COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA

Fuerte Lesley j. Mc Nair

Washington D.C

 

 

 

TRABAJO DE INVESTIGACIÓN ACADEMICA

 

 

 

TEMA:   LA DEUDA EXTERNA Y EL SUBDESARROLLO.

 

POR

 

 

CNEL: LUIS. ALEJANDRO. GATAS. FRANCO

EJERCITO DE VENEZUELA

 

 

 

WASHINGTON, DC. 01 MAYO 2000


PRIMERA PARTE

 

 

CAPITULO I

 

INTRODUCCIÓN:

El tema de la deuda externa de los países latinoamericanos, resulta por demás interesante conocer y analizar, toda vez que según las proyecciones que hacemos, se visualiza la imposibilidad que estos países tienen para pagar en su totalidad, dadas las condiciones de financiamiento que de acuerdo al ritmo de crecimiento económico de Latinoamérica, resulta utópico aspirar amortizar capital de la deuda significativamente, dadas las variables independientes e intervinientes que hacen del pago de la misma, una inmensa carga que arroja severas consecuencias sociales y económicas a las sociedades del continente.

En este trabajo, entre otros aspectos, daremos a conocer las razones que condujeron a los países de América Latina a contraer un endeudamiento con la banca y diversos organismos internacionales, considerando las circunstancias que se presentaron a nivel mundial de las cuales no escapamos, convirtiéndonos en víctimas de la implementación de algunas medidas impuestas por los países y organismos acreedores, sumadas a la ineficiencia de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos para hacer frente a la situación económica que hemos tenido en los últimos veinte años.

Lamentablemente, los gobernantes de turno durante la década de los setentas y ochentas, no supieron hacer frente a la situación económica con verdaderas políticas que en este sentido generaran los cambios estructurales que hacían falta para reactivar la producción nacional e incentivar las exportaciones de sus bienes y servicios, aumentando el saldo positivo de la balanza de pagos, generando superávit para inversión en planes de desarrollo interno.

En otro orden de ideas, la galopante corrupción administrativa de los gobiernos, contribuyó de manera significativa a que se despilfarraran los dineros públicos, siendo inexplicable desde todo punto de vista, que empresas del Estado a las cuales se les había inyectado una cuantiosa suma de dinero, no lograsen ganancias sino pérdidas, diluyéndose así el esfuerzo de inversión, el cual terminó siendo un burdo gasto estéril.

Pudiéramos pensar que los últimos gobiernos de los países latinoamericanos, han tenido la intención de enrumbar hacia puertos mas seguros, no obstante, existen variables que dificultan determinantemente, la implementación de medidas que definitivamente arrojen los resultados que todos ansiamos. La politiquería, se ha encargado de hacer oposición a los gobiernos de turno, solo por obedecer a los intereses partidistas, aun cuando las medidas que se quieran adoptar sean razonables dentro del marco teórico y referencial de los principios económicos. El objetivo se traduce en deslegitimar al gobierno, sin importar las consecuencias que esto traiga consigo. Como se ha dicho en algunas esferas del poder económico, al finalizar un proceso electoral, el presidente electo gana el gobierno, pero no ostenta el poder, ya que este no se transfiere sino que se mantiene en manos de los mismos dueños de siempre; ósea los llamados “ Amos del Valle”.

Por otra parte, es importante destacar que en los últimos tres años, se han presentado algunos fenómenos naturales que tristemente han provocado un importante golpe a la economía nacional de aquellos países afectados por huracanes, tornados, tormentas tropicales, volcanes y terremotos, que han generado severas inundaciones y desastres, trayendo consigo muerte y destrucción a gran escala, como fue el caso del huracán George y Mitch en los casos de Republica Dominicana, Honduras y Nicaragua; los efectos del fenómeno de El Niño en Perú y Ecuador y la reciente inundación ocurrida en Venezuela, donde se requieren miles de millones de dólares para la reconstrucción en plazos estimados en por lo menos diez años. Esta situación por supuesto, afecta de forma determinante a los planes de desarrollo de la región, debiendo atender las contingencias, dependiendo de nuevos empréstitos y de la ayuda internacional. (Esta última, aunque publicitariamente pareciera muy bondadosa, en muchos casos alcanza solo a cubrir un mínimo porcentaje de la necesidad total). El resultado final, como hasta ahora lo hemos visto, de momento seguirá siendo el aumento de la pobreza crítica, delincuencia, negocios ilícitos, corrupción, y otros males de los que pareciera no podremos librarnos en mucho tiempo, si consideramos que la educación, la salud y la defensa nacional, son algunos de los principales sectores que se ven afectados con la crisis económica - que ya no deberíamos llamar así, por el largo periodo que se ha mantenido limitando el desarrollo.


ORIGEN DE LA DEUDA EXTERNA:

 

            Podemos comenzar diciendo que el endeudamiento de los países latinoamericanos comenzó a desarrollarse en el periodo comprendido entre los años setentas y ochentas, ante una situación en la cual el Banco Mundial, Estados Unidos y otros países ricos, comenzaron a otorgar préstamos a muy bajas tasas de interés y en algunos casos con tasas negativas, para financiar importantes créditos dirigidos a sustentar las exportaciones de los deudores. Como sabemos, durante esos florecientes años, las exportaciones de América Latina por razones coyunturales proporcionaban significativos ingresos, dadas las alzas en los precios de sus productos en el mercado internacional, especialmente del petróleo como consecuencia de las crisis observadas fundamentalmente en la región del Medio Oriente. Por otra parte, para los países industrializados, era esta una forma de inyectar dinero fresco en el continente, con la idea -  entre otras cosas – de mejorar su propia balanza comercial y generar suficiente confianza para invertir grandes masas de capital de los cuales disponían.

            Lamentablemente, gran parte de esos ingresos fueron mal empleados y en algunos casos despilfarrados, sin generar cambios estructurales en las diferentes economías, de manera que fue mas el dinero que se gastó que el que se invirtió.

En 1982, a raíz del proceso de recesión económica en Norteamérica y  Europa Occidental, y por la desaceleración de la economía mundial, mas por razones políticas que económicas, la Reserva Federal de los Estados Unidos incrementa las tasas de interés, llegando casi a duplicar la tasa con que se habían negociado inicialmente los préstamos a los países latinoamericanos. Dadas las circunstancias, los países comenzaron a sentir la imposibilidad de cumplir con el Servicio de la deuda, por lo que los bancos comerciales internacionales no podían continuar concediendo préstamos a largo plazo, obligándolos a adquirir deudas a corto plazo, con tasas de interés sumamente altas, cubriendo así los déficit de sus respectivas balanzas de pago. Ante tal situación, los países deudores, careciendo de infraestructura para mantener un crecimiento y desarrollo sustentable, se enfrentan a una severa crisis financiera que obliga en algunos casos a devaluar su moneda, y a adoptar  políticas económicas que terminan por orientar en forma ascendente la curva del endeudamiento.

            Hemos aprendido que una de las formas de expresión del “poder” consiste en crear dependencia en diversos sentidos, es por ello que vemos como los países menos industrializados del hemisferio y en especial de América Latina, subyacen ante las condiciones del mercado financiero, impuestas por el FMI, Banco Mundial, así como de los Clubes de Londres y París, integrados por los poderosos bancos privados acreedores y por los gobiernos del los países industrializados respectivamente.

            En este orden de ideas, los países acreedores y los conocidos organismos financieros internacionales, dictan las pautas y normas a seguir por parte de los países deudores, sometiéndolos condicionalmente a implementar inflexibles medidas de austeridad que les asegure el repago correspondiente a Servicio de la deuda. Entre otras pudiéramos hacer mención de la obligatoriedad de legislar en materia tributaria, donde los impuestos representan una alta imposición al ingreso personal, especialmente cuando hablamos del aumento de la gasolina entre otros productos, indispensables para el consumo de la población, la cual no tiene opciones mas que pagar el alto precio. Otra de ellas constituye el alza en los precios de los bienes y servicios como teléfono, energía eléctrica, agua, gas, etcétera, donde no hay alternativas para los usuarios. A estos males debemos agregar el proceso de excesiva inflación que pareciera detenerse solo cuando damos muestra de recesión económica, y los gobiernos de manera engañosa hacer ver a la población que esta “deflación” obedece exclusivamente a acertadas medidas de controles de precios al consumidor, regímenes de imposiciones tributarias o a cualquier otra causa que políticamente les haga mantener la legitimidad que una vez tuvieron. No debemos olvidar que obligan también a redimensionar el tamaño del Estado, por lo que se observan masivos despidos en la administración publica, generando así altas tasas de desempleo y en el mejor de los casos, bajos sueldos para los que mantienen sus trabajos, resultando insuficientes muchas veces para cubrir el costo de la canasta básica que debe gozar el núcleo familiar, por lo que, los empleados públicos terminan corrompiéndose, aunque desde mi óptica no constituye esto una justificación para el hecho.

            En otro orden de ideas, este sistema de endeudamiento que tratamos, trae consigo otros mecanismos de subordinación, representados por el dominio militar1 de los fuertes sobre los débiles, la colocación de los denominados capitales golondrinas, que algunas veces llegan a representar inversiones en los países en desarrollo, pero una vez logradas las sustanciales ganancias proyectadas, son repatriados a sus países de origen en muy cortos plazos, dejando siempre una huella de desempleo en quienes vieron en estas grandes empresas una posibilidad real de trabajo que permitiera el desarrollo integral de la región donde se establecían.

            No debemos olvidar la vigencia que aún se mantiene en cuanto a la desigualdad para negociar desde el punto de vista del comercio exterior, donde los grandes y poderosos se agrupan, siendo prácticamente imposible establecer negociaciones en forma bilateral, sin tener que obedecer de manera irrestricta a las condiciones muchas veces desfavorables dictadas por las primeros. Pero eso no es todo; dada la condición humana, la población que logra ahorrar, no lo hace en el país de origen, ya que la amenaza de devaluación constante de la moneda nacional, así como el proceso inflacionario galopante, especialmente durante los años ochentas, hizo que el ahorro interno se viera afectado por la fuga de capitales convertidos en divisas mas fuertes y enviados a otros países, generando en algunos casos severas crisis de iliquidez bancaria, las cuales provocaron desequilibrio al sistema financiero, siendo nuevamente el Estado el interventor, para tratar de mantener la necesaria estabilidad política de los gobiernos de turno.

 


1 Carlos Marichal. 1988. Historia de la deuda externa de América Latina. Alianza Editorial, Madrid.  Pág. 276 – 277.

                                                                                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO II

 

 

DEFINICIONES:

 

Deuda externa:

            Es la suma de la deuda externa a largo y corto plazo, los intereses atrasados y el uso del crédito del FMI.1

Deuda a largo plazo:

Es aquella dividida en pública y garantizada por el gobierno y privada no garantizada.2

Deuda a corto plazo:

Es aquella cuyo vencimiento original es de un año o menos.3

Crédito del Fondo Monetario Internacional:

Es aquel que denota obligaciones de recompra al FMI con respecto a todos los recursos del FMI, excluyendo los que resultan del uso del tramo de reserva del fondo de fideicomiso del FMI.4

Préstamos a tasa LIBOR:

Programa de préstamos destinado a prestatarios del sector privado, garantizados por los gobiernos, desembolsados solo en dólares Estadounidenses, pudiendo los prestatarios escoger entre una tasa de interés fija o ajustable, basadas en la tasa LIBOR, la cual fue establecida en Londres, y oscila entre el 1 % y el 2,5 % para estimar el riesgo.5

Riesgo Crediticio:

Representa la pérdida máxima contable potencial derivada del posible incumplimiento de los obligados y contrapartes, según los términos del contrato, usando garantías a valor del mercado para las operaciones de intercambio.6

Reconversión de la deuda:

            Entiéndase por bonos del tesoro o derechos en el país deudor a favor de un acreedor, y lo conforman giros adquiridos a una tasa de interés fija o flotante. Estos bonos, al cumplirse el plazo establecido para su vencimiento, adquiere el 100 % de su valor nominal.

Refinanciamiento de la deuda:

            Entiéndase por valor final bruto de la deuda en giros, alargado en el tiempo sobre nuevas tasas anuales.

Recompra de la deuda:

            Entiéndase por la compra de una cantidad de deuda externa contratada en giros con tasas de interés flotantes, que en el entendimiento de las partes ya fue paga. Este proceso solo se efectúa entre el país deudor y el acreedor, en el seno del Club de París.

Bonos de la deuda:

            Incluye las emisiones que se ofrecen al público en general y se negocian en los mercados de valores, como también las emisiones privadas que se ofrecen a un número limitado de inversionistas, por lo general de instituciones bancarias, que pueden negociarse en los mercados de valores en fecha posterior.7

Titularización:

      Esta noción describe la preponderancia nueva de las emisiones de los títulos -obligaciones internacionales clásicas emitidas por cuenta de un prestatario extranjero en la plaza financiera y en la moneda del país prestador, obligaciones liberadas en una moneda diferente a la del lugar donde ellos son emitidos, acciones internacionales- en la actividad de los mercados. A lo cual se agrega la transformación de viejos créditos bancarios en títulos negociables, técnica que permitió a los bancos acelerar su desprendimiento de créditos respecto de los países en vías de desarrollo luego de la irrupción de la crisis de la deuda.8

 


1 BID. Informe anual. 1998.  Datos seleccionados sobre América Latina. Deuda Externa total desembolsada 1989 – 1998. Pág. 147.

2 BID. Informe anual. 1998.  Datos seleccionados sobre América Latina. Deuda Externa total desembolsada 1989 – 1998. Pag. 147.

3 BID. Informe anual. 1998.  Datos seleccionados sobre América Latina. Deuda Externa total desembolsada 1989 – 1998. Pag. 147.

4 BID. Informe anual. 1998.  Datos seleccionados sobre América Latina. Deuda Externa total desembolsada 1989 – 1998. Pag. 147.

5 BID. Informe anual. 1998.  Capital ordinario. Notas a los Estados financieros. Pag. 163.

6 BID. Informe anual. 1998.  Datos seleccionados sobre América Latina. Deuda Externa total desembolsada 1989 – 1998. Pag. 147.

7 BID.  Informe anual. 1997. América Latina tras una década de reformas. Progreso Económico y Social en América Latina. Pág. 284.

8 (Internet. Articulo sobre Deuda externa en el tercer mundo. Autor: Eric Toussaint.  Tribunal da divida externa. Abril 1999.

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO III

 

 

SITUACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA

 

Endeudamiento público y las opciones del Estado:

A diferencia de como se venían endeudando los Estados, estaba claro que quienes tenían capacidad de endeudamiento eran los gobiernos, situación que cambió en los años setentas, cuando los principales prestatarios fueron grandes empresas estatales, como: la compañía petrolera mejicana  “PEMEX”, PETROBRAS, ELECTROBRAS de Brasil, CORPORACIÓN VENEZOLANA DE FOMENTO, ECOPETROL de Colombia, AGUA Y ENERGIA de Argentina, PETROPERU entre otras, así como bancos de desarrollo propiedad del Estado, los cuales aspiraban invertir estas finanzas en proyectos de desarrollo industrial y de infraestructura. Esto trajo consigo lo que conocemos por riesgo soberano, el cual se manifiesta por la garantía que da el Estado por medio de su Banco Central, para avalar el préstamo recibido. Podemos entonces decir que la mayor parte del peso de la deuda externa, reposa sobre importantísimos sectores de la economía de los países latinoamericanos, especialmente en el sector público, mismo que al parecer, ha sido ineficiente en el desarrollo de tales proyectos, generando en muchos casos pérdidas en vez de superávit y desarrollo que les permitiera cumplir con la nación propiamente dicha y con los compromisos internacionales adquiridos.  De manera que las alternativas eran, ir a una reestructuración de la deuda ya contraída o simplemente suspender los pagos1. La salida fue reestructurar la deuda de los países latinoamericanos, constituyendo este un proceso del que aun somos participes, con muy remotas posibilidades de salir.

El plan Baker2:

El año 1986, James Baker III, Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, hizo una propuesta a fin de reforzar los préstamos coordinados y a la vez, inducir a las economías de los países deudores, ajustes estructurales de largo plazo, en lugar de las correcciones a corto plazo de la balanza de pagos con apoyo del Fondo Monetario Internacional. Teóricamente, asumía que la crisis de la deuda se debía fundamentalmente a un problema de iliquidez y no de insolvencia de los países; por lo tanto, se buscaría fortalecer la capacidad de pago de los deudores, mediante la transferencia de 20.000 millones de dólares en un lapso de tres años, a cambio de que se hicieran reformas estructurales y se aperturaran los mercados de los países desarrollados.

El plan consistía en la aplicación de programas de ajuste por parte de los países deudores para aumentar su oferta exportable y el incremento de la liquidez internacional a través del doble aporte de los organismos multilaterales, inicialmente con 10.000 millones de dólares y en segundo lugar, la banca privada acreedora, con un 2,5 – 3 % de su exposición promedio correspondiente a 1986 – 88.

Lo mas destacado del plan, era que el FMI cedía terreno como instrumento de recomposición de la balanza de pagos, al resaltar la importancia de los ajustes estructurales en vez de los ajustes de liquidez a corto plazo. También suponía profundizar la calidad del ajuste en curso, a través de reformas en tres áreas a saber: La liberalización de las importaciones, la apertura para la inversión extranjera y las privatizaciones. En los últimos años de la década de los noventas, estas últimas fueron implementadas en muchos de los países de la América Latina.

Aun cuando se criticó severamente el plan por no atacar directamente el tema de reducción de la deuda, cave decir que logró recomponer significativamente la transferencia de los bancos a los países deudores. El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo entre otros, aportaron dos tercios de lo comprometido que alcanzó a 18.000 millones de dólares, y cubrieron diez de los diecisiete países  con problemas de iliquidez, -    ( Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Méjico, Perú, Uruguay y Venezuela ) - siendo el campo experimental para el ensayo de nuevas fórmulas de solución, las contenidas en el conocido Plan Brady.

A partir de 1987 comenzó así su instrumentación, a través de varias opciones para facilitar la participación de los bancos pertenecientes a marcos regulatorios diferentes y con grados de exposición diferentes.

El resultado final, no fue del todo satisfactorio, debido en parte al precio relativamente alto de los papeles de la deuda, los cuales no dejaban márgenes suficientes para justificar sus operaciones; y en segundo lugar, existían topes cuantitativos para evitar distorsiones en el mercado de la deuda regional que operaba con bonos del tesoro. Esto trajo como consecuencia inmediata, que no se incrementaran las inversiones; no obstante el dinero fresco llegó a los países deudores, con una ligera baja en los intereses, esperando que las amortizaciones de la deuda llegaran a través de un nuevo refinanciamiento de la misma o con nuevos endeudamientos de la región.

El Plan Brady3:

La persistencia de dificultades por parte de los países deudores para retomar la senda del crecimiento y recomponer su capacidad de pago, materializaban la incompetencia del Plan Baker para solucionar los problemas que ocasionaba el endeudamiento externo excesivo, tanto a los deudores como a los acreedores. El tema en cuestión  comenzaba ahora a tomar un perfil político por considerar que los países deudores se sumergían en una especie de letargo económico, del que era cada vez mas difícil salir. Por otra parte, la comunidad financiera internacional y las tesorerías de los países desarrollados eran cada vez mas permeables a la idea de cambiar de estrategia, ya que los deudores estaban entrando rápidamente en una crisis de insolvencia y no de iliquidez, como se venia suponiendo hasta entonces.

Esta nueva fase de los acontecimientos era perjudicial tanto para los deudores como para los acreedores. Los primeros no podían romper el ciclo de la falta de crecimiento, dada la carga excesiva que aplicaba el servicio de la deuda. Los bancos se encontraban imposibilitados de enfrentar una secuencia desordenada de refinanciaciones inmediatas, pues esto atentaba contra la propia estabilidad del sistema al haber instituciones fuertemente expuestas en esos mercados. El número de países atrasados con sus pagos fue creciendo, siendo el signo del fracaso de la estrategia para entonces vigente, dada la falta de programas de ajuste aprobados por el FMI, y por tanto de nuevos desembolsos bancarios.

Ayudó a la canalización de la nueva estrategia tanto la presión del Congreso y la posición creciente dentro de la Administración de los Estados Unidos, donde el sector público a través de las agencias multilaterales encaraban solitariamente la situación; mientras tanto los bancos no aportaban liquidez. Se entendía entonces que se estaba corriendo el riesgo de pasar de la iliquidez a la insolvencia.

A su vez, las diferencias de las regulaciones entre la banca europea y la americana así como el grado de exposición distinto, hizo que el Club de Bancos fuera perdiendo cohesión frente a los deudores. En los hechos, ciertos bancos americanos no presentaban la fortaleza suficiente para adecuarse  a las nuevas normas prudenciales, forzando la búsqueda de acuerdos globales entre acreedores y deudores.

El colapso de los precios del petróleo en 1986, deterioró nuevamente la capacidad de pago de varios países deudores, entre ellos Méjico; una vez mas este país será el émbolo que presionara a la administración de los Estados Unidos a buscar nuevas alternativas al problema, incluyendo la reducción de los saldos adeudados. Eso era factible utilizando mecanismos de mercado – (recompra) – aprovechando el descuento significativo en la cotización de los títulos de deuda en el mercado secundario.

El resultado, fue el anuncio del Secretario del Tesoro, Nicolas Brady el 10 de Marzo de 1989, de una nueva estrategia que rotaba desde los acuerdos de préstamos concertados, hacia la reducción de saldos y del servicio de intereses.

Un nuevo ingrediente clave era el aporte de los fondos públicos a través del FMI, Banco Mundial y BID para financiar colaterales o recompra de deuda. Con ello, al exigirles la aceptación de reducciones en sus saldos o flujos de intereses a los bancos, se evitaba la crítica de que las tesorerías  estaban rescatándolos.

Sobre la estrategia no había unanimidad, siendo Gerald Corrigan, Presidente de la Reserva Federal de Nueva York, el principal crítico, señalando que se debía incluir la opción de refinanciamiento y dinero fresco para asegurar que el problema tenía en cuenta al mercado, lo que finalmente fue incluido en el menú.

Los bonos Brady continúan siendo el instrumento con mayor liquidez de la deuda externa; el volumen comerciado de estos bonos creció en 40% en 1994 y llegó así a los 2.800 miles de millones de dólares. El 80% de esos bonos negociados en 1994 corresponden a Argentina, Brasil, México y Venezuela4. No obstante, a nivel mundial se han presentado dos hechos que tienden a restar fortaleza a los conocidos bonos, refiriéndome específicamente al anuncio ruso de no pagar los intereses compensatorios, así como también el caso Ecuador, lo cual trajo consigo irreversibles consecuencias económicas y políticas en este último, aun cuando el FMI anunció que daría préstamos oficiales  sin importar que estos pagasen los referidos intereses.

Deuda en la década de los noventas:5

Como dato referencial, cave destacar que el monto de la deuda de América Latina a mediados de los años setentas, alcanzaba los 60 mil millones de dólares; en los ochentas, 204 mil millones; en los noventas, 589 mil millones, y comenzando ahora el año 2000, sobrepasa los 750 mil millones de dólares americanos. En esta década, es interesante revisar el año 1995, donde el monto de la deuda externa total desembolsada en América Latina y el Caribe llegó a 574.000 millones de dólares, registrando un incremento del 7,5% con respecto a 1994, lo que significó una suma adicional de 40.000 millones de dólares y se debió sobretodo