COLEGIO INTERAMERICANO DE
DEFENSA
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS
CURSO XXXIX
LA LUCHA
CONTRA EL
NARCOTRAFICO Y
SUS EFECTOS
SOBRE LA
SOBERANIA
CN Daniel
Bozada - Mexico
Introducción.
La libre circulación de capitales y mercancías en el mundo no sólo consolida grandes negocios, sino también inmensas operaciones criminales y mafias transnacionales, la incorporación abrupta de los países a la globalización permite a los delincuentes exhorbitantes ganancias principalmente a los narcotráficantes.
El narcotráfico ha creado un clima de violencia en
los países en que efectuan su accionar, inclinandose más y más a la
intervención política y a la multiplicación de las presiones y ataques, sobre
el Estado, perfilandose como desafíos a la soberanía y a la seguridad del
Estado, a la legitimidad y efectividad de las autoridades, a la vigencia de la
democracia y de las instituciones.
La soberanía como concepto, es fundamental en el estudio de la teoría del Estado y del derecho.Todas las constituciones que rigen los países actuales lo consignan en forma expresa, así como las cartas y documentos más importantes de las organizaciones internacionales. Es un principio vigente, pese a los intereses y argumentos que, de tiempo en tiempo, se levantan en su contra. El innegable proceso de globalización, que abarca prácticamente todos los aspectos de la vida social, ha incrementado la interdependencia de los Estados y está exigiendo un nuevo análisis de los conceptos clasicos del derecho y de la ciencia política.Sin embargo, los fenómenos que han acontecido y que llaman la atención de tratadistas y políticos no representa la caducidad o la extinción del poder soberano de los Estados- nación, que aún son la unidad básica de la organización política contemporánea.
.El presente trabajo de investigación, relativo a la
lucha contra el narcotráfico y sus efectos sobre la soberanía, plantea el
problema del narcotráfico como un fenómeno transnacional, en el cual las
fronteras fisicas se ven rebasadas por el accionar del crimen organizado. Su
combate implica acciones que afectan la soberanía, ya que en muchas ocasiones
no se toman en cuenta las prioridades y objetivos estratégicos de cada país
involucrado, así como formas de injerencia y de aplicación extraterritorial de
legislaciones nacionales.
.
PRIMERA PARTE.
CAPITULO I.
El narcotráfico como un fenómeno transnacional.
Antecedentes.
La masificación y la internacionalización del uso de drogas, su represión y su cambio en adicción son fenómenos relativamente recientes. Surgieron en los dos últimos siglos, producto de la convergencia e interrelación de una serie de fuerzas y procesos que caracterizan a la modernidad. La expansión colonial de las potencias europeas y luego de los Estados Unidos de Norteamérica, y sus conflictos por la primacía en la economía mundial, jugaron un papel preponderante y significativo en la incorporación del opio y otras drogas en el tráfico y el consumo en Asia, Europa, Norteamérica y el resto del Hemisferio Occidental, desde mediados del siglo XVII.
A partir del siglo XIX se evidencia
en Europa Occidental y en los Estados Unidos de Norteamérica un marcado interés
por las sustancias psicoactivas. Las necesidades de algunos grupos convergen e
interactúan con las posibilidades que otros grupos crezcan dentro de un
contexto que favorece la demanda y el consumo, la producción y distribución de
estas sustancias. Las fuerzas y tendencias preexistentes en el consumo y el
tráfico de drogas, sus modalidades y procesos, se amplían y diversifican,
presentando ya, los rasgos de la fase contemporánea.
Desde fines del siglo XIX
hasta la segunda guerra mundial, se constituye e impone definitivamente una
economía mundial, estructurada por una nueva división internacional del trabajo
y por estrechos lazos y fuertes flujos de personas, bienes y servicios,
capital, transportes, comunicaciones e información. Esta economía global se
manifesta quebrantada por la división entre el núcleo central de países
industrializados y la enorme periferia de países subdesarrollados y
dependientes. Drogadicción y narcotráfico reflejan esta fractura por la doble
especialización de los países avanzados como grandes centros de consumo y de
organización criminal, y de países en vias de desarrollo como áreas de
producción y de coparticipación intermediadora y subordinada en el tráfico.
Durante gran parte del siglo XIX prevalece en los Estados Unidos de
Norteamérica una situación de “Laissez-Faire” (de dejar hacer) liberal en
cuanto a estupefacientes y psicotropicos, que pueden ser producidos,
distribuidos y usados sin restricciones.
El tráfico de heroína desde
el Extremo Oriente hasta los mercados de Europa y Estados Unidos de
Norteamérica, y el de cocaína por grupos latinoamericanos, nacen y se
desarrollan bajo una forma transnacional, adquiriendo una realidad y una lógica
propias, expandiendose, crea sus espacios, retroactúa sobre sus condicionantes,
forma parte de ellos y los modifica. El campesinado, empresarios y
profesionales, desempleados, marginados, delincuentes y guerrilleros, de países
en vias de desarrollo, se incorporan a un ciclo internacional, que también
integran y hegemonizan naciones y formas económicas avanzadas, en redes y
constelaciones más o menos extensas e integradas.
En estas condiciones, el
tráfico de drogas se integra en el proceso de internacionalización de las
fuerzas productivas, con manifestaciones en la producción, la distribución, la
comercialización, el transporte, las comunicaciones, el financiamiento, el
consumo y como generador de violencia. El tráfico de drogas avanza desde lo
internacional hacia los espacios internos de los países, que en un movimiento
inverso lo lleva a trascender las fronteras nacionales y a operar en la Región
Latinoamericana, en Europa y virtualmente en todo el mundo.
Desde principios del siglo XX (1914),
el gobierno y la sociedad de los Estados Unidos de Norteamérica inician
la estrategia y la política de represión prioritaria como respuesta al consumo
y al tráfico de drogas, esta estrategia y política establecerá una fase de
continuo incremento de la fascinación por la droga y de la masificación del
adicto, del consumo y de la demanda. El establecimiento de la ley Harrison, impone
controles a la importación, elaboración y
distribución de opio y opiaceos, así como de otras drogas, confiriendole
al Estado la obligación de proteger la salud pública, autorizando a distinguir
entre fármacos bienhechores y fármacos nocivos y, por consiguiente, a imponer
ilegalizaciones, persecusiones y sanciones .
A pesar de la ley Harrison, en los Estados Unidos de Norteamérica
continuó el incremento del consumo masivo, la delicuencia y el mercado negro de
narcóticos. La ilegalización crea el tráfico ilícito, que a su vez coproduce y
refuerza la adicción. Tráfico y adicción integran una constelación que se
autorefuerza con una variedad de delincuencia y genera otras formas conexas o
derivadas, y tambien fenómenos aberrantes y socialmente negativos, iniciandose
una campaña contra usuarios y traficantes,involucrandose prohibicionistas con
fundamentalismos ideológicos y por ambiciones políticas y cálculos electorales. Así como los
policías con el afan de logar ascensos, enriquecerse por la corrupción y la
extorsión, inventan delitos, e incrementan la persecución. La campaña destruye la alternativa de suministros
legales, remplazando una funcion social –profesional- por un negocio de traficantes
y delicuentes. La persecución y
altos precios incrementan el número de adictos
y obligan a muchos de ellos a traficar para subsistir y satisfacer su
adicción.
En 1918 en los Estados Unidos de Norteamérica se creó la decimo octava
Enmienda Constitucional, la cual prohibía la elaboración, venta o transporte de licores intoxicantes dentro de
su territorio, así como su importación y exportación, creandose en 1919 la ley
Volstead para reforzar la Enmienda. Sin embargo, el regimen de la prohibición
no dió los resultados esperados, y en cambio generó y reforzó en gran medida,
el contrabando en gran escala, la elaboración ilícita, el alcoholismo,la
multiplicación de violencia a la ley y
su descrédito, la complicidad de tráficantes y consumidores, el ascenso del
crimen organizado en Norteamérica, en forma de mafia, su entrelazamiento con el
mundo oficial y la sociedad legal, con gobernantes y políticos, con la empresa
privada y también su posterior
implicación en el narcotráfico.
La ilegalidad de algunas de las drogas, generó
desde 1920 un crecimiento en el tráfico clandestino en y desde ciertos países
asiaticos y latinoamericanos, al ser productores de materia prima para la
heroína, la morfína y la cocaína viendose afectados por su creciente
prohibición. Ellos van cubriendo las necesidades y las demandas de su
floreciente mercado de consumo, al cual se le limitaba y suprimía la oferta. Al
abandonar los países pobres de Asia, Marsella con la “conexion francesa”, los
inmigrantes italianos en los Estados Unidos de Norteamérica, las mafias
siciliana y norteamericana, así como los países latinoamericanos proveedores de
coca y marihuana quienes incrementarón su participación en el narcotráfico en
función de la demanda ascendente de los consumidores y tráficantes de Estados
Unidos de Norteamérica principalmente, sobre todo en los años 1960 y 1970.
En las decadas de 1950 y 1960, mafiosos sicilianos importaban heroína a
los Estados Unidos de Norteamérica y se comprometían cada vez más en el
suministro regular a su mercado
interno. El opio cultivado en el sudeste asiatico, transportado a Turquia, los
Balcanes y Europa Occidental para ser refinado como heroína pura en Sicilia,
para posteriormente ser distribuida principalmente a Europa Occidental y a los
Estados Unidos de Norteamérica. El tráfico de heroína en manos de un reducido
grupo de organizaciones les permitió gozar del control de un sector del mercado
norteamericano, proporcionandoles poder
económico –financiamiento- y las ventajas
de contar con personal entrenado para la violencia, capacidad de
corrupción e intimidación, de la inacción y la protección en ámbitos políticos,
policiales y judiciales.
El crecimiento acelerado del negocio de las drogas, la política de
prohibición y represión de los Estado Unidos de Norteamérica y otros
países altamente desarrollados, se
convirtieron en catalizadores para que el narcotráfico ascendiera y se
expandiera hacia países
latinoamericanos como productores, abastecedores y de transito. Dentro
de los Países latinoamericanos que surgen primeramente se pueden citar a
Bolivia, Perú y Colombia, siendo este último país quien según Kaplan[1]
se vuelve prototipo de un narcotráfico identificable como constelación de
fuerzas, procesos, y resultados de tipo económico, social, cultural, político,
estatal y militar,con dimensiones y entrelazamientos nacionales e internacionales.
Con el debilitamiento del empresariado y del crecimiento económico de
Medellín-Antoquia en Colombia en 1970, el desempleo, la caida de ingresos y
penuria fiscal, se tradujo en inseguridad, violencia y criminalidad, lo cual
favoreció al contrabando y al narcotráfico, debido a que la clase empresarial
es atraida por el narcotráfico quien le
compra empresas y propiedades. Especializados en el tráfico de cocaína, los nuevos empresarios de
Medellín y Antoquia adquirían hoja y pasta de coca en Perú y Bolivia,
cultivandola también en Colombia, donde la elaboran en instalaciones
clandestinas. La cocaína transpotada por via marítima, aérea y terrestre, con
escalas en países de Centroamérica, México y el Caribe utilizando una
diversidad de métodos, tiene como objetivo los mercados de consumo de Estados
Unidos de Norteamérica y Europa.
Transnacionalización.
El Estado-nación evoluciona hacia otras conformaciones organizativas, observandose muchas transformaciones. Los sistemas políticos, son variables dependientes de las características del orden mundial por lo que los Estados se han acomodado a los cambios vigentes; a la vez que los cambios en la conformación de los Estados -estatus - provocan cambios en el sistema y el orden mundial. Podemos decir que el Estado-nación está sometido a presiones externas de carácter ideológico y de orden estructural. Los factores ideológicos han sufrido variaciones. Durante la etapa bipolar, funcionaba alrededor de pugnas entre dos ideologías alternativas. Con la finalización de la guerra fria, la resultante ha sido el predominio de un mundo globalizado y de la ideología neoliberal que compulsa al Estado -sus gobiernos- a minimizarse en aras de la rentabilidad del sector privado -generador- de estas demandas y presiones. El valor más preciado en los últimos cincuenta años, dado el conflicto Este-Oeste, fue la seguridad, por lo que el Estado-nación, garante de la seguridad, estaba empeñado privilegiando este factor, por sobre cualquiera otro de carácter económico. Actualmente, al no manifestarse pugnas ideologicas, la rentabilidad requiere la mayor libertad de acción económica. Por lo tanto, el Estado ha generado pautas favorables al funcionamiento y los intereses del sector privado, productor, inversor y comercializador. El sector privado -particularmente el transnacional- ha sido el principal interesado en la disminución del rol del Estado y el principal generador de su reforma.
El Estado-nación, está
siendo penetrado y condicionado por actores transnacionales, ya que funciones
que tenía y actores que se encontraban
en su interior bajo su control como empresas, bancos, etc; en otros casos se
trata de nuevos fenómenos como el narcotráfico. El control de los procesos productivos, del flujo financiero y el
manejo de inversiones; el manejo de las tomas de decisiones en temas como medio
ambiente, derechos humanos y narcotráfico, se ha visto socavado por intereses
transnacionales. El alto grado de penetración de los Estados-nación, por
actores transnacionales, que los reorienta en el sentido de sus intereses, impiden
que se alcancen los objetivos nacionales. Salvo Estados muy poderosos, como
Estados Unidos, que han establecido un modus vivendi entre el sector público
gubernamental y el sector privado, que les ha permitido historicamente
coexistir y operar en beneficio mutuo, así como a algunos otros Estados; en la
gran mayoría de los casos -América Latina es un ejemplo- el sector privado ha
operado como un factor de poder, a veces para imponer conductas al Estado.
El orden mundial es diseñado
por unos pocos actores preponderantes, siguiendo las pautas de la nueva
estructura. No obstante, actualmente son muchos los que intervienen. El mundo
se ha atomizado - vuelto heterogéneo al transnacionalizarse- y el poder se
“difunde”. El Estado en el siglo XIX se centraba en el aspecto de la soberanía
territorial. Hacia fines del siglo XX crecientemente considera los aspectos
étnicos y tecnológicos como factor diferencial, más que el aspecto territorial.
Tal vez, las nuevas tendencias se orientan en el sentido de que, a diferencia
del pasado, actualmente, las relaciones mundiales son protagonizadas por un
creciente número de centros de poder, cuya actuación externa tiende a
satisfacer una gama de objetivos mucho más amplia que en el pasado, no sólo a
través del Estado-nación, sino también de la sociedad civil organizada; se
desenvuelve en torno a una agenda más compleja y menos jerarquizada; son
manejadas por nuevos y múltiples agentes, distintos del Estado-nación que ponen
en juego recursos de poder no tradicionales en un contexto donde los ejes de
relacionamiento e interéses son mucho más numerosos, cambiantes y entrelazados
que antes.
Se puede observar que
actualmente los Estados-nación y los actores transnacionales operan de distinta
forma en el sistema mundial, ya que mientras las relaciones entre los Estados
se dan principalmente en el campo diplomatico-militar-económico, siguiendo
criterios de interrelacionamiento que privílegian la soberanía, las relaciones
transnacionales centran la acción de los distintos actores en otros segmentos
de la realidad, que tienen que ver con el campo económico, social, ecológico,
cultural, y forman una trama de relaciones que existen por sí misma como una
realidad transfronteriza y fuera de todo esquema territorial-soberano. Pero
también existen actividades vinculadas a lo estrategico-militar de carácter
transnacional toda vez que opera el narcotráfico, la guerrilla, o los grupos
étnicos y religiosos que propenden a la fragmentación del Estado en defensa de
sus interéses. La tendencia transnacionalista ha incrementado una estrategia de
diversificación geográfica de la producción que se orienta a la creación de
regiones productivas, independientemente de las fronteras nacionales. Estas
acciones de las empresas transnacionales estan regionalizando la economía
mundial, operando en el sistema mundial como nuevos actores que, en la mayoría
de los casos, superan la incidencia que en el mismo tienen los Estados-nación.
En muchos países, el crimen
organizado se manifiesta en muy diversas modalidades, tales como el tráfico
ilícito de armas, drogas, subversión profesional, terrorismo, espionaje,
contrabando de mercancias y personas, venta de protección, comercio de órganos,
tráfico de niños, prostitución robo de patrimonio histórico, lavado de dinero,
manipulación del mercado financiero, corrupción, y otros delitos conexos. El
tráfico de drogas en el ámbito internacional dispone de fuerzas, instrumentos y
mecanismos de propaganda, diplomacia, violencia, corrupción, terror,
intimidación y destrucción. Es continua su expansión y sus ramificaciones, el
fenómeno se reproduce y amplifica más allá de diferenciaciones sociales,
ideologicas, políticas, de regímenes y sistemas. En su expansión internacional,
los objetivos de los narcotráficantes son el lucro, el poder, la seguridad, la
aceptación y la legalidad entre otros.
El narcotráfico se extiende, se reorienta y se reubica, se entrelaza e integra, en un número creciente de espacios nacionales y transnacionales, utiliza la corrupción y el terror, lleva a cabo alianzas, con diversidad de fuerzas y tendencias a nivel mundial. En este proceso, el tráfico de drogas contribuye al debilitamiento del Estado, desde su interior y desde su exterior. En lo interno, crea o refuerza los factores que erosionan al Estado a través del peso y de la presencia en la economía, la política y sociedad. En lo externo, contribuye a la transferencia de los centros y poderes de decisión hacia afuera de las fronteras de los Estados; reduce o desvirtúa sus capacidades para la acción nacional y para la internacional; vuelve porosa o irrelevante las fronteras de los países; desafía o impugna la noción clásica de soberanía nacional; pone en tela de juicio la seguridad y la identidad nacional.
La transnacionalización
desgasta la distinción entre países productores y países consumidores, afecta
tanto a los países productores, distribuidores, de tránsito y a los
consumidores, al integrarlos en una relación de interdependencia y comunidad en
la desigualdad, forzandolos a combinar los roles, las responsabilidades
imputables y las consecuencias sufridas, volviéndolos al mismo tiempo en
productores, intermediarios, distribuidores, de tránsito, consumidores,
beneficiarios y perjudicados. La
transnacionalización, es un fenómeno de relativa antiguedad; sin embargo, en
los últimos años, se observa que algunos actores transnacionales tienen
capacidad de generación de reglas -régimen-, por sobre la mayoría de los
Estados, por lo que el derecho no tiene raíz internacional -entre naciones- ni
supranacional -por sobre las naciones- sino transnacional -más allá de las naciones-. Con el fin de la guerra fria, las
cuestiones estratégicas globales dejaron de tener un peso relevante y temas de
orden transnacional con efectos sobre dichas cuestiones, aparecen en forma
prioritaria como el control del narcotráfico.
El desafio de la humanidad,
no tiene precedente en la lucha contra el crimen. Nunca antes los hombres se
habian enfrentado a un fenómeno delincuencial con capacidad organizativa para
operar, simultaneamente, en todo un Continente o en más de uno; con recursos
que, en ocasiones, superan las posibilidades financieras de los países en los
que actúa; y una penetración, en las esferas del poder y del dinero hasta ahora
incomparable. Es claro, que la lucha contra el crimen organizado debe ser en
forma seria y responsable, dado que no existe espacio del interés colectivo que
no se vea amenazado por las organizaciones criminales del narcotráfico: la
salud, la economía, la cultura, la seguridad pública, la seguridad nacional, el
estado de derecho, la integración familiar y la estructura de valores, entre
otros. Así mismo, por su carácter global, ya que nadie es ajeno ni inmune a sus
riesgos y daños.
CAPITULO II.
La lucha
contra el narcotráfico.
Tradicionalmente las organizaciones criminales actuaban en ámbitos nacionales. Pero su alcance ha trascendido hoy las fronteras de los países. En ocasiones, llegan a cuestionar la jurisdicción de los Estados. Los análisis de los expertos sobre la materia señalan que el narcotráfico afecta las instituciones de los países donde se arraiga. Por ello, es natural que el problema mundial de las drogas en la década de los noventa sea abordado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), para lograr una actualización del régimen internacional en la materia. Además, frente a la amenaza que representan las organizaciones delictivas vinculadas al narcotráfico y, sobre todo por su alcance transnacional, los Estados buscan promover la cooperación judicial internacional. Más allá de los arreglos bilaterales para combatir la narcodelincuencia, el multilateralismo es un recurso para fijar reglas de comportamiento e impulsar modalidades de cooperación entre los países.
En ocasiones, los Estados emprenden acciones unilaterales para combatir el narcotráfico que trascienden sus propias fronteras, erosionando con ello las posibilidades de cooperación. Como consecuencia, surge un ambiente de desconfianza entre los países del que sólo se benefician los delincuentes. Para evitarlo, la diplomacia multilateral permite definir reglas aceptables para todos los integrantes de la comunidad internacional. Así mismo, propone un enfoque comprensivo que tome en cuenta los aspectos de la oferta, la demanda y el tráfico de estupefacientes. La lucha contra el narcotráfico como un fenómeno transnacional, reviste niveles estratégicos y tácticos por parte de los países que son victimas de este mal. Como se expresó en el apartado correspondiente al carácter transnacional que tiene, ha implicado el establecimiento de políticas de cooperación internacional y de un esfuerzo integral para su combate por la diversidad de delitos conexos que trae consigo.
En el ámbito del Continente Americano, se puede citar los esfuerzos que llevan a cabo los países en su territorio para erradicar el cultivo, procesamiento, tráfico, distribución y consumo de drogas; al mismo tiempo concientes que es imperativo modernizar y mejorar las estrategias y acciones relacionadas con esta materia, decidieron formular la Estratégia Antidrogas y el Plan de Acción para la implementación de la Estrategia en el Hemisferio ( Anexo A y B), que contempla el problema desde una perspectiva global y multidisciplinaria, compartiendo la responsabilidad de abordarlo de manera integral y equilibrada, teniendo en cuenta sus capacidades y recursos. Sin embargo, se puede señalar que los resultados obtenidos no son todo lo deseable, ya que los narcotráficantes demuestran sostenidamente su flexibilidad y su capacidad de adaptación a las cambiantes condiciones del negocio y de su represión, a su ingenio, así como a los recursos económicos con que cuentan para adquirir equipos y medios de alta tecnología, a los cambiantes métodos y técnicas de contrabando y actividad ilícita que derrotan las tentativas más deliberadas y enérgicas para detenerlos.
Para explicar el porqué de los límitados resultados, primeramente se hace necesario abordarlo bajo la óptica de la ley de mercado, es decir, de la oferta y la demanda.
En el caso de las drogas, el problema no ha sido asumido equilibradamente, privilegiandose las acciones sobre la oferta y sus efectos, y no sobre la demanda y otras causas concurrentes, tanto en Estados Unidos y otros países desarrollados, así como en los países productores y de tránsito, relegandose la necesidad de hacer algo respecto de los consumidores como los norteamericanos en nuestro Continente que financian con dólares, su compra y con ello el mercado y la delincuencia organizada.
La lucha contra la demanda.
Es de sobra conocido que los Estados Unidos es el principal consumidor de drogas en el Continente y que constituye el mercado más apetecible para los narcotráficantes, condición que el gobierno de ese país no había querido reconocer, dandole prioridad a la cara externa del problema, es decir, a la supresión de la oferta proveniente de los países productores y distribuidores, y de algunos de los grupos narcotraficantes como los andinos y mexicanos. El direccionamiento por parte de los Estados Unidos a la supresión de la oferta; a la erradicación de plantíos y laboratorios en los países productores; a la destrucción de las redes de distribución en aquéllos y en los países en tránsito; a la intercepción de los productos fuera de sus fronteras.
Aunado a lo anterior, la legislación norteamericana establece programas de acción internacional que resultan lesivos por el sentido político que reviste, como generadores de presiones; da preferencia a los convenios bilaterales con los países productores y de tránsito. Establece el proceso de certificación desde 1986, aplicando sanciones económicas a los países que a su criterio no han cooperado eficazmente. Tampoco ha tomado acciones drasticas en contra de los productores y tráficantes que se asientan en su territorio, que realizan la mayor parte del negocio de la importación de drogas, beneficiandose al final por la prohibición del comercio y del consumo ilícitos. Las campañas de erradicación e intercepción les refuerzan un poder monopólico en el mercado; les otorga la estabilización o el alza de los precios con sustanciales ganancias, incrementando sus capacidades en contra de las acciones políticas, administrativas, policiales y judiciales que, en mayor o menor grado estan orientadas a controlarlos y combatirlos.
Las agencias norteamericanas destinadas para combatir el narcotráfico no han resultado lo suficientemente eficientes en esa lucha,orientando preferentemente sus esfuerzos a los arrestos y decomisos, más que a la inteligencia estratégica sobre la organización y funcionamiento de los traficantes, denotando una falta de confianza en compartir la información entre ellas y con las autoridades de los países productores y de tránsito, asimismo, guardan serias discrepancias y comparten visiones divergentes, originadas por cobrar un papel protagónico que se vea reflejado en la asignación de mayores presupuestos. La perspectiva del lado de la oferta por parte de los Estados Unidos es lógicamente precisa. Si no entraran drogas, entonces no existiría el problema.Y aún cuando las drogas no se puedan eliminar del todo, las leyes del mercado prescriben que la reducción del suministro de drogas elevaría el precio, lo cual a su vez disuadiría a los potenciales usuarios de probar drogas y obligaría a los adictos a la abstención o a buscar tratamiento. Esta perspectiva de las drogas del lado de la oferta tiene un potente atractivo político.
Culpar a los extranjeros de la epidemia cíclica de narcóticos en Estados Unidos, proporciona un blanco conveniente aunque distante a la cólera del público que de otro modo estaría dirigida a los funcionarios electos.
La falta o insuficiencia de resultados ha provocado en el gobierno de los Estados Unidos, en los partidos políticos,en un gran número de organizaciones sociales y en los medios de comunicación, llamados a la escalada en la lucha contra el narcotráfico. Proponiendose el envío de personal de las agencias encargadas en el combate a las drogas y de militares de los Estados Unidos a países de producción y tránsito cuyos gobiernos lo soliciten y acepten, para asumir la represión que -se afirma- los gobiernos de los respectivos países de la región no querrían o no podrían cumplir. Hacer que se deje de cultivar la droga en el extranjero parece que les resulta más fácil que frenar el apetito de drogas en su país. Además, interceptar la entrada de drogas por via aérea o marítima es un reto tecnológico que sólo los Estados Unidos son capaces de realizar, si tomamos en consideración que sus cientificos pudieron hacer llegar hombres a la luna, entonces no cabe duda de que si se lo propusieran pueden acabar con el narcotráfico.
La estrategia del lado de la oferta implementada por los Estados Unidos, ha sido lamentablemente fallida , no obstante los recursos empleados. Las razones del limitado éxito se debe entre otras a que la economía del cultivo va en contra de reducciones sostenidas en la oferta; las cosechas de drogas son muy baratas de cultivar en casi cualquier parte del mundo y los agricultores pobres tienen fuertes incentivos económicos para adaptarse a las cambiantes condiciones. La orientación estrategica y política esgrimida por los Estados Unidos en su afan por considerar la oferta como la clave para acabar con el narcotráfico, los ha llevado a imponer programas de cooperación binacional sin tomar en consideración a los intereses nacionales del otro país, basandose en la premisa de que su gobierno supervise, juzge y sancione en forma unilateral el comportamiento de los sistemas nacionales de seguridad y justicia del otro gobierno, sin aceptación de obligaciones ni rendición de cuentas sobre su propio comportamiento y resultados; es decir, viendo la paja en el ojo ajeno. Dicho proceso ha permitido las presiones del Estado norteamericano sobre gobiernos latinoamericanos, la perturbación de intercambios comerciales, campañas de desprestigio, amenazas de sanciones, insinuación de intervenciones policiales y militares y desestabilizaciones políticas, todo ello en detrimento de la soberanía.
Es menester establecer que en la “ Estrategia para el Control de Drogas 1999”2 de los Estados Unidos, reconoce por primera vez el importante efecto que tiene el abuso de las drogas, señalando que las dos cuestiones principales que las cinco metas de la citada estrategia tiene como fin reducir la demanda de drogas y el suministro y, que mediante programas equilibrados de reducción de la demanda y el suministro podrán disminuir el 50% del consumo y la disponibilidad de drogas ilícitas, así como una reducción del 25% de sus consecuencias. Enfatizando que la demanda debe tener prioridad.
La lucha contra la oferta.
El combate a la oferta se da principalmente en el ámbito de los países productores y de tránsito, siendo relevante en nuestro Continente los esfuerzos desplegados por Colombia, Perú, Bolivia y México en sus correspondientes territorios y por otra parte el que desarrolla los Estados Unidos como parte de su estrategia de proteger sus fronteras contra la penetración de las drogas y reducir el suministro de las mismas de una manera más efectiva en sus comunidades, concentrando sus esfuerzos en la frontera suroeste (México-Estados Unidos), mediante la implementación de operaciones y cooperación con México para reducir el tráfico de drogas a través de esa frontera. Previendo que, a medida de que se obtenga éxito, los narcotráficantes redoblarán sus esfuerzos en dicha frontera y en otras partes. Por lo que han destinado recursos para cerrar otras vias de acceso a su país, tales como las Islas Vírgenes, Puerto Rico, accesos marítimos, frontera canadiense y aeropuertos y puertos marítimos de entrada.
Así mismo,para reducir el tráfico ilícito de drogas en la zona de tránsito entre los países de origen y su país, ha coordinado esfuerzos multinacionales en la Región del Caribe, América Central, y regiones transoceánicas para reprimir el tráfico dentro y a través de las fronteras internacionales. Además, contempla operaciones de reducción del suministro en las fuentes: Cordillera de los Andes para la cocaína y para ciertos suministros de heroína; en México para una parte importante de la metanfetamina, heroína y marihuana.
El combate al narcotráfico en las zonas de suministro, obtuvo resultados estadísticos alentadores al registrarse un descenso en la producción global de cocaína en la Región Andina de un 29%, según la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de los Estados Unidos (ONDCP)3, en el reporte de 1998, así mismo, señala que en Perú el cultivo de coca bajó 56% en tres años, debido a las acciones emprendidas de intercepción aérea y ribereña y que en Bolivia el mismo cultivo disminuyó 22% en el periodo de dos años, sin embargo el combate a las drogas en Colombia no ha tenido éxito, observandose aumento significativo en disponibilidad de cocaína, incremento en la producción anual de heroína que subió de cero a seis toneladas métricas en cinco años, con expansión de la cosecha de hoja de coca en el Sur del país, a pesar de la erradicación aérea éxitosa en el Guaviare, detectandose que casi todo el nuevo crecimiento está en en áreas controladas por guerrillas, asimismo, la cocaína procesada del suroeste de Colombia se mueve a la costa Norte por el puente aéreo Colombiano. Colombia según la ONDCP es el centro de gravedad contra el narcotráfico al abastecer aproximadamente el 50% de heroína y el 80% de cocaína que llega a los Estados Unidos y que en 1998 la exportación de cocaína desde Sudamérica hacia los Estados Unidos fué de 541 toneladas y 66 tuvieron como destino otros países.
La ONDCP estimó en 1998 que 321 toneladas de cocaína (59%), procedentes de Sudamérica tuvieron como destino intermedio el corredor México/Centroamérica, de las cuales 64 toneladas fueron decomisadas en zona de tránsito, 30 en zona de llegada , por lo que 227 toneladas (57%) penetraron a los Estados Unidos. Por el corredor Caribe se movilizaron 161 toneladas (30%) de la zona de producción, de las cuales se aseguraron 17 en zona de tránsito y 8 en zona de llegada, habiendose introducido a dicho país 136 toneladas (35%) y de 59 toneladas (11%) transportadas de la zona de producción directamente a los Estados Unidos 27 de las mismas fueron decomisadas en la zona de arribo, habiendo llegado 32 toneladas que representó el 8%. Es significativo señalar, el movimiento de cocaína por el corredor Caribe con destino a los Estados Unidos que constituyó el 30% según la misma fuente, como a continuación se establece: Haití/República Dominicana 12%; Puerto Rico/Islas Vírgenes 7%; Caribe Oriental/Antillas Holandesas 2%; Jamaica/Cuba/Bahamas 9%.
La lucha contra el narcotráfico se puede establecer que se lleva a cabo en todas sus dimensiones, sin embargo por su carácter transnacional involucra esfuerzos internacionales que se han implementado como parte de la estrategia para vencerlo, para dar ejemplo de lo anterior se establecerá el caso de Colombia y México por su condición de país productor y de tránsito de cocaína en el Continente y de la inherencia que tienen los Estados Unidos. Las razones estan basadas en que dichos actores proporcionan elementos importantes para el estudio de los efectos que trae consigo la citada lucha en la soberanía de los Estados.
La lucha actual contra el narcotráfico en Colombia.
Colombia actualmente no sólo lucha contra el narcotráfico como el resto de los países de América Latina, sino que también se enfrenta a las mafias internacionales que se dedican al contrabando y al tráfico de armas; a la guerrilla (principalmente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -F.A.R.C. y al Ejército de Liberación Nacional -ELN-); a los grupos paramilitares y de autodefensa, a los campesinos ilegales y a la delincuencia común. La guerra civil que tiene que enfrentar Colombia se desenvuelve en un marco cuyos protagonistas principales son: la guerrilla, los narcotráficantes y el Estado Colombiano, que a través de sus Fuerzas Armadas aplica su máxima capacidad de coerción.
La situación que atraviesa Colombia es difícil dado el circulo de violencia que se ha generado por el narcotráfico y la corrupción, sin embargo el problema del narcotráfico no es nuevo, ya que la producción y el tráfico de estupefacientes, que desestabilizan social y económicamente al país, se viene dando desde la década de los setenta. Desde dicha época según escribe Iocco4 “la política del gobierno colombiano relacionada con el narcotráfico no ha sido coherente y sostenida en el tiempo, sino más bien ambivalente. Ello responde a que, en determinadas circunstancias, el poder político colombiano se ha mostrado relativamente enérgico en la lucha contra el narcotráfico, pero en otras, ha quedado poco menos que activo.”
Ante este panorama, el actual Presidente de Colombia Andrés Pastrana gestionó en Washington una estrategia que incorpora todos los retos que afronta su gobierno, desde la atención a los problemas económicos y sociales, hasta el fortalecimiento institucional para combatir el narcotráfico en dos aspectos fundamentales: el policiaco-represivo y el de inversión social. Habiendo manifestado el mandatario colombiano “que las estrategias contenidas en el denominado Plan Colombia no involucra ayuda militar, sino lucha contra las drogas”.
El Plan Colombia de acuerdo con lo manifestado por el mandatario colombiano tendrá un costo total de $ 7, 500 millones de dólares, recursos que aportarán Estados Unidos, la Comunidad Europea y Japón, de los cuales Washington invertirá $ 1, 600 millones de dólares en los próximos dos años. Además, Colombia recibirá en los próximos dos años un prestamo de $ 2.7 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, lo que sumado al paquete de asistencia de Estados Unidos le proveerá de $ 4.3 millones de dólares para intentar superar la crisis social y económica, agravada por los desestabilizadores efectos del narcotráfico. Aún cuando esas cifras son importantes para una economía como la de Colombia, palidece ante el poderío económico de los cárteles de la cocaína, los cuales, según la ONDCP, manejan anualmente recursos de $ 12,000 millones de dólares.
El Plan Colombia contempla la puesta en marcha de diez estrategias diseñadas para erradicar la violencia, la corrupción y el narcotráfico, y construir un estado capaz de afrontar los retos de la globalización, recuperar la credibilidad fuera y dentro del país, garantizar la justicia social, la prosperidad y el progreso nacional. En el prólogo de la iniciativa se establece: “las aspiraciones del pueblo colombiano y las labores de su gobierno han sido frustradas por el narcotráfico y esto ha dificultado los esfuerzos del gobierno en el cumplimiento de sus deberes constitucionales. Un círculo vicioso y preverso de violencia y corrupción ha agotado los recursos indispensables para la construcción y éxito de un Estado moderno”.
El Plan Colombia contiene seis objetivos fundamentales con mira a reducir en 50% el cultivo, procesamiento y distribución de la droga en seis años. Los objetivos son: el fortalecer la lucha contra el narcotráfico mediante esfuerzos integrales dirigidos por las Fuerzas Armadas y de acciones continuas y sistemáticas del ejército y la policía, especialmente en la región del Putumayo y en el Sur del país, donde se establecerá el control militar con propósitos de erradicación; fortalecer el sistema judicial; el combate a la corrupción; neutralizar el sistema financiero de los capos y de los agentes de la violencia aliados a este hecho ilícito; fomentar la cooperación regional e internacional y ampliar los programas de desarrollo alternativo en áreas afectadas por el narcotráfico. El primer objetivo ha desatado controversia de las verdaderas intenciones de Estados Unidos en la implementación del plan, ya que se argumenta que no es casual que en el Sur del país se ubique la zona de distensión guerrillera y tampoco que ahí se instalara la base militar de Tres Esquinas sede del Centro de Comando, Control y Comunicaciones y de los batallones antinarcóticos asesorados y entrenados por los Estados Unidos.
Como parte de la alianza contra las drogas Colombia - Estados Unidos5. en el año de 1999, instructores militares de Estados Unidos entrenaron a 932 soldados en el período del 5 de abril al 15 de diciembre con un costo de $ 3.0 millones de dólares y la ministración de equipo con un costo de $ 3.5 millones de dólares. Los asesores militares estadounidense se ubican en las bases militares de Palanquero, tolemaida y Tres Esquinas, en esta última se ubica el Centro de Inteligencia Conjunto que cuenta con estructura de Comando, Control, Comunicaciones e inteligencia, cuyo costo fue de $ 3.23 millones de dólares, así mismo, Tres Esquinas cuenta con una moderna pista de dos mil metros prevista para una eventualidad en la que aviones AWAK-3 Sentry, Orión P-3 y C-27 del Comando Sur deEstados Unidos puedan realizar sus maniobras de aterrizaje y despegue.
En lo referente al apoyo en el ámbito fluvial/marítimo Estados Unidos lo ha venido proporcionando desde 1997 con infraestructura y lanchas, teniendo contemplado establecer 7 bases avanzadas más, mejorar 3 de las existentes, proveer 25 lanchas de Mando y Control C2 y 54 lanchas patrullas, así como aumentar de 25 a 45 el número de elementos de Combate.
Para apoyar el programa de intercepción aérea de aeronaves que transporten drogas, los Estados Unidos tienen dispuesto radares sobre horizonte relocalizable (ROTHR), radares de vigilancia basados en tierra (GMR), radares de vigilancia aérea (AEW), aeronaves de vigilancia con radar, mejoramiento de aeronaves A-37, AC-47 y OV-10. Como parte de la asistencia militar que enviará Estados Unidos a Colombia, para ayudar a destruir las plantaciones de cocaína y heroína, se contempla por lo menos 30 helicopteros artillados y blindados UH-1N, para proteger las operaciones de los aviones fumigadores de plantíos ilícitos, así como para detectar laboratorios clandestinos y transportar a personal encargado del combate al narcotráfico.
El multicitado plan, contempla el proceso de paz como parte de una alianza estratégica antinarcóticos, vista desde una óptica de permanente vigilancia y apoyo complementario de las Fuerzas de seguridad y defensa, vinculando el éxito del proceso de pacificación con la lucha contra el narcotráfico y los planes de desarrollo y generación de empleos. También hace hincapié en que los movimientos insurgentes, alimentados en parte por la retórica de confrontación capitalista-comunista, lograron ampliar su presencia territorial y su adquisición de influencia política y militar mediante la extorsión y el secuestro, y más recientemente mediante “impuestos” cobrados por los intermediarios del narcotráfico. Sin embargo, no hace referencia a la participación de las llamadas “Autodefensa Unida de Colombia” (AUC), los grupos paramilitares, que en sus inicios actuaban como guardaespaldas de caciques y latifundistas y que con el tiempo se agruparon en pequeños ejércitos bien armados. Con el auge del narcotráfico fueron contratados por los poderosos cárteles de las drogas y por otro sectores que los usan para realizar el trabajo “sucio”, operando en 11 Departamentos o Estados donde ejercen el terror por medio de acciones de fuerza y amenazas de muerte contra funcionarios y civiles que consideran “proguerrilleros”.
El Plan Colombia está resultando muy controvertido, ya que la asistencia está destinada a la lucha contra el narcotráfico, pero dada la asociación de guerrilleros con narcotráficantes es practicamente imposible diferenciar entre la aplicación de recursos estadounidenses exclusivamente al combate de narcos sin un necesario despliege de actividades militares sobre los movimientos insurgentes, ante esta situación la Casa Blanca ha salido al paso manifestando que no existe ni alienta una solución militar al conflicto en Colombia, rechazando tajantemente que el citado plan, sea punta de lanza para financiar la intervención directa de los militares estadounidenses en la problematica interna de países latinoamericanos. En sus argumentos al Congreso, la Casa Blanca sostiene que Estados Unidos “necesita estar allí” en apoyo de Colombia para luchar en contra del cultivo y tráfico de narcóticos, así como para impulsar la paz, incrementar el imperio de la ley, mejorar los derechos humanos, expandir el desarrollo económico e instituir una reforma judicial. Explicando que el paquete de ayuda está diseñado para avanzar el interés de seguridad nacional de Estados Unidos, respondiendo al mismo tiempo y de manera balanceada a los problemas sociales, económicos, gubernamentales y de narcóticos de Colombia6.
La lucha contra el narcotráfico en México.
México ha venido insistiendo en que el narcotráfico es la más grave amenaza a su seguridad nacional, a la salud e integridad de la sociedad, y a la tranquilidad pública de sus ciudades y poblados.Tiene la plena convicción de que la lucha contra ese mal debe partir del reconocimiento de que en todos los países afectados, se dan todos los eslabones de la cadena delictiva del narcotráfico y de que cada nación debe cumplir cabalmente su tarea, al tiempo que se promueva una más efectiva. Promueve la cooperación bilateral, hemisférica y global sobre la base del pleno respeto a la soberanía nacional. El país está combatiendo al narcotráfico en cuatro niveles que se articulan y complementan: al interior reforzando las leyes contra el crimen organizado y el lavado de dinero, fortaleciendo las instituciones encargadas de perseguir los delitos, y capacitando y equipando al personal que arriesga su vida en esta lucha. En el ámbito de la cooperación internacional, ha celebrado 22 acuerdos bilaterales en materia de control de drogas. Algunos de dichos acuerdos les ha permitido fortalecer la cooperación bilatera a través de mecanismos especiales de alto nivel, como el que mantiene con el gobierno de los Estados Unidos.
A escala hemisférica ha alentado y participa activamente en las labores de la Comisión Latinoamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), en el seno de la OEA.
El convencimiento de que para tener eficacia global frente a una amenaza que también es global, es preciso que el tema del narcotráfico sea abordado por la ONU. Respecto a este último aspecto es menester señalar que a iniciativa del Presidente de México se celebró la denominada Cumbre Mundial de las Drogas en el seno de la ONU en 1998, en la que se aprobó la Declaración Política que refleja la tesis mexicana de adoptar un enfoque integral y equilibrado del problema, o sea, delinear estrategias nacionales e internacionales que reduzcan tanto la oferta como la demanda de drogas, reafirmar el respeto total de la soberanía y la integridad territorial.
La Declaración Política subraya la necesidad de dar particular atención al problema de la demanda, asimismo, compromete a todos los estados a lograr resultados importantes y medibles en la citada reducción para el año 2008, aprobandose también la Declaración Internacional sobre los Principios Rectores de la Reducción de la Demanda de Drogas, con lo cual se equilibra el régimen internacional del control de drogas, hasta ahora enfocado en eliminar la producción y el tráfico. Se aprobaron los principios propuestos por México para combatir el lavado de dinero; medidas de control de los precursores químicos; el plan de acción para combatir la fabricación ilícita, el tráfico y el uso indebido de estimulantes tipo anfetamina y sus precursores.La política antidrogas de México busca, más allá de limitar la acción nociva de las redes de narcotráficantes, desmantelar y acabar con las organizaciones mismas. Una mayor cooperación internacional contribuye a este propósito. De muy poco sirve acabar con una organización criminal en un país si puede seguir operando desde otros.
Por su vecindad geográfica con un mercado tan importante como el estadounidense, México tiene una condición particular en el problema mundial de las drogas. Esa condición, le ha impulsado a mantener y redoblar los esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico, para lo cual ha implementado el Programa Nacional para el Control de Drogas 1995-2000 en el cual se establecen las estratégias y lineas de acción para una lucha integral contra las drogas ilícitas, participando Instituciones como la Secretarías de Salud, Educación, Comunicaciones y Transporte, Hacienda y Crédito Público, Relaciones Exteriores, Gobernación, Defensa Nacional, Marina, Policía Federal Preventiva, Procuraduría General de la República con organismos como la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos contra la Salud, la Unidad Especializada contra el Crimen Organizado y el Centro de Planeación para el Control de Drogas.
Las acciones implementadas por las instituciones son coordinadas por la Procuraduría General de la República y sus resultados son puestos a consideración del Gabinete de Seguridad Nacional presidido por el Presidente de la República en donde se evalúan y se reorientan las acciones cuando procede. Cabe hacer mención de los operativos denominados “Sellamientos” de la frontera Sur, Golfo de California y Peninsula de Yucatán con el objetivo de negar el espacio aéreo, marítimo y terreste nacional a los narcotráficantes, en los cuales se ha invertido aproximadamente $ 525 millones de dólares, estableciendose como concepto de la operación una linea de alerta temprana con aéronaves de reconocimiento de largo alcance dotadas de radares y sensores de primera generación, una linea de intercepción marítima con buques operando en trinomio buque-helicoptero-lancha rápida, una linea de costa con embarcaciones interceptoras de alta velocidad y grupos de respuesta rápida, bases de intercepciones moviles en tierra adentro, puestos de revisión carreteras empleando detectores electronicos de personas y vehiculos, así como radares de detección aérea y marítima. Asimismo, en labores de erradicación el Ejército tiene involucrado aproximadamente 20 mil efectivos.
El informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), publicado en 1999, reconoce “el fuerte esfuerzo de México” en el combate a los cárteles de las drogas. Pero añade que esto mismo está desplazando las operaciones de los narcotráficantes hacia otros países de América latina y el Caribe. Sin embargo, aún así, México sigue siendo el principal proveedor de marihuana a Estados Unidos y el Oeste de Canadá, señala el documento. La ubicación estratégica de México es determinante, pero no lo sería más si Estados Unidos dejara de ser el principal mercado.
SEGUNDA PARTE.
CAPITULO III.
La
soberanía de los Estados.
La edad media vió nacer y florecer el feudalismo, que produjo la
atomización del poder entre los reyes y los señores feudales, oponiendose los
duques, condes. barones y marqueses a los reyes. En Inglaterra los señores
feudales y la burgesía naciente lograron límitar las atribuciones del rey y
conformar una forma mixta de organización política, mezclando los principios
monarquicos y aristocraticos que posteriormente se tradujo en el sistema
parlamentario, con una cámara de la burgesía, otra de la nobleza y el rey. En
Francia, por el contrario, el rey se impuso a los señores feudales, cerrando
las compuertas del absolutismo monarquico. Es así, como surge aún antes de
formularse expresamente la idea moderna de la soberanía, como cualidad de poder
temporal nacional, es decir de poder humano, alimentada por el poder de la
voluntad para análizar libremente las realidades sociales, interpretar el orden
divino y natural para el acontecer diario. En el siglo del renacimiento cobra
lugar una transformación de los hechos y de las ideas y como lo cita Herman
Heller en su obra “La soberanía”7: “La
batalla del poder temporal y de los hombres contra el orden ético y jurídico
divino que les tenía enajenados y por la conquista de la soberanía para el
poder temporal y para el hombre, a fin de hacer posible la creación de un orden
terrestre y humano, en el que cupieran todos los hombres y todos los credos.”
Juan Bodino contribuyó en la desajenación del poder y del hombre al haber
aportado las primeras definiciones de la nueva República y del concepto de
soberanía, al señalar que: “República es un gobierno justo de muchas familias y
de lo que le es común, con poder
soberano. Soberanía es el poder absoluto y perpetuo de la República.”
El concepto de Estado concebido por Maquiavelo se erige como soberano
absoluto: nada ni nadie quedaría encima de él; sería el arbitro y el autor de
su destino, de su estilo de vida y de su orden ético y jurídico. La soberanía
concebida por el pensador Florentino, conlleva que esta no es un atributo del
Estado como ente, sino como una cualidad del poder de una comunidad humana. La
problematica de la soberanía en la edad moderna se transforma en un escenario
de lucha entre la democracia contra la monarquía, del pueblo y de sus hombres
contra los reyes, surgiendo un nuevo dilema: soberanía del pueblo o soberanía
del principe. Juan Jacobo Rousseau, quebró el pensamiento político de la edad
media y moderna al generar las ideas básicas de la nueva
democracia y de la soberanía del pueblo. Rousseau proclamó la libertad del
hombre y la soberanía del pueblo como las bases inconmovibles de una sociedad
orientada a la realización de lo humano; que la estructura del cuerpo político
y la conformación del derecho tienen que ser el producto de la voluntad general
de los hombres libres dirigida al aseguramiento de la libertad, por lo que sólo
pueden considerarse legitimados cuando tienen como base la voluntad libre de
los hombres, así mismo ligada íntimamente con el ejercicio de su libertad y de
la soberanía; cualquier otro orden normativo será un orden de poder , más no un
orden jurídico.
Se puede establecer que la doctrina de la soberanía nació como un
concepto político, pero se ha transformado en uno jurídico; fue cualidad de un
poder humano, de los reyes o del pueblo, ahora es la potestad necesaria de auto
organizarse o de auto determinarse, esto es, la potestad, que es una necesidad,
de darse un orden jurídico. La soberanía no es la suma de las atribuciones que
ejerce un Estado, ni es tampoco el continente de ellos, sino la posibilidad de
crear atribuciones, de señalarse libremente atribuciones. Un Estado no puede
existir sin un orden jurídico, porque el caos es una posibilidad téorica más no
real. La soberanía es un concepto jurídico formal, lo que es libre es su
contenido.
Existe un alto índice de transnacionalización en la toma de decisiones y
en las relaciones globales. Los actores transnacionales no sólo operan como
grupos de presión en el marco estatal, sino que han alcanzado, en gran cantidad
de casos, la capacidad de operar como factores de poder8.
El sistema financiero global es un ejemplo evidente. Se manifiesta que el
interrelacionamiento e intercondicionamiento entre Estados se ha hecho más
complejo, debido a la proliferación de unidades que intervienen y a su
heterogeneidad, incidiendo en la capacidad y funcionalidad de los organismos
internacionales, que intentan operar de la misma manera que en las épocas en
que el Estado era el actor monopólico, siendo que éste ha ido perdiendo control
y manejo de gran cantidad de las operaciones que estaban en su exclusiva esfera
de influencia.
El concepto de soberanía original, basado en el modelo de Estado del
siglo XVI, establecía como prerrequisito, la independencia, la autosuficiencia,
la delimitación geográfica, la impermeabilidad territorial y la independencia
política. Hoy, se puede considerar que salvo para Estados como los Estados
Unidos de Norteamérica, algunos países de Europa, tal vez Japón, tal vez China,
estos requisitos practicamente han desaparecido. Ejemplos de lo antes
mencionado se pueden dar: la invasión de los Estados Unidos de Norteamérica a
Panamá y la detención de su presidente Noriega, quien fuera juzgado en un
tribunal norteamericano y puesto preso en una cárcel de los Estados Unidos; el
bloqueo de los Estados Unidos a Cuba y la aplicación de leyes federales en el
marco internacional, como la Torricelli, la Damato y la Helms-Burton; la
certificación o descertificación por parte del gobierno norteamericano a
aquellos países que siguen o no, a su criterio, pautas adecuadas en el combate
al narcotráfico, entre otros. Por lo asentado se puede considerar que existen Estados que tienen
supra-soberanía o al menos soberanía, y otros que tienen su soberanía con
influencia del más fuerte.
La globalización, llevada a los medios de comunicación significa un
rompimiento de las fronteras políticas.Tanto la libre circulación del capital
como la globalización de los medios de comunicación significan, pues, un
abatimiento de las fronteras económicas, y en diversos aspectos, también de las
políticas, de tal manera que el resultado final es que las soberanías
nacionales se encuentran en un cuestionamiento sin precedentes. Se trata de un
cambio semejante, aunque inverso, al ocurrido con la conformación de los
Estados-nación que se originó en el siglo XVI y, en los siguientes. En esa
perspectiva, la cultura adquiere un carácter estratégico, ya que la identidad
nacional constituye actualmente el único dique frente a la tendencia hacia la
desaparición de las naciones.
Soberanía e independencia aparecen usualmente confundidos; se habla de
pérdida o recuperación de soberanía cuando en realidad se está pensando en la
independencia externa de los estados, y viceversa. Sin embargo, no se trata de
cuestiones tajantemente separadas. Cuando la decisión o conjunto de decisiones
por las que el estado reclama supremacía, es el resultado de la presión o los
condicionamientos de actores externos, es evidente que la soberanía deviene un
formato de la pérdida de independencia y el estado actúa simplemente como
intermediario entre el poder externo y los actores que operan en su espacio
nacional. La soberanía de un Estado se refiere a su capacidad real de imponer
sus decisiones con carácter supremo respecto de la población que habita y el
territorio que controla. El surgimiento de actores “transterritoriales” es el
factor que pone en tela de juicio no tanto el concepto mismo de la soberanía,
sino su extensión y su eficacia. Estos actores tienen su sede institucional en
una pluralidad de Estados o bien en Estados del mundo desarrollado, de ahí que
su cuestionamiento de la soberanía estatal se experimente sobre todo en
detrimento de los estados menos desarrollados y se exprese así mismo como una
pérdida de independencia. El cambio en los escenarios mundiales reformula y remodela de manera contínua la
soberanía de los Estados, pero no lo hace de manera igual para todos. La
capacidad de imponer sus decisiones sobre su propia población, o de obtener
acatamiento universal a ellas, es mucho mayor en algunos Estados que en otros.
Como se ha podido apreciar, existen argumentos y hechos de que el avance
de las comunicaciones, el comercio mundial, así como las decisiones de los
Estados de ceder ciertas prerrogativas soberanas a asociaciones políticas
comunes de mayor envergadura tal como está sucediendo con la Unión Europea, lo
cual da pauta a considerar una redefinición del concepto de soberanía
estableciendo nuevos limites, ya que la concepción “absoluta y exclusiva” aún
cuando nunca ha sido real, excepto en los casos de proyectos políticos de
sociedades cerradas, autoritarias o totalitarias, es cuando se ha podido
observar tales esfuerzos de definición del concepto de soberanía en terminos
absolutos, sin olvidar por supuesto las reflexiones filosóficas en relación al Estado absoluto cuya soberanía
no podía ser menos que exclusiva. La redefinición de la soberanía está asociada
a la capacidad de los Estados del sistema político para hacer creible el
ejercicio de su autoridad y el poder de ejecución de sus decisiones. Esta
credibilidad se puede fundamentar en la propia capacidad del sistema político
para garantizar el monopolio legitimo de la violencia fisica. A los países con
recursos suficientes de poder e influencia, la soberanía no les plantea
problemas, ya que en la misma medida en que posean mayor poder, la discusión en
torno a la soberanía tendrá menor importancia.
Los países industrializados, con mayores recursos, sobre todo los que
poseen armas nucleares, tienen escasas dificultades para ejercer su soberanía.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, los países con derecho a veto, cuentan
con la clave para evitar cualquier decisión que pueda afectar sus intereses
vitales vinculados a la soberanía. A los países con escasos recursos sólo les
queda apelar al respeto de los principios establecidos en las normas
internacionales. Observandose que actualmente los Estados no tienen por sí
mismos, capacidad para controlar los flujos globales de capital, de tecnología,
los medios de comunicación o Internet. Eso no quiere decir que desaparezcan.
Los Estados nacionales son instituciones históricas que representan
identidades, coaliciones de intereses, proyectos nacionales y que van a
persistir.
El tradicional concepto de soberanía se presenta como una limitación, un
obstaculo téorico, cultural y si se quiere jurídico para el desarrollo de las
necesidades expansivas no sólo de la economía, sino sobre todo de la
posibilidad de intervención en los conflictos –nuevos y viejos- que
hipoteticamente tendran como escenario principal los países con menor rapidez
en el proceso de acumulación de fuentes de poder. A partir de esta perspectiva,
el ejercicio de la soberanía se encuentra asociado a la acumulación de cierta
capacidad de decisión del sistema político, aún cuando tales decisiones se
encuentren vinculadas -interdependencia- a presiones de distinta naturaleza. En
tal sentido, la soberanía reside en la capacidad del Estado para mantener el
control del proceso de decisión sobre las demandas criticas provenientes del
conjunto de la sociedad en última instancia, ejerciendo su poder para disuadir
o evitar que otro decisores supraestatales, multinacionales o internacionales
le obliguen bajo amenaza económica, política o militar contra su voluntad a
adoptar determinado tipo de decisiones. Precisamente, se trata de debilitar la
voluntad de los Estados para oponerse a este nuevo sistema de seguridad global
y uno de los pasos es quebrantar el concepto de soberanía prevaleciente hasta el momento en la cultura política
de las elites dirigente de los países en via de desarrollo. Sin embargo, la
realidad demuestra que la cultura política de los gobernantes y del liderazgo
político formados en principios de soberanía e independencia del Estado con
relación a cualquier fuente de poder situada en el entorno extra sociedad,
resulta muy dificil de modificar, teniendose que producir en los hombres de
gobierno una ruptura en el conocimiento que les permita superar los conceptos
relativos a la soberanía, que representan un obstaculo intelectual para comprender
las nuevas relaciones de poder a las que se veran enfrentados y ante las cuales
deberan adoptar decisiones públicas
CAPITULO IV.
Efectos de la lucha contra el
narcotráfico sobre la soberanía de las naciones.
Nos hemos
acostumbrado a la idea de un sistema político mundial cuya unidad básica es el
Estado-nación que ejerce la soberanía sobre un territorio definido donde habita
una población cuyos miembros pueden ser divididos sin dudar en ciudadanos y extranjeros. Actualmente, este sistema
político se ve amenazado por fuerzas supranacionales que trascienden los
límites del Estado-nación y que con frecuencia ponen a prueba su capacidad de
decisión soberana: el comercio, las migraciones, los flujos financieros, la
producción transnacional de bienes, las comunicaciones, el conocimiento
científico, la tecnología y el fenómeno del narcotráfico y sus delitos conexos.
Se trata de lo que Abba Eban9 llama la
anomalía central de nuestro tiempo: la existencia de una multiplicidad de
naciones en un mundo en el que la soberanía ha perdido en gran medida su
significado. En un escenario
desintegrador, las fuerzas supranacionales tienden a una asimilación que
uniforma valores y estilos de vida con poca sensibilidad a las especificidades
históricas y culturales de cada nación. Los más importantes de esos valores
giran alrededor de los derechos humanos, los cuales han permitido articular un
concepto más universal de ciudadanía, cuyo principio de legitimidad ya no se
basa en la pertenencia nacional sino en el concepto universal de persona. Como
escribe Soysal: “El principio de los derechos humanos asigna un estatus
universal a los individuos y sus derechos, minando así los límites del Estado10.
Los efectos sobre la
soberanía.
Como se ha
podido percibir de lo asentado en los capitulo precedentes, el Estado-nación se
encuentra sujeto a fuerzas de carácter transnacional como el narcotráfico cuyo
efectos se manifiestan en el ámbito político, económico, social y militar
incidiendo en la calidad y capacidad suprema e independiente que tiene un ente
político de autodeterminar su destino, es decir, en la soberanía. La lucha
contra el flagelo del narcotráfico y sus delitos conexos ha repercutido en la
soberanía de los estados por la connotación que ha cobrado de transnacional y por
la diversidad de acepciones y de aplicaciones que tiene como concepto. Así
mismo,las leyes contra el narcotráfico de los distintos países involucrados en
su combate guardan aspectos no coincidentes lo cual plantea escollos que
favorecen a los narcotráficantes; la inadecuada observancia del derecho
internacional en cuanto a asumir que todos los estados son iguales sin importar
el poder de que disponen; la falta de concenso para asumir el narcotráfico como
un problema de seguridad nacional por parte de los países afectados en sus
diversas modalidades y sobre todo la falta de confianza provocada por acciones
unilaterales en la aplicación de los acuerdos binacionales en la lucha contra
las drogas a nivel internacional, ha sido fuente de presiones políticas y económicas
que han lesionado la soberanía de los Estados.
Es menester
señalar que hay que diferenciar entre los efectos que produce el narcotráfico
en la soberanía y los que se producen como resultado de la lucha emprendida a
nivel bilateral y multilateral, bajo esta última consideración se pretende
abordar este capitulo.
Convenios de cooperación y
sus efectos.
Las relaciones entre el
gobierno norteamericano de Bill Clinton y el gobierno colombiano de Ernesto Samper se caracterizarón por la
crisis, fundamentalmente originada por la acusación hecha a Samper de que había
financiado su campaña electoral de 1994 con dinero proveniente del cártel de
Cali. Más allá de las sospechas, en 1996, el Congreso colombiano decidió
absolverlo. Ante esa situación, la reacción de Estados Unidos fue de repudio,
anunciando la revocación de la visa a altos funcionarios del gobierno
colombiano, principalmente al presidente Ernesto Samper. Esta medida adoptada
por la administración norteamericana demuestra una vez más la intervención de
Estados Unidos en los asuntos internos de los países de América Latina. Esa
política de intervención también se vió reflejada al no conceder la
certificación a Colombia en la lucha al narcotráfico por dos años consecutivos,
eximiendolo de las sanciones que sufrió al otorgarle la certificación
condicionada por razones de seguridad nacional pasado los años de descertificación.
La
política norteamericana de aplicar leyes internas al ámbito internacional,
reclamando jurisdicción cada vez que considera que un crimen le impacta, ha
sido otra de las formas de intervención de que hace gala. El tratado de
extradición signado por Estados Unidos y Colombia desde 1979 ha sido causa de
conflictos entre ambos países por la insistencia de los norteamericanos para
que Colombia lo cumpla, argumentando que el sistema judicial está corrompido
por los narcotráficantes y que sólo mediante la extradición de los delincuentes
a su país se podrá hacer justicia. De hecho, se dieron extradiciones de narcos
colombianos a Estados Unidos, los cuales habían cometidos ilícitos comprobados
en ese país, sin embargo en su afan de gran policía presionaba para que todos a
quienes solicitaba fueran extraditados, sin reunir los requisitos legales para
tal efecto, exacerbando a la opinión pública colombiana y desatando represalias
violentas por parte de los narcotráficantes, polarizando más la situación de
violencia y agudizando la problematica política del país sudamericano. En 1999,
se dieron casos de extradición de narcotráficantes colombianos a Estados
Unidos, tal vez en aras de crear un mejor ambiente político previo a la
presentación del Plan Colombia, con el cual los Estados Unidos tendran una
mayor inherencia en aspectos del control de las drogas en territorio colombiano
y no se descarta su participación en el combate a las guerrillas ya que no se
pueden disociar del narcotráfico. La Casa Blanca ha reiterado que su intención
no es la de desarrollar un “plan piloto” a ser probado en Colombia a fin de,
sin intervenir directamente en la problematica regional, equipar a los
ejércitos del área para intervenir en casos necesarios en la solución de
conflictos internos. Sin embargo, tomado el narcotráfico como un elemento de
presión de la Casa Blanca sobre los países latinoamericanos, la estrategia de
Estados Unidos descansa en el concepto de colombianización: no tanto de los
perfiles negativos de la descomposición social y política por la presencia de
los cárteles de la droga en la vida cotidiana,sino por el hecho de que Colombia
le entregue a Washington el control total de la política antidrogas.
México
representa otro estudio de caso en cuanto a las relaciones bilaterales en el
ámbito del combate a las drogas con su vecino estadounidense, por sus efectos
en que se ha visto lesionada la soberanía mexicana, para ello daremos cuenta de
hechos relativamente recientes, como a continuación se establecen: “la
operación Casablanca” dada a conocer por el Departamento del Tesoro y de
Justicia de los Estados Unidos el 18 de mayo de 1998, en la cual acusaron a
tres grandes bancos mexicanos, y a funcionarios de 12 de las 19 principales
instituciones financieras mexicanas de haber lavado 85 millones de dólares para
los cárteles de Juárez y Cali, en la más grande investigación sobre blanqueo de
dinero producto de las drogas, según externaron los secretarios de esas
instituciones estadounidense. La investigación fue realizada a partir de 1995
de manera muy “cerrada” sin que el gobierno mexicano fuera notificado por
Washington. Como resultado de esa operación fueron arrestados veintidos
funcionarios bancarios mexicanos (de bajo nivel dentro de las instituciones
bancarias ), en Los Angeles, California y en Las Vegas, Nevada mismos que
previamente fueron “invitados” por personal encubierto de las agencias de los
Estados Unidos, a pasar un fin de semana con todo los gastos pagado a dichos lugares.
La Operación Casablanca,
produjo una crisis en las relaciones bilaterales en virtud de la accion
unilateral de los Estados Unidos, ante la flagrante injerencia presuntamente
efectuada por agentes de la DEA en territorio mexicano, misma que fue
violatoria de la soberanía mexicana, que demostró como el gobierno
estadounidense puede proceder con absoluta independencia de sus compromisos con
México y desdeñar los aspectos de alianza y apoyo mutuo concertados en
múltiples acuerdos. Los impactos negativos que las investigaciones sobre lavado
de dinero tuvieron en la economía mexicana se manifestaron en una fuerte caída
de las acciones de los bancos mexicanos y la leve depreciación de la moneda. La
postura de México con relación al suceso la estableció el Presidente Ernesto
Zedillo en un discurso pronunciado en un acto oficial, al afirmar que no se
puede aceptar transgresiones a la soberanía, pues ésta no se negocia. También,
que no se puede admitir que en aras de cumplir leyes, otros países realicen
actos abiertos o encubiertos que violen la jurisdicción internacional. Ante
cualquier acto, de manera deliberada o por negligencia, que amenace la
soberanía, se responderá con los medios que da el derecho y la diplomacia y con
la autoridad moral de una nación de principios firmes e irrenunciables. México
está convencido –agregó- de que la cooperación implica respeto a la soberanía y
a la observancia de las normas del derecho internacional; los atropellos a la
soberanía son inadmisibles, como cualquier vulneración de las leyes que atente
contra las normas de la cooperación internacional.
Las palabras del mandatario
mexicano, constituyeron la rúbrica a una oleada de indignación nacional
ocurrida tras el anuncio de la citada operación Casablanca, que con muy magros
resultados ( $ 35 millones de dólares asegurados), fue anunciada con gran pompa
publicitaria. Las palabras del presidente Zedillo y las notas diplomaticas
cursada por el gobierno mexicano, hizo comprender a su contraparte
estadounidense que no se estaba dispuesto a seguir tolerando el abuso de la
cercanía geográfica. La procuradora estadounidense Janet Reno, señaló que no se
trataba de acusar al sistema bancario mexicano, sino a empleados corruptos que
cometieron los delitos y que lo sucedido de ninguna manera debe verse como una
incriminación a México. En Estados Unidos existe un perceptivo olfato sobre
cuestiones de opinión pública. La airada reacción producida en México fue la
consecuencia de una manera de actuar prepotente, despreciativa de tratados y de
todas las normas de la cooperación bilateral. Pero aún más, hizo sospechar a
muchos que que detrás de todo había presiones políticas e intento de
apoderamiento de los paquetes accionarios de la banca mexicana. Ahora bien, eso
no quiere decir que se tenga que cegar a los pecados de establecimientos financieros
mexicanos. Pero la manera en que actuó Estados Unidos y sus repercuciones a
nivel mundial, causó un gran daño a la imagen del país azteca.
Las acciones establecidas en
los convenios bilaterales para la lucha contra las drogas entre México-Estados
Unidos, se ha visto plegado de incidentes que han afectado la soberanía de
México, en la lógica geopolítica de dominación de los Estados Unidos, un hecho
ocurrido el 29 de noviembre de1999 en Ciudad Juárez, Chuhuahua puede servir de
ejemplo. En dicha ciudad se encontraron a 65 agentes estadounidenses realizando
labores sin esperar a que las autoridades mexicanas estuvieran en el lugar del
supuesto narcocementerio que según la DEA un informante les había proporcionado
esa información. El hecho que después fue asumido como parte de la cooperación
con autoridades de México por el Procurador General de la República, le sirvió
a los Estados Unidos para tratar de demostrar que México no es capaz de luchar
con efectividad contra el narcotráfico, que este sigue creciendo y que el
aumento de la presencia estadounidense en dicho país es una necesidad
norteamericana. El caso de los narcocementerios desató una campaña de
desprestigio en contra de México, ya que los medios de comunicación en Estados Unidos dieron un tratamiento
incendiario al asunto, creando un daño, a largo plazo, a la imagen de ese país,
al calificarse lo sucedido como “el peor desastre de relaciones públicas que
golpea al citado país en años”. El caso guarda importancia por que tiene todos
los elementos de que fue preparado, ya que como resultado de la reunión
bilateral del Grupo de Contacto de Alto Nivel celebrada en Washington, el
gobierno mexicano decidió dar por concluida la cooperación militar con Estados
Unidos. Así mismo devolvieron los helicopteros UH-1H Huey que habia recibido
para la lucha contra las drogas en virtud de que desde su recepción se
determinó el mal estado en que se
encontraban, aunado a la serie de requisitos impuestos para su operación, destacandose
la supervisión por parte de personal de los Estados Unidos en territorio
mexicano. El mismo día en que se dió a conocer el descubrimiento de los
narcocementerios, el periodico “The Washington Post” publicó como noticia
principal un reporte sobre el aumento del flujo de drogas de México a Estados
Unidos.Y al día siguiente, aún con información parcial sobre la veracidad de
las sospechas del número de cadaveres enterrados clandestinamente, el
presidente Clinton habló del “horror” del narcotráfico criminal en México y
comparó a México con Colombia. Pocas veces un presidente de Estados Unidos
utiliza precipitadamente un incidente salvo cuando quiere dejar sentado una
tesis de seguridad nacional. El 4 de diciembre en el programa “One on One” de
John McLaughlin se utilizó el caso de los narcocementerios para cuestionar la
integridad política del presidente Zedillo y para insistir en su vinculación
personal con el narcotráfico debido a que no procesó a ninguno de los
integrantes de la lista negra de 18 políticos mexicanos presuntamente señalados
por Estados Unidos como relacionados con el narcotráfico. Esta lista fue
entregada, dijo McLaughlin, a Zedillo el día de su toma de posesión.
En el fondo, con el caso de
los narcocementerios la principal violación de la soberanía se puede establecer
en la geopolítica. Estados Unidos, intentó demostrar que México no está
capacitado para combatir el narcotráfico, que las drogas en Estados Unidos
pasan por México, que la corrupción es el principal problema y que debe
aumentar su presión para supervisar dentro de México los programas de lucha
contra el narcotráfico.Esta sería, en realidad, la verdadera colombianización
de México: Estados Unidos a cargo de la lucha mexicana contra el narcotráfico.
La politización que hacen
los Estados Unidos de la lucha contra el narcotráfico para ejercer presión en otros países como México, acusandolo de
la gravedad del problema en lugar de adoptar una actitud razonable aceptando la
realidad tal como es, de que son ellos, finalmente quienes hacen posible que se
mantenga firme la cadena productiva del narcotráfico, y nunca se ha sabido que
las autoridades estadounidenses hayan dado algún golpe demoledor contra los
grandes capos que movilizan y venden toneladas de estupefacientes entre sus más
de 20 millones de adictos. De ahí que cause asombro la firmeza con la que el
embajador de Estados Unidos en México Jeffrey Davidow afirmó en una conferencia
con ex alumnos de la Universidad de California, en el Club de industriales de
la capital mexicana que “ las sedes del mundo del narcotráfico ya están en
México. Añadiendo que los “dueños y gerentes” más importantes del narcotráfico
son mexicanos, colombianos, dominicanos y rusos. Rechazando que en Estados
Unidos operen narcomafias poderosas.
Intromisiones como la
descrita se estan volviendo sistematicas, incrementandose en los meses previos
al proceso de certificación y para capitalizar coyunturas que les otorgen
elementos de presión para lograr sus objetivos. Las exigencias de Washington,
cada vez más estrictas, pretenden que se le resuelva el problema incontrolable
por ellos en su territorio. Siendo sus demandas intervencionistas y vulneran la
soberanía de los Estados. México por ser considerado en Washington un país
esencial para la seguridad de esa nación le puede conducir a injerencias
crecientes y a una confrontación política tal vez dañina para el cada vez mayor
comercio bilateral tan beneficioso para ambos países.
La Certificación implementada por los Estados
Unidos.
Por otra parte, se hace
menester señalar el potencial conflictivo del problema de las drogas en la
relación bilatera México- Estados Unidos que ha sido claro a lo largo de la
historia, sin embargo el Congreso estadounidense realiza evaluaciones
unilaterales o certificaciones del esfuerzo de México y otros países para combatir
el narcotráfico, así como ha buscado promover la aplicación extraterritorial de
la ley al combatir el narcotráfico. Por ello, en las discusiones sobre la
cooperación antidrogas, tanto en el ámbito bilateral como en el multilateral,
el gobierno de México insiste en la validez de los principios de la igualdad de
los estados y el repeto a la soberanía y las leyes de cada nación. La certificación como
procedimiento pensado para presionar a los gobiernos para que colaboren
intensamente en la lucha norteamericana contra el narcotráfico, so pena de
recibir algunas sanciones de tipo económico, ha impactado a México ya que cada
año es victima de las presiones por parte de los Estados Unidos lo cual lesiona
las de por sí dificiles relaciones entre ambos países, provoca que ambos se
culpen mutuamente del problema, y genera un ambiente que en nada contribuye en
mejorar la cooperación bilateral en esta materia. En un balance general,
parecería que la certificación en realidad obstruye, en lugar de impulsar la lucha
contra el narcotráfico, además de ser un motivo de constantes fricciones y
recriminaciones entre los países involucrados.
Los principales argumentos que se han esgrimido para negar la certificación a México y que hasta la fecha no se ha concretado quedando solo en presiones desestabilizadoras como las siguientes: que sigue siendo un importante punto de tránsito para la cocaína procedente de Sudamérica hacia Estados Unidos, así como un importante productor de heroína y marihuana; que produce o importa muchos de los precursores químicos para la producción de drogas ilícitas, y que las organizaciones mexicanas del narcotráfico controlan la distribución de metanfetaminas; que México es un punto de elección para el lavado de dinero procedente del narcotráfico. Las razones de este tipo en realidad no reflejan la falta de disposición del gobierno mexicano para luchar contra los capos, sino la fuerza de éstos, lo cual no es su culpa (o de ningún otro), sino de las características de esta rentable industria y sus exhorbitantes utilidades. También es resultado, como mucho se ha dicho, de la involuntaria cercanía geográfica con el principal mercado de estupefacientes. Esgrimir estas razones es confundir causas y consecuencias. Sin embargo existen algunas otras razones que en principio sí apelarían a la responsabilidad del gobierno de México en los altibajos resultados alcanzados en esta lucha, tales como que el gobierno mexicano ha rechazado muchas solicitudes para extraditar sospechosos de estar vinculados con el narcotráfico, en alguna de sus múltiples facetas y que no ha sabido tomar medidas adecuadas contra la corrupción, y en los últimos años una serie de funcionarios de alto nivel han sido acusados de corrupción vinculados con el narco. En realidad, tales argumentos hablan, de nuevo, del enorme poder corruptor de las organizaciones criminales, lo que lleva a suponer no tanto que el gobierno no haya sabido evitarla, sino que no ha podido hacerlo, que es muy distinto.
Como una nueva faceta de su unilateral lucha contra el narcotráfico, Estados Unidos empezará a aplicar a más tardar el 1 de junio del 2000, la “Ley para la designación de narcotraficantes extranjeros significativos”, mejor conocida por sus siglas en inglés como FNDKA11. Esta nueva legislación será un auxiliar para la certificación que anualmente realiza Estados Unidos contr los países productores de drogas o que sirven de tránsito para que la cocaína, heroína y drogas sintéticas lleguen hasta los consumidores estadounidenses. La citada ley fue aprobada el 3 de diciembre del año pasado por el presidente Clinton y el Congreso de Estados Unidos, y cuyos efectos se conocerán a mediado de este año, cuando aparezcan en una lista elaborada por las agencias dedicadas a la lucha contra el narcotráfico de ese pís, los nombres de personas y empresas extranjeras sospechosas de mantener alguna asociación con bandas del narcotráfico o presuntamente participar en la triangulación de dinero ilícito para “lavarlo”. Lo más grave de esa ley, es que sin juicio previo y contra todo principio del derecho, Estados Unidos acusará y sancionará, sin acudir a ningún tribunal, a cualquier extranjero que por simple sospechas, intrigas, suposiciones o hasta errores, se presuma que tiene vínculos con operaciones ilícitas. Las sanciones serán hasta de 10 años de prisión, multas por 10 millones de dólares y bloqueo de propiedades y cuentas bancarias que se ubiquen en Estados Unidos. Más allá, sin embargo, de las censurables unilateralidad y antijuricidad de la nueva ley estadounidense, y más allá incluso del injustificable estado de indefensión en que deja a los ciudadanos extranjeros con vínculos económicos de cualquier indole y magnitud con Estados Unidos, se encuentra la aún más injustificable y censurable ideología de gran potencia que exhibe el gobierno de esa nación, la que se traduce en la más amplia falta de respeto a países y gobiernos.
Según escribió Oppenheimer en un articulo períodistico12 : “ Hasta ahora, la mayor parte de las criticas contra el proceso de certificación anual venía de los demócratas de centroizquierda y los moderados, quienes –junto con prácticamente todos los países latinoamericanos- argumentaban que la evaluación unilateral de Estados Unidos es un ejercicio de arrogancia política por parte del principal consumidor de drogas del mundo”.
Gobernabilidad y soberanía. Cuando el narcotráfico y sus delitos conexos, promovidos por intereses no estatales penetran las estructuras de la política, la economía y la sociedad no resulta dificil entender que la soberanía se puede ver subvertida, sin embargo la lucha contra este flagelo no sólo ha degradado aparatos de impartición de justicia, sino que los ha distraido, por así decirlo, de sus múltiples tereas, lo que ha dado lugar a la aparición de nuevos problemas. Lo anterior ha sucedido sin que se hayan logrado avances significativos en el abatimiento del mercado ilegal de drogas. Ante la desigualdad financiera y organizativa de los aparatos de seguridad e impartición de justicia, a la lucha gubernamental responden los narcotráficantes con la intensificación de las acciones de soborno, corrupción, terror, amenaza intimidatoria, agresión y asesinato. Sus principales blancos son políticos, periodistas, jueces, altos funcionarios de la justicia, policías, militares, dirigentes y cuadros de organizaciones sociales y políticas. Se perfilan como desafíos a la legitimidad y efectividad de las autoridades, a la soberanía y a la seguridad del estado. El poder financiero del narcotráfico lo convierte en una amenaza no sólo para la estabilidad democrática sino para el correcto funcionamiento de las propias instituciones democráticas. El narcotráfico puede financiar tanto guerrillas como partidos políticos.
Las fuerzas de seguridad pública en muchos países ha sido revasada por el narcotráfico, incrementandose la gravedad de la violencia, poniendo en riesgo la gobernabilidad, requiriendose la participación de las Fuerzas Armadas para coadyuvar en su combate, sin embargo se han manifestados problemas de corrupción en algunos de sus miembros lesionando a las instituciones castrenses como garantes de la soberanía y la defensa nacional, creando inquietudes en la sociedad al contemplar que el último reducto de lucha sea penetrado por el poder corruptor del narcotráfico, quedando a merced de sus aviesos intereses. Muchos Estados han considerado al narcotráfico como una amenaza a su seguridad nacional, con lo cual se justifica la intervención de las Fuerzas Armadas, pero también hay que estar conciente de las presiones de que son objeto los países en el plano de los acuerdos bilaterales y multilaterales para lograr resultados en la lucha contra las drogas, sobre todo en los ámbitos de la intercepción y errradicación, lo cual hace necesario la participación de las Fuerzas Armadas dada la infraestructura con que cuenta y los recursos humano de que dispone.
En la lucha contra el narcotráfico se han presentado casos que lesionan la soberanía de los estados, como el de intercepción marítima que ayudaron a estropear las relaciones de los Estados Unidos con Jamaica y Barbados entre la primavera de 1996 y el verano de 1997, afectando la cooperación contra las drogas13. La insistencia de los Estados Unidos por realizar sobrevuelos de sus aéronaves en los espacios aéreos de otros estados ha creado presiones políticas, sobre estos estados, con el argumento de que no se quiere combatir el tráfico de drogas.
Por otra parte hay que considerar que es determinante la capacidad fiscal
del Estado para extraer los recursos para hacer políticas públicas, constituyendose
en uno de los grandes desafíos que tiene el estado en la economía global. En la
medida en que existe la posibilidad de desplazar capitales y establecer sedes
de empresas en paraísos fiscales, la contabilidad interna de muchas empresas
multinacionales y de muchos bancos es prácticamente imposible de controlar por
muchos Estados. Sobre todo por estados de menor capacidad técnica o económica.
Entonces, sin contar la enorme cantidad de economía informal y economía
criminal que por definición escapa al estado, y sin contar los fraudes fiscales
masivos que se producen en todo el mundo, hay también una incapacidad creciente
de los Estados para controlar la contabilidad de las empresas. Si a esto
añadimos la estrategia neoliberal de reducir la base fiscal del Estado, se está
en una situación en la que a los Estados se les pide cada vez más pero tiene
cada vez menos con que cubrir esas necesidades y, por consiguiente, estan en
una situación más de incitar y negociar que de decidir y ordenar.
En la lucha contra el narcotráfico, se presentan controversias en su
desarrollo, por lo que se hace
imperativo que quienes formulen y ejecuten las políticas antidrogas
deben tener en mente no lesionar la soberanía de los estados ya que esto podría
socavar el esfuerzo. Los Estados latinoamericanos en sus alianzas de
cooperación tienden a preocuparse de la posibilidad de verse lesionados en su
soberanía por acciones enmarcada en el combate contra el flagelo. Por ello
frecuentemente demuestran una extrema sensibilidad en cuanto a la soberanía,
por lo que se debe ser cuidadoso en la implementación de las tácticas y
estrategias contra las drogas.
Conclusiones.
El problema de las drogas no ha sido asumido
equilibradamente privilegiandose las acciones sobre la oferta y sus efectos, y
no sobre la demanda y otras causas concurrentes, tanto en Estados Unidos y
otros países desarrollados, así como en los países productores y de tránsito.
La transnacionalización desgasta la distinción entre
países productores, de transito y consumidores, afectandolos por igual, al
integrarlos en una relación de interdependencia y comunidad en la desigualdad.
El narcotráfico penetra y opera con relativa
impunidad en un buen número de países simultaneamente, su mimetismo es una de
sus fortalezas más inexpugnables y más estratégicas.
La nueva tecnología sirve al crimen organizado para enmascarar sus acciones mediante el uso
de transferencias financieras electrónicas, acceso a internet y equipo de
comunicación, con lo cual mueven imperios económicos
El tamaño, envergadura y eficacia de las
organizaciones criminales, reducen las posibilidades y logros de la lucha
contra el narcotráfico que es asumida por los gobiernos de muchos países.
El tráfico de drogas contribuye al debilitamiento
del Estado, desde su interior y desde su exterior. En lo interno, crea o
refuerza los factores que erosionan al Estado a través del peso y de la
presencia en la economía, la política y sociedad. En lo externo, contribuye a
la transferencia de los centros y
poderes de decisión hacia afuera de las fronteras de los Estados; reduce
o desvirtúa sus capacidades para la acción nacional y para la internacional;
vuelve porosa o irrelevante las fronteras de los países; desafía o impugna la
noción clasica de soberanía y pone en tela de juicio la seguridad nacional.
La lucha contra el narcotráfico como fenómeno
transnacional ha implicado el establecimiento de políticas de cooperación
internacional y de un esfuerzo integral para su combate.
La estrategia de combatir la oferta implementada por
los Estados Unidos, ha sido fallida, no obstante los recursos empleados,
llevandolos a imponer programas de cooperación binacional sin tomar en
consideración los intereses nacionales del otro país, basandose en la premisa
de que su gobierno supervise, juzge y sancione en forma unilateral.Presionando
a los gobiernos latinoamericanos, perturbando las relaciones y
desestabilizandolos, en detrimento de la soberanía.
El concepto de soberanía basado en el modelo del
Estado del sigloXVI, que establecía como prerrequisito, la independencia, la
autosuficiencia, la delimitación geográfica, la impermeabilidad territorial y
la independencia política, practicamente han desaparecido, salvo para países
como Estados Unidos y algunos países de Europa.
El surgimiento de actores transterritoriales es el
factor que pone en tela de juicio no tanto el concepto mismo de la soberanía,
sino su extensión y su eficacia.
Los países con escasos recursos para controlar los
flujos globales de capital, de tecnología, los medios de comunicación o
internet, sólo les queda apelar al respeto de los principios establecidos en
las normas internacionales.
Las fuerzas supranacionales tienden a una
asimilación que uniforma valores y estilos de vida con poca sensibilidad a las
especificidades historicas y culturales de las naciones, perdiendo la soberanía
en gran medida su significado.
La voluntad de los Estados se ha debilitado ante un
escenario desintegrador como es el de la globalización, que intenta quebrantar
el concepto de soberanía prevaleciente hasta el momento en la cultura política
de las elites dirigentes de los países en vias de desarrollo.
La lucha contra el flagelo del narcotráfico y sus
delitos conexos ha repercutido en la soberanía de los Estados por la connotación
que ha cobrado de transnacional y por la diversidad de acepciones y de
aplicaciones que tiene como concepto.
Las leyes contra el narcotráfico de los países
involucrados en su combate guardan aspectos no coincidentes, lo cual favorece a
los narcotráficantes; la inadecuada observancia del derecho internacional; la
falta de concenso en asumir al narcotráfico como un problema de seguridad
nacional por parte de los países afectados y sobre todo la falta de confianza
provocada por acciones unilaterales en la aplicación de los acuerdos
binacionales en la lucha contra las drogas a nivel internacional, es fuente de
presiones políticas y económicas que lesionan la soberanía de los Estados.
La soberanía de los Estados ha sido transgredida, en
aras de cumplir leyes,otros países han realizado actos abiertos o encubiertos
que violaron la jurisdicción internacional.
La certificación que implementa los Estados Unidos
como procedimiento para presionar a los gobiernos para que colaboren en la
lucha conta el narcotráfico, obstruye, en lugar de impulsar la lucha, además
genera fricciones y recriminaciones entre los países involucrados.
Los Estados Unidos han tomado la lucha contra el
narcotráfico como un elemento de presión sobre los países latinoamericanos,
descansando su estrategia en el concepto de colombianización: no tanto de los
perfiles negativos de la descomposición social y política por la presencia de
los cárteles de las drogas en la vida cotidiana, sino por el hecho de que los
Estados involucrados les entreguen el control total de la política antidrogas.
Las intromisiones realizadas por los Estados Unidos
al aplicar leyes internas al ámbito internacional, reclamando jurisdicción cada
vez que considera que un crimen le impacta ha generado crisis en las relaciones
bilaterales al proceder con absoluta independencia de sus compromisos en la
lucha contra el narcotráfico.
Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas. (CICAD).
Introducción.
Los países del hemisferio,
en las proximidades del siglo XXI, convencidos de la importancia de los esfuerzos desarrollados por nuestras naciones para hacer frente a los problemas
ocasionados por el uso indebido, la producción , tráfico y distribución
ilícitos de drogas y sus modalidades conexas; al mismo tiempo admitiendo que es
imperativo modernizar y mejorar las estrategias y acciones relacionadas con
esta materia, han decidido la formulación de la presente Estrategia Antidrogas,
la cual se aplicará sobre las bases de los siguientes términos:
1. El problema de las drogas, que ha venido adquiriendo creciente importancia en el mundo, se manifiesta de manera compleja cambiante y tiene un enlace global.
2. Los problemas del uso indebido, la demanda de
drogas, la producción, el tráfico y la distribución ilícita de drogas,
incluidas las drogas sintéticas o de “diseño,” siguen siendo graves e
interrelacionados. Motivo de especial preocupación son las negativas
consecuencias que conllevan las drogas ilícitas y demás sustancias controladas, así como los delitos conexos,
en la medida que constituyen una seria amenaza para la salud e integridad de
las persona humana y para el normal desarrollo de los pueblos, al tiempo que
imponen enormes costos sociales, económicos
y políticos a los Estados. También merecen atención el uso indebido de
sustancias psicoactivas lícitas, como el alcohol, el tabaco,los psicofármacos y
los inhalantes, que son comprobadamente peligrosos para la salud.
3. Los paises del hemisferio manifiestan su
preocupación por las tendencias que favorecen la aceptación del uso indebido de
drogas, en consideración a los graves problemas que son inherentes a dicho uso.
El control de las drogas ilícitas debe
ser parte de una política integral que, además de prevenir el consumo y
contribuir a la rehabilitación de los afectados, asegure por medio de la
legislación adecuada, la no disponibilidad de estas y la correspondiente sanción a los responsables de las
actividades ilícitas.
4. Los Estados del hemisferio reconocen, ante la
complejidad y globalidad del problema, la necesidad del fortalecimiento de la
cooperación internacional y de una constante revisión y perfeccionamiento de las políticas nacionales, teniendo en
cuenta las particularidades con que se
manifiesta el fenómeno en cada país.
5. A los efectos de facilitar y dar coherencia a las
actividades antidrogas, los países del hemisferio convienen en la importancia
de la acción de las respectivas
comisiones nacionales de control de las drogas situadas a un alto nivel político cuya finalidad es la de coordinar la planificación y la
ejecución de los respectivos planes
nacionales antidrogas que incluyan, entre otras, prevención, tratamiento,
asistencia, desarrollo alternativo y aplicación de la ley.
6. La estrategia antidroga en el hemisferio
contempla el problema de las drogas desde una perspectiva global y
multidisciplinaria. Todos los paises del hemisferio reconocen que comparten la
responsabilidad de asegurar que se aborden todos los aspectos del fenómeno de
manera integral y equilibrada, teniendo en cuenta sus capacidades y recursos
nacionales disponibles. Las medidas que se sugieren se desarrollarán teniendo
presente capacidades y recursos nacionales disponibles. Las medidas que se
sugieren se desarrollarán teniendo presente el contexto socio-económico y cultural
en la cual tienen lugar y en estricta
observancia del oreden jurídico
interno de los países del hemisferio.
7. Los países del hemisferio coinciden en que la
aplicación y compatibilización de las legislaciones nacionales pertinentes, así
como la firma y adhesión de convenciones y demás instrumentos internacionales y
la celebración de acuerdos bilaterales
sobre la materia, constituyen señales irrefutables de su determinación de aunar
esfuerzos para superar este problema. Coinciden además en la importancia de
aplicar los mecanismos de cooperación internacional previstos en la Convencion de las Naciones Unidas
contra el tráfico ilícito de Estupefacientes
y Sustancias Sicotrópicas (Convención de Viena de 1988).
8. En el desarrollo de esta estrategia hemisferica,
los países reafirman el importante rol
que les corresponde a la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) como foro regional
competente. Así mismo, reconocen la necesidad de que esta estrategia se
implemente en armonía con los planes y programas de otras instituciones
multilatelares involucradas.
9. La estrategia
constituye un esfuerzo hemisferico por definir una guia con carácter recomendatorio para orientar la
cooperación, que permita a nuestros países adoptar un conjunto de medidas y
acciones que, al ser llevados a la práctica, fortalezcan los esfuerzos
nacionales.
10. En la implementación de esta estrategia,los Estados reafirman su compromiso de respetar los principios del derecho internacional en particular los de soberanía nacional, integridad territorial y no intervención en los asuntos de los Estados.
11. Los países del hemisferio reconocen que el uso
indebido de drogas constituye una grave amenaza a la vida y la salud, no sólo
de quienes las consuma, sino también para la comunidad en general .La forma en
que ha evolucionado este problema demuestra que la reducción de la demanda debe
ser un componente clave de las políticas para hacer frente al problema.
12. La demanda sigue siendo una poderosa fuerza que
impulsa la producción y el tráfico de drogas. Cada país de la comunidad global
tiene la responsabilidad de abordar el tema de la demanda y disminuir este
incentivo. Los países del hemisferio reconocen la necesidad de continuar
considerando la reducción de la demanda como una prioridad de la política
antidrogas, que comprenda programas integrales de reducción de la demanda y de
aplicación de la ley.
13. Entre otros elementos escenciales de los
programas integrales de reducción de la demanda, se consideran, la
investigación, la prevención,el tratamiento, la rehabilitación, la reinserción
social, el desarollo de programas, la educación, la capacitación, la acción
comunitaria, la elaboración de políticas y la aplicación de medidas orientadas
a crear una mayor conciencia social en contra del consumo de drogas y alentar a
quienes no consumen para que lo hagan.
14. Los programas nacionales de reducción de la
demanda tendrán en cuenta las condiciones culturales,sociales y económicas de
los grupos de población a los cuales se
dirigen. De igual forma fomentarán el diálogo con instituciones de enseñanza e
investigación y con organizaciones no gubernamentales, a fin de lograr una
mejor comprensión de las tendencias y manifestaciones del problema de la
demanda de drogas y su evolución en el tiempo, así como la posibilidad de
emplear criterios científicos para medir los resultados de las estrategias
desarrolladas.
15. Tambien deberían considerar la promoción de
espacios de participación ciudadana, la difusión sobre los efectos nocivos del
consumo de drogas a través de los medios masivos de comunicación y el
tratamiento y la rehabilitación de drogadictos, así como otras medidas
alternativas. Los países podrán
solicitar asistencia a la OEA/CICAD y al PNUFID para el desarrollo de programas
y estrategias de reducción de la demanda, así como para el desarrollo de
sistemas de base científica que les permita conocer las dimensiones y
tendencias del fenómeno de la demanda y evaluar los resultados de las
estrategias adoptadas.
16. En tal sentido, los países fortalecerán sus
programas de educación preventiva para
reducir el consumo, los niveles de dependencia y las consecuencias del uso de
drogas. La elaboración de programas de prevención depende de una estrecha
colaboración de consulta y asociación con la comunidad. Dichos programas
estarán especialmente dirigidos a los grupos de altos riesgo.
17. La recolección, el análisis y la difusión de
información son componentes importantes de la reducción de la demanda y sirven
para identificar los grupos de alto riesgo, sus características y necesidades, los obstaculos a la
prevención y el tratamiento y las tendencias emergentes.
18. El tratamiento de y la rehabilitación
proporcionan a los consumidores de drogas los medios necesarios para romper con
el uso indebido y vivir vidas más libres,saludables y productivas, y constituyen
un deber ético de la sociedad en general.
19. Cada país deberá realizar un esfuerzo especial
para compartir con otros su experiencia y conocimientos en este campo con el
fin de optimizar los programas de reducción de la demanda en el hemisferio.
Reducción de
la oferta.
20. En esta estrategia integral y equilibrada de reducción de la oferta, los
países del hemisferio reconocen que su acción se orientara a hacer frente a
todas las categorias de drogas, es decir, las de origen natural, las sintéticas
y las sicoactivas de uso farmacéutico, estas últimas que devienen en ilícitas
al ser desviadas de sus propósitos.
21. Los Estados reconocen que la oferta ilícita de
drogas, tanto de origen natural como sintético, constituye otro problema
esencial en el hemisferio que exige la adopción y el perfeccionamiento de
medidas destinadas a eliminar su disponabilidad. En el caso de las drogas de
origen natural, podrian aplicarse medidas integrales, como el desarrollo
alternativo, y de aplicación de la ley para suprimir su producción y tráfico. Estas medidas se aplicarán
respetando las condiciones y circunstancias particulares de cada país . La
determinación, definición y aplicación de las mismas serán responsabilidad
exclusiva de cada Estado, conforme a sus programas nacionales y sus
ordenamientos jurídicos internos.
22. Los países del hemisferio reconocen en el
desarrollo alternativo un componente de importancia para generar y
promover opciones económicas licítas,
viables y sostenibles que posibiliten la superación de los factores que
condicionan el fenómeno y que llevan a la oferta ilícita de drogas.
23. En la ejecución de los programas de reduccion de
la oferta, los países brindarán especial atención a la variable ecológica del
problema que permita una adecuada protección del medio ambiente.
24. Los países del hemisferio destacan la
importancia de adoptar medidas de fiscalización de psicoactivos de uso
farmacéutico y coinciden en la necesidad de fortalecer los órganos responsables
de su aplicación , así como en la eliminación de la producción de aquellas sustancias
que no cumplan con una finalidad terapéutica.
25. Los países del hemisferio reconocen la necesidad
de eliminar la producción indiscriminada de sustancias psicoactivas de uso
farmacéuticos que no guarden relación con las necesidades terapéuticas . Esta
medida coadyuvará a una mejor aplicación de la fiscalización sanitaria.
26. Los países del hemisferio están dispuestos,
de conformidad con sus capacidades, a
cooperar con medios técnicos y económicos para que estos programas resulten
efectivos y permitan a la Región cumplir con sus objetivos en pos de resolver
el problema de la oferta ilícita de drogas. De igual manera, continuarán
buscando el apoyo de otros países y organizaciones internacionales para ampliar
y fortalecer el desarrollo de dichos programas.
Medidas de
control.
27. El demantelamiento de las organizaciones
delictivas y sus redes de apoyo debe ser otro de los objetivos clave de las
iniciativas que tomen los países del hemisferio contra el tráfico ilícito de
drogas y delitos conexos . La aplicación de las ley respecto de los agentes, los instrumentos y los
beneficios derivados de la actividad delictiva son eficaces disuasivos de la
participación en esta actividad ilícita.
28. Los países del hemisferio intensificarán sus
esfuerzos para intercambiar información
y recabar las pruebas y evidencias que faciliten el enjuiciamiento y
condena de los dirigentes y démas miembros de las organizaciones criminales y
sus redes de apoyo , en el marco del pleno respeto del debido proceso.
29. Los países del hemisferio reconocen que se debe
otorgar prioridadal desarrollo de sus sistemas jurídicos , recordando en
especial la índole compleja del problema del tráfico ílicito de drogas y
delitos conexos. Asimismo reconocen la necesidad de adoptar mecanismos
jurídicos que contribuyan a armonizar las respectivas legislaciones nacionales
y los procedimientos de investigación y recolección de pruebas.
30. Los países del hemisferio reconocen la
importancia de contar con sistemas judiciales modernos para una estrategia
eficaz contra el problema del tráfico ilícito de drogas y delitos conexos y la
necesidad de contar con procedimientos de extradición adecuados.
31. Los países del hemisferio expresan que le
control al desvío de precursores y químicos esenciales es una de las
estrategias más eficaces y eficientes de que se dispone para enfentrar el
problema de las drogas. Por ello, es necesario establecer y reforzar los
mecanismos internos de control de precursores y químicos esenciales , de
acuerdo con las disposiciones de la Convencion de Viena de 1988 y conforme al
Reglamento Modelo para el Control de Precursores y Sustancias Químicas ,
Máquinas y Elementos de la CICAD. Con preocupación verifican el surgimiento de
nueva sustancias químicas utilizadas en la elaboración y producción de drogas
debiendo cada uno de ellos actualizar sus listas de sustancias químicas
controladas cuando fuere necesario. Asimismo los países del hemisferio
reconocen la importancia de contar con acuerdos de cooperción que permitan prevenir
y controlar el desvío de precursores y químicos esenciales frecuntemente
utilizados en la fabricación de drogas , teniendo en cuenta las nuevas
tendencias de desvío que se fueren detectando.
32. Los países observan que la aplicación de
legislaciones y procedimientos
compatibles promueven una mejor cooperación entre países exportadores e
importadores de sustancias químicas. Es preciso fortalecer la cooperación en
materia de controles transfronterizos sobre químicos esenciales y precursores.
33.Los países del hemisferio animan a la OEA/CICAD
que promueva la cooperación destinada al control de estas sustancias, e
incrementen la capacitación en esta materia, incluso en colaboración con la
Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes y demás organismos
internacionales pertinentes.
34.Los países del hemisferio reconocen los progresos
alcanzados para establecer controles más estrictos tendientes a impedir el
movimiento de dinero y bienes provenientes de actividades ilícitas y facilitar
el decomiso de activos con ellas relacionadas. En ese sentido resulta necesario
que los países implementen medidas con el objeto de evitar que las
organizaciones delictivas encuentren mecanismos para legalizar el producto del
delito.
35. Para el logro de este objetivo resulta necesario
que los países se comprometan a efectuar una cooperación hemisférica efectiva,
tanto en la esfera de la OEA/CICAD, como en la esfera de la Cumbre de las
Américas, tomando medidas compatibles con el Reglamento Modelo de la CICAD, con
la Declaración de Principios y Plan de Acción de Buenos Aires, y con las
futuras medidas que sean acordadas en la materia, en especial dentrodel ámbito
de la OEA o de la ONU.
36. El contrabando de drogas y de sustancias
químicas esenciales y precursores para la elaboración de las mismas, en
especial a través de puertos y en contenedores de carga, es uno de los
problemas de más rápido crecimiento a nivel internacional.
37. Los países del hemisferio reconocen que el
contrabando dedrogas, sustanciasquímicas, armas y explosivos, así como el
trasiego de activos adquiridos en forma ilícita, a través de la frontera por
cualquier medio o método utilizado para evadir la detección, constituyen un
problema grave para nuestras sociedades.
38. Los países del hemisferio reconocen además que
la implementación de programas nacionales y una efectiva cooperación
internacional, en el ámbito del intercambio de información, capacitación y la
realización de operaciones encaminadas a detectar, investigar y confiscar estos
embarques ilícitos, entre otros, son importantes aspectos de una estrategia
integral a desarrollar, respetando la soberanía y la integridad territorial de
cada país.
39. El fortalecimiento de loas medidas para el
control de armas y explosivos se halla entre las prioridades de la estrategia
hemisferica contra las drogas. Los países del hemisferio realizarán esfuerzos
para fortalecer las medidas destinadas a controlar y vigilar el comercio de
armas, municiones y explosivos, con el fin de evitar su desviación, a estos
efectos se promoverá la comunicación entre los países de origen y destino
respecto de las transacciones internacionales.
40. Los países respaldan la contínua necesidad de
contar con estadísticas sobre el contrabando de armas y explosivos y el
intercambio de información respecto a armas y explosivos decomisados para
facilitar la identificación y determinación del origen de los mismos; así como
el enjuiciamiento de los responsables de su tráfico ilícito.
APENDICE B.
Plan de acción para la implementación de la estrategia antidrogas en el Hemisferio.
Reducción de
la demanda.
1.
Encomendar
al Grupo de Expertos sobre la Reducción de la Demanda que continue examinando
la temática y que se incorporen periodicamente al Plan de Acción sus conclusiones
y recomendaciones.
2.
Establecer
un mecanismo para compilar y difundir información sobre las experiencias y los
éxitos relacionados con los programas e iniciativas de reducción de la demanda
.
3.
Preparar
estadisticas sobre consumo de drogas en los países, incluidas las drogas
ilícitas y los productos farmacéuticos lícitos.
4.
Compilar
y difundir información sobre las mejores experiencias en materia de prevencion
y tratamiento en relación con grupos especiales como los jovenes, las mujeres,
los grupos indigenas, etc.
5.
Fortalecer
su capacidad y asistir a a los países en la vigilancia de tendencias y la
promoción de investigaciones sobre el abuso de drogas, incluidas la realización
de estudios sobre el costo social y de salud que represente el abuso de
sustancias.
6.
Promover,
en las reuniones técnicas que se realicen en el seno de la CICAD sobre el
material para la elaboración de unos lineamientos claros que brinden unn
esquema acerca de los aspectos y factores con los que debe contar un programa
de prevención nacional, desde la perspectiva
conceptual y metodológica con el propósito de lograr una
estandarización interamericana,
con base en las experiencias exitosas desarrolladas hasta el momento.
Reducción de
la oferta.
7.
Asistir
en la promoción de una mayor coordinación entre los organismos /funcionarios
encargados de la aplicación de la ley y los sistemas judiciales de los Estados
miembros.
8.
Promover
y facilitar una mejor coordinación internacional en la recopilación/intercambio
de inteligencia y en las investigaciones
relacionadas con las drogas a nivel internacional.
9.
Establecer
un mecanismo para la recopilación y la difusion de informacion relacionada con
la experiencia en materia de esfuerzos y programas (incluidos aquellos de ONG).
10.
Asistir
a los Estados miembros en las presentaciones efectuadas a las instituciones
financieras internacionales (IFIS), con el fin de solicitar apoyo fianciero
para iniciativas de desarrollo alternativo.
11.
Desarrollar
un mecanismo para la verifiacación del cultivo de drogas ilícitas, el daño
ambiental y la identificación de recursos económicos para el desarrollo de
dichas zonas en los Estados miembros.
Medidas de
control.
12.
Proporcionar
apoyo y asistencia en la revisión y modificación de leyes como parte de una
armonización de la legislación y revisión judicial.
13.
Establecer
sistemas y procedimientos para el
control de precursores químicos, sin interferir en el comercio o en el uso
comercial o industrial legitimos de estas sustancias.
14.
Desarrollar
mecanismos para el control de los precursores quimicos.
15.
Promover
la colaboración y la cooperación entre países acerca del movimiento de
precursores químicos, mediante el empleo de diversos mecanismos, como
formularios y procedimientos de verificación estandarizados.
16.
Reforzar
las iniciativas de capacitación relacionadas con el control de precursores
químicos, incluida la eliminación
segura y aceptable de dichas
sustancias y la neutralización de
subproductos químicos en el medio
ambiente, con la asistencia de expertos en estos campos.
17.
Proveer
asistencia/adiestramiento en el uso de información en investigaciones y en
juicios.
18.
Crear
un mecanismo para el intercambio electrónico de información acerca de la
reforma judicial y la modernización en los procedimientos juridicos/criminales.
19.
Compilar,preparar
y difundir un compendia de legislación
modelo para la aplicacion de la ley, basada en la legalización y las
reglamentaciones modelo preparadas por
los Estados miembros, otros organos de la OEA y otras organizaciones
internacionales.
20.
Encomendar
al Grupo de Expertos sobre Lavado de Dinero que se reunan dos veces al año, y
promover en otras formas la continuidad
de su labor, encomendandole además
que trate todos los temas sustantivos relacionados con esta materia .
21.
Redoblar
los esfuerzos ante el Banco Interamericano de Desarrollo, destacando la
importancia de las recomendaciones del Comunicado de la Reunion Ministerial de
Buenos Aires y el tipo de asistencia que se requiere de la OEA para acelerar la
aprobación del financiamiento propuesto en relación con dichas recomendaciones
(con los buenos oficios del Secretario General de la OEA y los Estados
miembros).
22.
Hacer
un mayor uso de ejercicios de tipología en la labor de los grupos de expertos
(como en el Grupo de Expertos sobre Lavado de Dinero) para identificar los
métodos y formular las medidas preventivas eficaces.
23.
Promover
y estimular la cooperación hemisferica en materia de control aduanero y
marítimo entre los Estados miembros.
24.
Estimular
a los Estados miembros a que entablen un dialogo constructivo con el sector
privado con el fin de identificar mecanismos para el control de contrabando de
drogas.
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