes totalitarios
como instrumentos de dominación y control social.
CAPITULO
I
A.- EL PROCESO DE LA
COMUNICACIÓN.
Para entender mejor el proceso de la comunicación, nuestra investigación
nos llevo a considerar diferentes conceptos que, sobre la comunicación,
enfocan importantes especialistas de
esta rama de las ciencias sociales. En tal sentido, para Schramm, “El acto de la comunicación forma
parte de la función viviente de la sociedad”. Por su parte, Ruesch
afirma que: “La comunicación es
el único modelo científico que nos permite explicar, dentro de un mismo
sistema, los aspectos físicos itrapersonales, interpersonales y culturales de
los sucesos”. Moles nos dice que la
comunicación “Es un acercamiento global que quiere y puede
ser la explicación total de nuestro mundo”. En tanto que La
UNESCO ha llegado a la
siguiente conclusión: “Nuestros hijos
de hoy son producto de tres padres: los dos naturales y el adicional
representado por la comunicación”[1]. Al analizar estos puntos de vista, podemos decir que la comunicación
primero que nada es una expresión
humana que vincula al individuo con la sociedad. La comunicación esta presente en todas las etapas de la vida del
hombre. Es sin lugar a duda, la actividad
más importante del ser social
por cuanto corresponde a su verdadera esencia.
Eulalio Ferrer, en su libro Comunicación y Opinión pública,
establece que: “Es forzoso recordar, que la comunicación es el producto del
hombre y la sociedad a que deben su vida misma. Pero no deja de ser oportuno
reiterar el credo de la comunicación en la sustantividad del concepto. Y en su
libertad a partir de su origen, el dialogo directo del hombre que ha sido,
siempre, el medio de los medios. No hay cooperación, ni participación, sin
comunicación. Y sin comunicación la comunidad no funciona o está enferma. Del mismo modo que es víctima de la
corrupción, cuando a la comunicación le falta libertad. Hay que entender que la
comunicación es un ejercicio garantizado por la libertad. Como difusión de su
propia naturaleza, en la luz resplandeciente de lo comprensible. Como esencia
suprema de su fin, en la medida creadora del hombre”[2].
Como podemos ver, Ferrer introduce en el concepto de comunicación un aspecto, a
nuestra manera de ver, fundamental, cuando condiciona la comunicación a la
libertad. En tal sentido, la comunicación no se limita al flujo de información
desde un emisor a un receptor a través de un canal, sino que va mucho más
lejos, siendo el resultado de la confluencia de la voluntad, la necesidad y la
libertad del individuo para expresar sus ideas.
La comunicación es tan antigua como el hombre mismo. La utilización de
símbolos, para constituir mensajes que expresaran sus sentimientos y
necesidades ante el resto de sus semejantes, es quizás una de las primeras
características que diferenció la raza humana de las demás especies.
En la expresión más simple del proceso
de comunicación, podemos distinguir cuatro elementos esenciales: emisor,
mensaje, canal o medio y receptor. Algunos expertos en el área señalan
como parte importante del
proceso el cifrado y el descifrado del mensaje, de igual forma advierten que la
comunicación debe ser bidireccional.
Cuando los mensajes van en una sola
dirección (unidireccional) deberíamos hablar de información. No obstante, la
marcada diferencia entre comunicación e información, en la practica, ambos
términos se utilizan
indiscriminadamente. Este es el caso de la comunicación en masa que es
por naturaleza, unidireccional. El emisor selecciona la información, la
codifica, y la envía a través de los
medios a un receptor que permanece pasivo, anónimo, conociendo lo que pasa a su
alrededor, mirando a través de la ventana que le proporcionan los medios de
comunicación social.
Para ilustrar el papel de la
comunicación en nuestros tiempos veamos lo que Eulalio Ferrer nos
señala: “Hoy, la comunicación
trasmite el mayor
caudal de conocimientos que el
hombre a reunido en su historia, con testimonios perdurables de autenticidad
nunca registrados antes, y lo hace más rápidamente, a zonas más lejanas y a
audiencias más numerosas. Por lo que sabemos ya, el hombre contemporáneo no sólo debe a la comunicación
el 85% de su información y conocimiento, sino que dedica a ella el 75% del
tiempo que ocupa en trabajar y dormir.” [3]
Vivimos una era caracterizada por las
Comunicaciones. Esta representa la sabia que alimenta el frondoso árbol de la
sociedad, permitiendo la interacción de
personas, grupos, organizaciones, Estados, etc. Los medios, por su parte, se
extienden en la sociedad como una especie de sistema nervioso, son el conducto
físico por el cual fluyen las ideas.
B.- LOS
MEDIOS DE COMUNICACIÓN ALCANCE.
Es evidente el adelanto
tecnológico que han experimentado los medios de comunicación social durante la segunda mitad de este
siglo, la televisión, la radio, la
internet, el satélite, la fibra óptica,
los procesadores de texto, entre otros, han contribuido a reducir los
espacios y hacer del mundo una verdadera aldea, donde no hay lugar que no este
afectado por su alcance.
El constante desarrollo tecnológico en
materia comunicacional que viven los países industrializados ha permitido bajar
los costos de la infraestructura de la información, haciendo posible a los
Estados en vías de desarrollo tener acceso a esas tecnologías. Hoy, la mayor
parte de nuestros países cuentan con la infraestructura comunicacional que les permiten cubrir los rincones más
apartados de sus geografias. La difusión de la información no es más un
problema, los aparatos de radio y televisión son cada vez más accesibles a los ciudadanos del continente. Por otra
parte, las capitales de nuestras naciones
han dejado de monopolizar los medios de comunicación y vemos como la
industria de la información se ha ido diseminando por el interior de los
Estados. Es común ver, en la actualidad, diarios locales, emisoras FM y AM
regionales, canales de televisión con cobertura local etc. que atienden las
necesidades de estos sectores de la población.
El alcance territorial de los medios no
conoce fronteras y en cierto sentido, la soberanía de los Estados se ve
vulnerada por la penetración de información , publicidad y hasta propaganda originada en otros países.
Desde el punto de vista social, los
medios de comunicación tienen acceso a los diferentes estratos que conforman la
población. Estos constituyen los clientes, el blanco de la industria
comunicacional. Las mayorías están sometidas a
un verdadero bombardeo por parte
de los medios. El problema que se plantea en este sentido es que la
comunicación de masas es, en gran medida, unidireccional, es decir, del medio de comunicación al público. Carmen
Gómez nos señala al respecto:
“Pareciera que vivimos una doble comunicación por un lado la masificación y por
otro la elitización, cada vez menos gente decide sobre los problemas torales de
la sociedad”.[4] La
elitización, a la que hace referencia la precitada autora, debe ser vista desde
dos ángulos, por una parte, la propiedad de los medios y por la otra, el acceso
a los mismos, en calidad de emisor.
En nuestros países,los medios son
manejados por élites: políticas, económicas, culturales, religiosas, etc. Pocos
ciudadanos tienen el privilegio de hacer oír
sus voces a través de los medios. Las mayorías son receptores pasivos de
la información.
En cuanto al alcance temático, los
medios de comunicación juegan un papel estelar en las sociedades del
continente. La libertad política en la que viven la gran parte de nuestros
países, brinda a los medios la oportunidad de convertirse en escenarios de los
más variados tópicos que van, desde debates de importantes problemas a grandes
escalas, hasta programas infantiles. La educación y la cultura son temas
atendidos por los medios y en este sentido, contribuyen a palear la crisis
educacional de nuestros países. El debate político propiciado por los medios de
comunicación orienta al ciudadano en relación a los procesos electorales y a la
situación política que, en general, vive su país, contribuyendo a la generación
de la opinión pública como veremos más adelante.
C.- LA OPINION PUBLICA.
Resulta difícil concretar, en un solo concepto, el término Opinión
Pública. Muchos son los expertos que se han dedicado al estudio de este
importante fenómeno social. En tal sentido, Raúl Nivadeneira la entiende como
“El consenso de las opiniones individuales de un grupo de personas con un
interés común, frente a un hecho en discusión”.[5]
Este primer concepto nos presenta dos ideas fundamentales. En primer
lugar, la Opinión Pública es la suma
de las opiniones individuales dentro de un colectivo y en segundo lugar, estas
opiniones deben apuntar hacia un
objetivo común.
Eulalio Ferrer nos dice que
“Al aventurarse en la búsqueda de un concepto llego a la incertidumbre
del antagonismo: Para unos, es Reina del Mundo, Juez Inapelable, Suprema Voluntad, Opinión Electoral, La Olvidada
Mayoría Silenciosa. Para otros, Reina de la Inconsistencia, Alma sin Espíritu,
Mayoría Ignorante, Estereotipo Vulgar, La Insensata, Opinión Bruta.”.
Ortega y Gasset por su parte define la Opinión pública como “un sistema
de usos intelectuales”. Spencer la consideraba “producto de los sentimientos”.
El argentino Carlos Cossio la sitúa
“entre la intuición y el conocimiento”. El mexicano Octavio Paz piensa
que es “un sistema manejado como un banco o una industria”. Según Alfredo
Sauvy, “es la conciencia de un poder anónimo e imprevisible”. Para Sprott, “es
una atmósfera general de actitudes”. Y Napoleón Bonaparte, que en algún momento
calificó de imbéciles a los que creían
en la omnipotencia de la Opinión Pública, hubo de reconocer más tarde que
“ningún poder político era capaz de sostenerse indefinidamente contra ella”.[6]
Los conceptos anteriores nos indican que el enfoque sobre la Opinión Pública
variará de acuerdo con la óptica que sea vista. No cabe duda de que un tirano verá en esta a un
enemigo o simplemente, una expresión sin valor ni sentido de una masa popular
sin derechos. Pero en un régimen democrático, la Opinión Pública es la esencia
del sistema mismo, es su razón de ser, es uno de los fundamentos que garantizan
su existencia.
En este
orden de ideas, las características que
Eulalio Ferrer atribuye a la Opinión Pública determinan claramente la
importancia de éste fenómeno social: “ Manifiesta o involucra un estado de
aprobación general, Singulariza la pluralidad de intereses, aunque cambiante y
movediza tiene sentido de permanencia, oscila entre la respuesta impuesta y la
respuesta elaborada, expresa y configura el clima pensente de una comunidad,
refleja las instancias sociales predominantes, es la institucionalización de
todo lo mejor y lo más conveniente para la comunidad, es la memoria activa de
la realidad inmediata, es la presión alternada con el equilibrio, como cúspide
de la generalización social coloca al gobierno en el nivel de máxima
influencia, es el predominio de la sociedad urbana sobre la rural, es la más
alta representación de la solidaridad nacional, resume y califica la capacidad
crítica de la sociedad, trasciende una verdad que no necesita demostración, es
un uso que presupone la libertad de las ideas.” En conclusión la opinión
pública constituye un producto
de la sociedad. Es su realidad. Es la voz del colectivo ante una situación determinada. Es
una especie de
termómetro de los sistemas
de gobierno. De allí, la importancia de
su estudio en el ámbito de cómo esta afecta los sistemas
democráticos.
A los efectos de nuestra
investigación, es necesario diferenciar claramente el público de la masa. En
tal sentido, Sarah Chucid establece las siguientes características:
“En un público el mismo número de personas expresa y recibe opiniones.
Mientras que en las masas el número de personas que expresa opiniones es mucho
menor que el número de personas que las reciben, transformándose en una
colección abstracta de individuos que reciben impresiones a través de vehículos
de comunicación en masa.
La opinión formada en el público encuentra o propone salidas de acción
efectivas, incluso contra el sistema de autoridad predominante. En el caso
de las masas, la colocación de la
opinión en la práctica es controlada por las autoridades que organizan y
fiscalizan los canales para tal acción.
En el público las instituciones de autoridad no penetran, este es
autónomo en sus operaciones. Por su parte
las masas, no tienen autonomía en relación a las instituciones, al
contrario los agentes de instituciones autorizadas penetran en ellas, reduciendo
la independencia que puedan tener en la
formación de opinión”.[7]
Partiendo de las anteriores características, podemos inferir que el público tiene personalidad. Es un elemento
activo que actúa con libertad dentro de un escenario social, con el objetivo de
influir con sus opiniones ante el ente decisor. Por el contrario, las masas
carecen de organización. Su conducta es pasiva, o en todo caso, limitada a
recibir las opiniones de una autoridad, aceptándolas y haciéndolas propias. En
este orden de ideas, las sociedades, con regímenes totalitarios, son tratadas
por sus gobernantes como masas; a diferencia
de los sistemas democráticos donde, la participación del colectivo es vital y en tal sentido,
debemos entenderla como público.
E.- PROPAGANDA
Y PUBLICIDAD.
Esta claro que tanto la propaganda como la publicidad comparten los
mismos medios de comunicación y las técnicas para su preparación poco difieren.
La clásica diferenciación, entre ambos conceptos, se fundamenta en que la
publicidad se orienta a la venta, mientras que la propaganda al convencimiento.
El desarrollo de los medios de comunicación de masas y de su influencia en la
sociedad, poco a poco, ha venido acercando estos conceptos hasta hacerlos casi
indiferenciables. En tal sentido, Carola García señala: “En la sociedad contemporánea, la publicidad se ha vuelto
cada vez más ideológica y la propaganda se ha convertido en lo que algunos
denominan marketing político.”
La publicidad siempre dependerá de un producto, de un servicio, o de un
mercado de consumo. Eulalio Ferrer nos
dice al respecto: “puede haber producto sin publicidad, pero no publicidad sin
producto.” La publicidad busca promover un producto y acelerar sus ventas,
haciendo uso de los diferentes medios de comunicación; siendo sus principales
técnicas, la promoción y la motivación. En otras palabras, la publicidad busca
reafirmar el consumo. Carola García señala que: “La publicidad no es
simplemente técnica o venta, tampoco es neutral ni apolítica, conlleva una
ideología, una cultura y en la socialización de valores que realiza, se acerca
a la propaganda.”
Es al final de la Segunda Guerra
Mundial que se establece una diferencia entre publicidad y propaganda. Quienes
consideraron la oportunidad de aprovechar
el poder de los medios de comunicación de masas, como instrumentos
motivadores del consumo, quisieron deslastrar a la publicidad de cualquier
sentido político o ideológico. La propaganda era considerada como manipulación,
ideología y adoctrinamiento, estrechamente ligada al nazismo. No obstante, esta
diferenciación un tanto forzada, la publicidad como la propaganda siguen
compartiendo los mismos medios, las mismas técnicas y están orientadas al
convencimiento de las masas. Para ilustrar
mejor este punto de vista, consideremos lo dicho por Jurgen Habermas “ La propaganda es la otra función con que carga ahora la publicidad, dominada
por los medios de comunicación de masas. Los partidos y sus organizaciones
auxiliares se ven necesitados de influir sobre las decisiones de sus electores
de un modo análogo a la presión ejercida por el reclamo publicitario sobre las
decisiones de los consumidores. Surge la industria del marketing político.” A
nuestro entender, la evolución de la sociedad, en el ámbito tecnológico,
durante la segunda mitad de este siglo, así como el terreno ganado por el
sistema de gobierno que brinda mayores libertades, la democracia, ha
contribuido a diluir la tenue frontera que separan los conceptos de publicidad y propaganda. Por una parte,
los mercados abiertos, la libertad de expresión, la sociedad de consumo hacen
que la publicidad infiera nuevas
ideologías, nuevos comportamientos, nuevos valores; mientras que los sistemas
políticos, cada día más, hacen uso de los medios para vender sus ideas y
legitimar sus acciones. El llamado “marketing político” contempla toda una
industria orientada al diseño de mensajes, estrategias y campañas, bajo los
mismos criterios que utiliza la publicidad, como es el caso de la propaganda
electoral.
F.- INFORMACION Y
OPINION.
Resulta difícil identificar y más aún valorar el tipo y calidad del producto
proveniente de los medios de comunicación. Frecuentemente, el público tiende a
confundir, en una sola concepción, elementos de naturaleza diferente, que
responden a valores, regulaciones e intereses, también diferentes, en este
sentido, consideramos importante dedicar parte de nuestra investigación, a diferenciar aspectos tales como: la información, y la opinión, ambos provenientes de los medios y en la mayoría
de los casos, sin una etiqueta identificativa que permita al público conocer su
origen y mucho menos su intención final.
La información es la simple transmisión de un hecho, tal y como
sucedió. En este sentido, una información podrá ser valorada como cierta o no. La verdad es parte esencial de la
información.
Por su
parte, la opinión implica subjetividad. Es un juicio de valor de quien la
emite. No puede ser valorada como cierta o falsa. La opinión trata de hacer
llegar al público un mensaje, una posición, un punto de vista. Tiene como
propósito influir en la masa.
El contenido de la información está determinado
por el carácter de la fuente emisora,
independientemente de la supresión de datos. Podemos decir que la objetividad
total no existe. El público recibe, lo que a juicio del periodista o el editor,
constituye una noticia.
La
libertad de expresión y de opinión, como sabemos, constituyen un importante
pilar del sistema democrático. Nadie puede negar el beneficio que para nuestras
democracias representa la garantía de poder contar con una prensa libre. Pero,
tan importante como lo anterior, es el derecho
que tiene el ciudadano común a estar bien informado, a que se le respete
y se le brinde una información veraz. No pretendo decir con esto que los medios
no deban permitir las opiniones. Por el contrario, ellas facilitan la
asimilación de la información, ayudando al ciudadano en la formación de sus
propias conclusiones. Pero, si es importante que los medios de comunicación
identifiquen expresamente lo que es información y lo que es opinión, pues la
mezcla de ambas tiende a confundir al público, creando en ocasiones falsas
verdades, o lo que algunos expertos han llamado “Verdad Virtual”, es decir la realidad creada por
los medios. Como veremos más adelante, los medios de comunicación no son ni
buenos ni malos en si mismos, su
calidad dependerá de la objetividad con la que sean manejados y en esa
medida, afectaran al sistema
democrático para bien o para mal.
CAPITULO II
Muchos y variados son los conceptos que existen sobre los derechos
humanos. A lo largo de la historia,
estos se han ido formando a partir de revoluciones, presiones sociales y
aspiraciones de diferentes grupos. Para René
Cassin, coautor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “La
defensa y promoción de los derechos humanos abarca todas las dimensiones del
que hacer humano al considerarlo a la luz de la dignidad humana.”
Según Patricio Rice“, Lo más importante está en
defender al individuo contra las instituciones y el Estado”.
Florentín Martínez y Margaret Popkin , por su parte
nos señalan que: “Los derechos humanos son valores, que son bienes muy valiosos
que posee la persona por su naturaleza humana, y que los ha poseído siempre,
pero que necesitan ser incorporados en las leyes de los países para que gocen
de una efectiva protección frente al Estado y frente al abuso de los
particulares y de los grupos sociales”.[8]
Como
podemos observar, conceptualizar los derechos humanos es tan complejo como
tratar de definir al hombre mismo. Pero lo cierto, es que la idea fundamental
gira alrededor de la dignidad y su
defensa, contra los excesos del Estado y de los diferentes grupos que integran
la sociedad. Es así como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, forma parte esencial de las
Constituciones de la mayoría de los países del continente.
Para los efectos de nuestra investigación, consideraremos tan solo
algunos de los derechos políticos y civiles del ser humano, tales como: el
derecho a ser oído públicamente, la libertad de pensamiento y la libertad de opinión y expresión. En este
sentido, La Declaración Universal de
los Derechos Humanos, en su artículo 19, dice textualmente: “Todo individuo
tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el
de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir
informaciones y opiniones y el de
difundirlas, sin limitaciones de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
El ser humano, por el solo hecho de serlo, tiene derecho a participar en
la vida pública de su país. Los derechos civiles y políticos tienen una
dimensión individual, pues están
orientados a evitar que el Estado o los grupos sociales que lo integran,
desconozcan o ignoren la condición humana del individuo. En otras palabras, son
los derechos que se ejercen aún en contra del Estado y garantizan al
hombre los instrumentos necesarios para enfrentar los abusos de poder. En la gran mayoría de las legislaciones de
los países del continente, se establece
la obligatoriedad de que los
gobernantes, no solo respeten los derechos políticos y civiles, sino
también que los garanticen.
En este orden de ideas, la libertad de expresión no es tan solo un
derecho más del ciudadano de un Estado, sino que es posiblemente el instrumento
más poderoso con que cuenta para hacer
valer el resto de sus derechos.
Todos los países del continente, con la excepción
de Cuba, viven hoy en democracias, “El peor de los sistemas políticos con
excepción de cualquier otro”, como dijo Churchill en uno de sus discursos, no
es otra cosa que el resultado de la voluntad popular, expresada por medio del
voto. La democracia es el producto de la experiencia acumulada de muchas
civilizaciones a lo largo de la historia. Se remonta a la ciudad de Atenas,
antes de Cristo, hasta nuestros días, a
través de estos siglos, la idea fundamental que persiste y que en nuestro
criterio, resume el sentido mismo de la democracia como sistema político. Es la
libertad o el derecho a participar e influir en las decisiones del
gobierno que tienen por igual todos los
ciudadanos de un Estado.
Para
Giovanni Sartori, la democracia
es “un sistema político en el cual la influencia de la mayoría se ve asegurada
por minorías electivas y competitivas a las cuales les es confiada.”[9]
Por su parte, J.F. Assis Brasil opina que: “La democracia es una forma de
gobierno en la cual el pueblo toma parte efectiva del establecimiento de las
leyes y la designación de los funcionarios que deben ejecutarlas y administrar
los bienes públicos”.[10]
Al analizar estos conceptos, observamos que el
colectivo delega en una élite el poder de gobernar y de administrar los
recursos del Estado. En tal sentido, la acción de delegar implica la expresión
de una voluntad inicial que no
proporciona poderes vitalicios y por el contrario, es la expresión individual o colectiva, la herramienta que le permite
al pueblo participar en la acción de
gobierno, aprobándola o
desaprobándola. La libertad de expresión, como señala John Stuart Mill, “Implica libertad de
pensamiento y de discusión”, es decir, incluye diferentes manifestaciones tales
como: la libertad de prensa, de reuniones, de poder publicar lo que sentimos,
etc.
La democracia esta fundamentada en el principio de soberanía popular. Para hacerla efectiva, es preciso
la posibilidad de poder expresar
libremente las ideas y los sentimientos, sin temor a retaliaciones. En
este orden de ideas, podemos concluir que la libertad de expresión es el pilar
fundamental del sistema democrático. No por casualidad, en los regímenes no
democráticos, la libertad de expresión se prohibe taxativamente. En estos
sistemas de gobierno, las decisiones las toma un solo hombre o un grupo
privilegiado, solo las élites gobernantes tienen el derecho de expresarse
libremente. El argumento utilizado por los regímenes autoritarios para
restringir o eliminar la libertad de expresión, frecuentemente, es que: “los
intereses comunes están por encima de los intereses de los miembros
individuales”, los gobernantes tienen la facultad de decidir lo que conviene a
todo el resto de la sociedad. La libertad de expresión es considerada, por
tanto, una amenaza para la existencia de los sistemas políticos totalitarios.
C.- LA LIBERTAD DE PRENSA.
La libertad de prensa es una de las
manifestaciones más importantes de la libertad de expresión y por ende uno de
los principales valores de la democracia, la prensa, proporciona al ciudadano
de un Estado democrático el
conocimiento de lo que ocurre a su alrededor, así como los elementos que le
permitirán tomar decisiones propias. Esta
sublime idea, limitada no
obstante por el idealismo del deber ser, varia un tanto en la vida real, donde
los conflictos de interés y la subjetividad se hacen presentes, dando una
tonalidad no tan pura a la prensa en cualquiera de sus modalidades.
La veracidad en la información es el elemento que la define en si misma, por cuanto sin veracidad no puede
haber información. Vicente Navarro nos dice al respecto: “ El mensaje
informativo tiene como finalidad la transmisión de hechos, datos,
acontecimientos, etc. Que sean ciertos, si no lo fueren no seria información, deberíamos hablar en este caso
de otra cosa: desinformación, información errónea, falsa, tendenciosa,
equívoca, etc.”[11] Para que el
ciudadano pueda tener acceso a la verdad no es suficiente con que la
información que se le proporcione sea veraz. Además, es necesario procurar el
pluralismo de las fuentes informativas por cuanto este contribuye a que el
propio ciudadano compare los diferentes puntos de vista que se le presentan.
Por consiguiente, la libertad de prensa estará íntimamente ligada al pluralismo
de los medios de comunicación social. El monopolio de estos, bien sea por parte
del Estado o de grupos económicos, atenta contra este derecho fundamental.
D.- LA INFORMACION VERAZ, VALOR ETICO DE LA
DEMOCRACIA
En uno de los párrafos anteriores,
determinamos la relación existente entre información y verdad, concluyendo que la verdad es la esencia
misma de la información. Por lo tanto, sin verdad no puede haber información.
Esta condición un tanto idealista, muchas veces es dejada de lado por quienes
manejan los medios de comunicación de masas en sus distintos niveles. En
ocasiones, los intereses individuales o de grupos, económicos o políticos,
ejercen presión sobre los medios, haciendo que estos presenten, ante el
público, realidades distorsionadas o informaciones manipuladas, que distan
mucho de la verdad.
No podíamos dejar de lado en nuestra investigación
algunas de las posiciones, surgidas en el marco de la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en la Isla de Margarita. El derecho de los
pueblos a recibir una información veraz ocupó un espacio en la agenda de trabajo de los dignatarios Iberoamericanos.
El principal defensor de esta tesis fue el anfitrión del evento, Dr. Rafael Caldera,
quien manifestó que: “ Uno de los valores éticos de la democracia es el de recibir una información veraz. El derecho a informar y a ser
informado es un derecho fundamental, desde luego que la información es la base
y el instrumento con el cual se orientan los pueblos y los gobiernos a la
decisión de los asuntos que les concierne. El reclamar una información veraz
no implica la intención de promover medidas de carácter coercitivo y
legislaciones restrictivas de la libertad de prensa”. Para destacar la
importancia de los medios de comunicación en la sociedad, así como el
compromiso que deben asumir los periodistas pero sobre todo los dueños de los
medios, el Dr. Rafael Caldera, dentro de su discurso inaugural, hizo referencia
a una cita de El Mahatma Gandi “ Los periódicos han tomado el lugar del Gita,
la Biblia, Y el Corán con el pueblo. Para ellos, la hoja impresa es verdad
evangélica, el hecho coloca una gran responsabilidad sobre editores y
redactores de noticias.” Al final de su
discurso, el Dr. Rafael Caldera concluyo: “ Los gobiernos estamos obligados a informar la verdad, están obligados los dueños de los medios a informar verazmente.La
falsedad es un delito contra la ética”.[12]Por
su parte, la Federación Latinoamericana
de Periodistas, en un pronunciamiento anterior a la cumbre iberoamericana, declaró “La comunicación de una
información libre, veraz y contrastada es un derecho fundamental de las
personas y un requisito indispensable para la buena salud de la democracia.”
Nadie discute el valor fundamental de la verdad en la información para la
consolidación del sistema democrático. El problema que se plantea es la manera
de garantizar esa conducta. Es obvio que cualquier intento oficialista, por regular lo que se pública o deja de publicar, estaría
violando el derecho fundamental de la libertad de expresión y esto sería tanto
o más pernicioso para la democracia. La regulación y la vigilancia de los
medios debe provenir de los mismos medios.
Los códigos de ética de los profesionales de la comunicación social
deben definir la moral de su
comportamiento en el tratamiento de la información. Por otra parte, debe
promoverse el pluralismo informativo, pues permite el cotejo de la información
y por ende decantar la verdad.
Es la sociedad civil, en nuestro criterio, quien tiene la última palabra,
castigando al medio que falsee, manipule la verdad, o transmita de modo parcial
las informaciones. Pero, para ello, es necesario hacer esfuerzos por educar adecuadamente a nuestras poblaciones.
El Estado por su parte debe garantizar un marco jurídico que incentive el
pluralismo en la propiedad de los medios, evitando su monopolio, así como el
ordenamiento legal que proteja a los ciudadanos y las instituciones
democráticas de los abusos o excesos de la prensa.
CAPITULO III
A.- LA SOCIEDAD Y
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.
En la sociedad contemporánea, los medios de comunicación masiva se han
ido convirtiendo en una especie de mediadores entre las demandas sociales y el
Estado. Cada día, los medios informativos se van apropiando de espacios
reservados a las instituciones que conforman el sistema democrático. Cuando el
poder Ejecutivo, Legislativo o el Judicial no responden a las expectativas de
los ciudadanos, estos recurren a los medios para hacer conocer sus reclamos y
plantear sus descontentos.
Hoy, más
que nunca, los medios se presentan como un espejo que refleja: no tanto las
bondades del sistema y sus
aciertos, sino más bien, las
frustraciones de los ciudadanos ante la ineficiencia del Estado en la
satisfacción de sus necesidades. En este sentido, los medios de comunicación
propician una especie de retroalimentación de la acción del Estado, permitiendo
a los gobernantes medir los efectos de
su gestión y como esta es percibida por sus gobernados.
Mariana Maestri, en uno de sus comentarios, decía:
“La libertad de prensa es uno de los recursos de los excluidos o de los más
débiles para poder ser escuchados, es también una herramienta de protección de
sus derechos individuales.”[13]
Durante la segunda mitad de este siglo, los adelantos tecnológicos, en materia
de comunicación, han contribuido a la desmitificación del Estado frente a los
ciudadanos, permitiendo una relación más cercana y efectiva.
Los constantes adelantos de orden tecnológico en
los medios de comunicación permiten, a la sociedad rural, la posibilidad técnica de participar y de
expresar sus sentimientos, casi en las mismas condiciones que aquellas que
habitan en los centros urbanos; la radio, la televisión y más recientemente la
internet proporcionan, por una parte,
gran cantidad de información y por la otra, sirven de canales de participación.
Lamentablemente, la educación de nuestros pueblos no ha evolucionado al mismo
ritmo que la tecnología. La explotación adecuada de los medios, por parte de
estas sociedades, solo será posible en la medida que se desarrollen
educacionalmente.
B.- INFLUENCIA DE
LOS MEDIOS EN
LOS PROCESOS ELECTORALES.
La
alternabilidad y el derecho de
los ciudadanos a elegir periódicamente sus gobernantes son fundamentos de todo
sistema democrático. La institución del proceso electoral, en un régimen de
libertades, es la fuerza inercial que empuja al aparato democrático de un
Estado en la consecución de los objetivos finales de este sistema de gobierno.
El proceso electoral no es más que una
especie de consulta nacional o regional, en la que los ciudadanos de un país
expresan, libremente, su opinión, en la escogencia de sus gobernantes, por lo
que podríamos afirmar que el resultado electoral es una manifestación de
opinión pública.
Al preguntarnos sobre el papel que
juegan los medios de comunicación en los procesos electorales, encontramos varias respuestas:
- Vitrinas
de Exhibición: La
estructura comunicacional sirve de pasarela política, en las que los partidos y
sus candidatos exhiben sus virtudes
ante la opinión pública, dan a conocer
sus programas de gobierno y las ventajas de su eventual escogencia.
- Arena
de Combate: Pueden constituir los medios de comunicación, escenarios neutrales, verdaderos campos de batalla, donde se
enfrenten ideológicamente, partidos
y candidatos de las diferentes fuerzas políticas que
aspiran ser electos, presentando al ciudadano sus puntos de vista y las
diversas alternativas para alcanzar el bien común.
- Mercaderes
de Imagen: No debemos olvidar que la mayor parte de los medios de
comunicación, con la excepción de los pertenecientes al Estado, se orientan a
intereses económicos. Por lo tanto, obedecen a la lógica del mercado. En este sentido,
el papel de los medios deja de ser imparcial, convirtiéndose en aliado o enemigo implacable de candidatos
o corrientes políticas según apunten los intereses económicos.
En este orden de ideas, la política moderna, como
señala Cesar Casino, “Concentra buena
parte de su atención en los mecanismos de propaganda política y de persuasión más que de información.” La industria del
Marketing Político, como señalamos en un capítulo anterior, cobra una relevante
importancia en el proceso electoral. Las técnicas de la publicidad y la
propaganda son puestas al servicio de la política, con el fin de legitimar
ante la opinión pública, tal o cual
candidato.
Los medios de comunicación social son tan
determinantes en las campañas electorales y en la formación de opinión que la
periodista Sophie Huet, del diario Le Figaro,
concluyo después de realizar un estudio sobre las grandes campañas
publicitarias que se realizaron para las elecciones de los presidentes de Norteamérica desde el año 1.952, en lo siguiente: “En el fondo hay tres partidos en los
Estados Unidos: CBS, NBC y ABC”
refiriéndose a las cadenas de televisión más importantes de
Norteamérica.
Para concluir, debemos aceptar que no sería
posible, en nuestros tiempos, la
realización de un proceso electoral sin
la participación de los medios de comunicación
y que la influencia de estos en dichos procesos afectará positivamente
los resultados finales de la contienda, dependiendo de la moral y la ética con que los comunicadores y editores manejen
la información electoral.
C.- LOS MEDIOS DE
COMUNICACIÓN COMO GENERADORES DE OPINION PUBLICA