COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA

Fuerte Lesley J. McNair

Washington, D.C.

 

 

 

TRABAJO DE INVESTIGACION ACADEMICA

 

 

TEMA: LOS AVANCES Y DESAFIOS PARA LA CONSOLIDACION DE LA DEMOCRACIA EN EL HEMISFERIO EN LA ACTUAL COYUNTURA

 

POR

 

C.N. (M. de G.) Héctor Antonio Lizardo Jorge

República Dominicana

 

 

WASHINGTON, DC., ABRIL DEL 2000


 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCION

 

 

A lo largo de toda la historia del Sistema Interamericano, el interés de éste por la democracia ha estado latente, siendo elemento básico desde su creación. Sin embargo, hay que reconocer que en esa trayectoria hasta nuestros dias la misma ha pasado por momentos de crisis, inestabilidad y actualmente por un período de mucho auge y fortalecimiento, no solo en el Continente Americano sino también en todo el mundo.

 

Los peores momentos para la democracia en nuestro continente surgen a raíz de la posguerra (Segunda Guerra Mundial), donde las preocupaciones de los Estados Unidos por una alianza interamericana comprometida con la democracia, se vieron subordinadas por los problemas que se empezaron a plantear por la lucha contra el comunismo y la seguridad hemisférica. Es precisamente ésta la principal causa de que surgieran en la mayoría de los países latinoamericanos gobiernos dictatoriales en desmedro de democracias establecidas.

 

El final de la Guerra Fría ha sido considerado el fenómeno más trascedental de las últimas dos décadas,  motivador de importantes transformaciones en todo el mundo, muy particularmente en el Continente Americano donde los países han regrezado a una etapa de confianza, solución de viejos conflictos y lo más importante, marcando  el retorno  definitivo de los regímenes democráticos, aboliendo las dictaduras militares.

 

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha jugado un papel protagónico en la difusión y fortalecimiento de la democracia en el hemisferio, muy especialmente en las últimas dos décadas. En  los años 80, la Carta de la OEA fue objeto de las reformas pertinentes y necesarias, acorde a las exigencias de los nuevos  tiempos.  La década de los 90 marcó el nuevo enfoque hacia la defensa, promoción y fortalecimiento de la democracia, contando con el interés marcado y especial de los Estados Unidos y de los gobiernos del resto de los países del hemisferio, los cuales y a través de las Cumbres de Miami (1994) y de Santiago de Chile (1998), se establecieron los planteamientos necesarios para la promoción, defensa y fortalecimiento de la democracia en el hemisferio. Con carácter muy especial, emanó de la primera Cumbre, la instancia para que la OEA, a través de La Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD), le brinde la asistencia y colaboración a los Estados miembros en los esfuerzos de fortalecimiento y consolidación de las instituciones y procesos democráticos, haciendo hincapié especial en las áreas y temas como el poder legislativo, la promoción de valores y prácticas democráticas, el proceso de descentralización y participación ciudadana a nivel local y en la organización, administración y la observación de los procesos electorales.

 

Mediante el presente trabajo monográfico, se establecerán los avances que ha tenido la democracia en el hemisferio, indicando los  actores y factores que han incidido para el logro del actual repunte y fortalecimiento. Así mismo,  lo que creemos lo más importante, se indicarán y analizarán los principales retos, desafíos y amenazas que enfrenta la democracia actualmente, y que salvando dichos escollos representaría la verdadera e ideal democracia anhelada por los países del hemisferio.

 

El trabajo monográfico contará de siete (7) capítulos

 

El Capítulo I tratará sobre los antecedentes históricos de la democracia, sus orígenes y de cómo se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo, tras convertirse en una modalidad de gobierno aplicable no solo a las cuidades-Estados sino también a las Naciones-Estados, desde las ideas del gobierno representativo auspiciada y creada por Charles Montesquieu en su obra “El espíritu de las leyes”. De igual forma se indicarán los primeros modelos democráticos en el Continente Americano y  de qué forma éstos incidieron en el resto de los países.

 

En el Capítulo II se analizará la situación actual de la democracia en el hemisferio, enfocando y resaltando los hechos que de una forma u otra incidieron en pro o en contra de la misma.

 

El Sistema Interamericano se tratará en el Capítulo III, haciendo mención y alcance de los tratados, acuerdos y convenios de los Estados miembros.

 

El Capítulo IV (Desafíos y antagonismos para la consolidación de la democracia) será contentivo de los principales temas que enfrenta la democracia para su consolidación definitiva.  Estas adversidades coyunturales, no de corte idealista, que afectan a la democracia son: la violación de los derechos humanos, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza, la globalización, el vacío de los partidos políticos, el medio ambiente, las leyes, la explosión demográfica, la marginalidad, las guerrillas y el terrorismo y el marginalismo de las organizaciones indígenas, entre otras.

 

El Capítulo V se desarrollará analizando la incidencia de la Sociedad Civil en el fortalecimiento de las instituciones del sector público y su participación en la toma de decisiones por los gobiernos.

 

Los mecanismos de fortalecimiento de la democracia y la Carta de la Organización de la OEA se analizará en el Capítulo VI, indicando los principales instrumentos que para tales fines ha creado el Sistema Interamericano.

 

El Capítulo VII está orientado a analizar el rol de las Fuerzas Armadas en pro de la consolidación y fortalecimiento de la democracia.

 

            La metodología usada en el presente trabajo monográfico está basada en la investigación bibliográfica de todo tipo de documentación publicada y aceptada, contentiva de material relacionado con el tema que nos ocupa. Asimismo, han servido de fuente de abastecimiento importante las conferencias que distintas personalidades impartieron en el Colegio Interamericano de Defensa y en otros foros, además de los trabajos de comité, entrevistas personales, paneles, la internet, etc.


CAPITULO I

 

ANTECEDENTES  HISTORICOS DE LA DEMOCRACIA. DESARROLLO.

 

 

En la primera mitad del siglo quinto antes de Cristo, surgió entre los griegos la idea de que existiera un sistema político cuyos miembros se considerasen iguales entre sí y colectivamente soberanos, y dispusieran de todas las capacidades, recursos e instituciones necesarias para gobernarse. Así empezaron  a utilizar la palabra “demokratia” (“demos”=pueblo, “kratia”=gobierno o autoridad; por lo tanto, “gobierno del pueblo” o “por el pueblo”), planteando desde sus raices las interrogantes de: quienes integran el pueblo y que significa que ellos gobiernen? Es así como los atenienses  produjeron la “primera transformación democrática”[1], de la idea y la práctica de gobiernos de los pocos, a la idea y la práctica de gobierno de los muchos.

 

La concepción del gobierno de los muchos casi desapareció durante largos períodos, y solo una minoría de los pueblos del planeta procuraron, y lograron con éxito, adaptar la realidad política a sus exigentes condiciones en medida significativa. Por supuesto, para los griegos la única sede imaginable de la democracia era la ciudad –Estado.

 

Más o menos por la misma época en que esa idea del gobierno de los muchos transformaba la vida política de Atenas y otras ciudades-Estado griegas, arraigó también en la ciudad-Estado de Roma.

 

Para una comprensión  adecuada de la amalgama que ha sido la democracia desde sus orígenes, es conveniente describir sus tres fuentes más importantes: 1ro. la proveniente de la Grecia clásica; 2do. la tradición  republicana proveniente más de Roma y de las ciudades-Estados italianas de la Edad Media y el Ranacimiento; y 3ro. la idea y las instituciones del gobierno representativo.

 

1.1  La Grecia clásica.

 

            Si bien las prácticas de la democracia moderna solo guardan escasa semejanza con las instituciones políticas de la Grecia clásica, nuestras ideas actuales han experimentado la poderosa influencia de los griegos, y en particular de los atenienses. Que las ideas democráticas de los griegos hayan sido más influyentes que sus instituciones es irónico, ya que lo que sabemos sobre esas ideas no deriva tanto de los escritos o los discursos de los defensores de la democracia como de sus críticos. [2]

 

Estos abarcaron desde adversarios moderados como Aristóteles, a quien le molestaba el poder que, según él, necesariamente le iba a dar a los pobres la expansión de la democracia, hasta francos opositores como Platón, quien condenó la  democracia juzgándola el gobierno de los incapaces  y abogó por  implantar en su lugar un sistema de gobierno de los ciudadanos mejor calificados, sistema que tendría más tarde perenne atractivo.[3]

 

No se puede dudar que la demokratia implicaba igualdad, en alguna forma, pero nos preguntamos: que tipo de igualdad?. Antes de que la palabra democracia entrara en vigor, los atenienses ya se habían referido a ciertas clases de igualdad como características positivas de su sistema político: la igualdad de todos los ciudadanos en cuanto a su derecho a hablar en la asamblea de gobierno (isogoria) y la igualdad ante la ley (isonomia).[4] Estos términos siguieron utilizándose y, evidentemente, a menudo se consideró que designaban características propias de la democracia; pero durante la mitad del siglo V antes de Cristo, cuando fué cobrando aceptación que el pueblo (demos) era la única autoridad legítima para gobernar, al mismo tiempo parece haber ganado terreno la idea de que democracia era el nombre más apropiado para el nuevo sistema.

 

La visión griega de la democracia, debía satisfacer seis requisitos primordiales:

 

 

a-      Los ciudadanos debían tener intereses suficientemente armónicos entre sí, de modo de compartir un intenso sentimiento de lo que es el bien general, bien general que no presenta una contradicción marcada con sus objetivos o intereses personales.

 

b-     Los ciudadanos deben mostrar un alto grado de homogeneidad respeto de características que, de otra manera, tenderían a generar entre ellos agudas discrepancias y conflictos políticos respeto del bien público. Según esto, ningún Estado podría confiar en convertirse en una buena polis si hubiera una gran desigualdad en los recursos económicos de sus ciudadanos o en su tiempo libre, si adhiriesen a distintas religiones, hablasen distintos idiomas o difieren significativamente en su grado de instrucción, o por cierto si fueran de diferentes razas, culturas o grupos étnicos.

 

 

c-       La cantidad de ciudadanos debería ser pequeña, en el caso ideal, más pequeña aún que los 40 o 50 mil que  poblaban la Atenas de Pericles. El pequeño tamaño del demos era necesario por tres rezones: contribuía a evitar la heterogeneidad, la inarmonía; los ciudadanos podrían adquirir un mejor conocimiento de su ciudad y de sus compatriotas, gracias a la observación, la experiencia y el debate, y esto los ayudaría a discriminar el bien común diferenciándolo de sus intereses privados o personales; y por último, era esencial para la reunión conjunta de todos los ciudadanos a fin de actuar como gobernantes soberanos de su ciudad.

Los ciudadanos debían estar en condiciones de reunirse para decidir en forma directa acerca de las leyes y las medidas políticas. Tan arraigada estaba esta convicción que a los griegos les resultaba poco concebible el gobierno representativo, y aún les era más difícil aceptarlo como alternativa legítima frente a la democracia directa. La participación ciudadana no se limitaba, empero, a las reuniones de la Asamblea: incluía asimismo la administración de la ciudad. Se ha estimado que en Atenas debían cubrirse más de un millar de cargos públicos (unos pocos mediante elecciones, el resto echando suertes), casi  todos los cuales eran de un año de duración y solo podían ocuparse una vez en la  vida. Aún en un demos grande como el de Atenas, era casi seguro que todo ciudadano ocuparía algún cargo por un año, y un alto número formaría parte del importantísimo Consejo de los Quinientos, que establecía el temario de la Asamblea.[5] La ciudad-Estado debía ser por completo autónoma, al menos en el caso ideal. Por más que las ligas, confederaciones y alianzas fuesen a veces necesarias a los fines de la defensa o de la guerra, no debían privar a la ciudad-Estado de su autonomía suprema, ni a la asamblea de ese Estado de su soberanía. Cada ciudad tenía que ser autosuficiente no solo en lo político sino además en lo económico y en lo militar, o sea tener las condiciones requeridas para una vida Buena.

 

1.1  La tradición republicana.

 

La tradición republicana, basada en Aristóteles, conformada por las experiencias de la Roma republicana y de la República de Venecia a lo largo de varios siglos, fué reformulada, replasmada y reinterpretada en Inglaterra y en Estados Unidos durante los siglos XVII y XVIII. Durante este proceso varios temas del republicanismo  clásico desaparecieron, sin embargo la mayoría conservaron su vitalidad.[6] El republicanismo adoptó la concepción de que el hombre es por naturaleza un animal social y político; de que los seres humanos deben convivir en una asociación política si pretenden realizar todas sus potencialidades; de que un hombre bueno debe ser también un buen ciudadano; de que un  buen sistema político es una asociación constituída por buenos ciudadanos; de que un buen ciudadano es aquel que posee como atributo la virtud cívica; que la virtud cívica es la predisposición a procurar el bien de todos en los asuntos públicos y de que, por lo tanto, un buen sistema político no solo refleja la  virtud de sus integrantes sino que la promueve. O sea, que se sostiene que el mejor sistema político es aquel en el cual los ciudadanos son iguales en aspectos importantes: ante la ley y por la ausencia de toda relación de dependencia (por ejemplo amo y esclavo). Además, implica que ningún sistema político puede ser legítimo, conveniente o bueno si excluía la participación del pueblo en su gobierno.

 

Según la visión republicana, una de las mayores amenazas a la virtud es la que genera la facción y conflictos políticos:[7] el pueblo no es una totalidad perfectamente homogénea cuyos miembros tengan intereses idénticos; normalmente se divide en un elemento aristocrático y oligárquico y otro democrático o popular (los pocos y los muchos), cada uno de los cuales persigue diferentes intereses.

 

Según Aristóteles, se podría añadir un elemento monocrático o monárquico, un líder o soberano que podría procurar realzar su posición, prestigio y poder. La tarea entonces es elaborar una constitución que  refleje los intereses de todos, logrando un gobierno mixto, donde existan los elementos de democracia, aristocracia  y monarquía. El principal ejemplo de notorio  equilibrio en un modelo constitucional lo fue la constitución inglesa en el siglo XVIII, quienes con su maravilloso ordenamiento de la monarquía, la Cámara de los Lores y la de los Comunes, que según Montesquieu, es el verdadero compendio de un sistema de gobierno perfectamente equilibrado. En América este modelo se presentaba infuncional, debido a que existía la carencia de aristocracia hereditaria. Quienes serían los pocos que merecieran un trato especial? Esto fue imposible, y es así como los redactores de la Constitución norteamericana en 1787, concluyeron que en una república democrática, los intereses de los pocos no los califican para tener una cámara propia, y tampoco se aceptaría proteger el interés monárquico asignándole el Poder Ejecutivo. La idea de Montesquieu es asumida por los republicanos ante la imposiblidad de establecer un gobierno mixto en una república democrática: la de la separación constitucional e institucional de los poderes en tres ramas, la legislativa, la ejecutiva y la judicial. La teoría republicana conceptualiza que la concentración de estos tres poderes en un poder único era la esencia misma de la tiranía, y que por lo tanto debían ser localizados en instituciones separadas, donde cada una de las cuales pudiese controlar a las otras.[8]

 

La gran interrogante surge entonces, sobre si este sistema serviría para establecer una república en sociedades grandes, como Gran Bretaña, Francia o los Estados Unidos, determinándose que la respuesta al problema de la gran escala iba a concentrarse en instituciones que hasta entonces habían tenido poca cabida en la teoría democrática o republicana, y no mucha en la práctica: las instituciones del gobierno representativo.

 

1.2  Las ideas del gobierno representativo.

 

Montesquieu, en su obra “El espíritu de las leyes” (1748), ensalzó la Constitución inglesa y declaró que, como en un Estado de gran tamaño le era imposible a los individuos reunirse en un cuerpo legislativo, debían escoger representantes que hicieran lo que ellos no podían hacer por sí mismos. A finales del siglo XVIII, la representación ya era ampliamente aceptada por los demócratas y los republicanos como una solución que eliminaba las antiguas limitaciones de tamaño de los países democráticos y convertía a la democracia, de una doctrina solo apropiada para  las ciudades-Estados pequeñas, en otra que era aplicable a las grandes naciones de la edad moderna.

 

John Stuart Mill en su obra “Consideraciones sobre el gobierno representativo”, cita en las conclusiones del capítulo “La forma ideal del gobierno”, que el único gobierno capaz de satisfacer plenamente todas las exigencias del estado social es aquel en el cual participa todo el  pueblo, pero como en una comunidad cuyo tamaño exceda el de un poblado pequeño no es posible que todos participen personalmente en cualquier cuestión pública que no sea muy secundaria, de ello se desprende que el tipo ideal de gobierno perfecto debe ser representativo.

 

Esta nueva concepción de la democracia representativa trajo consigo nuevas y mejores aspiraciones de los derechos de las personas, la libertad y la autonomía del individuo, incrementando mucho la capacidad de los ciudadanos de autogobernarse. Sin embargo, la magnitud misma del estado nacional engendró intereses y grupos de intereses. Si antes las luchas y conflictos de facciones se juzgaban destructivas de la democracia, ahora el conflicto político pasó a ser visto como algo normal, inevitable, y aún como un rasgo conveniente del orden democrático. Así, el bien público se fragmentó en los intereses de los  individuos y grupos.

 

1.3  Establecimiento de la democracia en América.

 

           La historia democrática del continente Americano, debe sus orígenes a los modelos constitucionales de los Estados Unidos en el 1787, de Francia en el 1791 y de España en el 1812. Sin embargo, como las normas fundamentales para su elaboración eran  foráneas, estas  fueron fracasando y hubo la necesidad de reformarlas o cambiarlas de acuerdo a la realidad, cultura e idiosincracia de los países que debían regir. La excepción ha sido la Constitución norteamericana, que fué concebida con una visión extraordinaria, solo modificada cuando se le incluyen enmiendas que van acordes con la evolución de la  humanidad, siendo la primera ola democratizadora la que se inicia en los años 1820, cuando es ampliado el derecho a sufragio de los hombres de los Estados Unidos de Norteamérica.  Observamos que a principios del siglo XIX, luego de obtener su independencia, las repúblicas latinoamericanas elaboran sus constituciones influenciadas en las corrientes políticas democráticas y liberales. Desde entonces y hasta nuestros días, la democracia en el Continente Americano ha tenido un proceso de vaivén, donde repúblicas con aparente solidez democrática se derrumban debido a la fragilidad de sus instituciones, la dependencia del manto protector de los Estados Unidos y la influencia ejercida durante la Guerra Fría por la antigua URSS. Según algunos estudiosos sobre el desarrollo democrático del Continente Americano, existen variadas teorías que influyen en la variación de la misma, desde motivos económicos, hasta culturales, políticos y sicosociales, casi siempre debido a procesos internos. Por encima de esta versión, hay quienes  dicen que la declinación o el auge de la democracia en el hemisferio, depende del interés, aumento o disminución del poder de los Estados Unidos[9]. Los procesos de incorporación de las naciones latinoamericanas en el ámbito democrático, han estado sujeto a las constantes interrupciones de los mandatos constitucionales y reformas de las cartas magnas, adecuándose a las exigencias contínuas de la sociedad y los nuevos tiempos.

 

Los principales cambios en las constituciones de latinoamérica se registran por la ola de influencia de las ideas democráticas y liberales,  expresándose en los sufragios universales para los hombres adultos, cuando en México en el 1857, Panamá en el 1904 y Argentina en el 1912 reconocen constitucionalmente este derecho sagrado. Las restricciones al voto no fueron exclusivas de los países latinos. Los Estados Unidos (modelo de la democracia liberal) logró la universalidad del voto recientemente a mediados del  siglo pasado, cuando se despejaron las trabas de que los ciudadanos ordinarios no podían participar en política debido a su no conocimiento en este campo. El sufragio de la mujer fue logrado en el 1920, tanto dentro de los EUA, así como en las colonias bajo su dominio.

 

El establecimiento de la democracia se vió mermado durante el período de la Guerra Fría,  donde las influencias de corte comunista y el resurgimiento de regímenes autoritarios hicieron fracasar democracias establecidas. Los casos notorios son los de Argentina y Perú (1962), República Dominicana, Honduras, Ecuador y Guatemala (1963), Bolivia y Brasil (1964), Argentina (1966), Perú (1968), Bolivia (1971), Uruguay y Chile (1973). Estos países recobraron su estabilidad y gobiernos democráticos: República Dominicana (1966), Ecuador (1978), Perú (1980), Honduras (1981), Argentina (1983), Bolivia (1984), Brasil y Uruguay (1985), Paraguay (1992), Chile (1990) y Guatemala (1996).

 

Haití, que logró su independencia en el 1804 (segundo en el hemisferio), no puede contar en su historia democrática que ha vivido libre de las constantes anarquías y gobiernos dictatoriales. En la última década del siglo pasado este país aún no define su estatus democrático, viviendo en la incertidumbre de la inestabilidad política y económica, producto de golpes de Estado, ocupación militar y la incapacidad institucional para nombrar sus dirigentes. Sin la ayuda internacional y el cumplimiento de las ayudas prometidas, no se vislumbran a corto plazo soluciones al caos imperante en éste país que tiene el nivel de pobreza más elevado del hemisferio.

 

Podemos apreciar que en el continente sólo Cuba tiene un gobierno no electo democráticamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO II

 

 

SITUACION ACTUAL EN EL HEMISFERIO

 

 

A lo largo de una historia de más de 200 años de Repúblicas con  sistemas democráticos en todo el continente, se han sentado en sus sociedades, tradiciones y culturas, los verdaderos principios políticos de organización, participación y desarrollo social. Esta es la principal base para poder afirmar que hablar de democracia en América no es un tema nuevo. Sin embargo, es un hecho que los esquemas tradicionales encuentran hoy día un frente que demuestra una realidad diferente. A partir de la década de los 80, cuando latinoamérica sufrió una de sus peores crisis económica, debido al aislacionismo económico, donde las inversiones extranjeras tenían todo  tipo de restricciones y los gobiernos se oponían a las privatizaciones, paradógicamente coincidió con la fecha donde la democracia en el hemisferio cobró fuerzas de revitalización. Fueron estos los principales motivos que llevaron a la mayoría de los regímenes autoritarios (dictaduras militares) a ceder por distintas vías, el poder a civiles debidamente constituídos.

 

Este resurgimiento de la democracia es analizado por Samuel Huntinton[10], quien justifica en su estudio que: “su ocurrencia como producto de la profundización de la crisis de legitimidad de los regímenes autoritarios en un mundo con valores democráticos aceptados y deseados, sumado a la inhabilidad de muchos de estos regímenes para mantener un desempeño político y económico legítimo, y en su gran mayoría con economías fracasadas, lo que aceleró su proceso de agotamiento y descomposición política”.

 

Las corrientes de globalización y la dependencia económica generalizada, sumado a los requisitos y exigencias de los organismos internacionales en cuanto al respeto de los derechos humanos, elecciones libres y confiables, libertad de expresión, principio de igualdad, etc., fueron suficientes razones para que los gobiernos militares se convencieran de que se arriesgaban al juicio general por no satisfacer al mínimo los niveles de vida deseados de la población.

 

Desde entonces, los gobiernos han orientado sus directrices: en el campo político al fortalecimiento de la democracia y en el económico a su saneamiento. Al respeto (en el campo económico) los primeros pasos fueron establecer acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde los préstamos otorgados exigían como garantía disciplinas fiscales impuestas, fiscalizadas y observadas.

 

Los hechos más transcendentales de procesos democráticos, fueron los traspasos de poder entre gobernantes civiles electos (1988-1990) en Argentina, Bolivia, Brasil, El Salvador, Guatemala, y Uruguay.[11] Asimismo, en Chile y Paraguay se logró desplazar las prolongadas dictaduras del General Augusto Pinochet y Stroessner.

Entre los años 1993-1995 fueron celebradas 17 elecciones generales en igual número de países, donde resalta la celebrada en Perú después de la disolución del Congreso por parte del presidente Alberto Fujimori.

 

La democracia se ha revitalizado en la última década por el rechazo  generalizado al golpe de Estado en Haití en el 1991, a los intentos de golpe de Estado en Venezuela en el 1992, a los cambios de las instituciones en Perú (1992), y al intento de golpe de Estado en Paraguay (1996). En el marco constitucional, las salidas de los presidentes Collor de Melo, en Brasil, y de Carlos Andrés Pérez, en Venezuela, por asuntos de corrupción, son muestras de que el pueblo latinoamericano desea la opción democrática. [12]

 

Salvo el caso de Haití, ningún gobierno civil ha sido derrocado por estamentos militares en los últimos 10 años. Muy por el contrario la democracia representativa toma vigencia permanente, consolidándose mediante la firma de las declaraciones de la Cumbre de las Américas de Miami, (1994), Santiago de Chile, (1998), las reuniones de Denver (1995) y de Cartagena, Colombia, (1996). Con agendas similares a las Cumbres de las Américas, se celebran las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno, contando con la participación y cooperación de España y Portugal, y la participación de Cuba. Se  suma a la promoción de la democracia los grupos comprometidos que dirigen sus actividades al fortalecimiento de los gobiernos locales y a la modernización de los sistemas judiciales.

 

No obstante, a pesar de la amplia aceptación de la democracia como régimen político, existen interrogantes en la ciudadanía sobre  los sistemas judiciales, los partidos políticos, los congresos nacionales, las instituciones de administración pública y el verdadero rol de las asociaciones gremiales. Así también, los requisitos primordiales del gobierno óptimo carecen de concordancia. Es claro que los gobiernos latinoamericanos no son muy eficaces en la solución de la mayoría de los problemas que más interesan a los ciudadanos[13]. Si los objetivos fundamentales, eficiencia, democracia y sostenibilidad, no son satisfechos, los gobiernos corren el riesgo de poner en peligro su estabilidad y sostenimiento. A su favor cuentan con el rechazo del autoritarismo y de gobiernos militares y la aceptación del progreso y el desarrollo, bajo el entendido de que sí se pueden conseguir en democracia.

 

Hay mucho camino por recorrer. En la mayoría de los países latinoamericanos los mecanismos de control gubernamental son escasos y poco eficaces, y las instituciones públicas resplandecen por su fragilidad, produciendo insatisfacciones en la búsqueda de soluciones reales a los fenómenos de la corrupción, debilidad de los partidos políticos y legislaciones dóciles.

 

El trato dado a los casos relacionados con los abusos de poder, corrupción, y de violación de los derechos humanos, ponen en evidencia la cierta impunidad que aún impera en la región.

 

Apreciamos, sin embargo, que la democracia en América Latina es un imperativo, que redundará en resultados positivos para los pueblos como una mejor y mayor libertad, equidad, justicia, representación y participación ciudadana, y por ende, ser el medio para la consecución de la democracia económica y social tan anhelada.

 

Otro avance importante lo constituye  el papel que está jugando la prensa  como mecanismo de control al servicio de la sociedad civil. Una prensa independiente y crítica desempeña una función democrática fundamental.[14]

 

La conducta de funcionarios públicos, investigadas por la prensa escrita y televisiva demuestran una mejoría en su capacidad. Según un estudio elaborado por el Sexto Barómetro Iberoamericano sobre Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, los encuestados expresaron mayor confianza en la radio, la televisión, y la prensa escrita que en un gran número de instituciones y asociaciones, con excepción de la iglesia.[15] La proliferada corriente de estudios y encuestas de opinión pública reflejan otra forma de control. La toma de medidas basamentadas en los resultados de la opinión pública, se traducen en un control al comportamiento de los funcionarios gubernamentales.

 


CAPITULO III

 

 

EL SISTEMA INTERAMERICANO

 

 

El Sistema Interamericano es la “estructura” que regula el comportamietno de los Estados  del Continente Americano signatarios de tratados, acuerdos y convenios, y que implementa actividades a través de la utilización de los instrumentos instituídos, para la obtención de objetivos compartidos, diseminados en cuatro grandes áreas:

 

a-      Desarrollo Continental.

b-     Seguridad Continental.

c-      Solidaridad Continental, y

d-     Fortalecimiento y Promoción de la Democracia.

 

El mero hecho de compromoterse internacionalmente, no limita a los Estados miembros a tomar medidas y decisiones pertinentes a su soberanía y objetivos nacionales. La estructura que significa el Sistema Interamericano son la hechura de los Estados miembros, quienes a través de los organismos establecidos, canalizan sus objetivos, estrategias y políticas generales. En la medida que esos objetivos concurran y sean iguales entre los gobiernos, inmediatamente se crean las condiciones para que se adopten las disposiciones y resoluciones que el sistema aplicará mediante los organismos.

 

Este sistema, que basa su establecimiento en profundas raíces idealistas del libertador  Simón Bolívar, desde la creación de la Gran Colombia, donde propugnaba la Unión Panamericana, ha creado instrumentos básicos para la concecución de los objetivos: la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), El tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá), como instrumento consultivo y asesor la Junta Interamericana de Defensa (JID) y como instrumento académico el Colegio Interamericano de Defensa (CID). De estas instituciones, la OEA constituye el baluarte desde donde y a través del   Consejo Permanente, se monitorean y se le hace un seguimiento al desarrollo de la ejecución de las políticas generales establecidas por los órganos de decisión. En su seno aglomera a los embajadores permanentes que son la voz viva de las políticas y voluntades de las naciones que representan, quienes mediante propuestas y votos, manifiestan sus aspiraciones en la Asamblea General, la Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores, el Consejo de la Organización, las Conferencias Especializadas, los Organismos Especializados y las Entidades Autónomas.

 

Sin embargo, la realidad es dura de ver. Independientemente de los logros (que han sido notables), hablar de un Sistema Interamericano unificado es algo totalmente utópico. La realidad nos muestra un Sistema Interamericano dividido en dos bloques. Un bloque conformado por los Estados Unidos de Norteamérica y otro conformado por el resto de los países del continente. El distanciamiento Norte-Sur, marcado principalmente por las diferencias económicas y el poco interés mostrado por los Estados  Unidos y Canadá por sus vecinos del continente, prefiriendo otros mercados extracontinentales, nos muestran las desigualdades imperantes en los extremos.

 

En la Organización de las Naciones Unidas (ONU) están claramente definidos los países con voz, voto y veto. La OEA, que ha sido definida como un organismo político y que es y será lo que los países miembros quieran que sea, habría que añadirle: siempre y cuando los Estados Unidos quieran que  así sea. Las propuestas emanadas del seno de la OEA y que no han contado con la aprobación y visto bueno de los Estados Unidos, solo han sido ilusiones.

 

La posición de Canadá es aún más radical. Desde la creación de la OEA, este país, con todo el derecho que le asiste como nación libre, había renunciado a la voluntad de ser miembro de la misma, alegando que a través de la organización no lograría sus intereses políticos y económicos. Es en los años 70, cuando Canadá se vé presionada por el Banco Interamericano de Desarrollo, que exige el requisito de la membresía de la OEA para poder optar por financiamientos y negociaciones, que ésta consigue, en un caso exclusivo y extraordinario, ser miembro independiente de la OEA. Hasta el año de 1989 Canadá mantuvo ese estatus. Es a partir de entonces donde ya sus intereses económicos y  políticos con el resto de los países del continente empiezan a ser considerados de importancia, y es cuando decide ingresar en la OEA como pais miembro.

 

El Doctor Richard Millett expresa su concepto sobre la política: “la política lamentablemente no es moral, la política está marcada por los intereses”. Este concepto refleja la pura realidad del quehacer rutinario de las naciones del norte.

 

El espacio de tiempo, de casi 50 años que significó la Guerra Fría puso en prueba al Sistema Interamericano. Como señaláramos en nuestro primer capítulo, el bipolarismo entre los EU y la antigua URSS, ejerció una influencia catastrófica en los países  latinoamericanos, llegando, aunque guardando la proporción, a divididr las naciones en las pro-comunistas y las pro-democráticas, incluso más lejos, a dividir a las mismas naciones. Los Estados Unidos, después del establecimiento del régimen comunista de Fidel Castro en Cuba (1959), dirigió su política para que especialmente en el continente no surgieran otros gobiernos de corte comunista, provocando que en los países con democracias débiles y economías deficientes, surgieran los gobiernos militares-dictatoriales de extrema derecha, bajo el argumento socorrido de evitar caer en abismos oscuros (comunismo).

 

En el 1965, durante la Guerra civil en la República Dominicana, donde uno de los bandos (el constitucionalista) propugnaba por el restablecimiento del gobierno constitucional derrocado en el 1963 (de este gobierno se tenía la percepción de que era pro-comunista), el país fué invadido por las tropas estadounidenses que lograron disipar la revolución y establecer un gobierno provisional hasta realizar elecciones generales un año después.

 

En el 1983 los Estados Unidos invadieron la isla caribeña de Grenada, tras sus autoridades tratar de establecer un régimen situado en la órbita de Cuba.

 

Panamá fué ocupada por Estados Unidos (1989) bajo el argumento de capturar al General Manuel Antonio Noriega (que ostentaba el poder) acusado de narcotráfico. Después de la captura, juicio y condena del general Noriega en los Estados Unidos de Norteamérica, este país logró de nuevo la hegemonía que  había perdido.

 

De su lado, el comunismo trataba de infiltrar sus ideologías en todo el continente, financiaba guerrillas en el Caribe, Centro y Sur América y propiciaba el caos y la inestabilidad a través del terrorismo y el crimen organizado.

 

Como hemos señalado anteriormente, la década de los 80, con el desmoronamiento de las economías en latinoamérica, significó la caída de la casi totalidad de los regímenes militares y la vuelta a los gobiernos legalmente constituídos; sin embargo, el derrumbe del muro de Berlín, que marcaba el fin de la Guerra Fría, es lo que ha significado el verdadero inicio para lograr  un continente unificado, democrático y en procura de identificar y hacer homogéneos todos los problemas del hemisferio. Es en éste período pos Guerra Fría, donde por primera vez en toda la historia latinoamericana que la democracia significa el norte y requisito primordial para todo tipo de relaciones (políticas, diplomáticas, económicas, etc.) entre nuestros pueblos. Surge la primera Cumbre de las Américas, Miami, Florida, 1994, donde los jefes de Estados y de Gobiernos elegidos de las Américas hicieron la declaración de principios basados en el desarrollo y la prosperidad: democracia, libre comercio y desarrollo sostenible en las Américas. Asimismo, en la Segunda Cumbre de las Américas de Santiago de Chile, 1998, surgieron medidas para el fortalecimiento de la democracia, el diálogo político, la estabilidad económica, el progreso hacia la justicia social y la voluntad para seguir impulsando el proceso de integración hemisférica permanente. Las medidas emanadas de las Cumbres, en cuanto a libre comercio, desarrollo sostenido, etc., siguen siendo las tareas que los Jefes de gobierno se han propuesto cristalizar para el año 2005.

 

Cabría señalar que las Cumbres Iberoamericanas, donde participan de forma protagónica España y Portugal además de los países latinoamericanos, incluyendo a Cuba, ha sido un escenario que ha propugnado políticas similares a las de las Cumbres de las Américas, logrando hasta la fecha, que el gobierno comunista de la mayor de las islas caribeñas abra las esperanzas de que surja un gobierno democrático. Los principales síntomas percibidos en este sentido han sido: la visita del Papa, apertura de negocios con tendencias al capitalismo, nuevas relaciones diplomáticas con países del continente, flexibillidad con la oposición política y la prensa, entre otros. Sin embargo viendo la situación cubana objetivamente, se podría afirmar que esas jugaretas políticas del presidente Fidel Castro no son más que salidas momentáneas para disuadir o aligerar  las presiones internas y externas, medidas éstas que quedan contradecidas en los pronunciamientos cotidianos del mandatario cubano, haciéndonos crear la convicción de que en la isla de Cuba habrá comunismo mientras exista Fidel Castro.

 

 

3.1 El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

 

Las declaraciones del Acta de Chapultepec emanadas luego de celebrada la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz, en México, recomendaron la celebración de un tratado destinado a prevenir y reprimir las amenazas y los actos de agresión contra cualquiera de los países de América. En cumplimiento, los países signatarios reunidos en Brasil (agosto 1947), acogieron los postulados del Acta de Chapultepec y celebraron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) siendo firmado por 18 Estados (de un total de 23), permitiendo que el mismo entrara en vigor en diciembre del 1948.

 

Esta celebración vino a satisfacer las voluntades de permanecer unidos dentro de un sistema interamericano compatible  con los propósitos y principios de las Naciones Unidas, los principios de solidaridad y cooperación interamericana y perfeccionar los procedimientos de solución pacífica de las controversias dentro de un ambiente  de obligación  de ayuda mutua  y de común defensa de las Repúblicas Americanas (ligada a sus ideales democráticos y a su voluntad de permanente cooperación para realizar los principios y propósitos de una política de paz).

 

Este instrumento trajo consigo un sistema hemisférico de seguridad que se aparta de la voluntad hegemónica de los Estados Unidos y establece el principio de solidaridad de todos los pueblos americanos, mediante la definición de criterios e instrumentos de defensa colectiva.

 

El contenido de los 26 artículos del TIAR reflejaban la voluntad coherente de los Estados de América. No hubo desperdicios y al momento de su celebración, todas las necesidades estaban cubiertas. El TIAR constituyó el primer instrumento internacional de defensa colectiva, estableciendo los mecanismos definidos de acción conjunta para la obtención de las metas preconcebidas.

 

Los principios de defensa colectiva del TIAR fueron adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas y  ha servido de modelo para otros tratados de seguridad en el continente europeo y el asiático.

 

Hasta la Asamblea General celebrada en San José de Costa Rica en 1975, el TIAR fue aplicado en (15) quince oportunidades.

 

Podemos decir, después de analizar todo lo antes expuesto, que el TIAR (desde 1948 al 1975) ha servido satisfactoriamente a las necesidades que motivaron su creación, que sus propósitos están debidamente definidos y que solo la involuntad de sus miembros, al no cumplir con sus mandatos, lo puede hacer colapsar.

 

A partir de la Asamblea General celebrada en Costa Rica (1975), para efectuar las reformas al TIAR, surgieron distintas razones que debilitaron el sistema de seguridad hemisférica:

 

1ro. Las reformas adoptadas no  satisfacían las necesidades globales, lo que motivó que las ratificaciones de los Estados se vieran marcadas por un gran número de reservas. El Salvador suscribió con la reserva de que sus artículos no contienen el compromiso de las Partes de utilizar métodos o procedimientos compulsorios de solución de conflictos, que El Salvador no puede aceptar. Estados Unidos al firmar, expresó que no aceptan la obligación o el compromiso de negociar, firmar o ratificar ningún tratado o convención en materia de seguridad económica colectiva. Guatemala reiteró sus reservas de hacer valer sus derechos sobre el territorio de Belice. Panamá se niega a aceptar cualquier cláusula que pueda contravenir los mandatos de su Constitución o los intereses nacionales. También hicieron reservas Paraguay, Perú, Bolivia y México.  Lo que para unos era satisfactorio, para otros no lo era, demostranto la realidad hemisférica, que aunque la mayoría de nuestros problemas son comunes,  existen  realidades internas muy particulares y que sólo la voluntad disciplinada de las Partes  las podrían homogenizar en el continente. Estados Unidos fue el último país en depositar su ratificación a las reformas (Septiembre del 1979).

 

2do. En el 1982 durante la Guerra de la Malvinas, la República de Argentina invocó el TIAR al Consejo Permanente de la OEA, para repeler hemisféricamente  la agresión de Inglaterra por reconquistar las islas Malvinas. Esta invocación quedó en el vacío, teniendo Argentina que enfrentar unilateralmente el conflicto. El tratamiento que el sistema interamericano le dió a éste conflicto, de manos cruzadas y ojos cerrados, desnaturalizó por completo la esencia del TIAR, perdiendo el crédito que había logrado. En éste comportamiento, lamentablemente incide la postura de los Estados Unidos, que se vió en la encrucijada de apoyar a América Latina en  perjuicio de su principal aliado. Su decisión de preferencia por los intereses en la OTAN enterraron por completo los instrumentos de solidaridad interamericana e influyó para que los demás países del hemisferio se quedaran como simples espectadores, demostrando que la voluntad de los Estados Unidos marca la ruta a seguir.

 

3ro. El TIAR tenía la posiblidad de ser aplicado nuevamente en el 1989, cuando los Estados Unidos invadió militarmente a Panamá, sin embargo todo transcurrió sin la más mínima intervención hemisférica, hechando por la borda y desacreditando definitivamente al TIAR.

 

Reflexionando al respecto, estas realidades nos llevan a concluir que el TIAR es un instrumento desfasado, que no se ajusta a las corrientes, condiciones y circunstancias del momento, y que debe ser actualizado en base a la realidad de hoy día, especialmente identificando aquellas amenazas a la seguridad hemisférica que sean comunes a los Estados Unidos y a latinoamérica, bajo la creencia cierta de que solo cuando sea así, se mantendrá la unidad continental.

 

3.2 El Grupo de Contadora. (1983).

 

La inestabilidad política existente en centroamérica provocó la iniciativa de Venezuela, México, Panamá y Colombia de propiciar una plataforma política para conseguir la paz en esa región. Así se reunieron en la isla de Contadora, Panamá, en el 1983, donde se plantearon las soluciones a los conflictos imperantes y que presagiaban propagarse a toda latinoamérica. Esta iniciativa surge ante la derrota diplomática,  tras vanos intentos de solucionar por esa vía el caos y por la imposiblidad de la OEA de enfrentarlos, por el descrédito que se había ganado después del inadecuado trato dado al conflicto de la guerra de Las Malvinas, donde demostraron que los mecanismos internos no operaban para la solución pacífica de los conflictos en el marco del sistema interamericano.

 

En una época de problemas económicos generalizados y con una Guerra Fría campeando por sus fueros, no podía ser más oportuna y atinada la Acción de Contadora, que con sus esperanzadoras propuestas, se convertió en la primera opción seria para la obtención de las soluciones a los conflictos latinoamericanos con acciones latinoamericanas. Su primer objetivo fue crear un grupo de países latinoamericanos capaces de servir de mediadores en el conflicto de Centro América y buscar  la paz en la región mediante la negociación; lograr  la solución del conflicto dejando fuera de escenario la confrontación Este-Oeste; revitalizar los ideales democráticos; hacer que los poderes, mediante la promoción, sean más equilibrados; consolidar el principio de no intervención y la solución de conflictos multilateralmente, definiendo claramente la relación de Estados Unidos y el resto de latinoamérica. Los resultados no se hicieron esperar.  Con el apoyo impresionante de la comunidad internacional y el consenso 100% de sus acciones, los países en conflicto (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) lograron identificar los temas comunes de la región, evitaron la intromisión de las potencias, se lograron acuerdos en los problemas económicos, sociales, políticos y militares, obteniendo verdaderamente las posibilidades reales para una propuesta de paz.

 

La ciudad de Esquipulas de Guatemala, fue el escenario para que los Jefes de Estado de los cinco países en conflicto y los miembros de Contadora se reunieran en dos ocaciones, en el 1986 y el 1987, siendo éste ultimo año cuando se firmaron los acuerdo de paz que coronaron el principal objetivo de la Acción de Contadora: lograr que los propios países de centroamérica, en común acuerdo y negociación se entendieran para la consecución de la paz. Independientemente de lo acertado de la Acción de Contadora, el apoyo recibido por la comunidad latinoamericana y el seno de la OEA, constituyeron el complemento ideal que le dió la estamina “jurídica” a todo el proceso.

 

 

3.3 El Protocolo de Cartagenas de Indias. (1985).

 

La acción  del Grupo de Contadora no limitó sus acciones a la región de centroamérica. Aunque su creación se debió a la crisis de Centro América, el resto de latinoamérica llevaba sobre sus hombros la imposiblidad de introducir reformas a la Carta de la OEA por más de 15 años. Es así  como durante la  Asamblea Extraordinaria en Cartagena de Indias, Colombia, en el 1985, el Grupo de Contadora contando con los países del grupo de apoyo (Argentina, Perú, Brasil y Uruguay) logra que la Carta de la OEA sea reformada.

 

Al artículo 2 se le introdujo el literal b: “promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención”. De esta forma la democracia salía fortalecida y además se despejaban las dudas sobre la posibilidad del pluralismo como idealismo político.

 

El campo económico y social recibieron el trato adecuado acorde con los nuevos tiempos y realidades, al reformarse el artículo 2 literal g: “alcanzar una efectiva limitación de armamentos convencionales que permita dedicar el mayor número de recursos al desarrollo económico y social de los Estados miembros”.

 

 

 3.4 Resolución 1080. Compromiso de Chile (1991).

 

En el año 1988 Ramsewak Shankar fue electo presidente constitucional de Surinan después de 8 años de golpes de Estado y guerrillas. Un año más tarde era derrocado por un golpe militar, dando al traste con la incipiente democracia de ese país. Este hecho lamentable provocó la reunión de la OEA, condenando el golpe e implementando las sanciones reglamentarias.

 

La condena y las sanciones, sin embargo, no fueron suficientes para que el gobierno constitucional depuesto retornara a dirigir los destinos de Surinan, muy por el contrario se arreciaron las restricciones en cuanto a las libertades públicas, mientras la guerrilla continuaba.

 

Todos los Estados con regímenes democráticos en América, se hicieron representar en Santiago de Chile (Junio del 1991) para celebrar la Asamblea General, de donde emanó la Resolución 1080 que en su esencia señala: “Frente a una situación de riesgo grave para la democracia por vía de un golpe o cambio de orden constitucional, el Secretario General (OEA) convocará al Consejo Permanente, el cual a su vez, convocará a los Ministros de Relaciones Exteriores, los cuales analizarán la situación  producida y adoptarán las decisiones y tomarán acciones colectivas”. Esta resolución fue aprobada por todos los países miembros de la OEA, dándole fortaleza al principio de la democracia representativa, evadiendo las burocracias y tramitaciones, pués otorga los mecanismos para que el Secretario General o cualquiera de los países miembros pueda, de urgencia, convocar los cancilleres del continente. Ese mismo año fueron celebradas elecciones y surgió un nuevo gobierno legítimo en Surinan y al año siguiente (1992) fue firmada la paz entre el gobierno y la guerrilla.

 

3.5 El Protocolo de Washington. (1992).

 

Lo que se conoce como el Protocolo de Washington es otro importante avance para el fortalecimiento y defensa de la democracia en el continente. La voluntad de los Jefes de Estado por buscar una mejor garantía y legalidad en la aplicación de la Resolución 1080, los motivó a incorporar un nuevo artículo en la Carta de la OEA que promoviera y defendiera la democracia. Es así como se origina el protocolo de reforma de la Carta de la OEA, incorporando un artículo al Capítulo III (Principios) de la Carta, conviertiéndose en el artículo número 9 que dice: “Un miembro de la organización cuyo gobierno democráticamente constituído sea derrocado por la fuerza podrá ser suspendido del ejercicio del derecho de participación en las sesiones de la Asamblea General, de la Reunión de Consulta, de los Consejos de la Organización y de las Conferencias Especializadas, así como de las comisiones, grupos de trabajo y demás cuerpos que se hayan creado”. Para su aplicación se añadieron varios causales que dotan al sistema de las herramientas necesarias para una eficaz aplicación. Las suspensiones entrarán en  vigor después que un mínimo de dos tercios de los Estados miembros lo aprueben en la Asamblea General y la misma sanción podrá ser levantada  por decisión adoptada con la aprobación de dos tercios de los Estados Miembros. En resumen, ésta reforma le  permite al sistema interamericano dotarse de la herramienta necesaria para hacer cambiar de opinión a quienes intenten o planeen interrumpir la democracia y los gobiernos legalmente constituídos.

 

El protocolo entró en vigor en el 1997, luego que la República de Venezuela lo ratificara y se obtuviera los dos tercios requeridos.

 

3.6 La OEA en la defensa de la democracia.

 

Como señaláramos anteriormente, la década de los 90 ha significado el gran repunte de la OEA y del sistema interamericano para la defensa de la democracia en el continente. La caída del muro de Berlín y el desmoronamiento del comunismo y su influencia en latinoamérica,  redundaron positivamente en el fortalecimiento de la democracia.

 

La intervención de la OEA para lograr la restauración del gobierno legítimo del presidente Jean Bertrand Aristide en Haití, derrocado por un golpe militar, marcó el inicio de las acciones de la comunidad latinoamericana en pro del restablecimiento del orden institucional y el poder legalmente constituído. En el exilio, Bertrand Aristide, fue reconocido como el único representante legítimo admitido internacionalmente. Se constituyó la misión OEA-DEMOC-HAITI después de visitas a Haití y contactar en el terreno la situación. En el 1994 se implementaron todo  tipo de sanciones, principalmente el bloqueo económico y comercial, y apremio al régimen militar para permitir la vuelta del presidente Aristide. El autoritarismo no cedió en su posición, lo que motivó que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizara la intervención militar de los Estados Unidos y otras fuerzas militares de la región. El regimen militar fue depuesto y al año siguiente se celebraron elecciones presidenciales libres donde surgió presidente René Preval, asumiendo la presidencia de Haití en el 1996, aún bajo la presencia de las fuerzas de paz. Aún la inestabilidad política impera en esa nación ( no han podido nombrar en cuatro años un Primer Ministro) producto del deteriorado campo económico (el país más pobre del continente), la oposición del congreso y la arraigada cultura de gobiernos autoritarios. Desde  el 1915 (ocupación militar de los Estados Unidos) hasta el 1995 esa pobre nación no  sabía lo que era un gobierno democrático.

 

En el caso del auto golpe del presidente Alberto Fujimori de Perú, conocido como el Fujimorazo, de orientación autoritaria, donde fue disuelto el parlamento y se emprendió una decidida represión a la guerrilla, la Organización de Estados Americanos (OEA) ejerció decididamente sus presiones para el restablecimiento del estado de derecho y el retorno a la democracia. Bajo su observación, se celebraron elecciones constituyentes para la reforma a la Constitución y de las nuevas autoridades parlamentarias (1993).

 

La adopción de un duro programa de ajuste por parte del presidentre Carlos Andrés Pérez, en Venezuela, y la proliferación de escándalos de corrupción, culminaron con una intentona de golpe de Estado, encabezado por el hoy presidente de esa nación Teniente Coronel Hugo Cháves. La OEA inmediatamente rechazó y repudió la acción, brindándole todo el apoyo al gobierno legítimo y a las decisiones de orden institucional, como fue la tomada por el congreso que destituyó al presidente Carlos Andrés Pérez dentro de un marco Constitucional (septiembre 1993) y llamando a elecciones presidenciales en diciembre de ese año, donde resultó electo Rafael Calderas.

 

La intervención oportuna de la OEA frustró la intentona de autogolpe del presidente Serrano Elías (trataba emular el Fujimorazo) en Guatemala (1993), obteniendo con su atinada presencia que la incipiente paz lograda en ese país y la región centroamericana se fuera a pique. El apoyo brindado a las instituciones establecidas, marcaron las pautas para una salida constitucional. El presidente Serrano fue destituído, el parlamento eligió nuevo presidente a Ramiro de León Carpio; se reformó la Constitución siendo aprobada mediante un referendum y en el 1996 se celebraron elecciones presidenciales resultando electo el consevador Alvaro Arzú.

 

Mediante la aplicación de la Resolución 1080, los intentos golpistas del general Lino Oviedo, de Paraguay, fueron desactivados. El presidente constitucional Juan Carlos Wasmosy continuó en el poder y se emprendieron las sanciones pertinentes a los desestablizadores del orden democrático. En este caso particular de Paraguay, cabe resaltar la intervención directa del Secretario General de la OEA, César Gaviria, que a a raíz  del conflicto se encontraba en Sur América, y se apersonó en Paraguay para conjuntamente con la comisión de cancilleres de la OEA resolver la situación en el propio terreno del conflicto.

 


CAPITULO IV

 

 

DESAFIOS Y ANTAGONISMOS PARA LA CONSOLIDACION DE LA DEMOCRACIA

 

 

Para poder establecer los principales dasafíos de la democracia contemporánea debemos señalar sus principales objetivos:

 

a-      El objetivo principal del orden democrático es sin duda el de la libertad. Se procura dar a las personas toda la libertad posible, reconociendo como único límite el de la libertad del prójimo. A esto obedece la terca preocupación por limitar el poder de los gobernantes: mientras más poderosos sean ellos, menos libres serán los ciudadanos. La libertad hace  posible que las personas desplieguen toda su potencialidad innata y se realicen así como seres humanos. Toda limitación a la libertad comporta un cercenamiento a la capacidad de desarrollo personal.

 

b-     Para ser libre se requiere gozar de igualdad. La igualdad y la libertad están hondamente entrelazadas. La falta de igualdad ante la ley, y la falta de iguales oportunidades en lo económico y social, marcan una limitación no deseable en el ejercicio de la libertad personal.

 

c-      Democracia es igualmente sinónimo de pluralismo. Esto implica que, si bién las dicisiones suelen ser tomadas por mayoría, el sistema político establece límites en tal capacidad de decisión para respetar a las minorías y a los puntos de vista discrepantes. La democracia tiene que garantizar en el mercado político la libre concurrencia de opciones, de la misma manera como debe ocurrir en la esfera económica.

 

d-     La democracia debe estimular la solidaridad. No hay dudas que en un régimen democrático se debe velar por los más necesitados, sin apelar para ello al paternalismo. La democracia debe brindar oportunidades compensatorias frente a las discapacidades y la falta de recursos.

 

e-      La participación. La democracia no puede desarrollarse si no existe la participación ciudadana. Las personas aspiran a la participación política para realizarse como sujetos libres capaces de decidir  y de aportar a la realización colectiva.

 

La democracia en latinoamérica debe sus inperfecciones a la herencia colonialista. Durante toda la historia hacia el tránsito para la obtención de regímenes republicanos, el proceso ha estado determinado sustancialmente por factores externos y no por transformaciones sociales básicas-endógenas. El orden social colonial, marginador de las grandes mayorías, fue mantenido intacto bajo el nuevo ropaje republicano. Cómo pretender construir un sistema político basado en la premisa de la representación, si a la vez no se garantizan los derechos fundamentales de aquellos a quienes se dice representar? Nuestra institucionalidad democrática ha convivido con la vigencia de la esclavitud y de relaciones serviles de producción. Esta no es una situación superada, pués aún existen en algunas naciones, las relaciones laborales semi-serviles, no rige el salario mínimo, ni la seguridad social, ni mecanismos básicos de protección legal. A todo esto, habría que añadirle la importación de las instituciones republicanas, que fueron adoptadas sin pasar por un indispensable proceso de aclimatación. Sólo recientemente aquéllas han empezado a ser adecuadas a la diversidad étnico-cultural propia de las sociedades latinoamericanas.

 

En la actualidad, la democracia latinoamericana  se enfrenta  a un sin número de adversidades coyunturales, no de corte idealista, que amenazan de manera constante su consolidación: la violación de los derechos humanos; la corrupción; la pobreza; el narcotráfico; la globalización; las guerrillas; la equidad en la justicia, etc.

 

4.1 Los derechos humanos.

 

“Sin derechos humanos no puede existir democracia y sin democracia no puede haber vigencia efectiva de los derechos humanos”[16]. La democracia y los derechos humanos constituyen un matrimonio inseparable, indivorciable, donde cada uno depende del otro para lograr la objetividad. En la medida que el sistema democrático se deteriora, así sucederá con los derechos humanos; lo mismo pasará si los derechos humanos no son respetados y validados, la democracia dejaría de ser tal.

 

En latinoamérica las democracias pluripartidistas parecen estables en la mayoría de los países, sin embargo aún persisten casos dignos de mencionar por tener gobiernos autoritarios y otros donde los derechos humanos son violados desde distintas esferas. Recientemente (1ro. de enero del 1999) en la República de Cuba, Fidel Castro celebró 40 años en el poder, ejercido de forma autoritaria y dictatorial. En Cuba no se violan los derechos humanos, en Cuba sencillamente no hay derechos humanos. El centralismo totalitario del gobierno prohibe la libertad de expresión y pensamiento, la pluralidad de partidos, libre tránsito, libertad de prensa, etc., condiciones esenciales para el bien vivir. Lamentablemente, no se avisoran indicios de apertura, muy por el contrario, se adoptan medidas desafiantes al resto de la comunidad con hechos como el juicio celebrado a puerta cerrada a cuatro disidentes encarcelados desde Julio del 1997.[17] Las autoridades de Cuba, aferradas a los ideales de su revolución, culpan su destino a la constante política de confrontación de los Estados Unidos y el bloqueo-embargo económico por más de 40 años. Esta política de los EE.UU. fue objeto de mayores críticas procedentes de todos los rincones del mundo. Por un margen histórico, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en octubre del 1998 una resolución no vinculante pidiendo el fin del embargo estadounidense contra Cuba, con las únicas objeciones de EE.UU. e Israel. El embargo aún continua. La experiencia nos demuestra que, salvo algún caso excepcional, esta confrontanción permanecerá hasta el término del gobierno de Castro; en ambas partes prima el orgullo. Estados Unidos no se rendirá ante la comunidad internacional, dejando entrever que su embargo no pudo disuadir el régimen comunista de la isla y, Fidel Castro, en la postrimería de la vida, no echará por la borda 40 años de gobierno con el ideal comunista que lo han mantenido en el poder, para salir ahora con que estaba equivocado.

 

El indicativo más fehaciente de que el régimen de Fidel Castro no variará, lo demuestra la política europea con respeto a Cuba que descansa en firmes principios de derechos humanos. Sin embargo, la Unión Europea (UE), cuyos miembros se han convertido en importantes inversores en Cuba, no ha podido traducir una política de principios en logros en materia de derechos humanos en la isla. La política de participación constructiva de Canadá ha sido similarmente improductiva.

 

Las violaciones de los derechos humanos por motivo de conflictos armados internos en latinoamérica han ido desapareciendo en el ámbito continental. Los conflictos que tán solo unos años atrás sumían a países como El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Perú han cesado por completo, con la salvedad de Colombia, el único país de la región que sigue azotado por la violencia política mientras todas las partes en el conflicto armado interno cometen horribles violaciones al derecho humanitario. En este conflicto convergen: las fuerzas de autodefensas (mal llamados paramilitares) que con su accionar al margen de la ley, han cometido hechos violatorios de los derechos humanos; las guerrillas colombianas, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN),  que siguen violando sistemáticamente el derecho humanitario, mediante asesinatos, secuestros y el mantenimiento de un estado de sitio. En febrero del 1999 las (FARC) capturaron y ejecutaron a tres ciudadanos de los EE.UU. que habían visitado a un grupo indígena en la parte noroeste de Colombia. El (ELN) cometió una serie de secuestros masivos durante el 1999. En abril de ese año fue capturado un avión de la línea aérea Avianca, secuestrando a los 41 pasajeros y la tripulación. Un mes después, más de 140 feligreses fueron tomados como rehenes en una iglesia de Cali. Los líderes del (ELN) justifican sus  acciones calificándola de “política de impuestos” y dicen que mantendrán ésta práctica. Asimismo, algunos miembros de  las Fuerzas Armadas han sido acusados de cometer hechos violatorios de los derechos humanos.

 

En Perú, los reductos del Sendero Luminoso, empleando métodos sanguinarios contra civiles, y durante la acción de un robo frustrado en la ciudad de Uchiza, abrió fuego indiscrimado contra civiles, matando cuatro personas, entre ellas dos colegiales y un policía.

 

La impunidad de los criminales violentos poderosos, un abismo entre ricos y pobres, y una judicatura corrupta e ineficaz son los factores que han conspirado para hacer que muchos países del continente sean víctimas de una delincuencia aparentemente incontrolable. La incapacidad de éste estamento para controlar la delincuencia común por medio de la legalidad, ha producido graves retrocesos en materia de derechos humanos. En tal sentido algunos gobiernos, bajo el argumento de que las garantías de los derechos humanos constituían una camisa de fuerza para la lucha contra la delincuencia, instrumentaron acciones legalizadas a través de sus congresos, tendentes a facilitar el margen de maniobrabilidad de las autoridades. Es así como vemos que en México, el presidente envió propuestas al congreso que facilitarían las detenciones basadas en pruebas mínimas. Para combatir la delincuencia en Perú, el congreso le aprobó al presidente Fujimori la autoridad de emitir decretos durante quince días. Entre los decretos que más afectaron los derechos humanitarios se pueden citar: los acusados de pertenecer a una banda criminal podían ser detenidos sin cargos hasta 15 días y en ningún caso serían puestos en libertad antes del juicio; los acusados, hasta los menores de 16-18 años, pueden ser juzgados por tribunales militares; otros decretos redujeron drásticamente la eficacia del recurso de habeas corpus contra la detención arbitraria.

 

Según publicaciones de la Human Rights Watch[18], la brutalidad policial sigue siendo notoria en Argentina, México, Brasil, Venezuela, Haití y la República Dominicana.

Otro indicativo de violación de los derechos elementales del hombre se aprecia en las paupérrimas  condiciones carcelarias en la mayoría de los países latinoamericanos. Es prácticamente un común denominador el hacinamiento, la escacez de personal y la violencia en los recintos carcelarios. A ésta grave situación se le suma la práctica de mantener a sospechosos en detención preventiva, creando situaciones en las que la gran mayoría de la población carcelaria no ha sido sentenciada y  se hacina habitualmente en celdas con delincuentes condenados.

 

Otro de los hechos de violación de los derechos humanos, lo constituye la discriminación social y de género, el desamparo de la niñez y el desconocimiento de las minorías étnicas.

 

4.1.1 Por la defensa de los Derechos Humanos.

 

Los derechos humanos guardan una íntima relación  con la democracia y como tal es una materia de sumo interés dentro del ámbito interamericano, incluso, desde la misma creación de la organización. Con la Carta Constitutiva de la OEA se aprobó también, en las deliberaciones de abril del 1948, la Declaración de Derechos y Deberes, instrumento internacional de derechos humanos que es anterior a la Declaración Universal aprobada en París en diciembre del mismo año, en el marco de las Naciones Unidas. En 1959, la Quinta Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, que se realizó en Chile, creó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En esa reunión se adoptó una declaración sobre democracia representativa, la cual decía en uno de sus apartes: “La existencia de regímenes antidemocráticos constituye una violación de los principios  en que se funda la OEA y un peligro para la convivencia solidaria y pacífica en el hemisferio”. También expresaba el deseo de contribuir “a la erradicación de las formas de dictadura, despotismo o tiranía sin quebrantar el respeto a la facultad que tienen los pueblos de escoger libremente sus formas de gobierno”[19] Desde entonces, y en la decadencia de la organización durante el período de las dictaduras y gobiernos autoritarios en el continente durante las décadas de los 60 y 70 (actividad pasiva de los órganos políticos), fue la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  el único órgano que se mantuvo efectuando visitas a muchos países, rindiendo informes sobre la violación de derechos humanos en muchos Estados y condenando estas situaciones por medio de sus informes y resoluciones.

 

En el 1969 fue firmada la Convención Americana de los Derechos Humanos. Sin embargo sus efectos no fueron posibles hasta  1978, cuando  se estableció la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, con sede en Costa Rica.

 

Actualmente existe en el seno de la OEA el compromiso de los gobiernos representados por el respeto y la vigencia de los derechos humanos. Este tema, es punto obligado en la agenda de la organización que, a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha consolidado su papel de garante de ellos  en el continente.

 

 

 

 

 

4.2 La corrupción.

 

Las corporaciones de negocios y los bancos multinacionales gozan de un “poder estructural” desproporcionado sobre la comunidad política y, en consecuencia, sobre la naturaleza de los resultados democráticos. Para los representantes políticos sería extremadamente difícil satisfacer los deseos de un electorado decidido a reducir los efectos adversos del capitalismo de corporaciones sobre la democracia y la igualdad política. La democracia está empotrada en un sistema socioeconómico que garantiza la “posición privilegiada” de ciertos intereses.[20]

 

La corrupción es un dato común a todos los sistemas políticos contemporáneos, sin embargo, el inadecuado funcionamiento  de los “pesos y  contrapesos” dentro de la institucionalidad democrática latinoamericana, hace a  nuestras naciones tierra fértil para el enriquecimiento ilícito de los políticos, los funcionarios públicos y los amigos del gobierno de turno. Los modelos económicos proteccionistas y estatistas atizaron la corrupción estatal, y esto es algo que lamentablemente sigue ocurriendo en las llamadas economías de mercado.

 

Las causas de la corrupción son disímiles y sus expresiones variadas.[21] Se ha considerado que este fenómeno presenta tres categorias diferentes:

 

a)      La corrupción que tiene que ver con competitividad corporativa,

b)      La corrupción que es instigada por el crimen organizado, y

c)      La corrupción política.

 

Llama la atención  que en la última década, en particular los años transcurridos desde 1990, los asuntos de corrupción hayan tenido una notoriedad sin precedentes. Como lo revela un documento de la OEA (OEA, 1996, pp. 29-35), en los últimos 6 años al menos seis Jefes de Estado, más de cincuenta miembros de gabinete, veintenas de congresistas y cientos de hombres de negocios han perdido sus cargos, su libertad y, a veces, sus vidas respondiendo por acusaciones de corrupción.[22]

 

Aunque es difícil decir con certeza si la corrupción ha disminuído o aumentado en los últimos años, Transparencia Internacional, una nueva organización que trata de localizar las prácticas de corrupción en el mundo, reporta un deterioro en este  sentido en un gran número de países en América Latina y el Caribe.

 

La idiosincracia latinoamericana es muy  especial. El problema de la corrupción une dos tipos de conductas que se confunden en la mente de la mayoría de los ciudadanos: la eficiencia y la honestidad. De estos comportamientos, la eficiencia parece ser más importante. En algunos casos, se percibe que la deshonestidad no conduce necesariamente a una protesta ciudadana significativa si el desempeño es bueno. En otros, se percibe que la honestidad no es suficiente para calmar el descontento general cuando el desempeño ha sido malo, aunque pueda constituirse en un aliciente para preservar el control político y el mantenimiento de la paz social.

 

4.3 El narcotráfico.

 

El  impacto del problema de la droga en América Latina produce efectos que distorsionan el desarrollo económico, corroe las estructuras democráticas al penetrar, mediante la corrupción, sus instituciones y autoridades (especialmente las judiciales)  y acarrea graves consecuencias sociales por la forma de operar de las organizaciones de narcotraficantes y la ampliación del consumo entre la población joven. La problemática de la droga también ha alterado las relaciones de los países de América Latina con Estados Unidos y con la comunidad internacional en general. Se ha convertido en un asunto de seguridad nacional, regional y hemisférica, de soberanía (para algunos países) y, definitivamente, de gobernabilidad.

 

La Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) trabaja con los países miembros para adecuar sus leyes, ofrecer capacitación para programas de prevención, promover el desarrollo alternativo y combatir el tráfico ilegal de estupefacientes, químicos ralacionados y armas. Siguiendo un mandato de la Cumbre de las Américas, la Comisión trabaja en la creación de una herramienta de evaluación multilateral para medir el progreso de cada país y de la región en conjunto en la lucha contra estos flagelos.[23]

 

4.4 La pobreza.

 

La realidad actual de la pobreza en el hemisferio es altamente preocupante. La gobernabilidad en la mayoría de las naciones latinoamericanas cobra una especial vigencia ante el viraje radical hacia economías de mercado que supone la reducción del rol del Estado. Estas transformaciones se han estado produciendo en medio de la agudización de los problemas económicos y sociales de vastos sectores de la población y, por consiguiente, de crecientes demandas sociales.

 

Las políticas de los  gobiernos estan encaminadas a satisfacer las necesidades básicas de la población y mejorar las condiciones y calidad de vida de todos sus habitantes. Hasta ahora esto se mantiene como un reto. Lo  verdadero es que pese a los incrementos productivos, a la apertura comercial, y a todos los ajustes necesarios, la brecha entre los ricos y pobres se ha incrementado. Lo peor de todo esto es la proporcionalidad. En  el ocho (8) % de la población latinoamericana está concentrada la riqueza, mientras, en el resto, se encuentra enquistada la pobreza y la indigencia. Esta concentración de la riqueza en un grupo minoritario  de la población no ha permitido que sea percibido por las mayorías nacionales los beneficios de la democracia, y claramente no ha permitido avanzar en la dirección de igualdad de oportunidades para todos. De aquí se desprende el gran desafío de las autoridades actuales: conseguir el crecimiento en base a la equidad. Pueden los gobiernos contemporáneos lograr ese objetivo? Resulta cuesta arriba creer que lo lograrán con un sistema económico de libre mercado. Según la concepción democrática, las posiblidades de ejercer poder en el Estado, o más concretamente en las decisiones del gobierno del Estado, están o deberían estar equitativamente distribuídas entre todos los ciudadanos. Que éstos tienen que gozar de igualdad política es, como hemos visto, un axioma decisivo de la perspectiva moral democrática. En cambio, en la interpretación económica corriente de la empresa económica competitiva, orientada al libre mercado, no existen relaciones de poder o autoridad. Su lugar lo ocupan los intercambios y contratos que realizan libremente los actores nacionales. Por lo tanto, los economistas neoclásicos no ven ninguna necesidad de ocuparse de fenómenos tan impalpables, ambiguos y al parecer no cuantificables como son el poder y la autoridad, y la igualdad de los recursos económicos (que podría contribuir a facilitar la igualdad política de los ciudadanos, y por lo tanto de la democracia, y por ende a las libertades a ésta asociadas) no es en su versión habitual forzosamente un objetivo deseable y mucho menos un resultado probable de las decisiones del mercado.[24]

 

En el seno de la OEA, la pobreza es motivo contínuo de debates. A través del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI), la comunidad hemisférica  muestra directrices para hacer reformas de tipo político y social para conseguir una integración lo más ideal posible. En ese sentido, se está buscando solución a la pobreza, mejorando marcadamente la educación, bajo el entendido de que en un país donde la población esté más capacitada, las oportunidades de mejores empleos redundará en mejores remuneraciones. Sin embargo esto conlleva todo un plan que generaría resultados sólo a mediano o largo plazo. Es por esto que en la actualidad, para combatir la pobreza con efectividad, se nesecita tomar acciones inmediatas tendentes a una mejor redistribución de la riqueza, mejorar la cantidad y calidad de los sevicios sociales, ofrecer mejores servicios de salud, apoyar y propagar la educación especialmente focalizada a sectores de menores ingresos, propiciar políticas de viviendas a los más necesitados y revisar las políticas tributarias,  entre otras.

 

Estas apreciaciones, concuerdan con las emitidas, en los “Asuntos de Especial Interés”, por los gobernantes reunidos en la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en noviembre del 1997 en la Isla de Margarita, Venezuela.

 

Entre los asuntos de interés, la superación de la pobreza, figura en el primer encasillado, declarando los gobernantes allí reunidos: “Conscientes que en el contexto actual el superar la pobreza en la región, demanda la ejecución de programas que garanticen a la población el acceso a los servicios de educación, salud, justicia e infraestructura,  de modo que puedan tener una mejor calidad de vida, acceder a mejores empleos y obtener mayores ingresos, reafirmamos que la inversión social debe estar dirigida a la promoción de oportunidades para que las personas más pobres puedan incorporarse de manera productiva y sostenida a la economía.”[25]

 

4.5 La globalización.

 

La globalización política actual, es considerada , ante todo, como un problema  nacional. Sostienen los críticos contemporáneos de las democracias modernas, que las estructuras representativas no son lo suficientemente responsables ante sus cuidadanos; y, al discutir las distintas formas de la democracia directa, o al reinvindicar la permanente relevancia del republicanismo, ponen el  acento en la necesidad de lograr que el proceso político sea más transparente e inteligible, más abierto y receptivo a los heterogéneos deseos y necesidades del pueblo. La interconexión regional y global desafía las formas nacionales tradicionales en que se resolvían las cuestiones claves de la teoría y la práctica democráticas. El proceso mismo del gobierno puede escapar al alcance del Estado-nación. Las comunidades nacionales no son de ninguna manera las únicas fuentes de diseño y elaboración de las decisiones y políticas que ejercen inflluencia sobre las vidas de sus miembros, y las medidas implementadas por los gobiernos nacionales no afectan “exclusivamente” a sus propios ciudadanos. Algunos ejemplos oportunos: una decisión de aumentar las tasas de interés, dirigida a detener la inflación o estabilizar las tasa de cambio, es a menudo considerada una decisión “nacional”, aunque muy bien puede estimular significativos cambios económicos en otros países; una decisión  de autorizar la tala de bosques puede desequilibrar el sistema ecológico de regiones localizadas fuera de los límites que formalmente circunscriben la responsabilidad de un conjunto determinado de agencias políticas; la construcción de una planta nuclear cerca de la frontera nacional, sin consultar a los gobernantes y ciudadanos del país vecino, a pesar de los múltiples riesgos que deben asumir. Estas decisiones estarían enmarcadas dentro del dominio legítimo de la autoridad de una nación soberana. Sin embargo, en un mundo actual globalizado, debemos plantear grandes interrogantes acerca de la coherencia y la viabilidad en la toma y elaboración de decisiones.

 

Todo esto representa una paradoja en la actualidad latinoamericana, donde las naciones y los pueblos abogan por la idea del “gobierno del pueblo”; pero ello ocurre en el preciso momento en que la eficacia misma  de democracia como forma nacional de organización política es puesta en duda. Puesto que progresivamente áreas fundamentales de la actividad humana se van organizando a escalas globales, el destino de la democracia, y del Estado-Nación democrático independiente en particular, está colmado de dificultades.  Es en tal sentido, que la democracia representativa debe adecuarse profundamente, tomando en cuenta la superposición de los procesos y estructuras locales, nacionales, regionales y globales.

 

Vista la situación objetivamente, nos damos cuenta que la democracia en los países sub-desarrollados en latinoamérica, debe estar acorde con la realidad internacional.

 

Como señaláramos anteriormente (4.4 la pobreza), la globalización en el área económica, es la que más incide en el deterioro de la democracia. Después de la caída del muro de Berlín, ya no hay nadie que tenga alternativas al capitalismo.[26] Compartimos ese criterio;  pero si lo hacemos, debemos propugnarlo como una copia fiel de quién creó ese sistema: los Estados Unidos. Se dice que debemos copiar el modelo norteamericano, liberalizando al máximo la actividad económica a través de la no intervención estatal. Las sociedades se forman para proteger los derechos de los individuos y fomentar su acción en pro del bienestar. La democracia responde a la voluntad de la mayoría pero respetando los derechos de las minorías. Como dijera Santo Tomas de Aquino “no se puede esperar la práctica de la virtud en un estómago vacío”. Es así que en los Estados Unidos existe toda clase de leyes y  reglamentos para garantizar el orden y la justicia en la actividad económica, y al mismo tiempo, proteger a los más débiles. Apertura y libertad, pero enmarcando esas acciones protegiendo a los desposeídos, es la política a seguir.

 

La globalización económica trae consigo la política de privatización de las empresas propiedad de los Estados y la abolición del proteccionismo estatal, redundando ésta actividad en el  incremento del desempleo. En tal sentido, creemos de vital importancia e interés, que en los procesos de privatización se incluyan cláusulas específicas que protejan a los empleados, ya sea con remuneraciones justas de liquidación o mediante la garantía de permanencia en sus   puestos de trabajo.

 

4.6 Los partidos políticos.

 

La función de los partidos políticos dentro de una sociedad es considerada como factor esencial e insustituible en la formación de la opinión pública para la expresión libre de la voluntad popular.

 

Los diversos roles que juegan hoy los partidos políticos pueden diferir por su importancia y su ámbito de influencia en la estructura del Estado, de acuerdo a las legislaciones y a la concepción ideológica en que se sustentan.

 

No  debería pués, haber  ningún cuestionamiento de su existencia y más bien el partido político moderno va adquiriendo nuevas funciones que constituyen una adecuación a nuestra realidad social en América Latina que vive una época de fortalecimiento de la democracia, insertándose cada vez más en una generalizada sociedad latinoamericana democrática que va tomando  una nueva fisonomía en el contexto de la evolución política actual, orientada hacia una participación ampliada, que dejando de lado la democracia de las minorías, se orientan hacia una auténtica democracia de partricipación plena.

 

El logro de esta condición es difícil, más no utópico. Aquí está el gran reto de los líderes partidistas, que han de constituir, por ello, el medio efectivo para que el hombre común pueda defender sus intereses, su dignidad personal y su vida misma (los partidos políticos). Para ello, debemos incorporar a la vida diaria del hombre común  el sentimiento de libertad que solo puede arraigarse en una experiencia vivida. Porque, la práctica de la democracia y el ejercicio de la libertad, son los fundamentos de la posibilidad de la justicia y el bien común que es la aspiración última de una sociedad organizada.

 

La democracia representativa basa su esencia en la existencia de los partidos políticos. Son organizaciones de personas, con carácter estable, destinada a adquirir el poder para ejercer desde él  un programa político general. Sin embargo, ésta característica, ha perdido vigencia en muchos partidos y movimientos políticos que desempeñaron un rol protagónico  en el panorama político de diversos países del continente. La crisis actual de descrédito, es una muestra de que muchos programas políticos y económicos se han quedado en la zaga  frente a los cambios de la actualidad. Los partidos y movimientos políticos se comportan pocos receptivos a nuevas demandas provenientes, por ejemplo, de sectores ecologistas, feminista y  juveniles que tratan de insertarse en la arena política, lo  que está provocando la desafiliación de partidistas.

 

Otro hecho que está deslegitimizando los partidos políticos es la corrupción rampante de los dirigentes políticos con deteriorada imagen y credibilidad, que interpretando con sentido utilitario la frase de Weber, “viven más de la política que para la política” y festinan partidas específicas y otros gastos, para obtener el favor del pueblo[27]. A esto se le agrega la abstención electoral, que en latinoamérica está alcanzando niveles extraordinarios, provocando gobiernos elegidos por una minoría y por ende una crisis de representatividad.

 

La ciudadanía considera que sus inquietudes, necesidades y reivindicaciones de carácter  económico, político, social, ético y espiritual no están debidamente reflejadas en las propuestas de los partidos, traduciéndose en una actitud electoral contraria a los grupos que tradicionalmente contaron con el apoyo de los ciudadanos.

 

La falta de credibilidad en los partidos políticos ha dado cabida para que otros movimientos alternativos (ONG’s, nuevos foros) se consoliden, representando intereses de pequeños sectores, gremios y comunidades de base, logrando en la actualidad algunas representaciones parlamentarias en sus respectivos países.

 

Algunos de los hechos concretos que manifiestan la actual crisis de las instituciones partidarias son: la pérdida paulatina y creciente de representatividad; la carencia de macanismos para la renovación de los cuadros dirigenciales; la falta de ejercicio de una verdadera democracia interna; y la desvinculación entre la agenda de las cúpulas partidarias y las propuestas y/o reclamos de los electores y la denominada sociedad civil.[28]

 

La opinión mayoritaria en todos los países latinoamericanos, respecto del comportamiento de las organizaciones  partidarias en los gobiernos y parlamentos es sumamente crítica y de desencanto acerca de la forma en que la clase política partidaria está asumiendo sus responsabilidades tanto en el gobierno como desde la oposición. Esta situación  ha sido calificada por la Comisión Andina de Juristas como una verdad alarmante en la mayoría de países latinoamericanos.[29]

 

Andrés Stambouli señala: “Así como los partidos han sido los instrumentos de la modernización y de la democracia, no es menos cierto que también, en no pocas ocasiones, han contribuido, por acción u omisión, al quiebre democrático, por fallas en los mecanismos de negociación inter e intra partidista, en función de la estabilidad y de la conservación del régimen. La intolerancia y la predisposición a no convivir han sido generadoras de las condiciones de diversas intervenciones antidemocráticas.”[30]

 

 

Se puede decir que la demanda social de renovación partidaria es, empero, una exigencia popular, que de no ser atentida podría liquidar a más de una organización política. El debilitamiento y la liquidación de éstos puede tener graves consecuencias para la democracia en todo el continente. Consciente de esta realidad, el presidente de México, Ernesto Zedillo, durante su visita a la República Dominicana en abril del 1999, y ante la Asamblea Nacional, donde pronunció un discurso, dijo: “La democaracia es fuente de la legalidad y armonía social que son indispensables para proyectar con toda su fuerza el trabajo por el progreso y la justicia. De ahí la conveniencia de contar con partidos políticos fuertes que actúen en todo momento a favor del interés nacional de largo plazo, por encima de intereses personales o de grupos. Por ello, la necesidad de hablar siempre con la verdad haciendo a un lado la manipulación, el engaño y la demagogia, subrayó.”[31]

 

4.7 El medio ambiente.

 

Drásticos aumentos en la temperatura y en el nivel de los mares, el redireccionamiento de los polos, la fragmentación de los ecosistemas, la escasez de agua y los constantes cambios climáticos con fuertes períodos de sequías e inundaciones y el deterioro de la capa de ozono entre otros, serán algunas de las consecuencias que enfrentarán las próximas generaciones si la humanidad no entra en sintonía con el medio ambiente.

 

Recientes estudios del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que es posible que la humanidad haya sobrepasado los niveles sostenibles de explotación de ciertos recursos, como las emisiones de dióxido de carbono por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera que provocarán con el paso del tiempo un calentamiento significativo del planeta.

 

Se estima que para el 2100 la temperatura aumentará entre 1.5 y 3.5 grados centígrados. El clima se verá igualmente afectado en la frecuencia de eventos climáticos como las tormentas e inundaciones que generarán un aumento progresivo del nivel del mar por el deshielo de los glaciales montañosos, afectando principalmente a las costas de los países en vías de desarrollo y a las pequeñas islas.

 

Mientras más rápido combie el clima, mayores serán los riesgos de deterioro de nuestro medio ambiente. Las zonas climáticas y los ecosistemas y zonas agrícolas podrían cambiar la dirección de los polos entre 150 y 550 kilómetros para el 2100. Muchos ecosistemas se fragmentarían y las especies individuales desaparecerían. El cambio climático traerá consigo, además, el riesgo potencial de enfermedades y problemas de salud y otros impactos secunadarios como el cambio en sistemas ecológicos y sociales que incluyen, entre otros, el desplazamiento de la población y la quiebra de la economía.

 

A su vez, el debilitamiento de la capa de ozono con el consecuente aumento de la intensidad de la radiación ultravioleta causará significativas enfermedades en las décadas venidaderas como el cáncer en la piel, las cataratas y otras enfermedades de la vista y la disminución de la  capacidad de las personas para resistir enfermedades infecciosas.[32]

 

Las soluciones tecnológicas para estos problemas, no son neutras; algunas de ellas pueden alterar los estilos de vida de la población: pueden no ser las más adecuadas por haber sido concebidas para otras realidades; o pueden afectar el desarrollo económico al comprometer mayores recursos. Por ello, la selección tecnológica pasa a desempeñar un papel determinante en las políticas sectoriales. La reducción efectiva de los niveles de contaminación pasa por la transformación productiva del sector industrial; este deberá modernizarse, mejorando sus niveles de productividad, elevando el grado de competitividad de sus productos e invirtiendo en creatividad, inteligencia, ingeniería, organización, planificación, investigación, desarrollo, ciencia y tecnología, lo que elevará los precios de los productos terminados y consecuentemente será un ente inflacionario.

 

 4.8 Las leyes.

 

Cómo depende la democracia de la ley y viceversa? El derecho y todo lo relacionado con él, es decir, instituciones legales, actores, culturas y normas, tiene una estrecha relación con la democracia  y su evolución, o sea, su éxito o su fracaso. Este es el punto de partida común, aún cuando existan discrepancias en cuanto a la naturaleza de esa relación. Unos se sitúan en la perspectiva: “El respeto a la ley es uno de los principios escogidos que hemos llegado a considerar esenciales para la actuación efectiva y equitativa del gobierno popular. Como buen principio democrático, obliga tanto a los gobernados como a los gobernanates”[33]. Otros parten de esta otra perspectiva: “En la política democrática, todo el mundo da por sentado que la ley refleja los valores de las coaliciones políticas dominantes. En efecto el deseo de controlar la formulación de la ley y su aplicación informa toda la empresa política”.[34]

 

Hay tantos vínculos entre la democracia y la ley y abarcan tantas cosas que es fácil englobar todo lo que tiene relación con la ley en la esfera de la democracia, y viceversa. Pero hay elementos importantes en la práctica de la democracia que dependen más de otras cosas que de la mera existencia de la ley,  por ejejmplo, de la capacidad de los partidos políticos de organizarse de manera efectiva, de hacer amplias llamadas electorales y  gobernar bien. La ley, o al menos las leyes, también se  pueden emplear para establecer y mantener las prácticas más antidemocráticas. Como ejemplo, no hay más que recordar las leyes que establecieron y mantuvieron el racismo y la esclavitud de los negros en los Estados Unidos.

 

Pero, si bien en el hemisferio contemporáneo no es fácil encontrar ejemplos, no es muy difícil pensar en regímenes no democráticos o monarquías hereditarias, quizás allí donde más se exalta el imperio de la ley poniéndolo incluso a la misma altura de los gobernantes.[35] El hecho más palpable de ésta percepción, ocurre en aquellos estamentos congresionales, dotados con la facultad de crear, derogar o  modicar las leyes, y hacen ejercicio de sus funciones para acomodar leyes para beneficio particular y de los estamentos políticos que representan. En Brasil, después de 1985, bajo un régimen civil, los dirigentes democráticos decidieron que la Constitución de 1967 (reformada en 1969) introducida por los militares, debía ser derogada y sustituída por otra verdaderamente democrática. El resultado fue la Constitución de 1988, actualmente en vigor. Esta Constitución incorporaba una reacción democrática contra un posible resurgimiento autoritario en muchos aspectos institucionales, los más importantes: a) el fortalecimiento del poder legislativo frente al ejecutivo; b) la adopción de una larga y detallada lista de derechos; c) el aumento de las garantías constitucionales para la protección judicial de los derechos fundamentales; y d) un federalismo fiscal caracterizado por una amplia distribución impuesta por la Constitución, de los ingresos federales a los gobiernos locales. De aquí se desprende lo importante que es para una democracia fuerte y sana, poseer una cultura legal que valore el imperio de la ley y otorgue legitimidad a los tribunales y demás instituciones legales.

 

La igualdad de condiciones para todos los ciudadanos ante la ley, está contemplada en las Constituciones; sin embargo hay un gran trecho entre la literatura y el espíritu. La realidad nos dice que la igualdad ante la ley no funciona debido a factores de peso que evitan la equitativa aplicación de la misma. Los principales factores serían: la gran incidencia de los medios de comunicación de masas, ejerciendo presiones inadecuadas sobre la justicia; la falta de independencia del poder judicial; y la inoperabilidad de los sistemas.

 

4.9 La explosión demográfica.

 

A pesar de que la tasa de fecundidad de las mujeres ha disminuido y el tamaño de las familias ha decrecido, la explosión demográfica en el mundo sigue a un ritmo de 80 millones de personas por año.

 

Esto es debido a que hay más seres humanos en edad reproductiva que ayudaron a que la población se duplicara de 3 mil millones en 1960 a 6 mil millones en el 1999. Según las proyecciones de la ONU, para el año 2,050 los seres humanos llegarán a los 9,800 millones, mientras que para el final del siglo XXI la cifra rondaría los 10,500 millones de personas.[36]

 

El gran problema es que el 98 por ciento del crecimiento demográfico se concentra en los países más pobres o en vías de desarrollo, hecho que contribuye a la ampliación de las desigualdades sociales. El crecimiento demográfico también tendrá un fuerte impacto sobre el medio ambiente, ya que la humanidad sobrepasará los niveles sostenibles de explotación de ciertos recursos naturales, como el agua y la madera, y provocará una saturación de contaminantes por el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas).

 

4.10 Marginalidad.

 

La marginalidad es uno de los graves  problemas socioeconómicos que viven los pueblos del hemisferio. Una gran parte de la población latinoamericana (50%)  ocupa actualmente una posición límite en uno o varios sitemas sociales y por tanto se encuentran excluídos de la participación y de los privilegios  que disfrutan los miembros de esos sistemas.

 

Existen desigualdades de opotunidades y condiciones referentes a la educación, la salud, justicia y el acceso a bienes, que  provocan situaciones de marginalidad social, cultural y económica.

 

 

 

4.11 La Convivencia pacífica entre los pueblos. Guerrillas y terrorismo.

 

Aunque la amenaza de un holocausto nuclear de carácter global se redujo considerablemente  con el fin de la Guerra Fría, la paz, como lo ha sido históricamente sigue siendo un sueño para la humanidad.

 

Después de terminado el conflicto bélico entre Ecuador y Perú, por problemas de delimitación de sus fronteras, hoy las guerras convencionales entre Estados son prácticamente inexistentes en nuestro hemisferio, pero los conflictos internos por causas étnicas, religiosas, económicas o simplemente políticas vienen en aumento. Y lo grave es que casi siempre hay poderes (gobiernos o grupos) soportando a uno  u otro bando.

 

En nuestro hemisferio la  única guerra es en la República de Colombia, que según la Policía Nacional de ese país, cuesta cada año un promedio de 4,000 vidas. En México y el Perú, también hay  grupos guerrilleros, pero en el caso peruano se trata de reductos aislados, cada vez menores, mientras que en México, si bien el gobierno reconoce la existencia de tres grupos insurgentes, ninguno realiza hoy operaciones militares ofensivas.[37]

 

Por casi 51 años la guerrilla ha estado presente en la vida colombiana. Desde el 1949, cuando el partido comunista inició la insurrección guerrillera, hasta nuestros dias, ese país ha vivido la más intensa e inestable situación política del hemisferio. Además de grupos guerrilleros que propugnaban por la solución de las necesidades propias de la población (pobreza, distribución equitativa de la riqueza, etc,), la misma se recrudeció con la aparición de nuevos grupos de orientación castrista, maoísta o nacionalista, como el M-19, que tiene en su haber el asalto al palacio de Justicia (1985), que interrumpió temporalmente las negociaciones con los grupos guerrilleros. En la actualidad existen dos grupos guerrilleros y una fuerza de autodefensa (mal llamados paramilitares) que mantienen en zozobra a esa nación. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y El Ejército de Liberación Nacional (ELN) (de corte castrista) son los actores guerrilleros, que en componenda con el narcotráfico, mantienen en vilo la vida pacífica en el país.  A éstos se le suman la fuerzas de autodefensas, que actuando al margen de la ley y las autoridades, se han tomado la defensa y/o venganza por sus propias manos en contra de los guerrilleros, acacionando un nuevo frente para las autoridades legales.

 

En el Perú, aún quedan reductos del grupo guerrillero maoísta Sendero Luminoso, grupo éste, que según los estudiosos en la materia, ha sido calificado como el grupo guerrillero más deprabado, sanguinario y arbitrario en el mundo. Su accionar es muy limitado en la actualidad debido a que sus cuadros dirigenciales se encuentran encarcelados y otros en la clandestinidad tanto en el pais como en el extranjero. Aún así, cabría preguntar: Fué derrotada la guerrilla en Perú? Creemos que no. Si bien es cierto que ha sido minimizada totalmente, aún persisten cuadros aislados que han hecho presencia terrorista esporádicamente en los últimos años.

 

En México, las noticias provenientes de los Estados de Chiapas, Oaxaca y Guerrero son como termómetro del calentamiento de la situación del país. Aunque ninguno de éstos focos guerrilleros realizan operaciones militares ofensivas, es preocupante que en plena transición a la democracia aparezcan focos rojos de violencia e ilegalidad, pero igual debe inquietar que éste resurgimiento ocurra en los Estados más pobres y miserables del país donde se repite, en ciclo ominoso, la misma situación.[38]

 

Otro gran problema es la proliferación de armas de destrucción masiva (nucleares, químicas y biológicas) cuyos métodos de fabricación ya no son un secreto esclusivo de los cinco grandes (EE.UU., Francia, Reino Unido, China y Rusia).

 

Asimismo, el terrorismo es otro ente disociador, que ataca principalmente a los EE.UU. y a latinoamérica en los países donde existen focos guerrilleros, especialmente en Colombia.

 

Los ministros de Estado y los Jefes de Delegación de los Estados miembros de la OEA, reunidos en Lima, Perú, en ocasion de la Conferencia Especializada Interamericana sobre Terrorismo, con la firme voluntad de cumplir los objetivos generales expuestos en la Declaración de Lima para prevenir, combatir y eliminar el terrorismo, acordaron el Plan de Acción Sobre Cooperación Hemisférica Para Prevenir, Combatir y Eliminar el Terrorismo, que establece, entre otros, los siguientes acuerdos:

 

a- Procurarán, cuando aún no lo hayan hecho, tipificar en sus legislaciones internas los actos terroristas como delitos comunes graves.

 

b- Promoverán la pronta suscripción, ratificación y/o adhesión de los convenios internacionales relacionados con el terrorismo, de acuerdo con sus respectivas legislaciones internas.

 

c- Como expresión de su firme voluntad política de utilizar todos los medios legales para prevenir, combatir y eliminar el terrorismo, promoverán el fiel y  oportuno cumplimiento de los tratados de extradición aplicables o, de ser procedente, cuando existan suficientes bases legales para procesar a los presuntos responsables de actos terroristas de conformidad con sus legislaciones internas, los someterán a sus autoridades competentes para su procesamiento.

 

d- Adoptarán, de acuerdo con sus legislaciones internas, las medidas necesarias para negar concesiones a los terroristas que tomen rehenes y para asegurar que sean puestos a disposición de la justicia.

 

Asimismo, las medidas contra el terrorismo deben incluir acciones eficaces para impedir la corriente de fondos de que dependen las organizaciones terroristas para la obtención y el mantenimiento de armas, equipo y otros materiales y para sufragar el costo de entrenamiento, viajes, documentación falsa, reclutamiento, salarios, comunicaciones y/o cualquier otra actividad que tenga por finalidad financiar actos con fines terroristas. Una parte importante de las necesidades financieras de las organizaciones terroristas se satisfacen con el producto de actividades delictivas comunes y con los pedidos de contribuciones aparentemente para fines caritativos, humanitarios, y filantrópicos, algunas de las cuales se desvían para financiar operaciones terroristas.[39] Se puede apreciar que en general este fenómeno perdió sustento ideológico y hoy más bien tiene una necesidad económica de subsistencia, al margen de la ley; se ha unido  y servido del narcotráfico, gurpos indígenas, etc.

 

4.12 Democracia y las organizaciones indígenas.

 

Ignorados durante siglos, los pueblos indígenas latinoamericanos emergen hoy como nuevos actores políticos y sociales en el continente, en un desafío que está haciendo cambiar la menera de hacer política en torno a esta problemática en la región.[40] En los últimos años los indígenas latinoamericanos dejaron de ser objetos pasivos del cambio histórico, para convertirse en sujetos activos del proceso de transformación que tiene lugar en nuestras sociedades.

 

Según Rodolfo Stavenhagen[41], algo ha cambiado en las circunstancias de existencia de las poblaciones indígenas; antiguos reclamos y nuevas demandas se han conjugado para forjar nuevas identidades,  nuevas ideologías están compitiendo con paradigmas viejos y establecidos, al referirse a la situación actual de más de 400 grupos indígenas latinoamericanos que, en su conjunto, constituyen una población de alrededor de 40 millones de habitantes. En la actualidad, las demandas indígenas trascienden sus intereses para entrelazarse con los reclamos de otros sectores mayoritarios de las sociedades latinoamericanas. Si bien durante décadas los movimientos indígenas recordaban al público la subordinación histórica de sus pueblos y su pobreza secular, y reclamaban a los gobiernos cierta retribución y justicia, las cosas han ido cambiando en los últimos años, convirtiendo a estos sectores en actores decisivos de su propia transformación.

 

En efecto, temas como su status legal, su organización social y jurídica, la participación política de sus organizaciones, el derecho a la tierra y su identidad cultural siguen siendo hilos conductores de viejas reinvidicaciones que, sin embargo, se perfilan ahora hacia problemas más específicos, como el acceso al crédito agrícola, a la educación, la salud y la cooperación técnica, de cuya solución se hace responsables a los gobiernos de la región. También hoy los pueblos indígenas latinoamericanos reclaman el respeto a sus derechos humanos, democracia, desarrollo

 y protección del medio ambiente; demandas éstas que entrelazan sus necesidades con las de grupos mayoritarios en las sociedades latinoamericanas.

 

En la Declaración de Principios de la Cumbre de las Américas, 1994, los Jefes de Estado y de Gobierno declararon que en consideración a la Década Mundial del Pueblo Indígena, enfocarán sus energías a mejorar el ejercicio de los derechos democráticos y el acceso a servicios sociales para los pueblos indígenas y sus comunidades. Es así como, en el 1997, fue aprobado el Proyecto de Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, donde se declaran, entre otros,  los siguientes artículos:

 

a)   Pueblos indígenas. Esta declaración se aplica a los pueblos indígenas, así como a los pueblos cuyas condiciones sociales, culturales y económicas los distinguen de otras secciones de la comunidad nacional, y cuyo estatus jurídico es regulado en todo o en parte por sus propias costumbres o tradiciones o por regulaciones especiales.

 

b)   Plena vigencia de los derechos humanos.  Los pueblos indígenas tienen derecho al goce pleno y efectivo de los derechos humanos y libertades fundamentales reconocidas en la Carta, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y otros instrumentos internacionales de derechos humanos y nada en ésta Declaración puede ser interpretado en el sentido de limitar, restringir o negar en manera alguna esos derechos, o en sentido de autorizar acción alguna que no esté de acuerdo con los principios del derecho internacional, incluyendo el de los derechos humanos.

 

c)   Derecho a pertenecer a los pueblos indígenas. Los individuos y comunidades indígenas tienen derecho a pertenecer a los pueblos indígenas, de acuerdo con las tradiciones y costumbres de los pueblos respectivos.

 

d)  Personalidad jurídica. Los pueblos indígenas tienen derecho a que los Estados dentro de sus sistemas legales, les reconozcan plena presonalidad jurídica.

 

e) Rechazo a la asimilación. Los pueblos indígenas tendrán derecho a preservar, expresar y desarrollar libremente su identidad cultural en todos sus aspectos, libre de todo intento de asimilación.

 

f) Garantías especiales contra la discriminación. Los pueblos indígenas tienen derecho a garantías especiales contra la discriminación que puedan ser requeridas para el pleno goce de los derechos humanos reconocidos internacional y nacionalmente.

 

g) Derechos a la integridad cultural. Los pueblos indígenas tienen derecho a su integridad cultural, y a su patrimonio histórico y arqueológico, que son importantes tanto para su supervivencia como para la identidad de sus miembros.

 

h) Concepciones lógicas y lenguaje. Los pueblos indígenas tienen el derecho a sus lenguas, filosofías y concepciones lógicas como componente de la cultura nacional y universal, y como tales los Estados deberán reconocerlos, respetarlos y promoverlos, en consulta con los pueblos interesados.

 

i) Otros artículos se relacionan al derecho a la educación, a la libertad espiritual y religiosa, el derecho a la salud y el bienestar,  el derecho a tener un medio ambiente seguro y sano, y el derecho a la asociación, reunión, libertad de expresión y del pensamiento.[42]

 

No obstante los acuerdos establecidos y la intención internacional por el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, la realidad hemisférica en este caso, nos muestra una situación tradicional de descriminación y separación. Como muestra, vemos el caso de los indígenas de Chiapas, en México, de alguna manera representados por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En las negociaciones de paz, una de las propuestas que se había logrado acordar con el gobierno mexicano era precisamente la posiblidad de la autodeterminación política y la autonomía. Fue el único acuerdo que se alcanzó en una de las tantas mesas de negociación, y recientemente el presidente mexicano lo negó diciendo que esa autodeterminación y autonomía no era posible porque atentaría contra la soberanía, pués era ilógico pensar en un Estado dentro de otro Estado. Hubo un acuerdo firmado y luego una negación expresa del presidente mexicano.

 

En el resto de latinoamérica existen conflictos latentes con los pueblos indígenas; desde Canadá, con sus problemas en las Cuatro Naciones de Hobbena, Estados Unidos, México, Centro América y Sur América, donde recientemente en el Ecuador, los indios indígenas de una forma u otra incidieron en la destitución del Presidente Mahuad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO V

 

 

LA SOCIEDAD CIVIL. DESARROLLO.

 

 

Las sociedades civiles surgen ante la necesidad de fortalecer las instituciones del  sector público a efectos de que cumplan  con sus deberes  establecidos en la Cosntitución y las Leyes, y estimular una mayor participación de la sociedad civil en el sector público. La diversidad de instituciones de este tipo, en la actualidad constituyen un freno para la violencia y el desorden de demandas, ya que se convierten en espacios políticos para el ejercicio del reclamo justo y la obtención equitativa de soluciones de consenso.

 

La vigencia y arraigo de éstas instituciones provienen del descalabro e incredulidad de los partidos políticos y de los que viven de la política.  La situación de los países  de latinoamérica, desde la perspectiva de las reformas necesarias en su nivel político institucional, deja mucho que desear en los campos  de liderazgo político, corrupción, calidad de la justicia, calidad de la burocracia, etc. Asimismo, pese a los significativos logros de la democracia en el hemisferio, un gran porcentaje no está satisfecho con su desempeño y muestran desconfianza en el modelo económico que cada vez más los hunde en la pobreza. Como señaláramos anteriormente, la escasez de partidos políticos sólidos y políticos que después de conseguir el poder le dan una interpretación muy particular a las normativas democráticas, restan mucho a la consolidación y fortalecimiento de la democracia.

 

La “sociedad civil” está asociada a organizaciones no estatales, no gubernamentales y apolíticas, aunque en su esencia tenga que ver con lo político. Comprende todo un engranaje de instituciones, que si bien tienen un componente llamado “Sociedad Civil”, en sentido limitado, como sistema supone el ordenamiento organizativo (institucional en el sentido operativo) de una nación, como un todo. Bajo este esquema, se destacan dos áreas: el Estado y la Sociedad Civil. De ésta división se desprende que Sociedad Civil es todo aquello que no es Estado y viceversa. El dualismo supone separar lo público y lo privado, con énfasis en la capacidad de la sociedad para gobernarse a sí misma, mediante ideas, instituciones y organizaciones propias. En esa concepción está la esencia de la Sociedad Civil: asociaciones intermedias existentes entre el individuo y el Estado, que expresan la heterogeneidad y el pluralismo de una nación y que son necesarias aún para el funcionamiento y perfeccionamiento del Estado.[43]  Este armazón social contiene los elementos y vínculos organizativos propios del consenso, diferencia, voto dividido, tolerancia (inter o intrapartidista), apoliticismo, crítica y consejo que necesita una sociedad para vivir en democracia, sin violencia, sin autoritarismo o totalitarismo.

 

Las sociedades civiles, como categoría de análisis se ha ido diferenciando, siendo hoy desglosada en varias partes, a fin de poder destacar los distintos componentes especializados que están presentes en las actividades de una nación. Es así como vemos al analizar una nación desde un marco referencial y operativo, que a la  sociedad civil le interesan cuatro áreas de acción social posibles, con categorias interrelacionadas como las siguientes: Estado Democrático, Economía, Sociedad Civil y Sociedad Política.

 

5.1 Estado democrático.

 

El Estado democrático incluye todo lo que funciona –como gobierno- por el presupuesto nacional. Presupuesto de base cero, sin déficit y  preferiblemente con saldo positivo. Tiene el poder normador u ordenador sobre las otras áreas y como agente de dominación y de negociación con la sociedad, monopolizando los instrumentos de violencia, orden y seguridad.

 

Se debe propugnar el estado de derecho, haciendo que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley, no sospechando de lo que no controla y mantener los tres poderes del Estado independientes y limitados.

 

Promover políticas de desarrollo para crear riquezas y  bienestar en los ciudadanos. Asimismo ser el fomentador de empleos y de mejoras en el ingreso y en los servicios públicos.

 

En el campo de la inversión y gasto público debe buscar impactos más equitativos (igualdad de oportunidades) aminorando desigualdades y protegiendo a los grupos vulnerables: infantes, madres, solteras, ancianos, discapacitados, damnificados, etc.

 

El Estado debe promover políticas sociales que fomenten la sociedad comunitaria y liberal, oponiéndose al colectivismo, muy por el contrario, respetar la propiedad privada, individual, social o comunitaria. Combatir el monopolio, contrario a cualquier monopolio sea privado o público, fomentando la competencia para satisfacer la demanda.

 

Portador de un proyecto moral y valórico, donde la ciudadanía pueda auditar a la gerencia pública.

 

Con libertades de expresión y organización política, con espacio público para el  debate ciudadano, sin represalias de ingreso, empleo, oportunidades educativas y culturales contra disidentes y opositores.

 

 

5.2 Economía.

 

Se propugna por una economía de mercado, competitiva,  donde los vicios del mercado sean controlados por cambios en el mercado, y no mediante regulaciones estatales. Una economía formal, con crecimiento sostenido y autosuficiencia alimentaria, donde la inversión pública debe ser ejecutada con firmas de contratistas.

 

Apoyo a  las empresas privadas para que sean rentables como instituciones básicas, reconociendo las distintas modalidades de empresas: individual, familiar, cooperativa, anónima, corporativa, nacional, multinacional, etc., y que estén sujetas a balance social: efecto en el medio ambiente, género, grupos de edades, grupos sociales, regiones, municipios, etc.

 

5.3 Sociedad Civil.

 

La sociedad civil en conjunto, debe estar caracterizada por su diversidad y pluralismo, con  organizaciones y asociaciones sin fines de lucro, autónomas y dinámicas, inspiradas en diferentes concepciones, con múltiples proyecciones y actividades.

 

Evidencian una misión y visión propias, reconociendo lo que les interesa del entorno que le rodea, autodefiniendo sus respectivos horizontes. Operativamente responden a un eje ordenador interno, que decide políticas, recursos, proyecciones y vínculos externos. Internamente, su dinámica produce acuerdos voluntarios propios de agentes libres y autónomos.

 

Las asociaciones reflejan la diferenciación y heterogeneidad de la población,  reconociendo la autonomía de los sujetos sociales: 1ro. particulares de sus miembros en razón de clase, profesión, religión,  cultura, territorio, etc, ; 2do. Sociales, comunitarios, municipales, regionales, culturales, ambientales de género; y 3ro. de bien común, de derechos humanos, nacionales, internacionales, etc.

 

Las instituciones básicas de la sociedad civil son la asociaciones de profesionales, sindicatos, patronatos, culturales, religiosas, deportivas, ambientales, ONGs, fundaciones, etc.

 

5.4 Sociedad Política.

 

La sociedad política debe ser pluripartidista, con dos o más partidos que  compitan por llegar al poder en elecciones libres. Existencia de partidos mayoritarios y minoritarios; partidos de gobierno y partidos de oposición, todos participando en el debate público. Estos deben propiciar y establecer elecciones primarias abiertas a candidatos de dentro y fuera de la maquinaria del partido.

 

Debe mitigar o si es posible hacer desaparecer las seis tendencias viciosas partidistas:

 

a-      Oligárquico (decisiones controladas por la maquinaria).

b-     Esquizofrenia política (discurso político ajeno a la conducta real).

c-      Plutocracia (grupos económicos dominan plan de gobierno).

d-     Clientelismo (sin censuras en pago al activismo político evidenciado durante la campaña).

e-      Gasto e inversión pública confabulados (coalición entre actores estratégicamente situados a los sectores privado y público).

f-       Continuismo (partido dirigido por la maquinaria de acceso y conservación del poder).

 

Cada partido político debe tener su proyecto de gobierno, que signifique una opción alterna y competitiva.


CAPITULO VI

 

 

MECANISMOS DE FORTALECIMIENTO DE LA DEMOCRACIA Y LA CARTA DE LA ORGANIZACION DE ESTADOS AMERICANOS (OEA).

 

 

La tercer ola democrática, que se ha implementado y fortalecido en casi todos los países de América Latina[44], ha producido un consenso histórico y un compromiso interamericano para la defensa y promoción colectiva de éste sistema. Después del fracaso, colapso  y la desilución con la alternativa socialista o comunista, la democracia se ha convertido en un sistema cuya legitimidad no tiene cuestionamiento. Es por esto que existe la convicción generalizada entre los pueblos y gobernantes de que la democracia es el sistema  de gobierno más apropiado para la región, lo que se ha convertido en un mandato expreso de los Estados Miembros de la OEA para que ésta incorpore entre sus  principales objetivos y  funciones la promoción y defensa de la democracia representativa.

 

“La democracia representativa es condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región” está establecido en la carta constitutiva de la OEA. Esta preferencia se expresa en una serie de instrumentos jurídico-políticos vinculantes que se inician con las reformas a la Carta de la OEA de 1985, donde los Estados miembros disponen que uno de los propósitos esenciales de la Organización, es promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de la no intervención.

 

Lo propio sucedió en Santiago de Chile, 1991, con el diseño de la Resolución AG/RES 1080, “Democracia Representativa”. En ella los Estados Miembros otorgan a la OEA el mandato para actuar en forma inmediata y colectiva cuando se produzca en un Estado miembro una interrupción abrupta o irregular del proceso político institucional democrático o del legítimo ejercicio del poder por un gobierno democráticamente electo.

 

Otro instrumento, que ya ha sido ratificado por la mayoría de los países miembros, es el Protocolo de Washington, en diciembre del 1992, que enmienda la Carta de la OEA, pretendiendo prevenir o disuadir a aquellos que tengan la intención de interrumpir el proceso democrático de un Estado miembro. Estipula la posible suspensión de las actividades de la Organización de un Estado miembro cuyo gobierno democráticamente constituído sea derrocado por la fuerza.

 

Los Estados miembros de la OEA, con éstas medidas, dan respuesta clara y precisa de su intención de que la democracia no perezca, especialmente en situaciones de crisis que amenacen interrumpir el proceso democrático de un Estado miembro.

 

 

 

 

 

6.1 La Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD).

 

Como una manera también de prevenir posibles rupturas o interrupciones del orden democrático en los países de la región, independientemente de las medidas señaladas anteriormente, los Estados miembros decidieron crear un instrumento ejecutivo, de menor dramatismo y visibilidad, que le permita a la OEA promover el fortalecimiento y la consolidación de las instituciones y procesos democráticos. Es así como, en la Asamblea General celebrada en Asunción, Paraguay, 1990, los Estados miembros crearon la Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD) y le asignaron el objetivo de responder con prontitud y eficiencia a los Estados miembros que, en el pleno ejercicio de su soberanía, soliciten asesoramiento o asistencia para preservar o fortalecer sus instituciones políticas y procedimientos democráticos.     

 

Desde estonces, la Unidad para la Promoción de la Democracia, ha venido dando asistencia y colaboración a los Estados miembros en sus esfuerzos de fortalecimiento y consolidación de las instituciones y procesos democráticos, principalmente en las siguientes áreas y temas:

 

a)      el poder legislativo,

b)      el proceso de descentralización y participación ciudadana a nivel local,

c)      la promoción de valores y prácticas democráticas, y

d)      la organización, administración y la observación electoral.  

 

Además, se han apoyado procesos de reinserción y reconciliación nacional, fortalecimiento institucional y consolidación democrática en situaciones de pos-conflicto con programas multidimensionales e integrales como en Guatemala, Haití, Nicaragua, Suriname; o con un programa de asistencia para la remoción de minas antipersonal en Centro América.[45]

 

La tarea de la UPD de promover la democracia es de mediano y largo plazo, porque de lo que se trata, esencialmente, es cooperar con los Estados miembros en sus esfuerzos para desarrollar una cultura política democrática.  En ese sentido, el apoyo de la UPD, se efectúa a través de varios mecanismos de cooperación o de prestación de servicios como seminarios, talleres, o cursos de capacitación, especialización, o actualización; proyectos de investigación comparada y publicación; misiones de asesoramiento técnico; misiones de observación electoral y; foros de análisis, diálogo e intercambio al más alto nivel técnico y político. En los procesos  que contribuye son:

 

a)      La generación y difusión de nuevos conocimientos e información sobre el funcionamiento de instituciones democráticas en la región, así como sobre valores y prácticas democráticas,

b)      La formación de expertos y la capacitación y actualización de funcionarios, asesores y practicantes de la política democrática para que la perfeccionen y la protejan debidamente,

c)      El acercamiento y la interacción entre la academia y el mundo de la práctica política para cruzamiento de conocimientos y experiencias,

d)      La modernización organizacional de las instituciones (administración, gestión, informática, etc.),

e)      La vinculación y cooperación entre representantes de instituciones  políticas de los Estados miembros para intercambiar conocimientos y experiencias nacionales sobre el fortalecimiento de las mismas,

f)        El diálogo político al más alto nivel para la búsqueda de políticas públicas comunes y solidarias para facilitar el menejo de problemas y desafíos compartidos impuestos por la globalización y la interdependiencia.                  

 

El programa de Apoyo a Instituciones y Procesos Legislativos de la Unidad para la Promoción de la Democracia, es consecuente con el Plan de Acción emanado de las Cumbres de las Américas, que instaron a la OEA a fin de que, a través de la UPD, apoye los esfuerzos encaminados a fortalecer las instituciones democráticas. Es así como por mediación de éste programa se colabora con las legislaturas nacionales, los parlamentos regionales e instituciones académicas en la promoción del diálogo y la cooperación inter-parlamentaria, el fortalecimiento y la modernización institucional, la conformación de redes y foros regionales, la formación de expertos en la materia, la actualización de legisladores y asesores y la generación de nuevos conocimientos en el campo legislativo. Esto se trata de conseguir a través de la realización de actividades como seminarios de intercambio y actualización, asesorías, cursos de formación y difusión, investigaciones comparativas, publicaciones, etc.[46]

 

Las principales diligencias de éste programa hasta el año 1999, estuvieron dirigidas en actividades bilaterales y regionales. En Argentina, con la realización del seminario/taller sobre “La informática en el Poder Legislativo” se concluyó con el proyecto “Perfeccionamiento Legislativo”.  La UPD celebró en Bolivia el Seminario/Taller sobre Informática, Archivo y Redacción Legislativas, con el objetivo de contribuir a la actualización de legisladores y funcionarios del Congreso Nacional a nivel auxiliar. Esto contó con el apoyo del Centro de Investigación del Congreso Nacional de Bolivia. En Guatemala, mediante el Programa OEA-BID  de Apoyo Jurídico, se apoya la labor que realiza el Organo Legislativo para dar cumplimiento a los acuerdos de paz.

 

Regionalmente, la UPD ha dado respuesta a necesidades de bloques de países del hemisferio. En el Caribe, a solicitud del gobierno de Trinidad y Tobago, y en consulta con otros Estados miembros del Caribe, se ha venido colaborando con la Facultad de Leyes de la Universidad de las Indias Occidentales (UWI), en la celebración de un taller corto anual sobre Técnicas de Redacción Legislativa, como respuesta a las preocupaciones manifestadas por los Estados miembros sobre la falta de nacionales capacitados en esa materia. En Centroamérica, se realizó el Primer Seminario sobre los Procesos de Modernización Legislativa en América Central y República Dominicana, celebrado en San José, Costa Rica, donde se conocieron los avances relacionados al fortalecimiento institucional de las legislaturas de la región, afianzando al mismo tiempo el compromiso político para facilitar la cooperación y el intercambio de experiencias. De aquí surgió la necesidad de contar con instrumentos como una Red de Información Legislativa de Centro América y República Dominicana, para facilitar el intercambio de información de calidad sobre los planes de la modernización legislativa y el análisis comparado de leyes y procedimientos.

 

En Colombia, emanó el libro Congresos y Democracia en los Países de la Región Andina, Deficiencias y Estrategias, luego de la realización de un estudio comparativo sobre funcionamiento de los Congresos de la región andina, apoyando al Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de los Andes, Colombia.

 

Otras actividades regionales son: la realizada en la República Dominicana, 1998, entre el Diálogo Interamericano y la Secretaría General, para la organización de una reunión de Líderes Legislativos de las Américas; el acuerdo de cooperación entre el Parlamento Andino y la OEA (1996), se desarrolla el programa de apoyo al Fortalecimiento del Poder Legislativo en la Región Andina; en colaboración con el Programa de Asesoría Legislativa de la Corporación 2000, de Chile, se concluyeron en 1997 una serie de investigaciones sobre Asesoría Técnica Parlamentaria en América Latina.

 

6.1.1 La Acción Integral Contra las Minas Antipersonales (AICMA).

 

La Organización de los Estados Americanos, a través de su Unidad para la Promoción de la Democracia, es la entidad encargada de proveer la coordinación política y diplomática general del programa, recaudación de fondos en la comunidad internacional y la transparente administración y contabilidad de los fondos internacionales. Asimismo la UPD es también la entidad encargada de las campañas de educación preventiva para la población civil.

 

El problema de las minas personales en Centro y Sur América es una de las principales preocupaciones del hemisferio, debido a los efectos directos e indirectos que provocan. Aparte de la muerte que podrían ocacionar,  existen efectos limitantes tales como: las tierras que se encuentran contaminadas hacen que se reduzca la actividad agrícola. Las minas terrestres antipersonal han hecho que comunidades enteras hayan quedado aisladas y deprimidas económicamente, obstruyendo caminos que anteriormente eran transitados y que ahora, han quedado inutilizados por el peligro; los caminos y puentes que se encuentran minados interrumpen actividades de salud pública y preventiva en la comunidad y repercuten en un mayor número de muertes, sobre todo entre los niños; y las heridas y amputaciones producidas por un MAP requieren de un mayor número de demanda de sangre de emergencia y esto puede producir el riesgo latente de realizar transfusiones con sangre contaminadas por HIV y malaria, entre otras enfermedades.

 

Los países  beneficiados del programa de desminado de la OEA son, en centroamérica, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Guatemala, y en suramérica se han iniciado actividades encaminadas a apoyar el desminado en Perú y Ecuador. Aunque en centroamérica las minas se colocaron sin contar con planos previos y la fuerza de la naturaleza las ha desubicado o dispersado, haciendo imprecisa su ubicación geográfica,  se ha hecho un estimado general de 98,000 minas.

 

El costo de las minas antipersonales es sumamente barata. Producirla cuesta aproximadamente un dólar, por ésto, para algunos, el usar este tipo de artefactos explosivos es todavía rentable como arma de guerra. Sin embargo, el costo de removerlas y hacerlas explotar oscila entre los 1,000 y 3,000 dólares por mina, sin contar el inmenso costo humano, social y ecológico que una mina produce.

 

El Tratado de Ottawa, el cual se puso en vigor en marzo de 1998, es el mecanismo de control contra el uso, producción y distribución de las minas antipersonales. Su propósito principal es la eliminación de este tipo de arma de guerra. Sin embargo existen resistencias de muchos países por ratificar éste tratado. De un total de 190 países, lo han ratificado 84 y de los 35 Estados miembros de la OEA lo han ratificado 24.

 

El concepto dado a “mina antipersonal” en el Tratado de Ottawa es digno de enunciarse: “una mina antipersonal es la mina concebida para que explote por la presencia, la proximidad o el contacto de una persona y que incapacite, hiera o mate a una o más personas”. Y “la  mina está diseñada para ser colocada debajo, sobre o cerca de la superficie del terreno u otra superficie cualquiera y concebida para explotar por la presencia, proximidad o el contacto de una persona o un vehículo”.

 

Actualmente, la Organización de Estados Americanos (OEA), además de las actividades de remoción de artefactos explosivos, también está operando en actividades de educación preventiva, alertando a la población sobre el peligro potencial que representan las minas antipersonales; en Nicaragua  se cuenta con un proyecto piloto de rehabilitación para víctimas que han sido afectadas por este tipo de artefactos explosivos; además, la extensión del programa de rehabilitación física, psicológica y laboral para víctimas de minas a un nivel de carácter regional, así como la elaboración de un programa de recuparación de tierras para su uso productivo.[47]

 


CAPITULO VII

 

 

LAS FUERZAS ARMADAS Y SU ROL EN LA DEMOCRACIA

 

 

Para poder comprender el actual rol de las Fuerzas Armadas del Continente Americano, debemos remontarnos necesariamente a los inicios de la llamada Guerra Fría, fenómeno que de una forma u otra incidió en la orientación de las ideas fundamentales de las fuerzas.

 

Viéndolo desde un punto de vista conceptual, podemos decir, que el fenómeno de la Guerra Fría incidió en las FF.AA. de los paises  americanos, ocasionando la relegación a planos más bajos los conceptos tradicionales de soberanía nacional, integridad territorial, la independencia y el mantenimiento del orden interno, dando preferencia a la Seguridad Nacional por encima de la percepción de seguridad y defensa.

 

La doctrina de Seguridad Nacional generó todo el organigrama de la misión antisubversiva, pero que por otro lado, la lucha declarada contra el comunismo dió motivo a que se fomentaran los golpes militares, las dictaduras castrenses y la intervención de los militares en el quiebre del orden constitucional y los derrocamientos sucesivos de los gobiernos democráticos de corte liberal o tímidos para enfrentar la lucha contra el enemigo comunista, en la dimensión e intensidad que reclamaba la gran lucha estratégica.[48] Las  fuerzas militares adoptaron roles policiales, se militarizaron los cuerpos policiales y la inteligencia militar fue politizada, ocacionando la constante violación de la institucionalidad.

 

Otro aspecto perjudicial de la Guerra Fría en los ejércitos, fue la actitud invasora de las Fuerzas Armadas en las demás estructuras del Estado, explicándose  este fenómeno en la medida que se entiende el hecho de que durante este período para la doctrina de Seguridad Nacional y su derivado, la guerra antisubversiva, el Estado tenía la  doble condición de objetivo militar y campo de batalla. Para los subversivos, la meta estratégica, en una actitud ofensiva, era la toma del poder por la vía de las  armas, y para los ejércitos la defensa del Estado era una actitud legítima y claramente definida. Esta incursión en las demás estructuras del Estado se produjeron a través de dos modalidades: tomando el poder totalmente, convirtiéndose en gobiernos militares, y la otra modalidad era ocupando parcialmente el poder con el consentimiento de los gobiernos, mediante el nombramiento de  altos mandos militares en posiciones claves del Estado. Al derrumbarse el bloque socialista y producirse la caída del Muro de Berlín, se detuvo la invasión de los ejércitos en otros estamentos del Estado y se inició un repliegue hacia sus ocupaciones y misiones originales en los cuarteles, aunque con ciertas condiciones que fueron la clave en la negociación con la civilidad en la mayoría de los llamados procesos de paz o durante los procesos de transición.[49]

 

 

 

7.1 Reconversión de los militares pos Guerra Fría.

 

Uno de los puntos indispensables en la transición y  el fortalecimiento de la democracia en el hemisferio, ha sido la modificación de las relaciones civiles-militares después de la Guerra Fría, porque las Fuerzas Armadas en nuestros países jugaron un papel muy importante, casi como centro del poder político. En latinoamérica, en la generalidad de los casos, durante la Guerra Fría, los protagonistas de los procesos políticos fueron los militares. Es por esto, que hablar de construcción de una etapa democrática en latinoamérica sin mencionar la modificación substancial de las relaciones civiles-militares, resultaría utópico.[50]

 

Como en otras partes del mundo, los militares latinoamericanos atraviesan una etapa de redefinición de sus funciones y reconversión de sus instituciones en relación al escenario de finales de siglo. Con más intensidad que en otros continentes, experimentan la merma de la primera justificación de su existencia, la defensa del territorio y la soberanía ante ataques armados extranjeros, así como la tendencia de la conclusión de los conflictos armados internos, otro justificativo del tiempo de la Guerra Fría.

 

El heterogéneo grupo de nuevas funciones que las Fuerzas Armadas buscan atribuirse, hace referencia a la búsqueda de conservación institucional y de espacios de poder. Todo ello ocurre en un escenario en que como hemos señalado, la democracia política no logra expandirse hacia lo económico-social, generando problemas de gobernabilidad de cuya resolución depende la consolidación de la democracia.

 

De aquí se desprende la necesidad de modificar el esquema de las relaciones cívico-militares en función del desarrollo democrático; pero ya no bajo los parámetros del pasado, en que la cuestión era cómo someter el poder militar al control civil, ya que la tendencia es que los uniformados no cuestionen la legitimidad del poder civil. Esta vez la decisión se refiere a qué rol debe asignar la sociedad a las Fuerzas Armadas en cuanto a la búsqueda de gobernabilidad, que esten acorde con las funciones fundamentales señaladas en las respectivas Constituciones. Una decisión así debe emanar del consenso entre la sociedad civil y la política, con participación de los uniformados, pero no dejando a éstos la capacidad de autodecisión sobre sus nuevas funciones.

 

Durante los últimos años de la década pasada y aún en éstos días, se mantiene el cuestionamiento de si el nuevo escenario de seguridad latinoamericana y sus necesidades de desarrolo hacen necesario el mantenimiento de fuerzas militares y la respectiva asignación de parte de los escasos recursos de la nación, o podría pensarse en un paulatino fortalecimiento de las fuerzas de seguridad y reducción de los Ejércitos, en un proceso similar al de Costa Rica, país que llegó a la abolición total del Ejército. Esta suposición de desmilitarización total existe por consiguiente a nivel teórico y eventualmente se puede recoger en la proyección de largo plazo, aunque ciertamente no tiene mayor viabilidad como una propuesta de política inmediata ni futurista, debido al peso de la tradición histórico-cultural sobre la participación de las Fuerzas Armadas como definitorias de la nacionalidad, especialmente en el Cono Sur, y el peso real que las instituciones (FF.AA.) tienen en la sociedad política latinoamericana, representando hoy día  las reservas morales por excelencia.

 

Sin embargo, sí es posible impulsar la reconversión militar para hacer a la institución coherente con la nueva realidad. Primero, la definición de la agenda militar no debe plantearse como una búsqueda de nuevas funciones que justifiquen un rol, sino como el aprovechamiento racional de los recursos humanos y materiales que se asignan a las Fuerzas Armadas, vistas las necesidades del país. Sin embargo, ello no conduce a aceptar la transferencia automática a los Ejércitos de tareas que, finalmente, ya tienen muy poca o ninguna relación con las finalidades originales de una institución militar; por el contrario, el procedimiento puede ser determinar qué parte de la nueva agenda corresponde aún al ámbito militar, y de allí concluir en qué tipo de Fuerzas Armadas necesitan los países.

 

7.2 Las Fuerzas Armadas en la sociedad democrática.

 

La actuación de cualquier país en su dimensión internacional está estrechamente ligada a la dimensión nacional. Es por ello que no se puede hablar de lo externo sin antes referirnos a lo interno. Es así que podemos decir que la función del Ejército en una sociedad democrática se relaciona de manera intrínsica con la célebre tesis weberiana sobre el Estado como la entidad que posee el monopolio de la violencia legítima. Obviamente esto implica que no puede haber más que una Fuerza Armada al servicio del Estado, pero también que el imperium, la facultad de imponer sanciones y de hacer ejecutar coactivamente, si es necesario y conforme a derecho, sus decisiones, es justamente la esencia de la soberanía y del propio Estado.

 

Hay que estar conscientes de que el monopolio que ejercen las Fuerzas Armadas sobre la violencia requiere de la legitimidad de su ejercicio. La legitimidad como todos sabemos, va más allá de la legalidad. Actuar conforme a la ley es muy importante, es fundamental en todo Estado de Derecho. Nadie es superior a la ley y tanto los funcionarios civiles como los oficiales deben sujetar su comportamiento, escrupulosamente, el mandato legal.

 

La esencia del rule of law es justamente esa: no hay poder arbitrario, todo el poder se ejerce en nombre y por mandato de la ley. Esto implica que cualquier violación del orden legal (que cuando es cometida por agentes del Estado asume con frecuencia el carácter de violación de los derechos humanos) debe ser sancionada por la ley. Si esto no ocurriese así, caeríamos en el problema de la impunidad que, ni más ni menos, significa que en un país puede haber cierta categoría de personas  por encima de la ley gracias a la protección, tolerancia, complicidad y/o impotencia del gobierno. El problema de la legitimidad es distinto al problema de la legalidad. [51]La legitimidad alude al contenido de la conducta, así como a los resultados que produce el comportamiento humano, si los resultados se adecuan a las necesidades del ser humano son legítimos. De lo contrario no.

 

En el caso de las Fuerzas Armadas, los resultados de sus acciones deben juzgarse de acuerdo con la necesidad humana que deben satisfacer y que justifica su existencia. Esta es, obviamente, la necesidad de seguridad, la cual abarca a nivel macro la dimensión territorial del Estado y el ejercicio de su soberanía (seguridad externa, defensa), pero a nivel micro supone que las Fuerzas Armadas deben ser también una garantía de seguridad de los habitantes del territorio. Ir en contra de la ley (al violar los derechos humanos) coloca a las Fuerzas Armadas en una situación de tal naturaleza que, en lugar de ser fuente de seguridad, se convierten en fuente de inseguridad. Esto implica la deslegitimización del ejercicio de la violencia por parte del Estado y, por tanto, teóricamente se legitima la posibilidad de recurrir a la fuerza para restaurar un orden legítimo. Eso es lo peligroso de las políticas de violación de los derechos humanos: no son eficientes, ya que en lugar de producir seguridad producen inseguridad. Y, por ende, justifican el recurso a la violencia y legitiman los movimientos rebeldes o insurgentes que presentan la violación de derechos humanos como la causa principal de su lucha, concitando en la comunidad interrnacional simpatía, apoyo y solidaridad.

 

Lo anterior nos demuestra por qué las Fuerzas Armadas deben someterse al imperio de la ley en toda sociedad democrática, y también demuestra por qué el respeto a la legalidad constituye la mejor fuente de seguridad y es a la vez sustento de la tesis respeto a que el Ejército en una sociedad democrática debe estar absolutamente subordinado a las prescripciones legales, así como mantener una forma de actuación que permita sostener y consolidar la legitimidad de la institución.

 

Así como el respeto a la ley es la fuente básica de la legitimidad interna, también lo es de la externa. En este mundo globalizado e interdependiente de hoy en día la comunidad internacional está muy bien informada acerca de lo que ocurre en cualquier país del mundo. En la actualidad ya no es posible acultar nada, y tratar de engañar o distorsionar los hechos es, a la vez, patético y ridículo.[52]

 

La comunidad internacional juzga drásticamente a todos aquellos países que se apartan de los cánones de la legalidad y de la legitimidad internacionales. Entre otras razones porque con su ineficiencia provocan mayores problemas que los que, supuestamente, deberían resolver.

 


CAPITULO VIII

 

 

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

 

 

Los avances logrados en el Continente Americano en la consolidación y fortalecimiento de la democracia en las últimas dos décadas son ejemplarmente notorios y significativos, destacándose principalmente la desaparición de los regímenes militares y autoritarios y el establecimiento de la paz en Centro América (Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica) y Sur América (Ecuador-Perú), quedando pendiente el proceso interno de gran magnitud en Colombia y el régimen comunista de Cuba. Sin embargo, aún persisten innumerables problemas de significativa importancia, que de no buscarse las soluciones satisfactorias, la democracia  podría verse afectada en muchos paises del continente.

 

En las Cumbres de Jefes de Estado y de gobiernos del continente, Miami (1994) y Santiago de Chile (1998), se han ubicado y señalado los principales problemas comunes que afectan a nuestros pueblos  y fueron definidas las voluntades y prioridades políticas para la región, recogidas en una declaración de principios basados en el desarrollo y la prosperidad: fortalecimiento de la  democracia, libre comercio, desarrollo sostenible en las Américas, el diálogo político,  la estabilidad económica, el progreso hacia la justicia social y la voluntad para seguir impulsando el proceso de integración hemisférica permanente. La focalización de estos temas y la implementación de las políticas tendentes a solucionarlos son enteramente necesarios para imprimir la garantía de una verdadera gobernabilidad y servir de base y sostén para el fortalecimiento de la democracia. De coronarse las metas y objetivos trazados se lograría una sociedad más justa, más equitativa, más libre y más humana, que en sí significan el objeto final de la verdadera democracia.

 

La Organizacón de Estados Americanos (OEA) y el Sistema Interamericano en general, desde su creación, han puesto interés en el tema de la democracia. Sin embargo, la ideologización de las relaciones hemisféricas derivadas de la lógica de la Guerra Fría, hicieron que la retórica prevaleciera en la mayoría de las oportunidades. Desaparecido el Muro de Berlín y acontecido el desmoronamiento del comunismo, en el continente Americano se le ha dado prioridad al tema de la democracia representativa, contando con el decidido compromiso del gobierno de los Estados Unidos (administración del Presidente Clinton) para forjar una verdadera sociedad de las Américas, fortalecer las instituciones democráticas, defender los derechos humanos, luchar por la justicia social y apoyar reformas económicas y libre mercado, además de proteger el medio ambiente. En la reunión de Presidentes y Jefes de Gobierno celebrada en Miami (1994), convocada por el Presidente Clinton, la OEA prestó no solo su apoyo sino que desarrolló un activo papel durante las reuniones que la antecedieron.

 

La Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD) es uno de los instrumentos y mecanismos con que cuenta la OEA para apoyar a los Estados miembros en sus esfuerzos para consolidar y fortalecer las instituciones democráticas. Los Estados miembros que, en el pleno ejercicio de su soberanía, requieran colaboración o asistencia para preservar o fortalecer sus instituciones políticas y sus procedimientos democráticos, la Unidad para la Promoción de la Democracia ofrece un programa de apoyo para el desarrollo democrático con el cual se pueda responder pronta y efectivamente.

 

La Resolución 1080 (Santiago de Chile, 1991), aprobada por todos los países miembros de la OEA, otorga los mecanismos necesarios para que el Secretario General de la OEA o cualquiera de los países miembros pueda, de urgencia, convocar los cancilleres del continente, cuando surja una situación de riesgo grave para la democracia por vía de un golpe o cambio de orden constitucional.

 

Para buscar una mejor garantía y legalidad en la aplicación de la Resolución 1080, los Jefes de Estado  dieron otro significativo avance para el fortalecimiento y defensa de la democracia en el continente con el Protocolo de Washington, 1992, incorporando un nuevo artículo en la Carta de la OEA que promoviera y defendiera la democracia, frente a situaciones de derrocamiento por la fuerza de gobiernos democráticamente constituídos.

 

Para fortalecer y afianzar la democracia hay que tener en cuenta a primera mano los principales objetivos de la misma:

 

1ro. La libertad, principal objetivo del orden democrático. La libertad apegada a las leyes, hace posible que las personas desplieguen toda su potencialidad innata y se realicen así como seres humanos. Toda limitación a la libertad comporta un cercenamiento a la capacidad de desarrollo personal.

 

2do. La igualdad. La falta de igualdad ante la ley y las desigualdades en las oportunidades en lo económico y social, marcan una limitación no deseable en el ejercicio de la libertad personal.

 

3ro. El pluralismo. En el pleno ejercicio de la democracia, debe existir el respeto a las minorías y a los puntos de vista discrepantes de las decisiones tomadas por la mayoría.

 

4to. La solidaridad. Sin  apelar al paternalismo, en un régimen democrático se debe velar por los más necesitados, brindando oportunidades compensatorias frente a las discapacidades y la falta de recursos.

 

5to. La participación. Si no existe la participación ciudadana la democracia no podría desarrollarse. Toda persona aspira a la participación política para realizarse como sujetos libres capaces de decidir y aportar a la realización colectiva.

 

La consolidación de la democracia en muchos países del continente podría fracasar, si los problemas significativos que han sido detectados no son solucionados. En este proceso, aunque existe la generalidad de problemas  comunes en los países latinoamericanos, intentar homogenizar una receta modelo para su solución en la región, resultaría en un error debido a la variedad de democracias y a las particularidades de cada país. Así vemos orígenes democráticos distintos en cada país, variando en tradiciones y culturas políticas. También democracias que se ven afectadas por conflictos internos peculiares, ya  sea por guerrillas, narcotráfico o por corrupción. Otras democracias pasan por situaciones distintas que las contradicen, como es el caso del desarrollo de reformas económicas e institucionales, que garanticen un adecuado crecimiento económico sustentable en el tiempo.

 

Aunque existen estas peculiaridades y situaciones especiales que indiquen acciones priorizantes, en lo general existen tareas similares que deben enfrentar las democracias de América Latina. En el contexto actual de interdependencia y globalización económica, los países se ven en la necesidad de mejorar su credibilidad y su desarrollo en forma sostenida, que para poder realizarse es prioritario el desarrollo institucional que le de sustentabilidad y transparencia.

 

Para proseguir en la consolidación del camino democrático latinoamericano, es necesario enfatizar sobre algunas iniciativas que son insdispensables:

 

1.      El respeto a los derechos humanos y la promoción y desarrollo de las libertades políticas y los derechos civiles. El conjunto de derechos y libertades  considerados como inherentes a la naturaleza humana, implica especialmentete su aplicación y respeto por todo el poder político. En mayor o menor escala, en todos los países del continente existen violaciones de estas facultades, que los gobiernos se han comprometido a solucionar mediante acciones conjuntas y particulares. Cabría señalar los casos donde la intervención interamericana es priorizante y necesaria, debido a la acentuada violación y supresión de derechos civiles, humanos y libertades políticas: El caso de Colombia merece la atención y cooperación  continental, porque los problemas internos de las narco-guerrillas mantienen en estado de situación a gran parte de ese país, ya no solo con sus acciones de terrorismo, secuestros  y estatus al margen de la ley, sino que los mismos trascienden sus fronteras, convirtiéndose de un problema nacional a un problema regional-continental y hasta mundial; Haití vive una situación extremadamente preocupante debido a la falta de institucionalidad, provocando la ingobernabilidad, la constante violación de los derechos básicos del hombre y el recrudecimiento del alto índice de la pobreza, por lo que se hace imperante la asistencia interamericana y de la comunidad internacional  a través de  ayudas humanitarias, observadores y asesores fijos que puedan orientar y conducir a las autoridades por el camino del restablecimiento  institucional;  Cuba se encuentra prácticamente aislada de la comunidad interamericana debido a su sistema de gobierno comunista que prohibe la libertad de expresión y pensamiento, el libre tránsito y de prensa y la pluralidad de partidos políticos. En la medida que el pueblo cubano pueda disfrutar de la interacción entre las naciones y  de la comercialización con apertura de mercado que el actual bloqueo económico, impuesto por los Estados Unidos, le suprime, en esa misma medida el propio pueblo hará que las autoridades reorienten sus políticas de conducción de la nación.

 

Es imposible pensar que en un ámbito general serán respetados los derechos humanos, pero sí es factible que con la voluntad y decisión política de los gobernantes se puedan minimizar las violaciones, dándole cabida y respeto a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, además de las políticas y medidas internas en cada país.

 

2.      La batalla contra la corrupción. La voluntad firme y decidida de los gobernantes para combatir todo tipo de acto de corrupción, debe estar encaminada a la acción de fortalecer y actualizar los instrumentos jurídicos y de control, dejando a un lado la retórica tradicional politiquera y asumiendo con responsabilidad los acuerdos arribados en la Cumbre de Presidentes en Santiago de Chile.

 

3.      La cooperación y asistencia entre los pueblos para combatir al narcotráfico. El flagelo de las drogas es un problema común a todos los países del hemisferio y del mundo, desde los productores, los que sirven de puente y tránsito, hasta los de alto índice de consumo. Las drogas ilícitas se han convertido en un asunto de seguridad nacional, regional, hemisférica, de soberanía para algunos países y, definitivamente, de gobernabilidad, por lo que se requiere de acciones conjuntas para adecuar la leyes, ofrecer capacitación para programas de prevención, promover el desarrollo alternativo y combatir el tráfico ilegal de estupefacientes y control adecuado de los químicos relacionados.

 

 

4.      La superación de la pobreza en la región. La realidad actual de la pobreza en el hemisferio es altamente preocupante. En el 92% de la población latinoamericana está enquistada la pobreza y la indigencia, lo que es un claro indicativo de la inequidad en la distribución de la riqueza. De aquí se desprende el desafío de las autoridades actuales: desarrollar reformas que permitan obtener economías sanas y en crecimiento sostenido tomando como base a la equidad e igualdad de oportunidades para todos, donde sea factible la movilización social ascendente, mejorar la cantidad y calidad de los servicios sociales, ofrecer mejores servicios de salud, apoyar y propagar la educación especialmente focalizada a sectores de menores ingresos, propiciar políticas de viviendas a los más necesitados y revisar las políticas tributarias.

 

5.      Adecuación y fortalecimiento de los partidos políticos. La democracia representativa basa su esencia en la existencia de los partidos políticos, organismos éstos cuya función dentro de la sociedad es considerada como factor esencial e insustuible en la formación de la opinión pública para la expresión libre de la voluntad popular. Existe en la actualidad una crisis de  descrédito de los partidos políticos, debido a lo anticuado de los programas políticos y económicos frente a los cambios vigentes, a la poca receptividad de las demandas provenientes de distintos sectores que tratan de insertarse en la arena política, la corrupción de los dirigentes políticos que viven de la política y de los beneficios y oportunidades que esta propicia, entre otros males.

 

      Se hace necesario pues, que los dirigentes políticos propicien medidas orientadas hacia  una participación ampliada y diversa, que dejando de lado la democracia de las minorías, se orienten hacia una auténtica democracia de participación plena; que los partidos se fortalezcan y que actúen a favor del interés nacional, por encima de intereses personales o de grupos, hablando siempre con la verdad y omitir la manipulación, el engaño y la demagogia; que los partidos desarrollen con claridad ante la sociedad los proyectos de gobierno, de manera que la población pueda identificarse con el más apropiado para la nación, y; que los líderes estén comprometidos con las estructuras que representan, y que tengan las características esenciales de honestidad, con altos estándares morales y éticos.

 

6.      El respeto al imperio de  las leyes y la adecuada creación de las mismas. La actuación efectiva y equitativa de todo gobierno popular, utiliza esencialmente el principio de respeto a la ley, tanto a los gobernados como a los gobernantes. Este principio democrático (respeto a la ley) es la base esencial y primordial para la excelencia de los puros gobiernos. La igualdad de condiciones para todos los ciudadanos ante la ley, está contemplada en las Constituciones, sin embargo existe una gran distancia entre la literatura y el espíritu. La realidad nos dice que la igualdad ante la ley no funciona debido a factores de peso que evitan la equitativa aplicación de la misma: la gran incidencia de los medios de comunicación de masas que ejercen presiones inadecuadas sobre la justicia; la falta de independencia del poder judicial, y; la inoperabilidad de los sistemas.

 

      Resulta necesario el fortalecimiento del poder judicial frente a los demás poderes del Estado, con la creación de nuevas garantías constitucionales para la protección judicial de los derechos fundamentales, con una independencia en el manejo presupuestario. Asimismo que  los jueces elegidos, que tendrán en sus manos la administración de la justicia con autoridad y potestad para juzgar y sentenciar, resulten personas probas, honestas, honradas y rectas, con un gran sentido de responsabilidad y equidad.

 

      Por otro lado, los responsables de la creación de las leyes, deben tener siempre pendiente que las mismas (las leyes) también se pueden emplear para establecer y mantener las prácticas más antidemocráticas, como por ejemplo las leyes que establecieron y mantuvieron el racismo y la esclavitud de los negros en los Estados Unidos, y aquellas que son creadas para favorecer y beneficiar a particulares y a los estamentos políticos que representan. De aquí se desprende lo importante que es para una democracia fuerte y sana, poseer una cultura legal que valore el imperio de la ley y otorgue legitimidad a los tribunales y demás instituciones legales.

 

7.      El aumento de participación de la ciudadanía en los procesos políticos a través del fortalecimiento de la sociedad civil. La ciudadanía en general tiene los medios a través de las sociedades civiles, de fortalecer las instituciones del sector público a afectos de que cumplan con sus deberes establecidos en la Constitución y las leyes. Las sociedades civiles constituyen en la actualidad un freno para la violencia y el desorden de demandas, ya que se convierten en espacios políticos para el ejercicio del reclamo justo y la obtención equitativa de soluciones de consenso. A la ciudadanía que acciona en las sociedades civiles, por tanto, se le requiere una formación y alto desarrollo de la educación y conciencia cívica y política, que sepan poner el país por encima de intereses específicos.

 

8.      Las Fuerzas Armadas como soporte primordial de la democracia. El principal garante de la institucionalidad democrática lo constituye hoy día las Fuerzas Armadas de las naciones. Las Fuerzas Armadas constituyen  la única institución del Estado capaz, además de cumplir las responsabilidades tradicionales de defensa de la soberanía nacional, integridad territorial, la independencia y el mantenimiento del orden interno, de asumir otras responsabilidades civiles y policiales como son la protección del medio ambiente, la lucha contra el narcotráfico, combate al tráfico de ilegales y de armas, asistencia en la ocurrencia de desastrres naturales, entre otros.  Es por eso que se hace necesario cada vez más: el fortalecimiento de las instituciones militares; la erradicación total de la política de los cuarteles; la profesionalización de sus miembros, y; establecer a sus miembros sueldos justos y razonables y cobertura social, médica y educacional para sus familiares.

 

Existe el espíritu y la voluntad política de los gobiernos del continente de fortalecer y afianzar la democracia en todo el hemisferio, en un proceso contínuo y ascendente, que se logrará con la equitativa distribución de la riqueza, con el robustecimiento institucional, con una gobernabilidad dentro de los parámetros, con una sociedad civil siempre activa y vigilante y  el respeto al imperio de la ley.

 


Hay mucho camino por recorrer y los obstáculos nunca dejarán de estar presentes en éste proceso para obtener la democracia deseada. Servirá siempre de estímulo para seguir adelante las comparaciones con otros sistemas de gobierno y el recuerdo de las historias amargas de los gobiernos autoritarios y déspotas.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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[1] La Democracia y sus Críticos. Robert A. Dahl. 1993. Página #9.

 

[2] “Es curioso que en la abundante literatura producida en la mayor de las democracia de Grecia, no haya sobrevivido enunciación alguna de una teoría política democrática. Todos los filósofos y publicistas atenienses simpatizaban, en diverso grado, con la oligarquía”. Athenian Democracy. Jones, A. H. M., 1969, página #41.

 

[3] La Democracia y sus Críticos. Robert a. Dahl. 1993. Página 22.

 

[4]  Doctor German Bustillos. Entrevista personal el día 20 de diciembre 1999, Colegio Interamericano de Defensa, Washington, D.C.

 

[5]  Alford, C. Fred, The Iron Law of Oligarchy in the Athenian Polis. 1985, página #9.

 

[6]  Pocock, J. G. A.,The Machiavellian Moment, 1975, Princeton, P.V.P.

 

 

[7]  La Democracia y sus críticos. Robert A. Dahl, 1993, página #36.

 

 

[8]  El espíritu de las leyes, Charles Montesquieu, (1748). Paris, Editions Garvier Freres.

 

 

[9]  Samuel Huntinton, What Cost Freedom, Harvar International Review, 1993, Página 17

 

 

 

[10] 1 Samuel Huntinton, Democratic’s Third Wave, The Global Resurgence of Democracy. Sda. Edición, Johns Hopkins University Press, Baltimore-London.

 

 

[11]  Relaciones CE/América Latina, Comunidades Europeas, Comité Económico Social. 1993. CES-93-001. Página #7.

 

 

[12]  Alvaro Tirado Mejía. Integración y democracia en América Latina y el Caribe. 1997. Página #5.

 

 

[13]  The Economist. “Latin America’s Blacklash”. Noviembre 30 del 1996. Página 15-21.

 

[14]  Michael Shifter y S. Neill, Democracy and Human Rights, the Summit and Beyond. Summit of the Americas Integration (A Progress Report). Encuentro organizado por el Institute for International Economics. 1996.

 

 

 

[15] Barómetro Iberoamericano. Octubre 1995. Página 4-6.

 

 

[16] El precio de una herencia. Fuerzas Armadas, democracia y derechos humanos en Centroamérica. Rodolfo Cerda Cruz. 1996. Página 148.

 

[17]  Derechos humanos y democracia en latinoamérica y el Caribe. Human Rights Watch. w.w.w.hrw.org/Spanish/1999.

 

[18] Derechos humanos y democracia en latinoamérica y el Caribe. Human Rights Watch. w.w.w.hrw.org/Spanish/1999. Página número 5.

 

[19] Díaz Ruíz, Hugo, “Algunas reflexiones sobre la legitimidad democrática y el cuadro de sanciones de la OEA”. La condicionalidad en las relaciones internacionales.  Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos. ILSA. Bogotá. 1996.

 

[20]  David Held. La democracia y el orden global. Del Estado moderno al gobierno cosmopolita. 1997. Página 294.

 

 

[21]  Alvaro Tirado Mejía. Integración y democracia en América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo. INTAL. 1997. Página 9.

 

[22]  Moisés Naím. The corruption eruption. The brown journal of word affairs. Vol. II, Issue 2. Verano, 1995.

 

[23] Organización de los Estados Americanos (OEA)

http://www.oas.org/SP/PINFD/soas.htm

 

 

[24] Robert A. Dahl. La Democracia y sus críticos. Ediciones Paidos Ibérica, S.A., Mariano Cubí, SAICF, Defensa, 599, Buenos Aires. 1993. Página 230.

 

[25]  VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Los Valores Eticos de la Democracia. Isla de Margarita, Venezuela. 1997. Página 47.

 

[26]  Mauricio Herman. Retornemos a una posición equillibrada. Los mitos de la globalización. Las realidades de la privatización. Washington, D.C., septiembre 1999.

 

 

 

[27]  La democracia amenazada. Alvaro Vega Sánchez. Fuente Internet www.una.ac.cr/econ

 

[28]  Alvaro Rojas Sánchez. El ocaso de los partidos políticos? Lima, Perú, 1995. Página A-6 y A-7.

 

 

[29]  Democracia, derechos humanos y administración de justicia en la Región Andina. Comisión Andina de juristas. 1994. Página 20.

 

[30]  Andrés Stambouli. Los partidos políticos. Agenda de la consolidación de la democracia. Página 484.

 

[31]  Sin instituciones fuertes la democracia no  tiene futuro. Discurso del presidente ErnestoZedillo ante el Congreso de la República Dominicana. Abril 1999. Fuente internet www.presidencia.gob.mx.

 

 

[32] Desafíos de la humanidad para el Nuevo siglo. El Tiempo, noticias sección internacional. Fuente internet www.eltiempo.com

 

[33] Henry J. Abraham, 1993. The Judicial Process: An introductory analysis of the Courts of the United States, England, and France. N.Y. Oxford University Press.

 

[34]  Herbert Jacob, Erhard Blankenburg, Herber M. Kritzer, Doris M Provine y Joseph Sanders. 1996. Courts, Law y Política. New Haven. Yale University Press.

 

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[38]  Adolfo Sánchez Rebolledo. Guerrillas y Pobreza. Fuente internet:www.unam.mx/jornada/1998.

 

 

[39]  Medidas para eliminar la captación de fondos para el terrorismo. Organización de Estados Americanos (OEA). Sistema Interamericano de Información Jurídica. Subsecretaría de Asuntos Jurídicos. Departamento de Cooperación y Difusión Jurídica. Fuente internet:www.oas.org/juridico

 

[40]  La Revista de la CEPAL, No 62 (LC/G. 1969-P. Comisión Económica para Amériuca Latina y el Caribe.

 

[41]  Rodolfo Stavenhagen. Las Organizaciones indígenas: actores emergentes en América Latina, 1997.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[42] Sistema de Información de la Cumbre de las Américas. Foro Democrático. Democracia y Derechos Indígenas. Fuente internet:www.summit-americas.org/indigenous.

 

 

[43]  Tertulia sobre sociedad civil. Ricardo A. Puerta. 1998. Dentro de la tradición estadista (Platón, Hobbes, Marx, Lenin, Stalin) se enfatiza lo inverso: La sociedad civil es la organización política del Estado y existe para expresar y perfeccionar los asuntos y proyectos polícos del Estado. Sólo se acepta y promueve la gobernabilidad política, no la social. Dentro de este paradigma, el contenido lo da el Estado y la forma es la sociedad civil, buscando en su dinámica la unidad monolítica de las masas y las clases en el pensar y actuar.