COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA

Fuerte Lesley J. McNair

Washington, D.C.

 

 

 

TRABAJO DE INVESTIGACION ACADEMICA

 

 

TEMA: LOS AVANCES Y DESAFIOS PARA LA CONSOLIDACION DE LA DEMOCRACIA EN EL HEMISFERIO EN LA ACTUAL COYUNTURA

 

POR

 

C.N. (M. de G.) Héctor Antonio Lizardo Jorge

República Dominicana

 

 

WASHINGTON, DC., ABRIL DEL 2000


 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCION

 

 

A lo largo de toda la historia del Sistema Interamericano, el interés de éste por la democracia ha estado latente, siendo elemento básico desde su creación. Sin embargo, hay que reconocer que en esa trayectoria hasta nuestros dias la misma ha pasado por momentos de crisis, inestabilidad y actualmente por un período de mucho auge y fortalecimiento, no solo en el Continente Americano sino también en todo el mundo.

 

Los peores momentos para la democracia en nuestro continente surgen a raíz de la posguerra (Segunda Guerra Mundial), donde las preocupaciones de los Estados Unidos por una alianza interamericana comprometida con la democracia, se vieron subordinadas por los problemas que se empezaron a plantear por la lucha contra el comunismo y la seguridad hemisférica. Es precisamente ésta la principal causa de que surgieran en la mayoría de los países latinoamericanos gobiernos dictatoriales en desmedro de democracias establecidas.

 

El final de la Guerra Fría ha sido considerado el fenómeno más trascedental de las últimas dos décadas,  motivador de importantes transformaciones en todo el mundo, muy particularmente en el Continente Americano donde los países han regrezado a una etapa de confianza, solución de viejos conflictos y lo más importante, marcando  el retorno  definitivo de los regímenes democráticos, aboliendo las dictaduras militares.

 

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha jugado un papel protagónico en la difusión y fortalecimiento de la democracia en el hemisferio, muy especialmente en las últimas dos décadas. En  los años 80, la Carta de la OEA fue objeto de las reformas pertinentes y necesarias, acorde a las exigencias de los nuevos  tiempos.  La década de los 90 marcó el nuevo enfoque hacia la defensa, promoción y fortalecimiento de la democracia, contando con el interés marcado y especial de los Estados Unidos y de los gobiernos del resto de los países del hemisferio, los cuales y a través de las Cumbres de Miami (1994) y de Santiago de Chile (1998), se establecieron los planteamientos necesarios para la promoción, defensa y fortalecimiento de la democracia en el hemisferio. Con carácter muy especial, emanó de la primera Cumbre, la instancia para que la OEA, a través de La Unidad para la Promoción de la Democracia (UPD), le brinde la asistencia y colaboración a los Estados miembros en los esfuerzos de fortalecimiento y consolidación de las instituciones y procesos democráticos, haciendo hincapié especial en las áreas y temas como el poder legislativo, la promoción de valores y prácticas democráticas, el proceso de descentralización y participación ciudadana a nivel local y en la organización, administración y la observación de los procesos electorales.

 

Mediante el presente trabajo monográfico, se establecerán los avances que ha tenido la democracia en el hemisferio, indicando los  actores y factores que han incidido para el logro del actual repunte y fortalecimiento. Así mismo,  lo que creemos lo más importante, se indicarán y analizarán los principales retos, desafíos y amenazas que enfrenta la democracia actualmente, y que salvando dichos escollos representaría la verdadera e ideal democracia anhelada por los países del hemisferio.

 

El trabajo monográfico contará de siete (7) capítulos

 

El Capítulo I tratará sobre los antecedentes históricos de la democracia, sus orígenes y de cómo se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo, tras convertirse en una modalidad de gobierno aplicable no solo a las cuidades-Estados sino también a las Naciones-Estados, desde las ideas del gobierno representativo auspiciada y creada por Charles Montesquieu en su obra “El espíritu de las leyes”. De igual forma se indicarán los primeros modelos democráticos en el Continente Americano y  de qué forma éstos incidieron en el resto de los países.

 

En el Capítulo II se analizará la situación actual de la democracia en el hemisferio, enfocando y resaltando los hechos que de una forma u otra incidieron en pro o en contra de la misma.

 

El Sistema Interamericano se tratará en el Capítulo III, haciendo mención y alcance de los tratados, acuerdos y convenios de los Estados miembros.

 

El Capítulo IV (Desafíos y antagonismos para la consolidación de la democracia) será contentivo de los principales temas que enfrenta la democracia para su consolidación definitiva.  Estas adversidades coyunturales, no de corte idealista, que afectan a la democracia son: la violación de los derechos humanos, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza, la globalización, el vacío de los partidos políticos, el medio ambiente, las leyes, la explosión demográfica, la marginalidad, las guerrillas y el terrorismo y el marginalismo de las organizaciones indígenas, entre otras.

 

El Capítulo V se desarrollará analizando la incidencia de la Sociedad Civil en el fortalecimiento de las instituciones del sector público y su participación en la toma de decisiones por los gobiernos.

 

Los mecanismos de fortalecimiento de la democracia y la Carta de la Organización de la OEA se analizará en el Capítulo VI, indicando los principales instrumentos que para tales fines ha creado el Sistema Interamericano.

 

El Capítulo VII está orientado a analizar el rol de las Fuerzas Armadas en pro de la consolidación y fortalecimiento de la democracia.

 

            La metodología usada en el presente trabajo monográfico está basada en la investigación bibliográfica de todo tipo de documentación publicada y aceptada, contentiva de material relacionado con el tema que nos ocupa. Asimismo, han servido de fuente de abastecimiento importante las conferencias que distintas personalidades impartieron en el Colegio Interamericano de Defensa y en otros foros, además de los trabajos de comité, entrevistas personales, paneles, la internet, etc.


CAPITULO I

 

ANTECEDENTES  HISTORICOS DE LA DEMOCRACIA. DESARROLLO.

 

 

En la primera mitad del siglo quinto antes de Cristo, surgió entre los griegos la idea de que existiera un sistema político cuyos miembros se considerasen iguales entre sí y colectivamente soberanos, y dispusieran de todas las capacidades, recursos e instituciones necesarias para gobernarse. Así empezaron  a utilizar la palabra “demokratia” (“demos”=pueblo, “kratia”=gobierno o autoridad; por lo tanto, “gobierno del pueblo” o “por el pueblo”), planteando desde sus raices las interrogantes de: quienes integran el pueblo y que significa que ellos gobiernen? Es así como los atenienses  produjeron la “primera transformación democrática”[1], de la idea y la práctica de gobiernos de los pocos, a la idea y la práctica de gobierno de los muchos.

 

La concepción del gobierno de los muchos casi desapareció durante largos períodos, y solo una minoría de los pueblos del planeta procuraron, y lograron con éxito, adaptar la realidad política a sus exigentes condiciones en medida significativa. Por supuesto, para los griegos la única sede imaginable de la democracia era la ciudad –Estado.

 

Más o menos por la misma época en que esa idea del gobierno de los muchos transformaba la vida política de Atenas y otras ciudades-Estado griegas, arraigó también en la ciudad-Estado de Roma.

 

Para una comprensión  adecuada de la amalgama que ha sido la democracia desde sus orígenes, es conveniente describir sus tres fuentes más importantes: 1ro. la proveniente de la Grecia clásica; 2do. la tradición  republicana proveniente más de Roma y de las ciudades-Estados italianas de la Edad Media y el Ranacimiento; y 3ro. la idea y las instituciones del gobierno representativo.

 

1.1  La Grecia clásica.

 

            Si bien las prácticas de la democracia moderna solo guardan escasa semejanza con las instituciones políticas de la Grecia clásica, nuestras ideas actuales han experimentado la poderosa influencia de los griegos, y en particular de los atenienses. Que las ideas democráticas de los griegos hayan sido más influyentes que sus instituciones es irónico, ya que lo que sabemos sobre esas ideas no deriva tanto de los escritos o los discursos de los defensores de la democracia como de sus críticos. [2]

 

Estos abarcaron desde adversarios moderados como Aristóteles, a quien le molestaba el poder que, según él, necesariamente le iba a dar a los pobres la expansión de la democracia, hasta francos opositores como Platón, quien condenó la  democracia juzgándola el gobierno de los incapaces  y abogó por  implantar en su lugar un sistema de gobierno de los ciudadanos mejor calificados, sistema que tendría más tarde perenne atractivo.[3]

 

No se puede dudar que la demokratia implicaba igualdad, en alguna forma, pero nos preguntamos: que tipo de igualdad?. Antes de que la palabra democracia entrara en vigor, los atenienses ya se habían referido a ciertas clases de igualdad como características positivas de su sistema político: la igualdad de todos los ciudadanos en cuanto a su derecho a hablar en la asamblea de gobierno (isogoria) y la igualdad ante la ley (isonomia).[4] Estos términos siguieron utilizándose y, evidentemente, a menudo se consideró que designaban características propias de la democracia; pero durante la mitad del siglo V antes de Cristo, cuando fué cobrando aceptación que el pueblo (demos) era la única autoridad legítima para gobernar, al mismo tiempo parece haber ganado terreno la idea de que democracia era el nombre más apropiado para el nuevo sistema.

 

La visión griega de la democracia, debía satisfacer seis requisitos primordiales:

 

 

a-      Los ciudadanos debían tener intereses suficientemente armónicos entre sí, de modo de compartir un intenso sentimiento de lo que es el bien general, bien general que no presenta una contradicción marcada con sus objetivos o intereses personales.

 

b-     Los ciudadanos deben mostrar un alto grado de homogeneidad respeto de características que, de otra manera, tenderían a generar entre ellos agudas discrepancias y conflictos políticos respeto del bien público. Según esto, ningún Estado podría confiar en convertirse en una buena polis si hubiera una gran desigualdad en los recursos económicos de sus ciudadanos o en su tiempo libre, si adhiriesen a distintas religiones, hablasen distintos idiomas o difieren significativamente en su grado de instrucción, o por cierto si fueran de diferentes razas, culturas o grupos étnicos.

 

 

c-       La cantidad de ciudadanos debería ser pequeña, en el caso ideal, más pequeña aún que los 40 o 50 mil que  poblaban la Atenas de Pericles. El pequeño tamaño del demos era necesario por tres rezones: contribuía a evitar la heterogeneidad, la inarmonía; los ciudadanos podrían adquirir un mejor conocimiento de su ciudad y de sus compatriotas, gracias a la observación, la experiencia y el debate, y esto los ayudaría a discriminar el bien común diferenciándolo de sus intereses privados o personales; y por último, era esencial para la reunión conjunta de todos los ciudadanos a fin de actuar como gobernantes soberanos de su ciudad.

Los ciudadanos debían estar en condiciones de reunirse para decidir en forma directa acerca de las leyes y las medidas políticas. Tan arraigada estaba esta convicción que a los griegos les resultaba poco concebible el gobierno representativo, y aún les era más difícil aceptarlo como alternativa legítima frente a la democracia directa. La participación ciudadana no se limitaba, empero, a las reuniones de la Asamblea: incluía asimismo la administración de la ciudad. Se ha estimado que en Atenas debían cubrirse más de un millar de cargos públicos (unos pocos mediante elecciones, el resto echando suertes), casi  todos los cuales eran de un año de duración y solo podían ocuparse una vez en la  vida. Aún en un demos grande como el de Atenas, era casi seguro que todo ciudadano ocuparía algún cargo por un año, y un alto número formaría parte del importantísimo Consejo de los Quinientos, que establecía el temario de la Asamblea.[5] La ciudad-Estado debía ser por completo autónoma, al menos en el caso ideal. Por más que las ligas, confederaciones y alianzas fuesen a veces necesarias a los fines de la defensa o de la guerra, no debían privar a la ciudad-Estado de su autonomía suprema, ni a la asamblea de ese Estado de su soberanía. Cada ciudad tenía que ser autosuficiente no solo en lo político sino además en lo económico y en lo militar, o sea tener las condiciones requeridas para una vida Buena.

 

1.1  La tradición republicana.

 

La tradición republicana, basada en Aristóteles, conformada por las experiencias de la Roma republicana y de la República de Venecia a lo largo de varios siglos, fué reformulada, replasmada y reinterpretada en Inglaterra y en Estados Unidos durante los siglos XVII y XVIII. Durante este proceso varios temas del republicanismo  clásico desaparecieron, sin embargo la mayoría conservaron su vitalidad.[6] El republicanismo adoptó la concepción de que el hombre es por naturaleza un animal social y político; de que los seres humanos deben convivir en una asociación política si pretenden realizar todas sus potencialidades; de que un hombre bueno debe ser también un buen ciudadano; de que un  buen sistema político es una asociación constituída por buenos ciudadanos; de que un buen ciudadano es aquel que posee como atributo la virtud cívica; que la virtud cívica es la predisposición a procurar el bien de todos en los asuntos públicos y de que, por lo tanto, un buen sistema político no solo refleja la  virtud de sus integrantes sino que la promueve. O sea, que se sostiene que el mejor sistema político es aquel en el cual los ciudadanos son iguales en aspectos importantes: ante la ley y por la ausencia de toda relación de dependencia (por ejemplo amo y esclavo). Además, implica que ningún sistema político puede ser legítimo, conveniente o bueno si excluía la participación del pueblo en su gobierno.

 

Según la visión republicana, una de las mayores amenazas a la virtud es la que genera la facción y conflictos políticos:[7] el pueblo no es una totalidad perfectamente homogénea cuyos miembros tengan intereses idénticos; normalmente se divide en un elemento arist