COLEGIO INTERAMERICANO DE DEFENSA

DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS

CLASE XL

Monografia

 

Sistema de cooperación y coordinación entre las FFAA y las organizaciones gubernamentales y  no gubernamentales en situaciones de desastres naturales en el Continente Americano.

 

 

Cnel Ronaldo Leiva

Guatemala

 

 

 

 

INTRODUCCION

Durante un decenio caracterizado por turbulentos cambios políticos y económicos en todo el mundo, los organismos humanitarios han centrado su atención en conflictos, caos y Estados en desintegración, particularmente en los planos de políticas y de la política. Las catástrofes en el continente americano parecen haber insumido el grueso de nuestra energía intelectual y operacional.

No obstante, habiéndose concentrado en estas catástrofes de aguda gravedad, gran presencia visible y múltiples dimensiones, la comunidad proveedora de asistencia humanitaria parece haber olvidado que su trabajo no se circunscribe a las víctimas de la guerra, los refugiados y las personas desplazadas dentro de fronteras nacionales. A comienzos de 1990, un 6% de los beneficiarios de la asistencia que aportaba la comunidad Internacional en el mundo eran víctimas de inundaciones y ciclones, mientras que los refugiados, las personas desplazadas internamente y las personas afectadas por crisis económicas totalizaban del 70% al 80.

 No hay definición alguna que goce de reconocimiento internacional por la cual se establezca la gravedad que debe alcanzar una tragedia para que sea considerada como «catástrofe».

A nivel internacional se asume tácitamente que la asistencia humanitaria es aquella que prestan los organismos internacionales. En realidad, con frecuencia los organismos nacionales son los primeros en aportar ayuda, y a menudo son los más eficientes.   Además, hábida cuenta del crítico y breve plazo para salvar a las víctimas de terremotos, únicamente las organizaciones locales tienen capacidad efectiva para intervenir.

No se trata en modo alguno de negar la función de la asistencia internacional, sino de destacar que ésta es tanto más eficaz cuanto que se canaliza en respaldo de las estructuras locales.

 Las personas directamente afectadas por las catástrofes y quienes las rodean son siempre los primeros en reaccionar ante cualquier crisis. Sin embargo, incumbe a los Gobiernos y a los organismos internacionales hacer gala de voluntad política para prevenir, mitigar y aliviar las consecuencias de las catástrofes siempre que sea posible. Cuando la población y los mecanismos corrientes de apoyo de que ésta dispone ya no logren satisfacer las necesidades humanas, resulta necesaria la asistencia de las organizaciones humanitarias.

  El desafío reside en velar por que se aproveche como es debido esa oportunidad, se lleven a la práctica las normas, y tanto las organizaciones como los donantes y los Gobiernos de acogida respondan por sus actuaciones en función de esas pautas.

La finalidad de la Carta Humanitaria y de las Normas Mínimas es aumentar la eficacia de la asistencia humanitaria y hacer que los organismos humanitarios asuman una mayor responsabilidad. Su base son dos convicciones fundamentales: primero, que es preciso adoptar todas las medidas posibles para aliviar los sufrimientos humanos causados por los conflictos y calamidades, y segundo, que quienes se han visto afectados por un desastre tienen derecho a una vida digna y, en consecuencia, derecho a la asistencia. Cuando los Estados no pueden responder, están obligados a permitir la intervención de organizaciones humanitarias.

De particular importancia será la medida en que los organismos tengan acceso a la población afectada, si cuentan con el consentimiento y la cooperación de las autoridades competentes, y si pueden operar en condiciones de seguridad razonables.

La Carta Humanitaria y las Normas Mínimas no resolverán todos los problemas que plantean las intervenciones humanitarias ni pueden tampoco impedir todos los sufrimientos humanos. Lo que ofrecen es una herramienta para que los organismos humanitarios mejoren la eficacia y la calidad de su asistencia y de ese modo aporten un cambio significativo a la vida de las personas afectadas por un desastre.

El derecho a recibir y a brindar asistencia humanitaria constituye un principio humanitario fundamental que asiste a todo ciudadano en todo país. En calidad de miembros de la comunidad internacional se debe reconocer nuestra obligación de prestar asistencia humanitaria doquiera sea necesaria. De ahí, la trascendental importancia del libre acceso a las poblaciones afectadas en el cumplimiento de esa responsabilidad.

La puesta en práctica de esta política universal, imparcial e independiente sólo será efectiva si las FFAA, las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales pueden disponer de los recursos necesarios para proporcionar esa ayuda equitativa y tener igual acceso a todas las víctimas de catástrofes.

Tomando en cuenta todos estos aspectos, en el presente trabajo se aborda el tema de los Desastres desde el punto de vista de la política de coordinación entre los diferentes actores que intervienen en la dinámica de la atención a los desastres y no meramente desde el punto de vista técnico de sus causas, orígenes, formas o clasificación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO PRIMERO:

DESASTRES NATURALES EN EL CONTINENTE AMERICANO

A.  Situación en el Continente:

Las amenazas naturales, y los desastres que con frecuencia provocan, son parte integral de la historia del Continente Americano.

Terremotos,   maremotos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, deslizamientos, sequías, son fenómenos que se repiten, afectando a miles o millones de víctimas. Además del costo humano, sus efectos directos o indirectos provocan billones de pérdidas en daños materiales.

Los desastres naturales se han presentado cada vez  con mayor capacidad destructiva tanto en el continente como en otras regiones en desarrollo del resto del mundo. En 1985, varios terremotos devastadores asolaron las zonas urbanas de Chile y de México, causando la muerte de más de 10,000 personas. El mismo año, la erupción del volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, dejó un saldo de 23,000 víctimas. Los huracanes han cobrado miles de vidas y han provocado grandes destrozos de infraestructura en el Cáribe, México y Centroamérica. En 1998, una sola tormenta -el huracán Mitch- costó la vida de más de 10,000 personas en cinco países, en 1999 una fuerte inundación en Venezuela dejó cerca de 50,000 damnificados y más recientemente en Enero del presente año un terremoto en Centroamérica cuyo epicentro fué localizado en El Salvador con cauda de más de 600 muertos junto con la pérdida de muchos años de inversiones en desarrollo económico y social.

Gracias a las comunicaciones actuales, las noticias de estas tragedias llegaron a la comunidad internacional en minutos y, en algunos casos, la ayuda se movilizó en cuestión de horas. Este caudal de ayuda inmediata puede beneficiar considerablemente a un país asolado por un desastre si se corresponde con necesidades reales. Sin embargo, cuando la ayuda no se ha solicitado o cuando las instituciones o personas donantes tienen una visión equivocada de cuales son las necesidades, también puede convertirse rápidamente en una carga.

Los mensajes emitidos por los medios de comunicación y por los donantes centran su atención en los efectos más visibles que los desastres naturales tienen sobre la salud. Esto tiende a reafirmar el mito de que la población y las autoridades necesitan cualquier tipo de ayuda que el mundo exterior pueda proporcionar. En los países en desarrollo más avanzados del continente, los servicios de salud, las organizaciones voluntarias y las comunidades afectadas movilizan sus propios recursos para satisfacer las necesidades médicas más imperiosas que surgen inmediatamente después del desastre. Las necesidades de ayuda externa se limitan, por lo general, a especialistas altamente calificados o a equipos para una áreas específicas. No obstante, la gente que trabaja durante los desastres sigue siendo abrumada por donaciones, cuya gran mayoría consisten en medicinas, alimentos, ropa, frazadas y otros artículos, que ni fueron solicitados ni son prioritarios.

Los desastres naturales son un azote constante para la salud y el desarrollo. El sector salud es una de las áreas claves para reducir sus efectos. No sólo debe estar preparado para responder adecuadamente, sino que debe ejecutar las medidas necesarias de prevención y mitigación para proteger las instalaciones y disminuir los daños. El deterioro del ambiente, la pobreza y la inequidad social son factores que favorecen los desastres y multiplican sus fatales consecuencias.

 

Se debe conceder alta prioridad a la adecuada coordinación de nuestras intervenciones motivadas por emergencias, desempeñando esta función de manera idónea en los distintos países afectados quienes más directamente participen en las operaciones de socorro, incluidos los representantes de organismos competentes de la organización de estados americanos.

 

Estas catástrofes plantean cuestiones fundamentales con respecto a la idoneidad del régimen interamericano actual en materia de asistencia humanitaria a las víctimas de los desastres naturales. La incertidumbre que rodea la existencia en la costumbre y el contenido de un derecho como éste ha dado lugar a que los Estados y las organizaciones internacionales hayan demorado la ayuda cuando el aumento de la frecuencia de desastres naturales exige una acción decisiva.

 

B.    Perfil de Riesgo:

 

No todas las manifestaciones violentas de la naturaleza, como los terremotos, los huracanes o las erupciones volcánicas, necesariamente se convierten en desastres. De la misma manera, cuando ocurre un desastre, este no siempre es resultado exclusivo de la amenaza natural por sí sola, ya que lo que hacen los seres humanos, o lo que no hacen, por lo general es un factor clave.

 

Si un fuerte terremoto se presentara en un área despoblada, este violento fenómeno no causaría pérdidas de vidas ni de infraestructura y el país no tendría que movilizar recursos para atender la situación. Por lo tanto, no se trata de un desastre. Pero un terremoto de magnitud menor, puede provocar un desastre de grandes proporciones si ocurre en un area densamente poblada, o si causa el colapso de edificios esenciales como hospitales o escuelas que no hallan sido construidas apropiadamente.

 

En consecuencia, el grado de riesgo al que está expuesto un país o un grupo de población cuando sobreviene a un evento natural violento depende principalmente de dos factores: la amenaza y la vulnerabilidad.

 

La vulnerabilidad de un edificio, una población o un país se determina por su predisposición al daño o pérdida durante un desastre. Entonces, el factor de riesgo se obtiene relacionando la probabilidad de ocurrencia de un evento de cierta intensidad con la vulnerabilidad de los elementos expuestos al evento.

 

El riesgo no es un concepto abstracto, muchos países o comunidades han diseñado mapas para ilustrar su grado de riesgo, los cuales no solo muestran las zonas con la más alta probabilidad de ocurrencia de una amenaza de cierta magnitud, sino la infraestructura vulnerable en dichas zonas.

 

En América existen amenazas de todo tipo, las más comunes se clasifican según sean de orígen geológico como los terremotos, los tzunamis, los volcanes o los deslizamientos; o hidrometeorológicos como huracanes, tormentas tropicales, inundaciones y sequías.

 

Existe una estrecha relación entre la vulnerabilidad a los desastres y el desarrollo económico. Por ejemplo, el proceso de urbanización acelerada y desorganizada  en América Latina contribuye a su vulnerabilidad y también propicia la degradación ambiental y la pobreza, la cual a su vez determina el uso de técnicas de construcción inadecuadas. Otros factores, como el crecimiento demográfico y los bajos niveles de educación, se relacionan estrechamente con el problema de la vulnerabilidad.

 

En la mayoría de países en desarrollo, el crecimiento de la población urbana ha aumentado, mientras que tiende a disminuir en los más desarrollados. Este crecimiento se debe no solo al aumento de las tasas de natalidad, sino que también a la tendencia migratoria desde las áreas rurales hacia las zonas urbanas, especialmente de gente de escasos recursos que busca establecerse en las ciudades para obtener un mejor acceso a los servicios y a las fuentes de trabajo, con el resultado de la creación de asentamientos precarios en zonas marginales.

Los desastres naturales en han demostrado invariablemente que quienes sufren más el impacto son aquellos con bajos ingresos y viviendas de mala calidad. La pobreza también es la mayor causa de migración interna e internacional, lo cual plantea serios desafíos tanto en términos de ayuda inmediata, así como en los esfuerzos para el desarrollo a largo plazo.

El continente americano comparte un problema común a otras regiones del mundo: los pobres no solo soportan una cuota desmedida del impacto de los desastres, sino que además se encuentran en desventaja durante las fases de rahabilitación y reconstrucción. Antes del desastre, estos grupos dependen de sus escasos ingresos, muchas veces originados en su propio hogar, para la supervivencia diaria. El desastre no sólo les destruye su fuente de trabajo, sino que es difícil que pueda afrontar gastos adicionales en la compra de materiales para la reconstrucción. De esta forma, se acelera el ciclo de empobrecimiento y, consecuentemente, aumenta la vulnerabilidad frente a los desastres.

 

El tipo de construcciones, tanto como la densidad en las áreas de mayor amenaza, es un factor que incrementa la vulnerabilidad.

 

El ambiente que rodea a los asentamientos humanos contribuye a la ocurrencia de desastres. En algunos casos, este entorno no puede modificarse y la población debe adaptarse para evitar las serias consecuencias inherentes a la locación.

 

En otros casos, la acción humana para modificar el entorno es la que produce los desastres. El uso irracional de la tierra, la deforestación y la degradación ambiental crean condiciones precarias que multiplican los efectos de los desastres.

 

A pesar de que el concepto de riesgo es concreto y cuantificable, es un parámetro relativo ya que depende de la percepción que sobre él tengan las comunidades. La población intenta constantemente disminuir su vulnerabilidad ante las amenazas, mientras trata de mantener un equilibrio entre el riesgo tolerable y los beneficios asociados. Sin embargo, es diferente la medida de riesgo que establecen los planificadores, de la aceptación que la población pueda tener de estas cifras, de modo que no sólo desee reducir el riesgo sino que disponga de los medios para hacerlo. Muchas familias que viven en áreas afectadas frecuentemente por inundaciones reconstruyen sus viviendas en los mismos sitios, a la espera de las donaciones de alimentos, vestimenta y materiales de construcción por parte de los organismos encargados del manejo de emergencias. Los planificadores consideran inaceptable el riesgo de vivir  a orillas de un río, y la solución ideal sería la reubicación de estas familias, pero para las personas familiarizadas con estas áreas, podrían ser aún más atemorizantes las amenazas desconocidas, y por ende insisten en quedarse.

En América Latina existen relaciones importantes entre las amenazas naturales, la vulnerabilidad de cada comunidad o población, y los riesgos que cada uno enfrenta de sufrir los efectos de un desastre. La idea de  todos los que trabajan en desastres es llegar a convencer a la gente de que deben disminuir su vulnerabilidad para superar el riesgo.

C.    Avances:

En los últimos 20 años se han producido importantes avances en la manera en que los países del continente y la comunidad internacional se preparan y responden ante casos de desastres naturales. Muchos gobiernos tienen organismos bien establecidos encargados de mejorar la capacidad nacional de respuesta ante desastres.

En un inicio, la respuesta de emergencia estaba a cargo de las fuerzas armadas, la cruz Roja y, en el caso de los países de habla inglesa del Caribe, del gobernador. Hoy día, la respuesta es responsabilidad de las oficinas de defensa civil, que por lo general dependen del Ministerio de Defensa o del Interior. Estos entes coordinan y organizan la respuesta del país ante los desastres, a la vez que mantienen el orden público y la seguridad nacional.

A pesar de los avances en el manejo de emergencias, entre los años 1970 y 1985 los sistemas de  defensa civil mostraban una tendencia, comprensible bajo regímenes militares a confundir ''coordinación'' con ''mando'', de modo que se creaban conflictos y se desaprovechaban los recursos del sector salud y otras entidades públicas. Las instituciones gubernamentales y privadas competían por el liderazgo y por acaparar el reconocimiento nacional e internacional. .

En 1986, adoptaron una política regional destinada a mejorar la coordinación de la asistencia internacional en el sector salud. Todos los países tienen coordinadores de desastres dentro de sus ministerios de salud, que no solo coordinan la ayuda en casos de desastre, sino que continuamente actualizan los planes de emergencia y organizan la capacitación de médicos y de personal sanitario en general. Los ministerios de relaciones exteriores de varios países han establecido procedimientos relativos a la función que deben desempeñar las misiones diplomáticas en los países donantes y en los países beneficiarios, durante la fase de respuesta a los desastres.

Desde los años ochenta, los organismos de defensa civil comenzaron a incluir dentro de sus actividades los aspectos de preparación del público para los desastres. A medida que se involucraron en la preparación de planes y programas de manejo de desastres, estuvieron mejor capacitados y equipados para entrenar personal de otros sectores y para expandir su organización desde el nivel local al regional.

Hacia la mitad de la década de los ochenta, se inició la integración de las agencias y organizaciones nacionales involucradas en atención de desastres, y con la asesoría técnica de organismos internacionales como la oficina de Asistencia al exterior en casos de Desastre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (OFDA/USAID), Organización Panamericana de la Salud (OPS) y otros, identificaron las prioridades de cada una, para evitar la duplicidad de actividades. En la mayoría de los casos, las instituciones de defensa civil reconocieron la necesidad de una participación más activa de las comunidades en la preparación para desastres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO SEGUNDO:

FUNCION DE LAS FFAA EN CASOS DE DESASTRES NATURALES

I. Generalidades:

A. Las condiciones existentes de la sociedad organizadas o en proceso de desarrollo se fundamentan en una serie de aspiraciones, deseos y voluntades, que permiten mantener con acentuada velocidad el ritmo de la vida de relación; y constituyen estímulos para la materialización de intereses vitales, que marcan el desarrollo cultural, económico y técnico de los grupos sociales.

B. Entre los intereses vitales tenemos el de la sobrevivencia, esto es vivir en condiciones mejores de ambiente y de autonomía general.

C. De la sobrevivencia se derivan dos imposiciones básicas: El Bienestar y Seguridad.

II.   Seguridad Nacional:

A. Seguridad nacional es el grado relativo de garantía que a través de acciones políticas, económicas, sico‑sociales y militares, un estado puede proporcionar permanentemente o en una época determinada a la Nación para la consecución y salvaguardar sus objetivos nacionales a despecho de los antagonismos existentes.

El concepto de seguridad nacional envuelve directa o indirectamente todas las actividades del Estado.

     1. En el campo Político‑Administrativo: las relaciones internas tales como el   mantenimiento del orden, la organización, preparación y empleo de las FFAA y las normas, ordenamiento, ejecución y conducción de las actividades anteriores. Por otro lado el mantenimiento externo del respeto a la soberanía nacional y del prestigio internacional.

     2.  Los integrantes del campo económico‑financiero, tales como la producción y sus factores de infraestructura, el comercio, la elaboración y ejecución presupuestarias, el control de la moneda y del crédito.

     3. Los dependientes del campo sicosocial, tales como los factores normales y sicológicos, la educación, la cultura y la salud pública, las garantias individuales y la aplicación de la justicia, las relaciones de trabajo, la previsión y la asistencia social.

III.  Defensa Civil:

          Son todas aquellas actividades y medidas llevadas a cabo para reducir los efectos sobre la población civil ocasionados tanto por el enemigo externo como interno, al territorio nacional, o por un desastre producido por un fenómeno natural.

IV.  Movilización de Defensa:

          Es el empleo de la economía gubernamental y la nacional para satisfacer los requerimientos esenciales civiles y militares.

V.  Participación de la JID en Desastres.

   A:  El papel de la Junta Interamericana de Defensa en la Preparación ante Desastres Naturales y la Mitigación de sus Efectos. La JID desempeña funciones en tres áreas, educación, comunicación y coordinación

  1.  Educación:  

El Plan de Estudios del Colegio Interamericano de Defensa incluye ejercicios, conferencias y presentaciones sobre la preparación para los desastres naturales y la mitigación de sus efectos. En particular, estos programas incluyen trabajo con altos funcionarios de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales (ONGs) que prestan asistencia en caso de desastres. En general estas presentaciones ofrecen a los cursantes un entendimiento de los requerimientos esenciales

2. Comunicación:

 La JID presta asistencia informando a los miembros de la JID y a las naciones miembros de la Organización de Estados Americanos sobre el trabajo de asistencia que está siendo desplegado en caso de desastres graves. Por ejemplo, durante las inundaciones acaecidas en Venezuela, la JID suministró actualizaciones del trabajo de asistencia en desarrollo con la finalidad de informar y reforzar el apoyo prestado durante esta situación de emergencia. En un futuro próximo, la JID suministrará más información sobre capacitación para casos de desastres y otras actividades relacionadas a través de su website. Los planes actuales incluyen un resumen de las lecciones aprendidas en experiencias anteriores, una lista de directrices operacionales, puntos de contacto y eventos importantes en el área de entrenamiento.   

3. Coordinación:

La JID participa del Comité Interamericano sobre Mitigación de Desastres Naturales de la OEA. Este Comité está a cargo del desarrollo de un marco estratégico para la OEA en el apoyo a los trabajos de asistencia humanitaria, la asistencia al financiamiento de programas de mitigación de desastres y el desarrollo de directrices para la realización de apreciaciones por país. En este sentido la JID ofrece una perspectiva militar a los diálogos que se establecen con otras organizaciones miembros tales como la organización Panamericana de la Salud, El Banco Interamericano de Desarrollo y el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Las FFAA de todos los paises tradicionalmente han sido las primeras en reaccionar ante casos de desastres en el continente, poniendo al servicio de la población los recursos tanto humanos como materiales con que cuentan, además se mantienen en constante relación con el tema de los desastres desarrollando ejercicios conjuntos entre las diferentes fuerzas de los paises Americanos por medio de las Fuerzas Aliadas Humanitarias que se han llevado a cabo en paises como Honduras, Guatemala, República Dominicana y seminarios sobre desastres en Argentina, con la participación de las FFAA de España, Bolivia, Colombia, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Mexico, EEUU y Organizaciones no Gubernamentales, OEA, JID, Departamento de Defensa de EEUU, Universidad de Tulane (Nueva Orleans) y Organización Panamericana de la Salud, con la finalidad de lograr un mejor entendimiento sobre la materia entre las ONG's y las FFAA de los respectivos países. (Anexos  "A" y “B” ).

VI.  Cumbres de las Américas:

 En Diciembre de 1994, 34 líderes democráticamente electos de nuestro hemisferio, se reunieron en la cumbre de las Américas en Miami, a lo largo de la década continuaron estas en Willamsburg 1995, San Carlos de Bariloche 1996, Cartagena 1998 hasta Manaos 2000 donde además de los temas tratados se puso énfasis en que debe estimularse la cooperación en el area de atención a desastres naturales.

   

CAPITULO TERCERO

 ORGANIZACIONES GUBERNAMENTALES EN CASOS DE DESASTRES NATURALES

I. Instituciones del Estado en una Emergencia:

v         Las Instituciones del estado estarán organizadas dentro del esquema de la reducción de desastres en apoyo al organismo encargado de las emergencias de cada país.

v         Todas las instituciones del estado tienen la obligación de proporcionar los recursos a su disposición al organismo encargado de las Emergencias en caso de un desastre y apoyar a la Institución   armada en caso de guerra, de acuerdo a la Legislación interna de cada uno.

v         Las autoridades civiles a todos los niveles (Centrales, Departamentales y Municipales) no solamente tienen la responsabilidad de la utilización de su propio personal en forma  eficiente, así como sus recursos, sino que también deben estar en capacidad de funcionar con personal, servicios y recursos que no sean del Estado, que sean agregados o se requieran para el mantenimiento de una economía en tiempo de emergencia.

 II.  Continuidad del Gobierno:

Siempre se debe conservar la autoridad durante las emergencias, al faltar cualquier elemento en el mando lo debe sustituir su segundo.   Las medidas para asegurar el mantenimiento de la autoridad son las siguientes:

A.  Establecimiento de la cadena de mando.

B.  Conservación de Registros Especiales.

C. Establecimiento de Puestos de Comando Alternos (en todo nivel del gobierno).

D. Utilización completa de los recursos disponibles del Gobierno en el de la seguridad nacional será menos destructiva y se podrá afrontar con mayor éxito.

E.  Es responsabilidad de todas las Dependencias, Ministerios,         Direcciones Generales y Oficinas  Administrativas el mantener una cadena de Mando a fin de facilitar en caso de ausencia del  Superior el restablecimiento de las funciones normales.

F. Todas las autoridades y en los diferentes niveles deberán establecer sus ubicaciones alternas, las cuales deberán ser conocidas por el personal a fin de hacer más eficaz el desempeño de sus   responsabilidades. Estas ubicaciones alternas deberán estar equipadas con los suficiente   medios de control (teléfonos y radio) y alejados lo suficiente de cualquier peligro ya sea de  un ataque (áreas de posibles blancos) o de donde pueda afectar mucho más un fenómeno natural. También debe ser lo suficientemente cerca para poder emitir las órdenes oportunas y medidas a efecto de que el  país se fortalezca económicamente. Una economía fuerte apoya en forma adecuada el esfuerzo de Defensa de la Nación. El poderío militar, tanto defensivo como ofensivo, es el factor principal disuasivo que impide una agresión del enemigo.

G. La Prevención, de acuerdo con la capacidad productiva del país, tanto humana como en maquinaria es de suma importancia para la sobrevivencia a cualquier ataque y a cualquier tipo de arma, así como también a todo tipo de desastres, caso de que ocurra un ataque o un desastre con el equilibrio de los tres elementos.

 

III.    Las Características del Area.

 

La alta densidad de población y las infraestructuras costosas hacen que las ciudades sean más susceptibles al impacto de eventos naturales.  La adopción de medidas de mitigación en estas áreas es más necesaria y justificable económicamente que en áreas menos desarrolladas.  Asimismo, las áreas urbanas cuentan con más posibilidades de lograr los acuerdos institucionales necesarios para llevar a cabo el manejo de amenazas.

Es probable que en pequeñas poblaciones la única alternativa económicamente factible sea adoptar medida de mitigación no estructurales.  Estas poblaciones pueden contar hasta cierto punto con la asistencia del gobierno para avisarles de la inminencia de un evento o para hacerle frente al mismo.  Por este motivo, un aspecto muy importante del manejo de amenazas es organizar a la comunidad local para que sea capaz de enfrentarse eficazmente con estos sucesos.

Asimismo, las características físicas de la tierra, las normas sobre su uso, la susceptibilidad a determinados riesgos, el nivel de ingresos y las caracteristicas culturales condicionan las opciones de un área para enfrentarse con eventos naturales.

     A.   Los Participantes en el Drama:

Dentro de los “actores” involucrados en el proceso de manejo de amenazas se encuentran los organismos de planificacion, ministerios ejecutivos, centros de preparación y respuesta a emergencias, la comunidad científica y de ingeniería, comunidades locales, organismos de asistencia técnica, entidades de financiamiento para el desarrollo y organizaciones no gubernamentales, sin mencionar los diversos “actores” del sector privado.

Cada entidad tiene sus propios intereses y enfoques. Esta variedad resulta a veces conflictiva y puede aumentar las dificultades de planificación y ejecución de un programa de manejo de amenazas.  Conociendo de antemano las dificultades y peculiaridades que presenta cada enfoque, éstas podrán ser abordadas.

Los organismos de planificación a menudo no están familiarizados con la información disponible sobre amenazas naturales o, no saben cómo incorporarla adecuadamente en la planificación del desarrollo.

Los ministerios ejecutivos también están poco familiarizados con esta información o con la manera de adaptarla al desarrollo.  En los proyectos para el desarrollo de nuevas carreteras, sistemas de energía, telecomunicaciones, irrigación, etc, generalmente no se considera la mitigación de amenazas naturales. Más aún, los ministerios difícilmente colaboran entre sí para identificar la relación entre los proyectos que tiene a su cargo o para definir la información que requieren en común impidiendo que la misma se pueda recopilar en forma cooperativa.

Los centros de preparación para emergencias  tradicionalmente han optado por desempeñar un papel exclusivamente de preparación y reacción, olvidándose de establecer una relación entre la preparación para emergencias y la mitigación de amenazas a largo plazo.

Mas aún, no han prestado la suficiente atención a la vulnerabilidad de sus propias infraestructuras, por lo que cuando un evento natural destruye estos centros las víctimas del desastre no tienen a dónde recurrir.

Las comunidades locales están al tanto del impacto potencial de las amenazas naturales, pero generalmente tienen pocas oportunidades de participar en la preparación de proyectos de desarrollo y menos aún, en el establecimiento de prioridades para evaluar las amenazas naturales y reducir la vulnerabilidad.

Los organismos de cooperación técnica no incluyen sistemáticamente evaluaciones sobre las amenazas naturales ni actividades de reducción de vulnerabilidad en el proceso normal de preparación de sus proyectos. Un estudio sobre el impacto de amenazas conducido una vez formulado el proyecto, no es adecuado.  Las amenazas deben ser consideradas lo más tempranamente posible, de tal manera que los proyectos se preparen teniendo en cuenta este factor.

Las entidades de financiamiento para el desarrollo  se involucran activamente en la reconstrucción y rehabilitación de un desastre, pero no insisten en que se incluyan evaluaciones de amenazas o actividades de mitigación y reducción de vulnerabilidad al otorgar préstamos para actividades de desarrollo corrientes (no relacionadas con desastres).  Asimismo, se muestran reacias a incorporar dichas consideraciones en la evaluación de proyectos.

Otras consideraciones institucionales: La mayoría de los organismos en América Latina y el Caribe tienen poco conocimiento y experiencia en técnicas de manejo de amenazas.  Por esta razón, si un organismo de cooperación técnica propone incorporar estas consideraciones en la planificación y formulación de un proyecto, necesariamente tiene que superar el escepticismo del personal local.  Lógicamente, esto significa un costo adicional en la formulación del proyecto, pero el gasto extra puede pagar altos dividendos.

      B.  Evaluacion del Riesgo:

Son varios los asuntos que se toman en cuenta al decidir si las amenazas naturales deben, o no, ser consideradas en la planificación del desarrollo y en la formulación de proyectos y si se consideran, cómo debe hacerse.

Primero, la mayoria de gobiernos y organismos financieros internacionales no están convencidos de que sea apropiado considerar las amenazas naturales al evaluar proyectos.  Segundo, el personal directivo se enfrenta continuamente con objetivos competitivos y contradictorios, entre los cuales la reducción de amenazas naturales es sólo uno más.  La técnica denominada análisis multicriterio puede ofrecer un camino para decidir la importancia relativa que se le debe adjudicar a los distintos objetivos, aún antes de haberse identificado y formulado los proyectos.

Tercero, determinados grupos de interés pueden apoyar u oponerse brevemente a un proyecto.  Si se requiere que los proyectos seleccionados sean en beneficio de las sociedad en conjunto, se deberán encontrar soluciones para tales conflictos que puedan ser más o menos satisfactorias para todas las partes.

Una vez resueltos estos asuntos, se necesitará llevar a cabo una evaluación objetiva de riesgos como parte de la evaluación general del proyecto de inversión.  Hay varios métodos de evaluación económica que sirven para este propósito.

1.  Actitudes Hacia el Peligro que Imponen los Eventos  Naturales

Deben considerarse los riesgos naturales al analizar proyectos en el sector público.  El inversionista del sector privado tiende a rechazar propuestas de proyectos de alto riesgo, pero hay quien considera que los gobiernos deben tomar una posición neutral frente al riesgo.

Dado que los costos y los beneficios de los proyectos públicos se comparten entre toda la sociedad, el riesgo que cada individuo enfrenta es mínimo.  Como los riesgos están ampliamente repartidos, la pregunta es si los gobiernos deberían ser indiferentes frente a dos proyectos similares, uno de alto y otro de bajo riesgo, siempre que ambos tengan el mismo valor presente neto.

En general se ha reconocido la existencia de una secuencia cíclica de etapas, que se ha denominado el ciclo de los desastres.

Dichas etapas son las siguientes:

PREVENCION.

MITIGACION.

PREPARACION.

ALERTA.

RESPUESTA.

REHABILITACION.

RECONSTRUCCION.

El desarrollo está integrado de manera implícita en cada una de las etapas, entendiendo éste como el aumento acumulativo y durable unido a cambios sociales, de cantidad y calidad de bienes, servicios y recursos de un país y su población, tendientes a mantener y mejorar la seguridad y la calidad de la vida humana.

Por lo tanto, de la secuencia antes mencionada se deriva que al manejo de los desastres corresponde el esfuerzo de prevenir la ocurrencia, mitigar las pérdidas, prepararse para las consecuencias, alertar la presencia, responder a la emergencia y recuperarse de los efectos de los desastres.  Tareas que se llevan a cabo en tres fases: antes, durante y después del desastre.

La Administración para Desastres es el componente del sistema social que se define como el planeamiento, la organización, la dirección y el control, de las actividades relacionadas con el manejo de los desastres en cualesquiera de sus tres fases.

1.  Fases del Desastre:

a.  Antes

Actividades previas al desastre: prevención, mitigación, preparación y alerta.  El objetivo de la PREVENCION es evitar que ocurra el evento; la MITIGACION pretende aminorar el impacto del mismo reconociendo que en ocasiones no es posible evitar su ocurrencia; la PREPARACION estructura la respuesta y la ALERTA corresponde a la notificación formal de un peligro inminente.

b. Durante

Actividades de RESPUESTA al desastre.  Son aquellas llevadas a cabo durante el período de emergencia o inmediatamente después de ocurrido el evento.  Estas actividades pueden envolver acciones de evacuación de comunidades, de búsqueda y rescate, de asistencia y alivio a poblaciones afectadas y acciones que se realizan durante el tiempo en que la comunidad se encuentra desorganizada y los servicios básicos de infraestructura no funcionan.

El período de emergencia es dramático y traumático, por esa razón es que la mayor atención de los medios de comunicación y de la comunidad internacional esta puesta en esta etapa.

c.  Despues

Actividades posteriores al desastre, que corresponden en general al proceso de recuperación, el cual se subdivide en:

1)   Rehabilitación

Que corresponde al período de transición que se inicia al final de la etapa de emergencia y en el cual se restablecen los servicios básicos indispensables y el sistema de abastecimientos de la comunidad afectada.

              2)  Reconstrucción:
Que se caracteriza por la reparación de la infraestructura afectada y la restauración del sistema de producción con miras a revitalizar la economía y alcanzar o superar el nivel de desarrollo previo al desastre.
 2.   Interrelación de las Etapas:

Existe una estrecha interdependencia entre las distintas actividades de cada etapa y cada etapa a su vez está intimamente relacionada con las demás. Este hecho no permite delimitar con exactitud cada etapa, ni indicar un comienzo o fin del ciclo en forma precisa.Por ejemplo, durante la etapa de respuesta a la emergencia, el administrador para desastres puede tomar decisiones que contribuirán a promover una recuperación más rápida.

 

CAPITULO CUARTO

 ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES EN CASOS DE DESASTRES NATURALES.

El trabajo de la OEA y otros organismos internacionales están enfocados en ayudar a los países a planificar su desarrollo regional y preparar proyectos de inversión compatibles a nivel prefactibilidad.

También en este sentido, las amenazas naturales deben ser consideradas como un aspecto integral del proceso de planificación de desarrollo.

Dentro de este contexto se deben identificar los elementos de la infraestructura vital: aquellos componentes o segmentos críticos de los medios productivos, infraestructura y sistemas de apoyo que deben tener la menor vulnerabilidad posible y ser considerados como prioritarios en las actividades de respuesta a un desastre.

A.  Reducción del Impacto:

Las experiencias tanto en América Latina y del Caribe como en otras regiones, demuestran que la mitigación de las amenazas naturales está mejorando.

La instalación de sistemas de alerta en varios países del Caribe ha disminuído el número de fatalidades causadas por huracanes.  La prohibición, impuesta por las compañias de seguros, del establecimiento permanente en zonas de inundación han reducido significativamente los daños causados por las inundaciones en zonas vulnerables.

En evaluaciones sectoriales de amenazas naturales conducidas por la OEA sobre, por ejemplo, energía en Costa Rica y agricultura en Ecuador, se ha demostrado el ahorro en capital y en producción que puede lograrse invirtiendo modestamente en la mitigación de las amenazas naturales, mediante la reducción de vulnerabilidad y una mejor planificación sectorial.

Sin embargo, queda mucho por hacer.  En general el manejo de amenazas en America Latina y en el Caribe no ha sido totalmente satisfactorio por varias razones, entre otras, la falta de concientización sobre el tema, la falta de incentivos políticos y la idea preconcebida de que los desastres son “naturales”.  Pero hay nuevas técnicas disponibles, las experiencias están siendo analizadas y transmitidas, los países en desarrollo están demostrando su interés en el tema y los organismos financieros están contemplando su apoyo.

Si se alientan estas tendencias favorables, se está cerca de lograr una reducción significativa de los efectos de los eventos naturales en el desarrollo en America Latina y en el Caribe.

B. Código de Conducta

El propósito del Código de Conducta es preservar normas de comportamiento. No se tratan en él detalles de las operaciones, como por ejemplo la forma de calcular las raciones alimentarias o de establecer un campamento de refugiados. Su propósito es más bien mantener los elevados niveles de independencia, eficacia y resultados que procuran alcanzar las organizaciones no gubernamentales (ONG) y el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en sus intervenciones a raíz de catástrofes. Se trata de un código de carácter voluntario que respetarán todas las organizaciones no gubernamentales que lo suscriban, movidas por el deseo de mantener las normas en él establecidas.

Normas de conducta para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales en programas motivados por catástrofes:

1. Lo primero es el deber humanitario.

2. La ayuda prestada no está condicionada por la raza, el credo o la nacionalidad de los beneficiarios ni ninguna otra distinción de índole adversa.

3. La ayuda no se utilizará para favorecer una determinada opinión política o religiosa.

4. Nos empeñaremos en no actuar como instrumentos de política exterior gubernamental

5. Respetaremos la cultura y las costumbres locales.

6. Trataremos de fomentar la capacidad para hacer frente a catástrofes utilizando las aptitudes y los medios disponibles a nivel local y, siempre que proceda, cooperaremos con las estructuras gubernamentales.

7. Se buscará la forma de hacer participar a los beneficiarios de programas en la administración de la ayuda de socorro

8. La ayuda de socorro tendrá por finalidad satisfacer las necesidades básicas y, además, tratar de reducir en el futuro la vulnerabilidad ante los desastres

9. Somos responsables ante aquellos a quienes tratamos de ayudar y ante las personas o las instituciones de las que aceptamos recursos.

C.  Organismos de Asistencia.

Cada uno de los diferentes tipos de organismos de asistencia para el desarrollo (organismos de cooperación técnica, organismos crediticios y donantes bilaterales y multilaterales) tiene un papel potencial en apoyo a la evaluación y mitigación de las amenazas naturales.  Los organismos de cooperación técnica como la OEA, apoyan el fortalecimiento de instituciones, la investigación, planificación y formulación de proyectos según sea requerido.

Su impacto financiero y su influencia política o técnica son limitados, pero su contribución a la evaluación y mitigación de amenazas naturales dentro de la planificación regional y sectorial, la identificación de proyectos y los estudios de prefactibilidad, es importante.

Los organismos bilaterales tales como el USAID, la CIDA de Canada y los miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo, proporcionan fondos para proyectos y cooperación técnica.  La mayoría de los fondos bilaterales son concesionarios y el rendimiento financiero es menos importante para estos organismos que para los bancos de desarrollo.

Estos organismos pueden ejercer una influencia considerable en los proyectos que financian:

1.      Los Bancos Multilaterales de Desarrollo:

Principalmente el Banco Mundial y los bancos regionales, financian proyectos de desarrollo y cada día se involucran más en políticas sectoriales de fortalecimiento institucional, préstamos para programas y ajustes estructurales.

Los factores principales que determinan sus programas de préstamos son la solidez financiera y económica de una inversión y la solvencia de las instituciones que solicitan el crédito.

Dentro de estos parámetros pueden influir significativamente en asuntos de mitigación de amenazas naturales.

2.      Agencias de Cooperación Técnica.

Las actividades que incluyen los organismos de cooperación técnica, tales como la OEA, en una estrategia para promover la evaluación y mitigación de las amenazas naturales son:

a.  Apoyo a las instituciones nacionales de  planificación.

A menos que tengan la capacidad institucional para incorporar información sobre amenazas naturales en el proceso de planificación de manera intersectorial, los gobiernos generalmente no se entusiasmarán por considerar proyectos de inversión individuales desde este punto de vista.

b.  Apoyo a proyectos piloto.

Al hacer evaluaciones sobre amenazas naturales en proyectos piloto, es posible demostrar cómo hacerlas y cuáles son las medidas de mitigación que pueden proponerse y generar así una mayor demanda cuando los gobiernos soliciten financiación de proyectos a los organismos.

c.  Apoyo a la creación de una base de información.

Una vez que la información necesaria para hacer una evaluación de amenazas naturales está disponible, sus implicaciones para proyectos individuales de inversión son dificiles de ignorar.

d.  Vinculación con los esfuerzos de auxilio y reconstrucción.

Después de ocurrido un desastre es más facil interesar a los gobiernos y a los organismos de asistencia para el desarrollo en la evaluación y mitigación de amenazas naturales.

e. Evaluación de amenazas dentro de la planificación sectorial.

Al incorporar la evaluación de amenazas naturales en la planificación de los sectores agrícola, energía, vivienda, turismo, transporte y otros, debería ser posible considerar las amenazas naturales en relación con varios tipos de proyectos antes de identificar inversiones específicas.

f. Inclusión de aspectos financieros y económicos de riesgos en los métodos de preparación de proyectos.

Al estimar los beneficios que se obtendrían evitando las pérdidas directas causadas por un evento natural y los costos de utilizar las medidas de mitigación no estructurales apropiadas, será más fácil examinar la verdadera importancia que éstas tienen en proyectos de inversión individuales.

El conocimiento de las pérdidas de inversiones y los costos de reparación en que incurren tanto el gobierno como el sector privado y la distribución de estos costos y daños, aumentaría la conciencia sobre el tema entre todos aquellos interesados.

g. Estudios de casos de principios o componentes dirigidos a la mitigación de amenazas naturales en el diseño de proyectos.

Con ejemplos de experiencias pertinentes a amenazas naturales, se puede demostrar cómo la financiación puede responder más a los riesgos.  Dentro de estas experiencias están sistemas de seguros y responsabilidad para inversiones, derechos de propiedad diseñados para incentivar la mitigación, responsabilidad institucional de coordinar el auxilio después de la ocurrencia de un desastre con la evaluación y mitigación de riesgos, etc.

La OEA ha iniciado programas dentro de todas estas áreas, mediante la cooperación técnica directa, capacitación, investigación aplicada y participación en conferencias y seminarios internacionales.  Pero la necesidad de dichas actividades es mucho mayor a lo que permiten los recursos actuales.  Los organismos de financiación deberían participar más.

 El Centro Regional de Información sobre Desastres (CRID) es una iniciativa patrocinada por seis organizaciones, que decidieron mancomunar esfuerzos para asegurar la recopilación y diseminación de información disponible sobre el tema de desastres en América Latina y el Caribe.

 Estas organizaciones son:

Ø         La Organización Panamericana de la Salud - (Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud).

Ø         La Estrategia Internac