COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS
CLASE XXXIX
MONOGRAFIA
Desarrollo
económico dentro un marco de justicia social en América Latina
CN.González,
Andy Atilio, Venezuela
FORT
LESLEY J. McNAIR
WASHINGTON,
D.C.
CAPITULO
I
A. REFERENCIAS POBLACIONALES.
Es obligante hablar de la distribución poblacional mundial,
como elemento referencial de los factores de equidad y desarrollo, manifiestos
en los niveles de bienestar disfrutados por el hombre y su grupo familiar, traducidos
estos, en desempeño de un empleo con remuneraciones que permitan satisfacer las
necesidades de alimentación, vestuario, vivienda y educación, ajustados a los
patrones culturales predominantes en cada región.
Incurriríamos en un error inescusable si pensamos que las
enormes masas de poblaciones sumidas en la pobreza e indigencia quedarían
satisfechas al lograr cubrir exclusivamente la necesidad más básica del ser
vivo, como lo es la alimentación, según la Escala de Maslow, pues el ser humano
una vez que está alimentado, por condición natural, “quiere
más”, y esto es a través del
estudio, el reconocimiento social y en general una vida digna de acuerdo a los
patrones de consumo que los efectos de la globalización vienen imponiendo a la
Aldea Global.
1. La
Población.
Las Naciones Unidas publicaron en su World Development Report 1.999/2000 que sobre los 133.567.000 Km² de superficie terrestre, habitan
5.897 millones de personas distribuidas en 133 Estados con ingresos per-capitas
(I.P.C) que oscilan desde 100 dólares USA en Ethiopia hasta $US40.080 en Switserlan, generando las asimetrías más
profundas entre quienes se preocupan por mantener actualizados sus bienes y
gustos de acuerdo a las bondades de la tecnología y los que luchan contra la desnutrición y sus lamentables
consecuencias.
Ante tal realidad, la Organización de Naciones Unidas (O.N.U) hace esfuerzos para
evitar que tan difícil situación, se haga irreversible motivado a explosiones
demográficas que demanden mayores cantidades de alimentos, bienes y servicios
que las economías de los Estados no están en capacidad de satisfacer. Prueba de
ello es el contenido de los sendos documentos elaborados en la Conferencia
Mundial de Población celebrada en Bucarest en 1.974 y el Plan de Acción Mundial
sobre Población, donde se establece que las políticas de población deben
contribuir a armonizar las tendencias demográficas con las del desarrollo. Por
su parte en cuanto a Latinoamérica y el Caribe, vientos con ideas similares
aparecieron en la Reunión Latinoamericana Preparatoria de la Conferencia
Mundial de Población (San José, 1.974), mas tarde las de México (1.975 y 1.984)
y la de la Habana en 1.983, además de reuniones como las del Comité de Expertos
Gubernamentales de Alto Nivel (CEGAN).
La bien llamada década perdida para nuestro continente,
referida al decenio de 1.980, tiene una lamentable coincidencia con la institucionalización casi total de
sistemas democráticos y participativo a lo largo y ancho de toda América; se
produjo un grave retroceso en el producto real por habitante además de
experimentar fuertes desequilibrios macroeconómicos y deterioro del marco
social.
2. América
Latina y su Población.
La preocupación por el futuro ideológico de los sistemas
políticos de América Latina, debatidos entre democracia y comunismo y sus
consecuentes riesgos a la seguridad geopolítica de los Estados Unidos de
América, enfrascado en la pasada Guerra Fría, motivó a definir a la democracia
como condición indispensable para el ingreso del concierto de naciones aliadas
al todo poderoso Tío Sam, no solo por su capacidad militar, económica y de todo
tipo, sino por la esperanza de recibir su mano tendida para brindar auxilios
que coadyuvaran a detener el ascenso de la pobreza en el cual se encuentran
inmersos vastos sectores de la población de América Latina y el Caribe, y que
desde el punto de vista demográfico, se expresa en diferencias de
morbimortalidad, particularmente la materno infantil.
En América Latina y el Caribe, en los últimos 25 años se
destaca el pronunciado descenso de la fecundidad, de 6 a 3.5 hijos por mujer lo
que ha conducido a una tasa de crecimiento anual del 2 % en la segunda mitad de
la década de los ochenta, cambiando para el decenio de 1.990 a 1.7 % anual y
una esperanza de vida al nacer de 57 a 69 años. Estas tendencias han modificado
la estructura por edades de la población, al acentuar el proceso de
envejecimiento cuyos efectos se comenzarán a sentir a partir del año 2.010
donde se traducirá en un aumento, en
términos absolutos y relativos, de la población en edades productivas y
reproductivas. Es importante resaltar que si bien el número de hijos por mujer
ha disminuido casi a la mitad, esto solo ocurre en los sectores sociales
considerados clase media y alta pues en el ámbito rural y marginal las tasas
siguen manteniendo su proporción y en muchos casos el valor aumenta a 7 hijos
por mujer, lo que incide en los procesos migratorios y de pobreza, como se
explicará más adelante.
En la actualidad la masificación del poder de la
información ha generado un proceso migratorio hacia los centros urbanos en
búsqueda de mayores beneficios, de allí que el 71% de los habitantes se
encuentran en ciudades limitadas de viviendas, empleos, servicios públicos,
asistencia médica y lo que es peor aún, sin autoridades capaces de motorizar
soluciones que detengan la marginalización masiva de ciudadanos buscadores de
mejoras económicas.
Sin embargo, no deja de ser esperanzador el hecho de
representar sólo el 10% de la población mundial al contar con 509.932.000
habitantes que a pesar de poseer cuatro de las diez ciudades más grandes del
planeta, esta situación no es homogénea en todos los países de la región debido
a que en algunos de ellos persisten porcentajes de población rural superior a
60%, lo que se podría calificar como componente de equilibrio. Pero la
movilidad entre los países del hemisferio presenta una tendencia creciente
debido al proceso de ajuste regional causada por ascendentes asimetrías entre
los países desarrollados y los que luchan por desarrollarse.
Como se muestra en el Cuadro 1 el crecimiento poblacional,
en los últimos cinco años (1.995-2.000) se ha incrementado en casi 40.000.000
de habitantes, es decir en un 16 por mil, en el mismo período, haciendo
interesante resaltar que las mayores tasas de crecimiento la experimentan los
países con los más bajos ingresos económicos[1],
de acuerdo a la siguiente relación:
Cuadro
No. 1. Crecimiento Poblacional y Tasas de migración.
|
PAISES |
TASA DE CRECIMIENTO (1.000) |
TASA DE MIGRACIONES |
|
HONDURAS |
27,4 |
-0,7 |
|
NICARAGUA |
27,3 |
-3,0 |
|
PARAGUAY |
25,9 |
|
|
GUATEMALA |
26,4 |
-2,8 |
|
BOLIVIA |
23,7 |
-0,9 |
|
EL SALVADOR |
20,4 |
-1,3 |
|
COSTA RICA |
24,8 |
5,3 |
|
HAITI |
18,4 |
-2,6 |
Fuente: World Development Report. 1.997
Pero los valores no quedan allí, pues la misma tabla
muestra las tasas de migraciones más elevadas también las tienen los mismos
países, siendo la más alta la de Guatemala con –2,8 y la más baja la de
Honduras con –0,7. En Centro el Latinoamericano y Caribeño de Demografía
(CELADE), se determinó a través del
Proyecto de Investigación de la Migración internacional en Latinoamérica
(IMILA) el número de personas en un país distinto al de su nacimiento, es decir
las migraciones internacionales.
3. Procesos
Migratorios.
El IMILA elaboró una matriz de flujo migratorio[2]
donde nuestra información de personas según país de nacimiento y país de
residencia al momento de censar, en ella se puede observar que los países con
mayor número de emigrante son Colombia (828.651), el Salvador (519.258) y Haití
(294.000), siendo los mayores receptores EUA, Canadá y Venezuela.
La población económicamente activa es de 217.241.000
personas para este año, elevándose a 243.512.000 para los próximos cinco años[3]
con una tasa de crecimiento de 22,8 por mil para el mismo período de lo que
puede deducirse que las personas de la población que reclama mayores
oportunidades seguirán aumentando, con las evidentes consecuencias sobre la
situación económica, política y social del continente.
La transición demográfica es, sin embargo, un proceso
complejo, y los países difieren en cuanto a momento de inicio y al ritmo de los
cambios de la fecundidad y la mortalidad, así como respecto a los cambios en
otras variables estrechamente relacionadas, tales como el lugar de residencia,
el estado nutricional y la salud de la población, las conductas asociadas a la
formación de las uniones y a la planificación familiar. No obstante las
diferencias, hay un cierto consenso en que la transición demográfica se ha dado
en el seno de las transformaciones sociales y económicas que se han producido
en la región, aunque la relación entre esa transición y esos cambios sea
compleja y difícil de precisar.
Lo que si es cierto es que la Secretaría de la CEPAL
presentó un estudio (CEPAL/CELADE,1.995) donde demuestra que “las mujeres de
los estratos más desposeídos tienen un mayor promedio de hijos y en especial
aquellas que integran los grupos marginados de los frutos del progreso” de allí
que la alta fecundidad se transforma en un elemento que contribuye a la transmisión
intergeneracional de la pobreza y por ende los niños que provienen de hogares pobres, es decir hogares
imposibilitados de insertarse en los mercados productivos y laborales, se
desarrollan en desfavorables condiciones de nutrición y atención, cuidados de
salud y educación, razones suficientes para
emprender la carrera por emigrar
a poblados, ciudades, regiones o Estados que potencialmente se presenten como
tabla de salvación para intentar huir de la pobreza.
CAPITULO II
B.
POBREZA & INEQUIDAD.
Decenas de instituciones y organizaciones han sido creadas u orientadas para estudiar los grupos sociales, que en los últimos cincuenta años, se han quedado rezagados en el tiempo viviendo en escenarios carentes de las facilidades mínimas necesarias para nacer, crece, reproducirse y morir con la dignidad propia de un mundo civilizado y con impresionantes avances en las técnicas de producción y generación de riqueza.
Pero
calificar como fracasados los esfuerzos realizados, sería injusto no
reconocer las enormes sumas de dinero
que se han invertido para atender directa e indirectamente las necesidades de
alimentación, educación, vivienda, salud y servicios; sin embargo tales
esfuerzos no han mejorado sustancialmente, o por lo menos como se aspira, los
indicadores que miden los niveles de mitigación de las penas que acompañan a
quienes llevan la peor parte de vivir en un mundo globalizado y cada vez más
discriminatorio, ellos son los Pobres,
definido por la Real Academia Española de la Lengua como el “Desprovisto o mal
provisto de lo necesario: las clases pobres (apurado, desdichado, desgraciado,
desheredado, infeliz, necesidad y privación)”4.
Definición
más precisa en pocas palabras, casi imposible; pues tales personas en lugar de
reducirse en número, por el contrario parecieran reproducirse en mayor número
de regiones, especialmente en nuestro continente, donde por suerte, se
encuentran los entes con mayor prestigio en materia relacionada con la
eliminación y superación de la pobreza. Pero paradójicamente, la
responsabilidad del incremento de las cifras no es exclusividad, de lo que en
capítulo anterior se llamó transmisión generacional de la pobreza, ligado
íntimamente a los niveles de fecundidad, sino que también las luchas relacionadas con la economía, empujan
cada día a más personas a la pobreza que define la Real Academia Española, pues
hoy las teorías de Pareto tienen más vigencia al concentrarse la mayor cantidad
de riqueza en un menor número de personas.
En
el caso de América Latina y el Caribe, donde el 35% de su población vive sumida
en niveles de pobreza crítica5, no se
ha conseguido el acceso pleno a la educación, a la salud básica y al agua
potable, afirma un estudio elaborado por expertos de las Naciones Unidas. Es
precisamente en esta región donde mayor cantidad de personas abandonan
familias, tierras y costumbres para buscar oportunidades de mejoramiento,
creando así un flujo migratorio, que generalmente terminan sumándose al censo
de los cinturones marginales de las grandes ciudades.
Pero el reto se hace de mayores dimensiones si se consideran los datos del boletín del 17 de Feb 98 del INEGI, donde se sostiene que la región de América Latina y el Caribe pasará de 477 millones de personas en la actualidad, a 916 millones en el año 2150. Estados Unidos y Canadá incrementarían su población de 279 millones a 414 millones, así la población de América Latina se incrementaría en 100% y la de Estados Unidos y Canadá en 40%.
1.
Calidad de Vida.
La preocupación sobre las consecuencias del incremento de los valores de la esperanza de vida, crecimiento poblacional y la pobreza, como elementos de presión, han puesto en duda la capacidad del planeta tierra para sostener la población humana en este mismo siglo.
En
nuestro continente el asunto se hace más serio si consideramos que de los 35
países que componen nuestra comunidad, 33 de ellos forman parte del 80% de la
población mundial que vive en países en desarrollo, aunado a que los mayores
crecimientos poblacionales se encuentran concentrados en los mismos países, ya
que cerca del 90% de los nuevos habitantes del planeta se localizan en los
países en desarrollo. Es entonces allí donde las soluciones propuestas se dan
prioridad al control de la fecundidad
de las mujeres de los países en desarrollo utilizando para ello contraceptivos,
esterilización en masa, dislocación cultural y aun el genocidio, según sostiene
Julio Cesar Centeno en su trabajo Población y Medio Ambiente.
Pero
las crueles e inhumanas soluciones anteriores dejan de sorprender ante la
opinión que sostiene que el mejorar sustancialmente la educación, salud y
nutrición; la creación de empleos productivos; la diversificación de la
actividad económica; la valorización justa de las materias primas; el
reconocimiento de los costos ambientales y sociales de la actividad productiva;
y el fomento de la exportación de productos procesados o semi-procesados, en
lugar de materias primas, han sido producto de la retórica de apoyo para
contribuir a disminuir la pobreza en
nuestros países, ya que se argumenta que esto mejoraría el nivel de vida de las
poblaciones afectadas, con la inconveniencia de que con esto se conduciría a un
mayor consumo de recursos, como a una mayor producción de desperdicios y de
contaminantes, agravándose la situación actual y futura.
a.
La cultura, unidad de medida para definir la pobreza.
Es indiscutible el valor del componente económico para determinar la capacidad disponible de una persona para accesar a los bienes de consumo imprescindibles para la vida, de allí que se consideren inmersos en la pobreza absoluta a quienes obtengan $US 1 o menos por día, estimados para 1.993 en 1.3 billones de personas, sumados a los 3 billones de personas cuyo poder adquisitivo es menos de $US 2 por día. La Tabla No. 1 muestra una idea de la alarmante situación de la América Latina y el Caribe.
Si
bien tales cifras no dan muchas alternativas a quienes allí se encuentran, es
importante reconocer el punto en el cual un ciudadano de América Latina deja de
sentirse pobre y esto es ajustado a la posibilidad de llevar una vida digna,
según estén modelados los patrones de
consumo regional, tanto para él como para su grupo familiar.
Se
ha pretendido considerar que el éxito logrado por la China, que “apenas en la
generación anterior, ocho de cada diez habitantes se ganaban la vida a duras
penas labrando la tierra por menos de un dólar diario y uno de cada tres
adultos no sabía leer ni escribir, ahora 200 millones de personas han salido de
la pobreza absoluta y menos de una de cada diez personas es analfabeta6
; es bueno preguntarse si se podría trasladarse en iguales condiciones para
nuestro continente donde salir de la pobreza no quedaría sujeta a ganar $US10
por día y aprender a leer y escribir, pues con tales beneficios igualmente
apenas se podría comer, pero jamas pensar en adquirir una casa, vehículo,
ofrecer al grupo familiar una vida digna y educación para detener la
Transmisión Generacional de la Pobreza.
Tabla No.1 Población
que vive con menos de $US1 por día en
países que se encuentran en vías de desarrollo y transición económica durante
1.987-1.993.
REGIÓN
|
POBLACIÓN
CUBIERTA POR EL MINIMO DE UNA ENCUESTA (%) |
NUMERO DE POBRES EN (MILLONES) 1987
1990 1993 |
INDICE CUALITATIVO. (%) 1987
1990 1993 |
DISTANCIA DE LA POBREZA (%) 1977
1990 1993 |
|
América Latina y el Caribe. |
83.9 |
91.2 101.0 109.6 |
22.0 23.0 23.5 |
8.2 9.0 9.1 |
Fuente: World Bank/Trends in Poverty.
No
es justo entonces considerar que, quienes viven en países con enormes recursos
naturales y tan próximos al Bomm económico de mayor significación para la Norteamérica del siglo XX, pueden
contentarse con solo comer, leer y escribir. Las aspiraciones van más allá, se
desea básicamente un empleo bien remunerado
que permita darle al grupo familiar tres comidas al día, una vivienda
donde se elimine la promiscuidad, niveles de educación competitivos, vestidos
apropiados, asistencia médica permanente, medios de transporte confiables y
un sistema de seguridad que ampare más
allá de la vida productiva.
b.
La salud como pilar del bienestar.
Gracias a los esfuerzos realizados mundialmente, las plagas que en el pasado causaban la muerte de miles de niños antes, durante y después del nacimiento, al igual que marcaban su futuro con taras y/o minusvalías; reducían la esperanza de vida de los hombres y enlutaban comunidades enteras en determinadas épocas del año, ya han desaparecido prácticamente, sin embargo, la atención médica como parte del bienestar de los ciudadanos no ha experimentado mejoras importantes en América Latina.
La
razón de ésta situación mantiene una estrecha relación con la eficiencia y
eficacia de los Estados para promover al menos tres condiciones: primero una
responsabilidad estatal en el mantenimiento de un nivel de vida mínimo; segundo
la provisión pública de servicios sociales universales y tercero la
intervención del estado en la economía; según lo refiere José Orozco y Consuelo
Dávila en su libro Brevario Político de la Globalización.
Expresiones
como estado de providencia (Etat Providence) entre los liberales franceses en
1.860; Estado protector (Wohlfahrstaat) en la Alemania de 1.870; el Estado
social (sozialstaat) que surge hacia 1.880 con las reformas de Bismarck; y el
Estado de bienestar (Welfare state) que cobra auge después de la Segunda Guerra
Mundial, demuestra la histórica simbiosis entre el Estado y el bienestar de los
ciudadanos de un país.
De
esta manera, los derechos ciudadanos implican, además de otras cosas, un mínimo
de bienestar y seguridad económica traducida en una acción social para la
población desamparada. El Estado tiene la obligación de proporcionarle a los
ciudadanos asistencia de todo tipo y oportunidades para su desarrollo personal
y de sus familiares. Históricamente el Estado de Bienestar se ha entendido como
la protección gubernamental de los
estándares mínimos de renta, alimentación, salud y seguridad física,
instrucción y vivienda garantizada a todo ciudadano con derechos políticos.

Figura 1. Tendencia de
los indicadores básicos de salud y desarrollo humano, promedios ponderados por
población. Región de las Américas, 1.980-1.995.

Fuente:
OPS.
Sistema de Información Técnica. Programa de Análisis de Sistema de Salud.
c.
Salud y condiciones de vida.
Lo antes expuesto ha sido agenda política calificada como cuestión ética fundamental, la defensa de la equidad en los espacios sociales y, particularmente en el tema de la salud. Empero, la desigualdad en la salud, que de hecho es el mínimo común de la inequidad, está estrechamente relacionada con las diferencias económicas en las Américas, de donde derivan la mayor parte de nuestros males.
Los indicadores básicos del desarrollo humano reviste importancia fundamental en todo análisis de la situación de salud, pues documentan las condiciones de vida de la población y dimensionan el espacio social en que ocurren los cambios en el estado de salud, por tal razón y con el propósito de tener una visión de la situación actual, la Figura 1 a. y 1b, muestran algunos indicadores básicos de salud y desarrollo humano, que si bien han tenido mejorías en los últimos diez años, aún mantienen a más del 30% de la población sin posibilidades de accesar a los sistemas de salud, aunado a la ineficiencia comprobada de una buena parte de los Centros de Salud Pública y la costosa adquisición de los tratamientos médicos.
Tales resultados podrían ser más desalentadores de no ser por la cooperación de los organismos internacionales que apoyan el desarrollo de proyectos que los Estados no pueden atender debido a las dificultades financieras.
En cuanto a las desigualdades regionales relacionadas con los gastos en salud de los cinco grupos jerárquicos diseñados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de acuerdo al PNB per-cápita7 , se tiene que:
· Grupo I: PNB desde 10.600 a 26.890 (US$)
· Grupo II: PNB desde 5.170 a 8.030 (US$)
· Grupo III: PNB desde 2.610 a 4.160 (US$)
· Grupo IV: PNB desde 1.340 a 2.310 (US$)
· Grupo V: PNB desde 250 a 880 (US$)
A pesar del común aumento en el gasto de salud en los cinco grupos de países, se puede observar que además de ser verdaderamente significante la inversión en los grupos de mayor PNB (Ver Figura 2), las tendencias del gasto es poco significativo en los países más pobres, lo que justifica la precariedad de la asistencia médica de los grupos desfavorecidos económicamente.
Figura 2. Tendencias de los indicadores básicos de salud y desarrollo humano promedios ponderados por población según grupos de PNB per-cápita, Región de las Américas.

Fuente:
OPS.
Sistema de Información Técnica. Programa de Análisis de Sistema de Salud.
2. Crisis y su impacto social.
La caída del más del 2% del PIB en la región en su conjunto a finales de 1.999 arrastró a millones de Latinoamericanos a padecer sus efectos, pues la pobreza y las desigualdades alcanzaron niveles alarmantes y lo que es peor aún tendiendo a agravarse durante los próximos años, según pronostican Nora Lusting y Eduardo Lira del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Las experiencias en este campo indican que por cada punto de reducción en el crecimiento, la pobreza aumenta en un 2%, y debido al exceso de volatilidad en América Latina en relación con los países desarrollados hay 33% más pobres que antes. Esto ha causado un terrible mal a muchas familias, que antes pertenecían a los diferentes niveles de la clase media (alta-media y baja), a quienes la vida jamás regresará a su curso normal, porque los niños habrán perdido la posibilidad o el interés de regresar a la escuela, porque el desempleo habrá desalentado a retornar al mercado de trabajo a muchas mujeres que podrían ser productivas y porque en el esfuerzo por sobrevivir muchos padres y madres de familia habrán perdido su poco capital productivo o sus viviendas.
El temor de muchos gobiernos a ser calificados como “populistas”, los ha conducido a eliminar o restar importancia a los programas de asistencia que son decisivos para los pobres, tales como la alimentación para los niños que van a la escuela en zonas pobres o las guarderías subsidiadas de los barrios populares que reducen los niveles de mortalidad infantil por deficiencias nutricionales, así como la tasa de deserción escolar como causa principal del limitado progreso educativo de la región8 .
Lo peor es que cuatro de cada diez niños de hasta ocho años de edad (unos 45 millones) que viven en la pobreza en América Latina y el Caribe están destinados a continuar en la indigencia y repetir la experiencia de sus padres por falta de atención a su capacidad para aprender, conduciéndolos a resignarse en el futuro a realizar tareas poco remuneradas con lo que quedarían inmersos en el espiral de la transmisión generacional de la pobreza.
El Premio Nobel de Economía Amartya K. Sen, sostiene que “ la pobreza no es solo bajos ingresos; debemos ver al desarrollo como un proceso general de expansión de la libertad humana. La calidad de vida que disfrutamos debe contemplar las alternativas sustantivas y las opciones de que disponemos en nuestras vidas”.
En la mayoría de los países Latinoamericanos, más del 50% de la población vive en barrios urbanos pobres procedentes de zonas rurales o producto del espiral de la pobreza que la crisis mantiene a millones de seres humanos de países en desarrollo; esto agrava el problema ya que anexa a la pobreza la pérdida de valores humanos que deteriora la confianza entre individuos debido al irrespeto a la vida que tienen miles de delincuentes que no solo despojan de sus bienes a ciudadanos honestos, sino que con desmedida crueldad le quitan la vida a sus víctimas.
Es en esas enormes barriadas donde se alojan los delincuentes responsables de las elevadas cifras de crímenes, robos y violaciones que semanalmente alarman a la ciudadanía. De allí que se satanicen a los pobres que pagan justos por pecadores, por el hecho de estar obligados a vivir en lugares adecuados a las alternativas sustantivas y opciones que les da la vida, como lo refería el Premio Nobel de Economía.
Cuando surge una crisis económica, las unidades familiares acusan su efecto de diversas formas. Los ingresos familiares procedentes de diversas fuentes, tales como salarios, sueldos, ganancias derivadas del trabajo por cuenta propia y prestaciones estatales por concepto de seguro social o desempleo, disminuyen o dejan de percibirse, y los precios de bienes y servicios para la unidad familiar pueden sufrir alzas considerables. Otros efectos que se dejan sentir a nivel de la comunidad también repercuten sobre el bienestar del individuo, como la fluctuación de los precios al nivel del consumidor que tienen un efecto devastador sobre los sueldos, las estructuras de empleo y los niveles de consumo; los cambios del mercado de trabajo, que pueden reducir los salarios y provocar el desempleo; las variaciones de la tasa de rentabilidad de inversiones y propiedades, y las variaciones del nivel de prestaciones estatales, ya sea en términos de salud o de seguridad pública.
Algunos de estos efectos son inmediatos, difíciles de sobrellevar y sumamente graves. Pero otros muchos dejan secuelas indeseables a largo plazo sobre las familias, como los recortes de las inversiones en educación y salud, que pueden dar por resultado una disminución del crecimiento económico y un aumento de la desigualdad.
a. Deterioro de los mercados laborales.
El mercado laboral es uno de los elementos con mayor identificación con los procesos de crisis por los cuales han pasado todos los Estados Latinoamericanos, especialmente durante 1.999. La difícil coyuntura económica que desde fines de 1998 afectó a un importante número de países, se tradujo en una caída de la ocupación y un fuerte aumento del desempleo.
Para un grupo de nueve países, el débil dinamismo del crecimiento económico llevó a una caída en la tasa de ocupación de 53,7% a 52,3% en el promedio ponderado, y de 53,5% 52,1 % en el promedio simple9 . Hay que subrayar que para este indicador se trata de una baja sumamente marcada.(Gráfico 1).

Gráfico No. 1. Tasa de
Ocupación Urbana
En general un decaimiento del crecimiento económico y, sobre todo, una retracción del producto, se expresa en una baja de la demanda laboral de las empresas y de consecuentes despidos por disminución de la producción. El resultado, mayor informalidad del mercado de trabajo.
A excepción de México, Honduras, República Dominicana, Nicaragua y Panamá, quienes fueron estimulados por vínculos comerciales con los Estados Unidos, el resto de los países registraron incrementos importantes en su tasa de desempleo urbano, siendo este el nivel más alto de la historia estadística regional. Ver Gráfico 2.
Gráfico No. 2. América Latina y el Caribe:
Desempleo Urbano. (Tasa Promedio Annual)
b.

Merma del poder
adquisitivo.
El salario mínimo ha sido considerado tradicionalmente en nuestro continente como un instrumento distributivo y un mecanismo de protección de los ingresos de los trabajadores más pobres, pero como otros instrumentos de protección laboral, cuando se proponen metas muy ambiciosas resulta irrelevante, cuando no contraproducente, para los ingresos de los pobres.
El banco Mundial sostiene en su informe del 95, que el salario mínimo podría contribuir a proteger los ingresos de los trabajadores más afectados por la pobreza en los países industrializados, aunque claramente ello no ocurre en los países en desarrollo. Sostiene que los trabajadores afectados por las disposiciones del salario mínimo son realmente los más necesitados. Además al reducir el empleo en el sector formal, el salario mínimo ejerce una presión a la baja sobre los salarios de los trabajadores informales pobres.
La capacidad de compra del salario mínimo en la mayoría de los países latinoamericanos es actualmente muy inferior de lo que era al comienzo de los años ochenta. La crisis de la deuda y los procesos de ajuste que le siguieron llevaron a caídas de salario mínimo. Solo en Colombia, Costa Rica y Panamá han logrado mantener relativamente estable el salario mínimo en términos reales (Gráfico 3).
Gráfico
No. 3.

Un análisis econométrico indica que las reducciones en el poder de compra del salario mínimo ha estado inversamente asociado con aumentos en la concentración del ingreso (y viceversa).
3. La Inequidad.
La inequidad es un concepto de muchas facetas el cual pude ser medido de diferentes formas, pero a medida que pasa el tiempo la información sobre las tendencias están disponibles para menos países y son menos creíbles sobre su verdadera incidencia en la pobreza.
Si miramos la inequidad en el mundo, los resultados llevan a las siguientes aproximaciones:
Ø La inequidad es muy elevada en muchos países, según muestra la siguiente tabla:
Tabla
No. 2. Porcentaje de Distribución del ingreso o consumo.
|
Países con Alta Inequidad |
Bajo el 20 % |
Sobre el 20% |
Países con Baja Inequidad |
Bajo el 20% |
Sobre el 20% |
|
Sierra Leone |
1,1 |
63,4 |
Rep. Slovak |
11,9 |
31,4 |
|
Guatemala |
2,1 |
63,0 |
Austria |
10,4 |
33,3 |
|
Guinea-Bissan |
2,1 |
58,9 |
Finlandia |
10,0 |
35,8 |
|
Paraguay |
2,3 |
62,4 |
Hungría |
9,7 |
38,1 |
|
Panamá |
2,3 |
60,4 |